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domingo, 1 de mayo de 2016

¡Vivas nos queremos!






Zaira Laínez 

El pasado domingo 24 la Ciudad de México se tiñó de violeta con una gran marcha bajo el lema “vivas nos queremos” en la que salieron a las calles miles de personas a denunciar y rechazar las violencias machistas.

Esta marcha fue convocada unas semanas antes a través de las redes sociales por mujeres con ganas de hacer algo, cansadas del machismo y la misoginia, y la respuesta fue sorprendente con el resultado de una impresionante movilización nacional. Se llevó a cabo en 47 ciudades del país que dieron a conocer pronunciamientos para posicionarse públicamente en contra de estas violencias y hacer denuncias y demandas específicas de sus localidades. Se calcula que en total participaron más de veinte mil personas. La marcha se identificó con las etiquetas #VivasNosQueremos, #PrimaveraVioleta, #24A, #NiUnaMenos y #MiPrimerAcoso.

A lo largo de la marcha en Ciudad de México se observó la participación de mujeres de distintos sectores y edades, así como diversas organizaciones, colectivos (aunque destacaron los  feministas, también hubo presencia de colectivos por la diversidad sexual), grupos de ciclistas, familias con bebés, niños, niñas y hasta mascotas, etc. que realizaron un recorrido de seis horas hasta llegar al Ángel de la Independencia y se unieron así a esta masiva manifestación en rechazo a las múltiples violencias que sufrimos las mujeres diariamente.

La protesta de ese día no sólo fueron las marchas con variadas y creativas consignas, sino también hubo performances, música, baile, y otras formas de expresar resistencia y conocimiento. Entre las denuncias, resaltó el hartazgo de las mujeres por no sentirse seguras al caminar por las calles, que aunque son públicas, no son seguras para todas. Hartas del acoso en la calle y del peligro que representa ser mujer en los espacios públicos por estar sometidas a toqueteos, miradas y comentarios lascivos, muchas gritaban “¡No queremos tu piropo, queremos tu respeto!”. Se repartieron volantes que daban consejos para reaccionar frente al acoso como mirar de frente al acosador, alzar la voz y apoyarnos entre nosotras. De igual forma se denunció el alarmante incremento de feminicidios y desapariciones de niñas y mujeres, así como la responsabilidad y complicidad del Estado ante esta dura realidad.

Otros colectivos también exigían justicia en las instituciones del Estado, sensibilización en materia de violencia de género y generación de mecanismos para luchar en contra de esta violencia machista, así como oportunidades laborales dignas y seguras. También se resaltó la importancia de la educación para derrumbar el orden que establece el sistema patriarcal y hace creer que es normal que los hombres acosen, amenacen, abusen, exploten y violen a las mujeres, entre otros. Además se exigió castigar todos esos mensajes que incitan al odio en contra de las mujeres y que promueven estereotipos sexistas que nos violentan.

El ser mujer en México, así como en Guatemala y el resto de América Latina es un factor de riesgo determinante. El ser mujer nos hace blanco de violencias que operan en nuestra contra por el lugar al que se nos es relegado en la sociedad bajo el sistema patriarcal. Por ello es necesario desnaturalizar todo aquello que nos ha sido presentado como dado y enseñado como normal, cuestionar los estereotipos y las posiciones a las que nos orilla el sistema, ya sea como objetos sexuales para el consumo masculino o como objetos puros, delicados y débiles dedicados al cuidado y servicio. Bourdieu habla de la violencia simbólica como esa violencia invisible e imperceptible que es aceptada por la persona violentada por creer que esta es normal y no ver otra forma posible de ser y estar. Es por ello que esta marcha y las diversas luchas de las mujeres son una invitación a pensar otros mundos posibles y nos recuerdan la importancia de la colectividad y la sororidad.

Y es que no es normal vivir con miedo. Porque ser mujer no debería ser un peligro.



[Información completada con datos de Animal Político, La Izquierda Diario y la página de Facebook Vivas nos queremos #24A Mx.]


jueves, 17 de diciembre de 2015

Acoso sexual callejero: Cuando el cuerpo de la mujer es terreno de dominio público





Norma Loto 

Hasta hace poco tiempo, el imaginario había quedado estancado en la idea de que el acoso sexual callejero era un costo que las mujeres debían pagar en el espacio público. Pero, afortunadamente, desde un tiempo estas acciones indeseadas son interpeladas.

Los “piropos”, como también otras frases y situaciones que parecían signos indiscutibles de la calle, hoy se denominan: acoso sexual callejero (ASC). Según la especialista Hollu Kearl, clasifican como ASC “las palabras y acciones no deseadas llevadas adelante por desconocidos en lugares públicos, que están motivadas por el género e invaden el espacio físico y emocional de una persona de manera irrespetuosa, rara, sorprendente, atemorizante o insultante”.

En tanto, el Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile -http://www.ocacchile.org/- sostiene como ASC prácticas “sufridas de manera sistemática, en especial por las mujeres, ocurriendo varias veces al día desde aproximadamente los 12 años”. Estos actos generan traumas “no solo por hechos de acoso especialmente graves, sino por su recurrencia.”

Según el Observatorio contra el Acoso Callejero, el ASC comprende las miradas lascivas, “piropos” suaves y agresivos, silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos, gestos obscenos, comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo, fotografías y grabaciones no consentidas a partes íntimas, tocamientos (“agarrones” o “punteos”), persecución y arrinconamiento, masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo”.

El ASC es un tipo de violencia porque se trata de “una práctica no deseada, que genera un impacto psicológico negativo y tiene efectos en la vida cotidiana de las mujeres que, a veces, se ven obligadas a cambiar los recorridos habituales por temor a reencontrarse con el o los agresores, modificar los horarios en que transitan por el espacio público; preferir caminar en compañía de otra persona, modificar sus modos de vestir buscando desincentivar el acoso”, refiere el Observatorio.

Tamara es una joven universitaria, tiene 18 años, vive en Santiago del Estero (a 1.200 kilómetros de Capital Federal) y contó su experiencia a SEMlac:

“Una vez tuve que cambiar el camino habitual a casa porque alguien me seguía en una moto, decía cosas feas. Salí corriendo hasta llegar a mi casa, con un miedo impresionante. Además, ¡detesto salir a la calle y que estén en la esquina albañiles o vecinos diciéndome cosas! Mi actitud es ignorarlos y la respuesta de ellos es: “¡ay, tampoco que estés tan buena!”.

El acoso sexual callejero es violencia, ya que parte del imaginario imperante que se enfoca sobre el cuerpo de la mujer como un terreno donde otros tienen derechos (a decir y hacer).

“Nada les viene bien a ustedes, las mujeres” dice Manuel, de 19 años, cuando SEMlac le consultó sobre el tema. “No justifico las grosería -continuó-, pero si las ignoramos se enojan y si es que les decimos algo lindo, también”.

Lo que Manuel ignora es que tanto un piropo como una grosería están dirigidos al aspecto íntimo de una mujer y sin su consentimiento.

La semana pasada fue la Semana Internacional contra el Acoso Callejero y fueron muchas las actividades realizadas en diferentes puntos del país. Acción Respeto, un grupo de jóvenes activistas, organizó algunas de ellas.

Este es el caso de las actividades co-organizadas junto a La Marcha de lxsPutxs, para el 24 y 25 de abril en Chaco y Corrientes (provincias del norte argentino).

Una de las organizadoras es Silvana Sanabria, quien sostuvo ante SEMlac: “Se piensa que los cuerpos, sobre todo de mujeres y personas que no encajan en el modelo hetero-patriarcal, son de dominio público y que cualquiera puede decirle lo que le venga a la mente. En cambio, sí creemos que los halagos o piropos pueden existir, siempre provenientes de una persona con la que sí tenemos un vínculo de amistad y desde el respeto”.

Los eventos que se realizarán en esas provincias tendrán como eje brindar información sobre el ASC y entregar volantes a las mujeres con la leyenda: “Esto que acabás de hacer se llama acoso callejero”, para que cada vez que sean acosadas en la vía publica puedan entregar esa información a los acosadores.

Estas actividades provinciales contarán con un taller de defensa personal. SEMlac consultó a Sanabria si es necesario combatir la violencia con más violencia, a lo que respondió: “Desde el taller planeamos dar herramientas a las personas para que puedan defenderse ante posibles situaciones de abuso sexual y violencia de género. Lo cierto es que muchas veces, cuando sufrimos acoso callejero en los espacios públicos, nos sentimos indefensas y no tenemos idea de qué hacer en caso de que la situación avance”.

La activista remarcó que el taller brindará herramientas para afrontar una situación límite, “ya que las mujeres o personas violentadas nunca son las primeras en atacar. Tiene que ver con ofrecer herramientas para resguardar la vida, en el peor de los casos y como último recurso”.

¿Por qué se necesita una ley?

Las activistas de Acción Respeto han puesto sobre la mesa de discusión la necesidad de presentar un proyecto de ley para penalizar el ASC.

“Los números del acoso demuestran que la población más vulnerable son las niñas y adolescentes menores de 15 años, y según la encuesta que hemos realizado, 38,2 por ciento fueron acosadas antes de los 13 años y otro 38,2 por ciento entre 13 y 15 años”, dijo a SEMlac Verónica Lemi, creadora y directora de Acción Respeto.

La franja etaria más afectada “coincide con el momento en que las niñas comienzan a desarrollarse -continuó Lemi- y a descubrir la sexualidad. El acoso callejero afecta enormemente no solo la libertad, sino al desarrollo de una sexualidad sana, dado que desde ese momento se encuentran con que su consentimiento no es tenido en cuenta y sus cuerpos “nuevos” generan reacciones violentas”.

Lemi relató a SEMlac que el ASC primero genera “vergüenza” en las adolescentes y, cuando recurren a los adultos, estos les refuerzan el concepto de que esas prácticas deben ser soportadas ya que “es parte de ser mujer” y “hay que soportarlo en silencio”. “Bajá la cabeza y apurá el paso”, son algunas de los consejos que escuchan las jóvenes.

“Desde ese momento clave en el desarrollo -precisó Lemi- se afianza la noción de que así tratan los hombres a las mujeres y comienza la naturalización interna de la violencia. Entonces, el acoso callejero funciona como una suerte de rito de pasaje que les marca su rol dentro de la sociedad y les enseña a aceptar la violencia hacia ellas sin responder, porque eso es ser mujer”.

La activista es partidaria de que, desde el Estado, se tomen medidas que reviertan esta situación y contrarresten el efecto de acoso y su naturalización.

“Una ley que señale esta conducta como violencia y como inaceptable es vital para que haya un marco social claro para la concientización. Hoy día las mujeres que denuncian acoso callejero se encuentran con que las fiscalías se niegan a reconocerlo como hostigamiento, minimizan las situaciones y rechazan las denuncias”, remarcó.

Además, Lemi dijo a SEMlac que una ley para esta situación no solo tendría la función de penalizar, sino que también funcionaría de modo preventivo, dado que los acosadores actualmente “cuentan con la impunidad de que no haya una figura que contemple exactamente su conducta y, por tanto, tanto policías como fiscales la minimizan”.

“Una vez aprobada una ley que multe el acoso callejero, muchos dejarán de hacerlo, aunque no entiendan del todo por qué está mal, pero las siguientes generaciones van a crecer sabiendo que es una conducta punible y rechazada social e institucionalmente”, insistió.

En definitiva, la necesidad de una ley radica en “una toma de postura del Estado: defender a las víctimas o seguir apañando a los acosadores”, concluyó la directora de Acción Respeto.

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Antecedentes cercanos

En Perú se aprobó este año la Ley para Prevenir y Sancionar el Acoso Sexual en los Espacios Públicos y tiene por objeto prevenir y sancionar el acoso sexual en lugares de uso público que afecten la dignidad, la libertad, el libre tránsito y el derecho a la integridad física y moral de niños, adolescentes y mujeres. Las sanciones penales serán establecidas en el Nuevo Código Penal peruano.

A la vez, en Chile se presentó en la cámara baja un proyecto de ley que establece tres tipos de conductas que recibirían multas: los actos verbales y no verbales; la captación de imágenes; y los abordajes intimidantes. Y los actos de acoso sexual callejero que involucren contacto físico de carácter sexual serían sancionados con presidio menor en su grado mínimo.

Fuente:http://www.alainet.org/es/articulo/169237

“En el cuerpo de la mujer se realiza una pedagogía de la crueldad”




Por Natalia Gelos 

La antropóloga Rita Segato estuvo en Argentina para presentar su libro sobre los asesinatos de Ciudad Juárez. El cuerpo de las mujeres como depositario de violencia, el rol del Estado y la búsqueda de soluciones por la vía comunitaria fueron algunos de los temas que desarrolló. Infojus Noticias la entrevistó.

Dijo que no tiene vergüenza de pensar con sospecha; que hemos colocado fichas de más en el género y no llegamos a ninguna parte; que la política ha capturado al crimen. Y para romper con la violencia de estas “nuevas guerras”, la única salida es construir comunidad.  En la presentación de su libro, en una mesa acompañada por  Raúl Zaffaroni y Hugo Cañón, la antropóloga e investigadora Rita Segato hizo un recorrido por su pensamiento de los últimos años. Especialista en violencia, y en particular de la violencia contra las mujeres, en  2003, esta argentina que reside en Brasil se trasladó a Ciudad Juárez y escribió el libro que acaba de publicarse por el sello Tinta limón: “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Infojus Noticias conversó con la autora.
¿Qué relación hay entre guerra y violencia en el cuerpo de las mujeres? 
Después de la guerra de Yugoslavia hay una discontinuidad de la historia de la guerra. Las guerras se vuelven informales, y entre las cosas que han cambiado, el foco que se coloca en el cuerpo de las mujeres. Como una profanación, como una aplicación de crueldad y tortura hasta la muerte, más que como una anexión, que era lo que sucedía en las guerras anteriores. Entonces, la historia de la guerra es discontinua y hay una transformación de las prácticas estructurales del conflicto cuando se pasa a las guerras no convencionales. Hay una paramilitarización de todas las guerras hoy, donde lo que sucede ahí está en un umbral entre lo legal y lo ilegal.
¿Cuándo se produce lo que llama la autonomización de la violencia?
En los asesinatos mafiosos, tanto en Italia como en Colombia, las víctimas en general son otros hombres. Antagonistas, delatores o traidores, pero parte de la corporación armada propia o enemiga. Esos cuerpos llevan mensajes, con diseños que implican una escritura mafiosa en la disposición del cadáver, pero ese cuerpo es parte del enemigo.  Pero en la violencia contra las mujeres hay una diferencia. Si matás a alguien que no es miembro de la banda armada, inocente de la guerra, pongamos el caso Candela, ahí el carácter puramente expresivo de la violencia se autonomiza y se hace más potente: estabilizando lo que es específicamente un lenguaje. 
A partir de su estudio sobre la trata, se pregunta si el Estado puede proteger a sus ciudadanos. ¿Cómo es la acción anfibia que propone? 
El discurso del derecho es el discurso del Estado. Las leyes son buenas en Brasil, por ejemplo, pero no consiguen frenar la escalada de asesinatos de mujeres. Para mí, la acción debe ser anfibia: con una mano trabajar sí en el campo estatal pero sin colocar las fichas ni todos los esfuerzos, porque el Estado hasta ahora no ha sido capaz de probar que puede proteger a las personas. Los crímenes del poder económico no se clarifican nunca.  Eso pasa en los países centrales también. Yo creo que la lucha es en todos los campos, inclusive en el Estado, pero no exclusivamente en él. Es necesario reconstruir el tejido social comunitario, reconstruir las comunidades, que pueden proteger, conversar entre sí, tomar medidas de una forma que el Estado no puede. Necesitamos un Estado que devuelva el fuero comunitario.
¿Qué soluciones ofrece el tejido comunitario?
Hay modelos de comunidad que no se deshicieron completamente. Después de trabajar en la cárcel de Brasilia, con estudiantes, mi decepción fue tan grande con la manera con la que el Estado entiende la infracción, el delito, el crimen, que ahí empecé a estudiar pluralismo jurídico. El derecho indígena, por ejemplo, tiene una estructura totalmente diferente al derecho estatal y es mucho más inteligente. Toda la noción de delito… no hay tipificación, no hay reducción a término. Cada delito es único y es analizado por toda la comunidad. Cuando vos tenés comunidad, las personas pueden reunirse y conversar sobre lo ocurrido y lograr un acuerdo. Y es siempre un acuerdo eficiente. Porque la meta es de salud, más parecida a una curación de los lazos comunitarios que a un remedio por destrucción del infractor. Lo que tenemos que colocar en un signo de interrogación es nuestra fe estatal.
Usted dice que la trata actual tiene una funcionalidad que excede el intercambio sexual como servicio. ¿Cómo llega a esa conclusión? 
Una vez, les pregunté a Silvia Chester y Monique Thiteux- Altschul  si los hombres van a los prostíbulos solos o en grupo. Me contestaron que van en grupo ¿Qué es lo que se realiza ahí? ¿Se realiza la compra de un servicio sexual o ese es el lugar en el que se celebra un pacto entre hombres, un negocio de entendimientos corruptos entre jueces, policías, empresarios o políticos? Con eso, varias cosas se garantizan; por ejemplo, que las mujeres políticas, juezas, empresarias y policías no participen de ese monopolio del convenio entre un grupo de hombres. La mujer que está ahí, como víctima sacrificial, es la que con su cuerpo sella la posibilidad de ese pacto. Y hay una segunda cosa en la trata: cada vez más estoy percibiendo que el capital en su fase actual se asienta en un pacto de la pedagogía de la crueldad y es en el cuerpo de la mujer que se realiza ese acto. La trata es todo eso simultáneamente.
¿Por qué dice que las organizaciones de derechos humanos no alcanzan a entender estas violencias?
El discurso de los DDHH actual encuadra Estados. Aquí  los crímenes los comenten actores paraestatales. El Estado es duplicado por naturaleza. Con la tercerización de la vigilancia está más duplicado todavía. Luego tenemos personas que actúan en el control territorial de los lugares vulnerables y que no son agentes estatales. Muchas veces torturan por ejemplo.  En el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, la tortura es gravísima pero cuando es realizada por el Estado. Pero si un vecino es un marero, un sicario, y está actuando para cabezas intermediarias entre el Estado y el paraestado, no puede haber una condena porque la tortura es condenable cuando hay estatales.

Fuente:http://www.infojusnoticias.gov.ar/entrevistas/en-el-cuerpo-de-la-mujer-se-realiza-una-pedagogia-de-la-crueldad-85.html

miércoles, 16 de diciembre de 2015

“Nos gustaría caminar solas sin miedo en la oscuridad, pero la calle sigue sin ser nuestra”



Sandra Lazaro
La oscuridad en el entorno urbano aumenta el peligro de las mujeres de sufrir una agresión por las noches. No es una leyenda, sino un estudio del Colectivo de Mujeres Malvaluna que muestra a modo de mapa que los espacios públicos de Mérida mal iluminados ponen en riesgo la seguridad de ellas.
Pueden ponerse muchos ejemplos, el último de esta misma semana. Una mujer ha denunciado haber sido víctima de un intento de agresión en las traseras del parque de La Argentina de Mérida, en el paseo de Artes y Oficios. Una zona efectivamente mal iluminada donde esta mujer fue abordada por un hombre en plena oscuridad, aunque logró escapar según ha denunciado.
Gloria Angulo, de Malvaluna, pone de manifiesto que los planes urbanísticos no se han desarrollado pensando precisamente en la seguridad de las mujeres, lo supone uno de los elementos que tiene que reforzarse con urgencia.
Agresiones sexuales
Existe una realidad que solo las mujeres sienten. Ellas, por el simple hecho de ser mujeres tienen miedo, o lo han sentido en algún momento. Cuando andan solas por la calle de noche se enfrentan a un estado inconsciente de pánico, permanecen en alerta. Hay una frase que repiten: "La calle sigue sin ser nuestra". Y una evidencia: a todas les une la posibilidad de ser víctimas de una agresión. 
“Siempre vamos alerta, y no por lo que oigamos, sino porque a casi todas alguna vez nos ha pasado, incluso aquí en Mérida. Hace 5 años a dos de nosotras nos dieron un buen susto de noche un grupo de 3 tíos en un coche, nosotras pensábamos que Mérida era una ciudad tranquila y no íbamos con miedo. Desde entonces vamos más en alerta”. Esta es la experiencia que traslada el grupo de mujeres libres de Salamandras Sincréticas. Comentan que en una sociedad patriarcal las mujeres “estamos siempre en riesgo, pues se nos considera inferiores para todo, y como objetos sexuales para usar cuando ‘uno’ quiere”.
Un concepto que comparte Mujeres Maquinando, también de Mérida. “Violencia machista también es que una mujer tenga que tener la sensación del miedo continuo cuando camina por una ciudad supuestamente segura, por el hecho de ser mujer”.
En cuanto al último intento de agresión en la capital extremeña, Mujeres Maquinando comenta que “los atacantes optan por las zonas en las que se sienten más seguros, como los entornos oscuros”. Reclaman al ayuntamiento que tome cartas en el asunto, “y por supuesto darle importancia a las cosas”. “No restarle importancia al caso, aduciendo que solo ha sido ‘un intenso de’. Lo que esta chica sufrió es un aspecto más de la violencia machista”, comenta este colectivo.
¿Sufren violencia mujeres y hombres por igual?
Las Salamandras no comparten las tesis de quienes piensan que los hombres también sufren violencia, que pueden ser violados al igual que ellas: “el índice es infinitamente menor, son casos de violencia aislados, que cualquier persona puede sufrir, pero aquí estamos hablando de que todas las mujeres tenemos un alto riesgo de violación”.
Intento de violación, abusos en la infancia, una violación consumada o simplemente toparse ante exhibicionista. Son situaciones que los hombres no sufren. “No tenemos los mismos peligros, no es comparable. Por ejemplo, en nuestro grupo a todas nos ha pasado algún episodio de este tipo, y estas cosas no las contamos abiertamente, no hablamos de ello, parece que hay que esconder que nos hayan intentando violar, que nos hayan forzado a tener una relación, que hayan abusado de nosotras, que nos haya salido un exhibicionista, etc. Pues esto pasa, es real, mucho más común de lo que se cree”.
Más de 60 ciudades han albergado 'Marchas de las putas', como esta de Lima, en respuesta a una frase de un policía de Toronto: "Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no sufrir violencia sexual". EFE / Paolo aguilar
Uno de los conceptos en los que coinciden todas las feministas es que las mujeres no deben avergonzarse por haber sufrido algún tipo de agresión, del tipo que sea, porque “es la sociedad en general y los hombres en particular" quienes deberían de avergonzarse, "pues con las bromas, actitudes y ciertos comentarios machistas, se permiten este tipo de actos violentos".
¿Por qué no se defiende una mujer?
Tanto las Salamandras como Mujeres Maquinando piensan que a ellas se las enseña a tener miedo desde pequeñas, porque el miedo ‘paraliza’.
“Y lo que interesa es que las personas estemos lo más quietas posibles a todos los niveles. Nosotras creemos que debemos aprender a defendernos, con autodefensa, en grupos, con sprays antivioladores y sobre todo dando la cara y tomando las calles de noche, no quedándonos en casa, pero para eso tenemos que estar unidas y ser conscientes de los peligros”.
“Si tenemos miedo, pues tampoco pasa nada, es que es para tenerlo, la ayuda mutua y buscar estrategias juntas nos ayudará a superarlo”. El mensaje que lanzan es que hay que 'empoderarse' y no sentir miedo, salir solas, a cualquier hora, "porque en caso contrario le estás dando la razón al agresor".
A este respecto la representante de Malvaluna explica que ellas como colectivo no apuestan por hacer uso de la violencia explícita por parte de las mujeres, sino a desarrollar otras armas –dice—como el modo de caminar, las miradas que una mujer devuelve o simplemente la actitud.

¿Los piropos son violencia machista?

Tanto para Malvaluna, como para Salamacras y Mujeres Maquinando, no cabe la menor duda de que sí.

Aunque existen mujeres a las que les puede gustar el piropo de un desconocido, insisten en que habla de ellas como seres sexuales, y no como seres pensantes. “A algunas mujeres les puede gustar, quizás porque no las han enseñado a valorarse por sí mismas, algo muy normal que suceda en una sociedad donde priman los valores patriarcales, donde las mujeres son consideradas personas de segunda”.

En este sentido apuntan a que son juicios de valor constantes, que no siempre tienen por qué producirse bajo el prisma adulador. Comentan por ejemplo que cuando una mujer no cumple el canon socialmente marcado “se produce el insulto de fea, gorda, vieja”. “Ojo, que estamos hablando de una agresión verbal”, advierten Mujeres Maquinando.

Fuente:http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/gustaria-caminar-solas-oscuridad-calle_0_460904892.html

lunes, 30 de noviembre de 2015

Mujeres entre violencia y la impunidad






Honduras-Radio Progreso

Un documental de la campaña Ni encerradas Ni con Miedos del ERIC, Radio Progreso y el Foro de Mujeres por la Vida. 

En Honduras cada 16 horas es asesinada una mujer y solo el 7% de los casos obtiene justicia. Organizaciones de mujeres defensoras de derechos humanos en todo el territorio reciben las denuncias que han sido ignoradas por el sistema de justicia en Honduras, uno de los países más violentos y desiguales del mundo. Es en una de las regiones más peligrosas de Honduras que fue asesinada la luchadora social Margarita Murillo. Su hija sigue exigiendo justicia a un año de su muerte sin obtener respuestas. La historia de Margarita se cruza con la de esas mujeres tras las organizaciones que viven documentando e intentado construir la justicia que no da tregua a las mujeres actualmente en este país centroamericano.


Documental galardonado con el primer lugar del concurso Premio Nacional a la Comunicación por la Igualdad y Contra la Violencia hacia las Mujeres "Motivar para el Cambio, 2015", en la categoría Mejor reportaje de televisión. Este concurso es organizado por la Campaña Nacional contra los Femicidios.




martes, 2 de diciembre de 2014

Veinte años después en Ciudad Juárez. Entre feminicidio, desaparición forzada y trata de mujeres



 Emanuela Borzacchiello
Revista con la A 
Mexico 
 
Qué sentido tiene seguir usando la categoría de “feminicidio” si a la denuncia no sigue justicia, si al grito de la sociedad civil sigue el silencio de las desapariciones forzadas, qué eficacia tiene denunciar la violencia
¿Ciudad de Juarez sigue siendo la ciudad más peligrosa del mundo? En México hoy en día el nivel de violencia, en lugar de bajar, sube. Entonces, cabe preguntar: ¿Qué sentido tiene seguir usando la categoría de “feminicidio”? ¿Si a la denuncia no sigue justicia, si al grito de la sociedad civil sigue el silencio de las desapariciones forzadas, qué eficacia tiene denunciar la violencia?
En el marco del Capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos, las comisiones organizadoras de las audiencias “Feminicidio y Violencias de Género” analizaron y visibilizaron cómo el feminicidio se ha extendido de manera capilar a otros Estados del país, al tiempo en que las redes de secuestro, trata y esclavitud sexual de mujeres, muy especialmente de niñas y niños, también crecen. Cada escenario se presta a una lectura ambivalente y la geografía del dolor cambia en manera constante. Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), el Estado de México ocupa el primer lugar en feminicidios con 7.745 feminicidios, de los cuales 95% quedan en la impunidad. Hoy en día Juarez no es “la más peligrosa”, pero sigue siendo el lugar emblematico donde estallan con más fuerza todas las brutalidades de un sistema politico-económico neoliberal y currupto.
En Juarez, la sociedad civil sigue protestando y organizándose. La Red Mesa de mujeres, integrada por diez organizaciones juarences, presentó al Tribunal Permanente un informe respecto de la situación actual en Juárez. En el Tribunal Permanente de los Pueblos entrevistamos a las integrantes de la Red.
¿En estos últimos veinte años cómo cambia el perfil de las víctimas?
Desde 1993 hasta 2007, las primeras víctimas son mujeres entre 14 y 25 años, aproximadamente el 90% de ellas son trabajadoras de la industria de la maquila, habitantes de la zona poniente de la ciudad, pobres, que buscan una alternativa de trabajo. De 2007 a la actualidad, este perfil cambia: la mayoría son estudiantes o personas que están solicitando trabajo; la zona donde desaparecen la mayoría está localizada en el primer cuadro del centro, zona que se ocupa para trasladarse hasta el centro de la ciudad o la zona oriente.
¿Cuáles elementos podemos identificar que menoscaban el derecho a la debida diligencia en materia de sanción e investigación?
Son sobre todo tres: en primer lugar, la desaparición de mujeres en el Estado de Chihuahua no es un delito y, por lo tanto, se levanta solamente un reporte de extravío o de “ausencia”. Por muchos años, ni siquiera ésto se pudo realizar porque en muchos de los casos solamente existía el reporte de extravío, pero no se daba pie a la investigación. La segunda circustancia es que la carga de la investigación está a cargo de las familias que reportan a sus hijas como desaparecidas. Las modalidades de actuación de la policía con las familias no mejoró. Uno de los comentarios que reciben por parte de los agentes estatales o de los ministerios públicos (encargados de levantar las actas de denuncia y darles seguimiento) es: “¿señora ahora qué me trae de nuevo? porque yo no tengo nada de nuevo”. Eso es lo que reciben y, entonces, asumen el alto riesgo de la investigación en centros nocturnos, en bares, en hoteles, buscando a sus hijas desaparecidas, llevando las fotografias de sus hijas para poderlas localizar ellas mismas. En tercer lugar, es que no hay una coordinación entre la Fiscalía general del Estado de Chihuahua con la Secreteria de Seguridad Pública General y con la Secretaría de Seguridad Pública Municipal”.
¿Qué efectos producen estas circustancias?
El total de los casos recibidos, desde 2008 a marzo de 2014, es de 2.222, de los cuales tenemos corroborados sólo 123 reportes vigentes de mujeres desaparecidas. Además, hemos verificado que el Protocolo de Búsqueda Inmediata, denominado Protocolo Alba, se utiliza de manera discrecional, según cómo quieren aplicarlo el Ministerio Público y la Agencia de Investigación. Juarez es el símbolo, si en la Ciudad no se van a parar los feminicidios eso seguirá en otros Estados, como lo estamos viendo en la actualidad.
La Red asiste a muchas madres de víctimas, entre ellas la madre de Luna, que desapareció en 2010, quien explica:
“Como todas las madres de las chicas desaparecidas, nos volvemos investigadoras, llevamos informaciones a las autoridades, llevamos nombres, direcciones, llevamos, a veces, hasta a la persona, pero no hay resultados. No pasan las informaciones. No las utilizan. A mi hija la llevaron por dos años en el centro, prostituyéndola en los bares, en los hoteles, drogada y nadie vio nada. Nosotros la buscábamos también en el centro, pero nunca la vimos. Yo fui hasta los hoteles donde tienen atrapadas a jóvenes, allí me dijeron que había muchas niñas, y cuando fuimos la encargada del hotel dijo que no había visto a nadie. Hoy sabemos que allí la tenían y la sacaban a prostituirse afuera del hotel. Nosotras queremos seguir luchando para que no haya más familias destruidas. Tenemos que seguir de pie”.
Entrevista realizada por Redacción (México)

REFERENCIA CURRICULAR
Emanuela Borzacchiello es investigadora italiana y experta en estudios de género. En la actualidad, vive y trabaja entre Ciudad de México y Madrid. Sus principales temas de investigación son la violencia feminicida y derechos sexuales y reproductivos. En 2012 colaboró con el Senado de la Republica Italiana para construir un marco legislativo respecto del delito de feminicidio: “DDL 3390 recante norme per la promozione della soggettività femminile e il contrasto al femminicidio”.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA
Ensayo: “Feminicidio: la potencia de la palabra, de la imagen y de la practica”, en el libro Regina José Galindo. Estoy viva. Milano, Skira editore, 2014.