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lunes, 28 de diciembre de 2015

El hembrismo: Un mito producto de los miedos machistas





Vanesa Rivera de la Fuente

En la mitología griega una gorgona era un despiadado monstruo femenino. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado. Las gorgonas son a veces representadas con alas de oro, garras de bronce y colmillos de jabalí. Llevaba un cinturón de serpientes entrelazadas como una hebilla y confrontadas entre sí. La única manera de matarla era cortándole la cabeza

¿Espeluznante, no? Pues la misma sensación genera en las personas el mito moderno asociado al desarrollo del feminismo: La hembrista. Siendo un mito “comme il faut” nunca nadie la ha visto, pero todos y todas le tienen terror. Es la suma de todos los miedos del patriarcado y de las mismas mujeres a otras.

Sin embargo, si analizamos la cuestión en estricto rigor, ni la hembrista (ni la feminista radical, ni la feminazi) existe como ser diabólico que deambula por ahí tratando de petrificar hombres con la mirada o exterminarlos en cámaras de gas. Son leyendas urbanas pertenecientes a la mitología patriarcal, rebozada en el caldo de la ignorancia supina.

Definiendo el hembrismo

Al googlear el término “hembrismo” la mayoría de las definiciones son bastante escuetas al señalarlo como opuesto al machismo. Bueno, respetando la definición, el hembrismo sería lo opuesto al machismo, ergo, para saber de qué se trata, hay que ver qué es el machismo.

El machismo, expresión derivada de la palabra “macho“, se define en el DRAE como la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. El machismo engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas de manera tradicional como heterosexualmente masculinas y discriminatorias contra las mujeres.

Si el hembrismo es lo contrario del machismo, sería tentativamente: “un conjunto de actitudes y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas como heterosexualmente femeninas y también, discriminatorias contra los varones”. ¿No es esto extraño? Para ser un movimiento tan poderoso que subyuga o pretende subyugar a los hombres y los violenta en la casa, el campo y los juzgados, su desarrollo teórico es muy básico y, oh casualidad, se define por ser reflejo opuesto del machismo, así como lo femenino ha sido definido, desde siempre, como el reflejo opuesto de lo masculino.

Machismo son actitudes, ideas y conductas socializadas, ampliamente aprendidas, con un fuerte refuerzo cultural, por lo tanto, aceptadas y normalizadas. El machismo, entonces, cuenta con un sistema que permite su reproducción. ¿Dónde está el sistema cultural, la práctica social, el respaldo de la tradición, la estructura de apoyo que permite la reproducción de supuesto hembrismo? ¿Quien dice que “las mujeres son así, es normal, es su naturaleza” cuando exhiben conductas que les ganan la etiqueta de hembristas.

Como dice Beatriz Gimeno sobre el mismo concepto: “¿Hay un movimiento, una ideología, un pensamiento, una teoría, unos textos…que defienda que los hombres deben ser sometidos a la desigualdad en la que nos hayamos las mujeres? ¿Que deben ser despojados de sus derechos económicos o políticos, que deben cobrar menos, que se merecen ser objeto de violencia por parte de las mujeres; que deben ser recluidos en sus casas, salir del mundo laboral, del espacio público?”


¿En qué lugar existe un sistema de dominación destinado a subyugar a los hombres, apoyado por las leyes, financiado por la banca global, controlando el poder político y los medios de comunicación para cosificar a los hombres y violentarlos por ser tales? El hembrismo, supuestamente, contribuye a mantener conductas heterosexualmente femeninas; sin embargo, siempre que se califica a alguien de hembrista lo hacemos porque esa mujer ha mostrado conductas asociadas a lo masculino: violencia, agresividad, sentido de la competencia, ambición de poder, etcétera. La contradicción evidente de esto confirma la impronta machista en la raíz del concepto.
¿Qué sistema, ideología, teoría, defiende el mantenimiento de conductas heterosexualmente femeninas? ¿Qué sistema está en la posición privilegiada de definir qué es femenino o no, qué es masculino o no y qué es hembrista o no?



Es penoso que todavía tengamos que dañarnos unas a otras con etiquetas inventadas por el patriarcado. Como si no nos bastara con las canónicas de: santa, madre, virgen, bruja, loca y puta. Ahora está de moda decir “yo soy feminista y quiero la igualdad, no como esas hembristas/feminazis”. Esto es equivalente a decir “yo soy una dama, no como esas mujeres sueltas que andan por ahí” . O sea, “las otras son más malas”. Esto es patriarcado introyectado de alta pureza. Destaco la palabra “otras”, porque es este tipo de elaboraciones lo que nos mantiene en la situación de alteridad que nos impide construir un “nosotras”.

¿Para qué analizar este concepto de hembrismo? Porque a las mujeres nos han educado históricamente para desconfiar de nuestro propio poder y descalificar el poder de las otras mujeres y para confrontarnos por la aprobación masculina. El hembrismo es un invento machista para que las mujeres rechacemos la emancipación de otras, cuando ellas no complacen al patriarcado. Nos hace creer que es malo rebelarse ante la discriminación de género y que existen mujeres rebeldes buenas y malas, de acuerdo al grado de aprobación que el sistema les concede.

El hembrismo es usado para reforzar la socializacion negativa de las mujeres. Hemos aprendido que sólo bajo la protección y guía de la autoridad masculina estamos seguras que debemos desconfiar de otras mujeres (porque como decía mi abuela, son roba maridos, porque traicionan, porque las mujeres somos volubles y es sólo sometiéndonos que logramos balance, control y tranquilidad). Entonces las hembristas son un peligro para el sistema, porque no buscan su aprobacion y amenazan la socializacion negativa que permite dividir y controlar a las mujeres.

Las mujeres que no tienen sororidad con sus pares o compiten por el poder sin escrúpulos, tienen una lógica patriarcal en su manera de ver el mundo, pero no son hembristas. Son reproductoras del machismo, tanto como aquellas que las acusan de hembrismo. Por lo tanto, lo cuestionable en este caso es el patriarcado y sus modelos de naturalización de las relaciones humanas desiguales, pero no el feminismo.

Descalificar los procesos de autonomía de otras mujeres, es ejercer violencia simbólica con un estereotipo que demoniza la conciencia del poder de las mujeres, como una conducta agresiva extrema. Llamar hembrista a otras mujeres es estar de acuerdo que el patriarcado tiene aún el derecho de definir y decirnos qué feminismos aceptar, que procesos de emancipación son más legítimos o no, qué mujeres son buenas y cuáles malas dentro de los movimientos o no. Implica admitir que es correcto excluir mediante etiquetas y estereotipos a aquellas mujeres cuyo tránsito hacia su propia liberación parece más amenazante que el de las otras.

La hembrista, si es que existiera, no sería jamás un peligro para las mujeres que buscan autonomía, sino para el sistema de opresión, sus opresorxs y reproductorxs. El hembrismo es el mito inventado por el machismo para no admitir su miedo a la mujer sin miedo.

jueves, 19 de noviembre de 2015

EL NEOMACHISTA. 10 FRASES PARA DETECTARLO


Marta Guelfo Márquez 
En ocasiones resulta muy cansado cargar con la perspectiva de género a todas partes. Cuando se entra en contacto con el feminismo, cuando entra a formar parte de nuestra vida de verdad, cuando se mezcla con nuestra identidad y con nuestra personalidad, pocas veces hay vuelta atrás.
Las gafas violetas nos permiten no solo ver, sino observar, analizar, descubrir, cuestionar, señalar, y sobre todo, explicar. Aplicando la perspectiva de género, descubrimos explicaciones a muchas situaciones y hechos que, aparentemente, no tenían una respuesta evidente:  los puestos de poder, los estereotipos, el canon de belleza, el espacio público, la violencia de género, la brecha salarial y un largo etcétera precisan ser cuestionados y analizados desde la perspectiva de género.
Cuando aplicamos esta perspectiva  a un nivel macrosistémico, lejano y abstracto es más sencillo conseguir consenso, puesto que la desigualdad resulta más evidente y afecta menos (aparentemente) a la vida diaria. Reconocemos fácilmente y aceptamos que es cierto que no tenemos presidentas, que hay un tipo de violencia específica sobre las mujeres, o que las madres cargan con todo el peso de los cuidados. Pero ¿qué pasa cuando aplicamos esta perspectiva a nivel microsistémico, en lo cercano y tangible?Cuando cuestionamos y señalamos el machismo que nos afecta día a día, que está cerca, que forma parte de nuestra vida… es cuando toca lidiar con El Neomachista.
Manel Fontdevila
Hoy en día no es fácil declararse abiertamente machista, puesto que es una palabra que se relaciona con valores no deseados e incluso antiguos. Y eso no es por casualidad, es el fruto de la lucha de las mujeres durante siglos. Por eso el machismo se viste de nuevas formas, es menos evidente y trata de hacerse más sutil, pero su objetivo sigue siendo mantener los privilegios propios del patriarcado.
No es fácil lidiar día a día con El Neomachista. Pero como en muchas ocasiones es más fácil llegar a las personas a través del diálogo sereno, paciente, inteligente e incluso desde el humor, es bueno disponer de un decálogo de detección y respuesta ante sus comentarios. Con ustedes, El Neomachista:
1) Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad: Este es un error muy frecuente producto del desconocimiento. El feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El machismo se conforma por actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer.
2) También hay violencia de género contra los hombres: la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre porque no existe un sistema ideológico y cultural que oprima al hombre, sino a la mujer. La violencia de género se da en la pareja o expareja, del hombre hacia la mujer y tiene sus raíces en el patriarcado, el androcentrismo, el sentimiento de posesión y la idea tradicional de amor romántico. Conforma un fenómeno social que se da en todas las culturas y que provoca sólo en nuestro país 50, 60 ó 70 mujeres asesinadas al año por sus parejas o exparejas. Supone por tanto una situación de emergencia que precisa respuestas educativas, sociales y políticas concretas.
Tuit polémico, machista e innecesario de la cuenta de la Guardia Civil en Twitter.
Tuit polémico, machista e innecesario de la cuenta de la Guardia Civil en Twitter.
3) Existen muchas denuncias falsas: Según la Fiscalía General del Estado, el porcentaje de denuncias falsas en materia de violencia de género es de un 0,018%. Esta cifra habla por sí misma.
4) Eres una feminazi radical: No existe tal cosa. La palabra feminazi ha sido inventada por el neomachismo para demonizar y ridiculizar al movimiento feminista. Esta palabra ha sido utilizada incluso por neomachistas de renombre como Arturo Pérez-Reverte para atacar al feminismo.
feminazi

5) El lenguaje inclusivo es una tontería, acabaremos diciendo sillas y sillos: El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental. Aquello que no se nombra, no se ve, y lo que no se ve, no existe. Nuestro lenguaje se ha regulado en base a los valores sociales y culturales dominantes patriarcales y androcéntricos, y es por esto por lo que debe ser cuestionado. Utilizar como argumento el femenino y el masculino en cualquier sustantivo es un intento de ridiculizar el lenguaje no sexista, que no tiene fundamento puesto que no hay que diferenciar el género en aquellos sustantivos que no tienen sexo biológico ni género.
6) Sois muy pesadas con eso del feminismo: sí, hay días que nos levantamos y nos da por pelear y reivindicar nuestros derechos y nuestro lugar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Incluidos en aquellos contextos y situaciones en los que la desigualdad no es fácilmente apreciable.
micromachismo metro
La ilustración es de Javitxuela, @javi_txuela, que tiene también página de Facebook.
7) No es acoso, es un piropo: un piropo es algo agradable que se dice a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona a la que se le está diciendo o mostrarle afecto. Silbar y/o gritar por la calle a una mujer desconocida algo relacionado con su aspecto, su cuerpo y su ropa es acoso verbal.
Campaña "No me llamo nena" )Madrid 2014).
Campaña “No me llamo nena” (Madrid 2014).
8) Me da igual que sea un hombre o una mujer, lo que importa es la persona: este argumento es muy repetido en organizaciones políticas o sociales cuando se trata el tema de la paridad en listas o en cargos. Por cuestiones relacionadas con la educación, la socialización, los estereotipos y la falta de referentes es probable que el protagonismo, el liderazgo y el poder de las organizaciones acabe siendo masculino. Herramientas paritarias como las listas cremallera fomentan una participación más igualitaria y representativa.
9) También debería existir un día del hombre: el 8 de marzo fue declarado el día Internacional de la Mujer Trabajadora por la ONU en 1975. Conmemora las luchas de las mujeres obreras que reivindicaban sus derechos y la igualdad en la sociedad. Actualmente aún vivimos en una sociedad que oprime a la mujer y en la que la desigualdad en el ámbito laboral, económico, político y familiar sigue siendo evidente, por lo que seguimos peleando y reivindicando nuestros derechos cada día y, en especial, el 8 de marzo.
10) Ya hemos conseguido “la igualdad”: creer que las mujeres ya estamos en igualdad de condiciones en todas las esferas de la vida es un error frecuente. La infrarrepresentación política, la brecha salarial, las mujeres asesinadas por sus parejas, el techo de cristal o el sobrecargo de los cuidados nos indican todo lo contrario: vivimos en una sociedad desigual.
Cuando la perspectiva de género toca de cerca es cuando verdaderamente se evidencia la amenaza a los privilegios, es cuando duele y es cuando el cuestionamiento provoca respuestas a la defensiva de El Neomachista.
Por eso el feminismo molesta; por eso el feminismo, como dice Nuria Varela, es un impertinente que cuestiona el orden establecido. Pero es justo ahí, en la medida en que señala, cuestiona y nos permite explicar incluso las formas más sutiles de opresión, cuando el feminismo se hace necesario para avanzar hacia una sociedad igualitaria. Es por esto que el feminismo es necesario porque nos hace crecer, el feminismo es necesario para ser felices.

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Marta Güelfo Márquez

Psicóloga, interprete de lengua de signos, activista social y feminista. Forma parte del círculo de Podemos de El Puerto de Santa María (Cádiz).

lunes, 18 de abril de 2011

El PATRIARCADO: Machismo y hembrismo las dos caras de una misma moneda



Jessie Blanco
Con frecuencia solemos escuchar que el feminismo es lo contrario al machismo, confundiéndose el feminismo con hembrismo, que no es más que la reproducción sexista del machismo por parte de las mujeres, que en otro sentido también se ha llamado endomachismo -una suerte de machismo endógeno o hacia adentro que reproducimos las mujeres contra nosotras mismas-.


Un ejemplo de esto lo podemos ver en los espacios cotidianos del Metro: Cuando entra una mujer embarazada y las mujeres que están adentro reproducen el típico comportamiento de los hombres machistas, al no ceder el asiento, o en las competencias entre mujeres por conquistar el “amor” de un hombre y en la falta de sororidad, que aparece en mujeres que toman puesto de poder y se vuelven tan tiranas como los hombres, bajo el argumento de que deben adaptarse a la política aguerrida de ellos. Pero, ¿de dónde surge esta común asociación del feminismo como lo opuesto al machismo?.

Si bien es cierto, que el movimiento de mujeres feministas ha luchado contra la cultura patriarcal y sus múltiples expresiones en todos los ámbitos de la vida (desde lo público a lo privado); oponiéndose claro está, a cualquier forma de expresión del machismo sea endógena o exógena, visible o invisible.

La estigmatización del feminismo al asociarlo a las prácticas hembristas, tiene un papel dentro de la lógica de dominación de la cultura patriarcal, cuando se pretende asimilar y naturalizar cualquier posibilidad de transformación social que amenace a dicha cultura.


Esto es, decir, a fin de cuentas, que “las mujeres son machistas” invisibilizando y muchas veces negando el papel de los hombres y de las relaciones de poder entre los sexos. Un ejemplo de ello, es la tan común frase o mejor dicho sentencia: “las culpables del machismo son las mujeres”, mejor dicho “nuestras madres” para ser mas exactas. Esta lapidaria frase condensa por un lado, el hecho de que son las mujeres quienes tienen en nuestra cultura el peso y la carga de la crianza de los hijos e hijas y por el otro, la legitimada ausencia de la responsabilidad paterna en el asunto, esto es la reproducción del machismo de parte y parte. Lo que sería una verdad a medias se convierte en una sentencia lapidaria. Reducir el análisis del machismo a la culpabilización de las sujetas y a la impunidad de los sujetos, nos coloca en el terreno de la guerra de los sexos y en el terreno de la moral (malas madres-buenos padres aunque no estén). Situación que está muy lejos de las pretensiones feministas.

Es importante aclarar, en primer lugar que el hembrismo es la otra cara del machismo y no el feminismo como se ha querido hacer ver. El feminismo y sus distintas expresiones y corrientes históricas han motorizado cambios en las relaciones sociales en la búsqueda de la liberación de la mujer a través del cuestionamiento a las jerarquías y desigualdades entre los sexos. En este sentido, se opone tanto al hembrismo como al machismo.

En segundo lugar, es importante identificar lo que entendemos como machismo y ampliar la lupa para no reducirlo al comportamiento de los machos, sino también a reconocer el peso de la cultura en esta construcción socio-sexista de nuestra cultura. El machismo suele ser difícil de definir, pero casi todas lo reconocemos y lo padecemos.
Marina Castañeda (2002) en su valioso texto titulado El Machismo Invisible, de editorial Grijalbo, lo define como “un conjunto de creencias, actitudes y conductas que descansan sobre dos ideas básicas: Por un lado, la polarización de los sexos, es decir una contraposición de lo masculino y femenino según la cual no sólo son diferentes, sino mutuamente excluyentes; por otro, la superioridad de los masculino en las áreas consideradas importantes para los hombres” (p.20). En este sentido, usar el feminismo como el antónimo del machismo es una forma sexista de expresión que le hace el juego a la cultura patriarcal reforzando la perversa dicotomía polarizada y excluyente en la que se basa la identidad de mujeres y hombres.

Pero, ¿qué es el patriarcado?, ¿por qué las feministas se oponen y han basado todas sus luchas en combatirlo? El patriarcado en su sentido literal, significa “gobierno de los padres”, una dirá, bueno pero en el caso de nuestra sociedad, donde las familias son predominantemente matricentradas, ¿cómo queda lo del gobierno de los padres? Históricamente, el término ha sido utilizado para designar un tipo de organización social en el que la autoridad la ejerce el varón y el jefe de familia, dueño del patrimonio, del que formaban parte los hijos e hijas, la esposa, los esclavos/as y los bienes, en este sentido, la familia ha sido una de las principales instituciones donde se ha fundamentado dicho sistema, pero no la única y ahí el éxito de su dominación cultural.

Los debates sobre el patriarcado tuvieron lugar en distintos momentos históricos y fueron retomados en los años 60 por el movimiento feminista con el propósito de encontrar una explicación a las raíces y al origen de la situación de dominación y opresión de las mujeres que posibilitara su liberación.

Las feministas han estudiado las diferentes expresiones que el patriarcado ha ido adoptando a lo largo de la historia y los diferentes lugares e instituciones de la vida tanto privadas como públicas, desde la familia al conjunto social, hallando que aunque el patriarcado pueda tener origen divino, familiar o fundarse en el acuerdo de voluntades, en todos estos modelos el dominio de los varones sobre las mujeres se mantiene. En este orden de ideas, Gerda Lerner (1990) lo ha definido como “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”.

De manera que, no importa si el padre está ausente en la familia, bien sea esta ausencia física o simbólica (en cuanto a la función paterna se refiere), aún así, la cultura patriarcal se reproduce en la socialización machista de las familias matricentradas. Porque además, todo el conjunto social, y el resto de las instituciones también lo reproducen tanto en su estructura como en su funcionamiento.

Jessie Blanco/revistamatea@gmail.com/8 de abril de 2011

http://ciberfeminismo.org.ve/?p=915

Fuente :Genero con clase

martes, 4 de enero de 2011

El Patriarcado: una estructura invisible



Por: Marisa Montero García-Celay
Puede ser un buen momento para presentar lo que, en última instancia, subyace o está detrás de todo aquello que aprendemos en las relaciones familiares, sexuales, sociales, políticas; en la educación que nos forma o nos deforma desde la escuela, la televisión, la publicidad, los libros, los cómics; en los diferentes lenguajes: el lenguaje corporal, en el musical, en la pornografía, en el erotismo, en los silencios, en la palabra, en nuestra lengua… es decir, en todos los ámbitos de nuestra cultura, esa señora que nos crea y que a su vez contribuimos a crear, queramos o no. No en vano desde algunas filosofías se dice que el ser humano está condenado a tener que hacerse o (yo añadiría) deshacerse…

Este término lo utiliza, por primera vez en la historia, Kate Millett en su magnífico libro Política sexual, publicado en 1969, que pretende ser, dicho por la propia autora, “unos cuantos apuntes hacia una teoría del patriarcado”. Habrán de pasar unos cuantos años para que esta perspectiva sea incorporada en todos los análisis mínimamente serios que se hagan desde cualquier ciencia social.

Lo que vulgarmente se llama "machismo" no es más que la punta del iceberg de toda una organización social profundamente discriminatoria para con las mujeres, que se ha dado en llamar "patriarcado". Es decir, que el sistema patriarcal implica mucho más de lo que vulgarmente se entiende por machismo.


En el Congreso Internacional de las Familias, que se realizó este año en Sevilla, escuchaba con grata sorpresa a Miguel Lorente Acosta, director del Instituto de Medicina Legal de Granada y, hace ya algunos años, dedicado también al estudio de la violencia de género, decir delante de mujeres y hombres del ámbito político, judicial, universitario, representantes de la ONU, asociaciones de diferentes colores y condición, y ciudadanos y ciudadanas de a pie, que la causa última de la violencia de género estaba en el Patriarcado y que cualquier otra explicación era simplista o reduccionista (no puedo evitar el seguir sorprendiéndome cuando encuentro a un hombre hablando con gran sensibilidad y conocimiento de aquello que en principio parece ser un problema de mujeres y no de derechos humanos y que, por tanto, atañe a todas y todos).

Este término lo utiliza, por primera vez en la historia, Kate Millett en su magnífico libro Política sexual, publicado en 1969, que pretende ser, dicho por la propia autora, “unos cuantos apuntes hacia una teoría del patriarcado”. Habrán de pasar unos cuantos años para que esta perspectiva sea incorporada en todos los análisis mínimamente serios que se hagan desde cualquier ciencia social.

Lo que vulgarmente se llama "machismo" no es más que la punta del iceberg de toda una organización social profundamente discriminatoria para con las mujeres, que se ha dado en llamar "patriarcado". Es decir, que el sistema patriarcal implica mucho más de lo que vulgarmente se entiende por machismo.

En nuestra sociedad occidental ser machista ha empezado a estar mal visto, por lo que los mecanismos del patriarcado se han vuelto más sutiles o solapados y se esconden bajo nuevas justificaciones (aunque en el fondo son siempre las mismas).

Con esta palabra designamos una estructura social jerárquica, basada en un conjunto de ideas, prejuicios, costumbres, instituciones e incluso leyes respecto de las mujeres, por la que el género masculino domina y oprime al femenino. Quizás éstos términos (dominar y oprimir) pueden parecer excesivos, porque suenan a una especie de "conspiración universal" contra las mujeres. Y si hay una conspiración debería haber unos conspiradores culpables y, en este caso, no parece que haya ningún grupo concreto de hombres en alguna parte organizando y dirigiendo esta conspiración. Pero es que el Patriarcado es una estructura que está por encima de las personas, aunque cada persona (hombre o mujer) ponga su granito de arena, mayor o menor, para que dicha estructura se mantenga.

Al hablar del patriarcado, por tanto, no estamos buscando culpabilidades ni victimismos, sino tratando de comprender por qué pasan muchas de las cosas que les pasan a las mujeres y a los hombres. Por otra parte, resaltar los aspectos negativos de la situación de las mujeres sirve de revulsivo, para que se vean más claramente y para que, de esa forma, sea más fácil descubrirlos en la vida diaria. No se trata de ser pesimistas respecto de la vida y situación actual de las mujeres, ni de creer que todos y todas estamos en la misma situación: afortunadamente poco a poco se va mejorando en bastantes aspectos, aunque no tantos como se piensa vulgarmente.

Podemos decir, por un lado, que la sociedad es la suma de las actuaciones de cada uno de los individuos que la componen; por otro, que las estructuras sociales influyen en el comportamiento individual, a veces condicionándolo muy fuertemente. Pues bien, es aquí donde reside la diferencia entre machismo y patriarcado: mientras que el machismo es una actitud y una conducta (individual o colectiva), el patriarcado es toda la estructura social en la que muy diversos factores se entrelazan y refuerzan mutuamente para hacer posibles las actitudes y conductas machistas: categorías conceptuales, esquemas de percepción, universo simbólico, leyes, costumbres, instituciones, organización económica, educación, publicidad, etc.

Algunas manifestaciones externas de la estructura o sistema patriarcal se han convertido en evidentes para la mayoría de la gente, gracias a una labor de denuncia continuada por parte de muchas mujeres. Así, reconocemos las estructuras patriarcales en la discriminación salarial por causa del género, en la violencia conyugal o en el acoso sexual en el trabajo. Pero esas manifestaciones externas hay quien piensa que son cosas y casos puntuales, que están lejos, que en nuestra vida cotidiana no tienen incidencia.

Sin embargo, el patriarcado aparece hasta en los detalles más nimios de nuestra vida diaria, porque ha cristalizado en estereotipos que condicionan todos nuestros comportamientos, tanto de las mujeres como de los hombres. En la estructura o sistema patriarcal, se asigna a la mujer ese determinado papel social o “rol” subordinado al hombre, que condiciona la vida entera de las mujeres, del que les es muy difícil escapar y que es profundamente discriminatorio.

Es complicado resumir los múltiples aspectos bajo los que se manifiesta el patriarcado. No se sabe por qué, en algún momento de la prehistoria se comenzó a construir este sistema de dominación de los hombres sobre las mujeres que ha llegado a ser tan universal (a lo largo del tiempo y en todas las partes del mundo) que mucha gente piensa que es "natural". Pero igualmente mucha gente pensaba hasta hace relativamente pocos años (en comparación con la historia de la humanidad) que la esclavitud o la división jerárquica de la sociedad en clases sociales estancas eran también cosas "naturales". De ahí la falta de conciencia generalizada, la falta de conceptualización y divulgación del término "patriarcado".

Las principales manifestaciones del sistema patriarcal se pueden dividir en: aspectos socio-económicos, aspectos psicológicos y aspectos culturales, aunque todos están interrelacionados y se apoyan y refuerzan mutuamente. Estos aspectos pueden ser causas o efectos del Patriarcado, o las dos cosas a la vez.

Al ser una construcción social, los aspectos más visibles del sistema patriarcal son MANIFESTACIONES SOCIO-ECONÓMICAS, algunos de ellos son:

* Falta de independencia económica. Muchas mujeres son "menores de edad" en lo que se refiere al dinero y no pueden plantearse vivir por su cuenta, bien por falta de ingresos, bien porque los ingresos que tienen son bajos o procedentes de trabajos precarios, inestables o a tiempo parcial. Un indicador muy expresivo de la falta de independencia económica de las mujeres es el dato de que, de todos los créditos (préstamos de dinero) concedidos por los bancos a personas en todo el mundo en el año 2000, solamente un 3% fueron para mujeres. En España, en el año 2003, por ejemplo, de las 16.868.000 personas que trabajaron con algún tipo de remuneración, 6.538.900. eran mujeres, lo que supone el 38% de la población ocupada. La tasa de paro femenina dobla la tasa de paro masculina: 15,64, frente a 8,13. El 30% de las trabajadoras, es decir, 550.600 mujeres, son autoempleadas.

* División del trabajo en general según género. Esta división hace que las mujeres carguen con todo el trabajo no remunerado (trabajo doméstico y de cuidado de personas). Solamente el 38% de las mujeres en edad laboral tenía un trabajo remunerado en el año 2003 (población "ocupada") y solamente un 10% más (hasta llegar al 48%) estaban apuntadas como desempleadas buscando activamente empleo. O sea, que la población femenina considerada "activa" para las estadísticas no pasa del 48% de las mujeres (población "activa" = "ocupadas" + "desempleadas"); ¿es que el 52% restante no hace nada? Pues no: en España según María Ángeles Durán, socióloga especialista en asuntos de género, por cada hora de trabajo remunerado se realizan otras dos horas de trabajo sin sueldo, y son las mujeres quienes realizan el 80% de estas tareas. Las mujeres, por tanto, trabajan muchísimo más y cobran muchísimo menos.

* División del trabajo remunerado según género. Para las mujeres se reservan los puestos o tareas remuneradas de "bajo perfil" o de "perfil asistencial". El 76% de los contratos verbales, no sujetos a derechos, y el 58% de los contratos discontinuos se pactan con mujeres. Sigue habiendo profesiones "de mujeres" y profesiones "de hombres". Por ejemplo, poquísimas ingenieras ejerciendo de hecho como tales y muchísimas enfermeras.

* Expectativas del mundo laboral respecto del comportamiento de los hombres y de las mujeres. Los hombres deben tener disponibilidad total de tiempo y mente para con su trabajo o empresa, lo que implica que detrás de ellos debe estar siempre "la mujer" para ocuparse de "la casa y los/as niños/as". Las mujeres se supone siempre que no aspiran a más en el trabajo porque se deben a su familia y no se plantean otras metas, por lo que se las suele dejar en puestos, de una u otra forma, secundarios. De esta manera, el mundo de la empresa se convierte en el principal bastión actual del patriarcado. A pesar de lo que diga la ley, las estadísticas dicen que los salarios de las mujeres siguen siendo significativamente más bajos que los de los hombres, a igual responsabilidad (de 20 a 40% menos).

* El "techo de cristal". Aún cuando las mujeres asciendan a las altas jerarquías de la política, la administración o las empresas, se quedan siempre a un paso de los niveles reales de decisión o poder ¿Cuántas mujeres hay en los consejos de administración o en los consejos de dirección de las grandes empresas? Las que consiguen traspasar ese "techo" son siempre una minoría. Según datos del 2003, en España desde 1977, sólo 17 mujeres han sido ministras, frente a 238 ministros. De los 3.435 gobiernos municipales, el 10% están regidos por una alcaldesa.

* Consumismo
Desde la adolescencia, las mujeres aprenden a “ir de compras”. Al principio como pasatiempo, al final como tarea designada y convertida en hábito. ¿Pero es que no hay otras miles de maneras de pasar el tiempo? ¡con la cantidad de cosas productivas que se pueden hacer…! La publicidad va dirigida mayoritariamente a fomentar el consumismo de las mujeres. Eso sí, las mujeres en general hacen las compras rutinarias (alimentación, limpieza, ropa para todos y todas...), ¡total, ya están habituadas! Las compras “importantes” (realizadas mucho menos a menudo) son realizadas mayoritariamente por los hombres (el ordenador, el coche,…)

* Violencia doméstica, acoso sexual y violación. Aunque éstas prácticas parecen ser cada vez más rechazadas en nuestra sociedad, sigue habiendo demasiados casos y todavía una cierta complicidad en algunos sectores de la población. Así lo atestiguan determinadas sentencias judiciales que encuentran atenuantes de estos actos en la "provocación" de una manera de vestir, o determinados apoyos que han recibido de su partido político cargos públicos condenados por delito de acoso. En 2003, 164 mujeres sufrieron tentativa de asesinato a manos de su compañero o ex compañero sentimental; 64 fueron asesinadas. La violencia doméstica empieza en el maltrato psicológico en la vida cotidiana.

* El escandaloso negocio de los cosméticos y la cirugía estética. No nos referimos aquí a los cuidados normales de higiene o a una moderada preocupación y ocupación por el aspecto personal. Lo que es escandaloso es cómo la publicidad y los medios de comunicación retroalimentan un mercado multimillonario que se basa en el fomento y la explotación del sentimiento de inseguridad de las mujeres con su físico y en el tratamiento de las mujeres como objetos. Esto es tan absurdo que, al parecer, en el año 2001, en todo el mundo, se gastó muchísimo más dinero (del orden de tres veces más) en implantes de senos que en la investigación del Mal de Alzheimer (una forma de demencia senil).

* La existencia de la prostitución. Es otra señal del patriarcado. Aunque exista algo de prostitución masculina (los "gigolós"), la prostitución es esencialmente femenina y no sería posible, entre otras cosas, si: primero, no existiera la abismal diferencia de poder (y no sólo económico, sino poder vital) entre hombres y mujeres; y, segundo, si no se diera la "cosificación" o reducción de las mujeres a meros objetos sexuales.

Las anteriores manifestaciones sociales del patriarcado tienen su reflejo a NIVEL PSICOLÓGICO, algunas de ellas son:

* Falta de autoestima en las mujeres, inducida por la educación y el entorno. Una consecuencia de ello son las enfermedades psicológicas, que padecen mucho más las mujeres que los hombres, como la anorexia, la bulimia o la depresión.

* Falta de expectativas de logro y limitación de los propios intereses en las mujeres. Como las expectativas y la confianza que una tenga en sus propias fuerzas son condición para alcanzar lo que una se proponga y aunque las mujeres en la actualidad, por lo menos en nuestro mundo, se educan para proponerse lo que quieran, antes o después tendrán que optar o compatibilizar sus relaciones afectivas con su carrera. Desde la infancia aprenden que los/as bebés son cosa de niñas y no de niños (los niños no juegan con muñecas ¿por qué?), y al jugar con muñecas y ejercitarse desde su más tierna infancia a hacer de mamaítas y no de papaítos, una vez sean mayores les harán optar por su familia. Lo han visto en sus madres, lo han visto en la publicidad, lo han visto por todas partes. Son las máximas responsables de sus hijos e hijas. Por lo que muchas veces las mujeres carecen de tiempo y por tanto de estrategias, para investigar y aprender de las cosas y del mundo y tienden a centrarse exclusivamente en las relaciones (la otra cara de este aspecto es la incapacidad, falta de interés y estrategias de muchos hombres para con las relaciones afectivas interpersonales).

* Sentimiento de miedo e inseguridad física. Muchas mujeres son más fuertes que muchos hombres y, según las estadísticas, los hombres sufren muchos más delitos con violencia que las mujeres; sin embargo, desde pequeñas se mete miedo sólo, o mucho más, a las mujeres frente a la eventualidad de un ataque violento (especialmente con el fantasma de la violación), no se fomenta su educación física y su competitividad, se acrecienta su debilidad haciéndolas llevar ropa y calzado "a la moda", que impide moverse con agilidad. En consecuencia, las mujeres en general viven con más miedos, limitándoles a la hora de salir o de emprender actividades solas. La otra opción es tener siempre al lado a un hombre que les acompañe (muchos padres se complacen cuando sus hijas tienen novio a temprana edad porque así ya tienen protección garantizada, aunque sea a costa de la autonomía de ellas).

Las manifestaciones del patriarcado en el ÁMBITO CULTURAL también se hacen notar.

* La educación reglada (colegios, institutos, universidades) androcéntrica (centrada en los hombres). Todos los grandes nombres que se estudian en la historia, la literatura, el arte y la ciencia son hombres; no se da relevancia a las pocas mujeres que han podido destacar y no se explican las causas de que haya tan pocas mujeres destacadas, con lo que se transmite subliminalmente el mensaje de que las mujeres son incapaces o, al menos lo han sido, y se impide que las nuevas generaciones rompan con esa idea del inconsciente colectivo. Otras interpretaciones "tienen truco", por ejemplo cuando en historia se habla del advenimiento del "sufragio universal" en las democracias occidentales, se está hablando de la generalización del voto a todos los hombres mayores de edad; ¿se explica que lo que se dió por llamar "sufragio universal" impedía votar al 51% de la población, es decir, las mujeres? ¿Se explica acto seguido el movimiento sufragista protagonizado fundamentalmente por mujeres que hizo posible el voto de las mujeres en todos los países? Otro ejemplo: cuando se estudian los movimientos sociales de los s.XIX y XX no aparece el movimiento feminista por ningún lado, como si no hubiera sido uno de los movimientos determinantes del cambio social en esos siglos.

* El funcionamiento y la estructura de las familias. De las 319.800 familias monoparentales españolas, 286.800 están a cargo de una mujer (¿no se deberían llamar monomarentales?). De éstas, el 90% tiene menos de 45 años y dos hijos/as. Las mujeres dedican 7 horas y 22 minutos a las tareas domésticas un fin de semana, mientras que el hombre emplea 3 horas y 10 minutos. Son datos del año 2003. Los hijos y las hijas tienden a aprender y reproducir los roles que ven en sus progenitores; sería bueno que las nuevas generaciones de chicas y chicos sean (en algunos casos ya lo son) conscientes de ello y poco a poco vayan rompiendo con los roles de la familia tradicional que ha supuesto y supone tanta desigualdad, aunque sólo fuera por variar un poco... a mejor.

* Transmisión y fomento de los estereotipos por los medios de comunicación y la publicidad. La publicidad va dirigida fundamentalmente a las mujeres, a las que refuerza en su papel de encargadas del trabajo doméstico y de objetos sexuales, retroalimentando su insatisfacción con el propio cuerpo. Toda una nube de programas y prensa "rosa" o "especial para ti, mujer" (dirigidos a las mujeres), así como los programas y la prensa "deportiva", y la pornografía (dirigidos exclusivamente a los varones) contribuyen igualmente a la transmisión y fomento de los estereotipos femenino y masculino.

* La ciencia, las artes y las letras. Aunque se tiende a pensar que estas manifestaciones culturales son neutras o asépticas en términos de género, también están impregnadas de valores masculinos y colaboran en la transmisión y fomento de los estereotipos de género. Un ejemplo: Francis Bacon, siglo XVII, considerado como uno de los fundadores de la ciencia moderna, en su obra El nacimiento masculino del tiempo dice así: “la ciencia anterior representaba solamente un vástago femenino, pasivo, débil, expectante, pero ahora ha nacido un hijo varón, activo, viril, generativo”. “Establezcamos un maridaje casto y legal entre Mente y Naturaleza. La Naturaleza va a ser la novia, la que requiere ser dominada, conformada y sometida por la mente del científico”. Este fue el impulso científico en su nacimiento. Efectivamente, se ha dominado a la Naturaleza como Francis Bacon quería pero ¿a qué precio? Hemos puesto en peligro la supervivencia del planeta por ese deseo. ¿No es cierto que detrás de muchas mujeres asesinadas está el deseo de sus parejas de dominarlas? Otras muchas sobreviven sometidas.

* La religión. Las religiones, como manifestaciones culturales, contribuyen a mantener todos los prejuicios misóginos y la idea de la mujer siempre dependiente y subordinada al hombre, a través de su influencia en nuestro imaginario colectivo (incluso con una imagen masculina de Dios o de los dioses) y a través de las propias estructuras de poder, tanto de las iglesias cristianas, en España, en particular, la Católica, como de las grandes religiones en general.

* Los esquemas de percepción y el universo simbólico. La psicología, la antropología y la sociología actuales están de acuerdo en que vemos el mundo a través de una serie de “categorías” conceptuales y esquemas de percepción que nos sirven para estructurar la realidad. Igualmente el universo simbólico (las asociaciones que hacemos de determinadas imágenes, palabras y conceptos) determina nuestra percepción y comprensión de lo que nos rodea. Pues bien, tanto los esquemas de percepción y las categorías conceptuales como nuestro orden simbólico identifican el mundo del hombre con el mundo en sí, por lo que el universo masculino se asienta en nuestra mente como algo invisible o neutro. Lo típico del mundo dominante es que logra hacer que se reconozca inconscientemente como universal su manera de ser particular. A esto se denomina “androcentrismo” que no es más que la consideración de que los valores masculinos son únicos y universales, en detrimento de los valores femeninos. En antropología cultural, a este planteamiento se llama “etnocentrismo” y está totalmente desechado (etnocentrismo: consideración de que los valores de la propia cultura son únicos y universales).

El sexismo de nuestro orden conceptual y simbólico se manifiesta especialmente en el lenguaje. Mucha gente se burla de esto y dice que, por ejemplo, es una tontería lo de usar el "los/as" o l@s, o usar el plural femenino como genérico. Sin embargo, el lenguaje conforma nuestra manera de pensar y de ser, somos lo que de alguna manera podemos nombrar. Lo que no se nombra, no existe, o se ignora, o no se tiene en cuenta, o se da por supuesto, lo que en referencia a las personas, puede ser sangrante.

Los diferentes elementos que conforman el patriarcado son como piezas de un complicado puzzle. Cuando tenemos delante un puzzle complicado ocurre que, algunas piezas, por sí solas, no nos dicen nada, no podemos, en principio, encontrar su sitio y, por tanto, su significado. Otras piezas, por el contrario, tienen más significado debido a que lo que representan está expresado en ellas mismas.

Tanto unas como otras adquieren su máximo sentido en su relación con las otras, cuando todas las piezas encajan. El rompecabezas deja de ser tal para convertirse en un universo con sentido, con significado. Lo extraordinario de las piezas que conforman el rompecabezas del mundo es que las piezas han ido cambiando a lo largo de la historia, de nuestra historia. Si han ido cambiando pueden seguir cambiando… esperemos que a mejor.

Fuente: Genero Con clase.