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jueves, 27 de noviembre de 2014

Patriarcado versus el sentido holístico de la existencia:



                                                                
                                   
Por Yolanda Aguilar
 
Contradicción necesaria de trascender, desde nuestra propia experiencia corporal, no solo desde nuestros discursos

                                                                            
“La sociedad patriarcal está construida a partir de la ignorancia de cada persona sobre sí misma, y por consiguiente, a partir de la ignorancia de cada persona sobre las y los demás”[1]
                                                                   

Para nadie de las que estamos reunidas aquí es un secreto que el Patriarcado es el sistema que funda todos los tipos de relaciones de poder que establecen los seres humanos desde hace 10,000 años. Los institucionaliza, los naturaliza, los normativiza, los ha ido estableciendo dependiendo de las necesarias adecuaciones que requieren los regímenes políticos, económicos, sociales y los grupos culturales a las que mujeres y hombres hemos pertenecido por siglos.

Desde Oriente hasta Occidente, el Norte o el Sur, se establecen diferentes modos de producción; se instituyen modelos jerárquicos que determinan regímenes sociales, políticos diversos; Estados basados en poderes que dividen las clases sociales, los credos religiosos, las ideologías, las pertenencias étnicas, genéricas, étareas, las opciones sexuales, etc. Todas y todos los seres humanos que nos hemos construido culturalmente desde entonces, hemos nacido, crecido y formado en la constitución cultural del Patriarcado. No hay quien se salve o haya nacido inmune.

Pero en realidad qué es éste sistema que ha determinado tanto nuestro sentido de la existencia, nuestras formaciones culturales, eróticas, biopsicosociales, emocionales, físicas, políticas, familiares, estructurales, espirituales, etc? Cómo se ha conformado? Por qué se inició?

Es necesario comprender su origen, pues ésta es la única forma en que es posible comprender la trascendencia que tiene superarlo, desde nuestra experiencia personal/relacional y social. Empecemos por ello.

Aunque las feministas nombremos que es el Patriarcado el sistema que nos interesa derrumbar pues funda todos los tipos de desigualdades sociales, NO ES SUFICIENTE CON OPONERSE A EL o a las desigualdades sociales que funda, ni siquiera es suficiente con nombrar a los grupos sociales que discrimina, victimiza y violenta. También desde la oposición permanente estamos en la lógica binaria que es la que funda el sistema. O se es blanco o negro y no hay matices. No nos damos cuenta que el blanco o el negro son colores que están hechos de la luz y que incluyen por tanto en sí mismos a los otros colores.

Tampoco es tan trascendental que digamos cómo lo hace, porque cada una de nosotras podría contar su propia historia y reconocer el patriarcado en su memoria personal, emocional, biopsicosexual, mental, espiritual, familiar o social. Sin embargo lo que sí es fundamental es que de-construyamos el patriarcado en nuestros cuerpos, en nuestras mentes y en nuestro corazones. No como un discurso político o ideológico, sino como una apuesta revolucionaria de transformación personal, relacional y social que va más allá de lo racional, de nuestros discursos, de nuestra imagen pública como feministas.

En realidad, de lo que se trata es de hacer un ejercicio honesto desde cada una de nosotras, inclusive sin que ello signifique un protagonismo político evidente, sino un ejercicio para reflexionar cada una, cómo ha de-construido el patriarcado en su vida. Y no me refiero a las decisiones trascendentales, de ruptura, grandes decisiones políticas, evidentes cambios, activismos políticos protagónicos, etc.
Ni siquiera me refiero solamente a cómo han podido cambiar sus relaciones con las mujeres, con los hombres, con su madre, con su padre, sus hijas e hijos, sus parejas, sus colegas feministas, sus seres queridos ausentes, sus amigas y amigos. Me refiero a lo que cada una ha transformado para sí misma, consigo y con nadie más. Cómo ha transformado su relación con su propia existencia, con su sentido de ser, cómo se cuida, cómo se erotiza, cómo disfruta y en general, como se conecta con la vida desde la trascendencia de su ser.

Que conste que no me estoy refiriendo ni al ejercicio de sus propios derechos, ni a si ya paró la violencia en sus vidas, o si reproducen o no la maternidad o la pareja desde la posesión, o a si su sexualidad la consideran tan sólo desde la genitalidad. Me refiero a cómo cada una ha aprendido desde lo más profundo a Bien-tratarse, a respetarse.

En ese sentido es que retomo, la reflexión acerca del origen del Patriarcado que plantea Riane Eisler en el Caliz y la Espada[2]

Reexaminar la sociedad humana desde la perspectiva genérico-holística, surge como resultado de una nueva teoría de la evolución cultural...o de la transformación cultural. Esta teoría propone que bajo una superficie de la gran diversidad en la cultura humana, subyacen dos modelos de sociedad:

El primero que denomina modelo dominador, que es lo que generalmente se designa como patriarcado: La jerarquización de una mitad de la humanidad sobre la otra (desde todas las perspectivas y puntos de vista); el segundo, en el cual las relaciones sociales se basan primordialmente en el principio de vinculación, este modelo puede describirse como el Modelo Solidario. En este modelo, la diversidad no se equipara con la inferioridad o superioridad.

La Teoría de la Transformación Cultural propone además que el curso original de la corriente principal de la evolución cultural fue hacia la solidaridad, pero que tras un período de caos y casi total quiebre cultural, se produjo un vuelco social básico.

Y continúa: “En esta bifurcación cardinal, se interrumpió la evolución cultural de las sociedades que adoraban a las fuerzas del universo generadoras y mantenedoras de la vida, simbolizadas por el antiguo cáliz o grial”. En lugar de ello, el patriarcado instituyó el poder mortífero de la espada, el poder de quitar o dar la vida, el de imponer la dominación.

En otras palabras, lo que se institucionalizó a partir de las relaciones de dominación de unos contra otras y otros, fue un sistema complejo de relaciones de poder que a su vez conectó a la cultura occidental sobre todo, con el sufrimiento -como aprendizaje fundamental de dolor interminable-, en la medida en que el maltrato es el vínculo fundamental en que se establecen las relaciones entre los seres humanos.

El patriarcado, por supuesto, se fue modernizando según los estadios históricos que le tocó ir viviendo a la humanidad, y eso, finalmente nos lleva a considerar que en rasgos generales todas las instituciones, religiones, familias, relaciones, leyes, formas de ciudadanía, tipos de sexualidades, opciones diversas, grupos étnicos, ideologías, espiritualidades, formas de vernos, discursos políticos, formas culturales, conformaciones comunitarias, etc. Han estado permeadas por un tipo de pensamiento y actuación patriarcal que nos incluye y que por lo tanto, a partir de nuevos estadios de conciencia, nos invita a hacer ejercicios de humildad para con nosotras mismas. No desde la omnipotencia, sino desde el reconocimiento de que cada una de nosotras tiene algo que cambiar, resolver, desapegarse, decidir, transformar. Nadie mejor que otra, todas en sus tiempos, desde sus espacios, desde una experiencia corporal única y particular. Cada una desde sí misma.
En ese sentido, es importante recordar que nadie se hace así misma sin ser parte del medio social y que el medio social está determinado por historias individuales que la conforman.
 En ese sentido, me gustaría debatir acerca de los matices que tiene esto de retomar el “estar afuera” como método de deconstrucción de lo nombrado patriarcal.


1. Si el Patriarcado tiene 10,000 años de existencia, ni siquiera el feminismo se salva de nacer, crecer y desarrollarse en ese sistema. Es decir, al surgir como ideología, en realidad lo que se pretende es desmontar la maquinaria del sistema que al mismo tiempo lo originó. De tal manera que como se entenderá, el feminismo es limitado en lo que puede hacer sólo, pues no parte del afuera desconocido, sino del conocimiento y reproducción del sistema – del cual mujeres y hombres somos parte-, para desmontarse asimismo.

Esto significa desde mi perspectiva, que si el Patriarcado surgió como un sistema que se estableció a partir del miedo al poder creativo de la vida, de la sexualidad, de la fertilidad de las mujeres, al poder de conexión de todos los seres del Universo, del erotismo como lugar y espacio sagrado, es entonces fundamental reconocer que las feministas debamos empezar por trabajar la conexión profunda de nuestra sexualidad sagrada. Es decir, el erotismo entendido no solo como genitalidad, sino como globalidad[3] y por lo tanto, como integración sanadora de nuestro ser. En otras palabras, el vínculo entre sexualidad y espiritualidad, entendidas éstas no desde la ideología que nos moviliza, sino desde procesos de transformación que nos conectan en lo personal/relacional y social de manera holística.

2. Si bien el Feminismo nace a partir de la experiencia cotidiana de las mujeres, reconociendo cómo hemos vivido la opresión de género en su sentido más amplio, la violencia en todas sus expresiones, su carácter sexual y la explotación, el racismo, la discriminación y la injusticia de maneras que han sido las más extremas y despiadadas, tan solo porque somos mujeres. En el camino, desde los discursos de género, transversalidad o inclusivo desde el feminismo, se nos ha olvidado que el lugar de las mujeres en las sociedades matrizticas (pre-patriarcales) fue de gran autoridad, de dignidad, reconocida y honrada. De sabiduría vinculada al cuerpo, las plantas, la sexualidad, la sanación, la fertilidad[4], etc.

La gran victoria del Patriarcado es que ha “minorizado a las mayorías” como dice Marta Casaus[5], esto significa que no solo las ha explotado, oprimido, violentado, discriminado, sino que las ha satanizado a tal punto que las ha convencido de que su condición es naturalmente vulnerable. En otras palabras, ha creado los mecanismos que contribuyen a la reproducción del pensamiento opresor entre los mismos seres que viven las consecuencias de esa opresión.

En otras palabras, respecto de las mujeres, el mismo hecho que el feminismo en Guatemala se haya dedicado a luchar contra la violencia hacia nosotras, contra la desigualdad social, contra la pobreza de las mujeres, contra, contra, contra todos los males de la sociedad que aquejan a las mujeres, nos ha situado en la posición de las organizaciones que, como dice una amiga “anunciamos en lugar de denunciar”.

En ese sentido, mi mayor crítica, es que así como la victimología “toma, entiende, asume, comprende a la persona a partir de que le son violados sus derechos, …lo que la hace limitada porque parte de la persona cuyos derechos han sido violados, en lugar de partir de la persona como portadora de dignidad, en todo momento”[6]. El feminismo, se ha quedado en el anuncio que plantea que las mujeres hemos sido oprimidas, discriminadas y violentadas, etc. lo que ha hecho que al final de cuentas, sin proponérselo, ni siquiera nos demos cuenta que hemos hablado por ya demasiado tiempo de la demanda en lugar de la oferta, es decir, hemos nombrado, renombrado, hecho énfasis, en la carencia de las mujeres, en su “vulnerabilidad”, en su victimidad[7], en lugar de nombrar la profunda fuerza que hay en cada una y en todas, que es en primera instancia, lo que nos hace seguir viviendo cada día. A esa fuerza interior, llámesele como se le llame es lo que hemos nombrado como empoderamiento. Solo que lo hemos vaciado de contenido al adscribirlo solamente a los factores externos del contexto social, olvidándonos que es de ese “espacio sagrado” del que parte nuestra fuerza y nuestro sentido de existencia, razón por la cual existieron los modelos solidarios de la Pre-historia, antes que se impusiera el patriarcado. Es por esa misma razón que el patriarcado nos violenta.

En ese sentido, mi mayor preocupación, respecto de lo nombrado en el feminismo guatemalteco y las mujeres, es que muchas veces potenciamos más la opresión de la que hemos querido salir, que la propuesta a la que aspiramos. Es la potenciación de la propuesta y no la de la carencia la que nos ubicará en un contexto en dónde sea posible vivir sin que medien opresiones.

Creemos realmente en eso? ¿O también hemos llegado a creer que las relaciones de poder, son la única forma de vivir y convivir entre seres humanos?
Voy a poner algunos ejemplos:

  • Aún existen organizaciones de mujeres y algunas feministas que han dado los miles de talleres, cursos, pláticas, etc. impartiendo conocimientos acerca de lo que es “el género” como construcción social, y en esa misma manera de enseñar lo que se pretende cambiar, se han quedado en explicar que porque somos diferentes, es que “somos” desiguales.  Recuerdo hace 20 años cuando empezamos a formarnos en “la perspectiva de género”, esa fue una de las formas en que lo aprendimos o en que lo tergiversamos, lo paralizante de seguirlo haciendo es que no permite subvertir el orden del patriarcado, sino solamente, nombrar la desigualdad, darle nombre, pero sin ningún tipo de propuesta.

  • Ya no se trata de nombrar lo desigual solamente, sino que se trata de potenciar la propuesta y la propuesta es compleja, de-constructora de lo discursivo para nombrar y transformar procesos que partan del empoderamiento corporal y, por tanto, de los procesos de transformación desde lo personal hasta lo relacional y lo social.

  • En el caso de la propuesta de la lucha contra la violencia hacia las mujeres, me parece que ha pasado lo mismo. Hasta ahora, lo que más se trabajado son los daños o el impacto que ha generado la violencia en las mujeres, sin embargo, a pesar que la violencia sexual es considerada como la síntesis política de la opresión de las mujeres[8] y el principal instrumento para garantizar la permanencia del contrato sexual establecido como fundamento del patriarcado[9], es muy preocupante darse cuenta que desde el activismo político y en la reflexión de las organizaciones aún no se profundiza acerca de la manera cómo las mujeres hemos internalizado la violencia de género, inclusive las mismas mujeres que se dedican a luchar contra ella.
Es obvio, que la violencia genera violencia, y en muchas de nosotras que trabajamos por muchos años desde esa perspectiva, puedo decirles con certeza que no solo ha habido agotamiento, extenuación y muchas veces frustración, sino que además ha habido daño acumulado manifestado claramente en el deterioro de la salud, la alegría o la esperanza.

No es extraño encontrar además que las mismas mujeres que trabajan en el tema, reciban ellas mismas violencia o en todo caso, se hagan daño a partir de “atender” o escuchar a otras mujeres, que al igual que ellas, no han sanado sus propias heridas. Creo que lo peor de todo, es que no existe una conciencia clara acerca de por qué se está en estos temas, les puedo asegurar que no es solo para que se acabe la violencia, muchas veces las mismas mujeres que trabajan los temas buscan respuestas propias para resolver heridas personales.

Ello no es bueno, ni malo. Simplemente nos refiere al hecho que como mujeres hemos acumulado violencias en nuestra memoria corporal, que, así como las otras mujeres, necesitamos nosotras trabajar.

Como en alguna ocasión reflexione desde mi experiencia personal:

“Necesitaba parar y paré para recolocarme en un lugar interior. Cada quien escoge su lugar interior, y es desde ese espacio personal en donde se aprende a negociar consigo misma y/o con el entorno. Hasta ese momento, yo había estado respondiendo a laberintos que me cuestionaban desde el exterior mi propio recorrido interior, pero no tenía las herramientas necesarias para desarrollar tal introspección.

En la distancia y como resultado de años de búsqueda, empecé a encontrarme con heridas ocultas en mi cuerpo emocional, empecé a reconocerme con un cuerpo que había seguido funcionando desde la paralización de las emociones que dolían, entendí que no había cerrado duelos y que tendría que aprender a vincularme con la alegría, permaneciendo en el bienestar”[10]

Les parece conocido? A partir de entonces, fue cuando asumí que sanar implicaría un compromiso personal y parte de mi responsabilidad colectiva.

Estas son algunas de mis inquietudes, la intención es generar debate, contribuir a la meditación desde otra perspectiva y construir junto a uds. esa nueva propuesta que parte de nosotras, y se retroalimenta de la experiencia colectiva.

Quisiera para terminar, proponerles que cada una se pregunte:

1. ¿Por qué cada hago lo que hago dentro del feminismo? ¿Qué relación tiene eso con mi propia historia y mis propios procesos de transformación personal?

2. ¿Qué heridas de mi historia personal y social he ido sanando desde el feminismo? ¿Qué mecanismos he utilizado para amortiguar o contener, o para soltar y desapegarme?

3. ¿Es acaso mi posición feminista una verdad absoluta para defenderme de quienes opinan de manera diferente o ha sido una herramienta para transformarme y conectarme con el entorno de manera integral?
4. ¿Me siento agredida o violentada con lo que hago por alguna razón especial? ¿Cómo tiene que ver eso con mi historia personal y la construcción de mi intimidad?

5. ¿Acaso mi introspección desde el erotismo no tiene que ver con mi sentido sagrado de la existencia?

6. ¿Qué planteo desde el discurso que no se corresponde con mi lenguaje corporal?
Las invito a que desde la complejidad del análisis de la realidad, nos interpelemos. Esa puede ser una de las vías para construir la propuesta integral que nos permita seguir caminando.




[1][1] Aguilar, Yolanda. Tesis de Maestría. Inédita. Alcalá de Henares, Madrid, 2008.
[2] Eisler, Riane, El Caliz y la Espada. Nuestra Historia nuestro futuro. Santiago de Chile, Cuatro Vientos Edit. 10° edición, 2006. Introducción.
[3] Sanz, Fina. Psicoerotismo femenino y masculino. Ed. Kairos, 1999; Los vínculos amorosos, ed. Kairos, 2000.
Madrid, España.
[4] Auel, Jean M. Los Hijos de la Tierra. Colección. Ed. Oceano, México, DF. 1985
[5] Cazaus, Marta. El Genocidio, la máxima expresión de racismo en Guatemala. Una reflexión histórica y una reflexión. En: Dossier Guatemala. Universidad de Buenos Aires, Argentina, 2010.
[6] Reyes, Anantonia. Apuntes sobre visiones de los Derechos Humanos. Notas.
[7] Paniagua, Walter. La victimidad. Una aproximación desde el proceso de resarcimiento en la Región Ixhil del Noroccidente de Guatemala. Tesis de Doctorado en Psicología Social. Inédito, 2010.
[8] Aguilar, Yolanda; Fulchiron, Amandine. El carácter sexual de la cultura de violencia contra las mujeres. En: Las violencia en Guatemala. Algunas Perspectivas. Proyecto Cultura de Paz, UNESCO. Guatemala, 2005
[9] Consorcio Actoras de Cambio. Tejidos que lleva el alma. Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual durante el conflicto armado. ECAP-UNAMG. F&G Editores. Guatemala, 2010.
[10] Aguilar, Yolanda. Centro Q’anil. Tesis de Master en Autoconocimiento, sexualidad y Relaciones Humanas en Terapia de Reencuentro. Univ. Alcalá de Henares, Madrid, 2008.

martes, 10 de junio de 2014

CUERPOS, EROTISMOS Y SEXUALIDADES: LA TRANSFORMACION DE NUESTRAS HISTORIAS


Tanto el Centro Q’anil como el Grupo Ixchel coincidimos en nuestras concepciones originarias y en nuestra acción política acerca de la importancia que le otorgamos al abordaje de las sexualidades como puntos clave para la comprensión de las opresiones y las emancipaciones en los cuerpos de las mujeres.

El impulso y desarrollo del Diplomado “Cuerpos, erotismos y sexualidades: la transformación de nuestras historias” dialoga por sí mismo con el punto central que deseamos desarrollar en esta formación académica: La historia de la humanidad no es posible comprenderla, sin comprender el papel que han jugado las sexualidades y los cuerpos de las mujeres y los hombres tanto en los sistemas opresivos como en sus opciones libertarias.


Esta es la razón por la que optamos por la modalidad de Diplomado en un país en donde tal temática ha sido considerada tabú, aún entre los estudios de género y feministas en Guatemala.  Consideramos por tanto que con la apertura de este Diplomado es posible fortalecer esfuerzos que ya se han realizado con anterioridad como los módulos de formación sobre sexualidad que se han impulsaron durante el año 2013 por el Grupo Ixchel, con una amplia participación de mujeres, especialmente jóvenes durante 9 meses; o los procesos que impulsa Q’anil de formación-sanación en donde se trabaja preferentemente el cuerpo y el erotismo como forma de sanar.









martes, 4 de marzo de 2014

DIPLOMADO CUERPOS, EROTISMOS Y SEXUALIDADES: LA TRANSFORMACION DE NUESTRAS HISTORIAS



¿Cómo entendemos el abordaje del Erotismo y la Sexualidad en el Diplomado de Cuerpos, Erotismos y Sexualidades?



Maria AGuilar

Las preguntas que nos han hecho o que nos han querido hacer…antes de tomar la decisión de participar en el diplomado que impulsamos.

En este pequeño texto nos proponemos compartir, de manera general y sin profundizar demasiado, nuestra mirada conceptual y práctica, a sabiendas que seguramente surgirán otras preguntas, por lo que vemos  una  gran posibilidad para iniciar el diálogo.

En nuestra experiencia sabemos que dichas dudas están íntimamente relacionadas con la manera en que hemos aprendido y vivido el cuerpo, y a partir del judeocristianismo y el mercadeo de la sexualidad en las sociedades en que hemos vivido.

En este contexto socio-cultural es normal que tendamos a centrar la vivencia del erotismo a la experiencia genital y sí, el erotismo también tiene que ver con nuestra genitalidad pero no solamente.

Nuestra propuesta, de la mano de los aportes de Fina Sanz y Raine Eisler, entre otras, apunta a la experiencia del erotismo desde la globalidad ¿Qué quiere decir esto? se trata de darnos cuenta que las posibilidades de experimentar el erotismo se extiende a todas las situaciones de bienestar que nos generan placer en la totalidad del cuerpo. Incluye lo genital, pero no se reduce a ello. El erotismo es, también, una forma subjetiva de placer. Es sentir placer a través de todos mis sentidos


 ¿Cómo logramos experimentar la globalidad del erotismo?
Una propuesta desde el trabajo vivencial

Nuestro enfoque es desde todo punto de vista sanador, por lo que no exponemos a nadie, ni violentamos a nadie en su intimidad más profunda. Ni en ninguna forma. Cuando decimos la parte vivencial nos referimos a dos tipos de técnicas de trabajo con el Cuerpo:

La Terapia de Reencuentro que es básicamente una metodología de sentir (nuestro cuerpo, nuestra piel) aprender a sentir lo que cada quien siente a  partir de los ejercicios que hacemos; nombrarlo -desde lo que cada quien quiere nombrar- y darle un nuevo significado desde lo que cada quien ha descubierto.

En ningún momento la técnica tiene enfáticamente que ver con lo erótico sexual, sino con el erotismo como una condición de la totalidad del ser y de la apertura a sentirnos de otras maneras, que no sentimos precisamente, porque  todo se lleva a  lo erótico sexual, como si fuera la única manera de sentir.

La otra técnica de trabajo con el cuerpo, es la Somática, que es trabajo con el movimiento, la postura corporal y nuestros órganos internos (desde la columna vertebral, el cerebro, los músculos, los huesos, etc,) para sentir las sensaciones internas y externas desde la integración del cuerpo.

El trabajo vivencial es un trabajo que está orientado a que podamos ampliar nuestro concepto de lo que hasta ahora hemos entendido como erotismo y sexualidad, estableciendo un vínculo con nuestro ser total o nuestras emociones y sensaciones globales, no solo enfocado en "lo sexual", aunque lo incluye como parte del todo.

Se trata de constatar que solo lo conceptual no es suficiente para transformar nuestras vidas y que solo tener discursos sobre lo que pensamos o vivimos de la sexualidad no es suficiente sino que trabajar sobre ello es una posibilidad emancipadora de nuestras opresiones internalizadas.



viernes, 22 de julio de 2011

Mujer, ¡hazte un orgasmo!




Mujer Palabra (2011)


En la red social donde andamos se habla estos días del Día de la Masturbación, así que nos apuntamos a hacer un llamamiento al placer a solas, que es muy orgásmicooo, y a aportar unas reflexiones sobre por qué las mujeres parecen sentir un tabú respecto a darse placer solas.


Masturbarse da placer, puedes hacerlo sin depender del dinero, las mujeres casi que lo podemos hacer en cualquier lugar, y no es perjudicial para la salud, sino al contrario: masturbarse es muy beneficioso para la salud física y mental (conceptual, psicológica, emocional...) porque te hace sentir muy intenso sensaciones muy agradables, que te llenan de energía y te relajan al tiempo; masturbarse te ayuda a conocer tu cuerpo, tu sexualidad, tu erotismo, te enseña también a erotizarte (eligiendo, no sólo con lo que el patriarcado machista y misógino dice que es erótico); te genera confianza en ti misma porque puedes ser autosuficiente respecto al placer (lo que repercute en las relaciones), ¡te ayuda a estimarte más!






Lo más importante para el sistema patriarcal siempre ha sido dominar a las mujeres y para ello se las machaca enajenándolas de su cuerpo, para que sólo pueda "usarlo" el Hombre. Usar los cuerpos de las mujeres para reventarlas a trabajar, para que gesten y paran o no gesten y no paran según intereses de los patriarcas, como objeto para sus masturbaciones, como animales domésticos a los que maltratar y torturar para constatar que hay alguien "por debajo" de ellos como grupo hegemónico de la sociedad.



Respecto al placer sexual, el patriarcado ha hecho daño grave a las mujeres en tres territorios terribles y estremecedores:


Anular su capacidad o posibilidad de darse placer, a través de Mutilación Genital Femenina, en unas religiones y en otras, de manera menos visible pero eficaz también, a través del cinturón de castidad y luego condena social como "puta", tabú radical y cruel, sobre la idea de que a una mujer le pueda gustar el placer físico; y a través de condenarlas a no poder separar vida sexual de maternidad, controlando su acceso a métodos anticonceptivos.






Distorsionar toda idea de placer, respecto a las mujeres, a través del adoctrinamiento de materiales supuestamente eróticos y de pornografía machista y misógina, donde la mujer debe sentir placer porque se la trate como un contenedor lleno de agujeros y una esclava sexual; y en la versión más disimulada de la campaña, a través del adoctrinamiento del supuesto ideal de belleza femenina, que no se basa en la admiración de la belleza, sino en crear moldes que debiliten y destruyan lo que son o pueden ser las mujeres, convirtiéndolas en muñecas decorativas o hinchables.






Violarlas, de infinitas maneras, para que jamás quieran tocarse ni tomen iniciativa alguna respecto a ninguna zona que pudiera darle placer de su cuerpo. Violarlas, como si hacer daño a las mujeres fuera el deporte del Patriarcado, el Campo de Experimentación de toda posibilidad de tortura. La variedad de tipos de violación es estremecedora, y educa a que se asocie el sexo con la tortura (a hombres y mujeres); sin embargo, la violación es tortura, nada tiene que ver con el sexo o el placer, aunque nos hayan educado en su justificación durante siglos con la falacia biologicista según la cual, el Hombre tiene unas necesidades físicas que las mujeres deben entender como tales cuando las violan (al fin y al cabo, "son todas unas putas"). Respecto a violaciones no llamadas violaciones (por parte de seres conocidos y queridos), animamos a que se reflexione sobre algo, sobre todo a los hombres que mantengan relaciones con mujeres: mantener relaciones sexuales con una persona que ha sido enajenada de su cuerpo perpetuando esa enajenación (no permitiendo ni alentando la participación, como han "hecho el amor" millones de hombres con mujeres a lo largo del tiempo) es abusar.


Así pues, mujeres, ¡defendeos de este bombardeo! Para vivir mejor, debemos tomar las riendas de nuestros cuerpos, para cambiar el mundo y que quepamos en él, recibiendo un trato digno, para construir un mundo mejor, tenemos que rescatar algo tan bueno y tan sencillo como nuestra capacidad de tan solo con nuestro cuerpo poder darnos placer. ¡No hay nada malo en ello, y mucho bueno!






Si nunca te has masturbado, o si casi nunca lo haces, plantéatelo hoy: eso debe cambiar. Masturbarse, darse placer, debería ser algo incorporado en el día, es parte de cuidarse, parte de aspirar a una vida digna, porque el placer es una capacidad humana que necesita desarrollo. No dejes pasar más tiempo. No pasa nada, lo que sí debe pasar es que conozcas y sientas placer con tu cuerpo. Eso es independiente de amar a o tener relaciones sexuales con otras personas. Masturbarse puede ser intuitivo o un aprendizaje, un proceso, y en cualquier caso, hay mucho que explorar, siquiera para escapar a tanto condicionamiento misógino. Adelante, ¡hazte un orgasmo ya!





Recursos



Guía que plantea el tema de la masturbación a las niñas


Un primer libro que ayudó a muchas mujeres en este tema fue el Informe Hite (1976). De Shere Hite también, El orgasmo femenino, y un libro que no sabemos si está en español (no lo encontramos): Women as revolutionary agents of change: the Hite reports and beyond.

jueves, 7 de julio de 2011

LA SEXUALIDAD COMO PRIVILEGIO MASCULINO

Por: Rebeca Madriz Franco - Fuente: Página de la Araña Feminista en CORREO DEL ORINOCO
 
La Historia sexualmente nos ha negado, partiendo de la religión y su gran mito de la manzana, el comienzo histórico de todo el universo de culpa adjudicada a este ser errante, a ese hombre mutilado como nos llamó Aristóteles, a este sexo que no existe, como afirma empíricamente Freud*, sin embargo, desde el feminismo y los estudios de género hemos venido reiterando que esa supuesta supramacía masculina no es biológica como históricamente se nos hizo creer, sino cultural, y por lo tanto podemos y debemos luchar por transformar toda la serie de relaciones sociales que en torno a esas diferencias biológicas se han construido y han justificado hasta hoy profundas desigualdades sociales. De allí que en el ejercicio de la sexualidad se considere al hombre como sujeto activo de la relación, y a la mujer como ente pasivo–objeto, pero nunca como sujeta con necesidades propias, el resultado ha devenido en una frigidez colectiva que tiene su asidero en una sexualidad que pierde el sentido y su esencia, cuando más allá del disfrute y conocimiento, re-conocimiento, amor, implica una obligación frustrante para las mujeres.

Hablar de la sexualidad femenina sigue siendo un tabú en nuestra sociedad, y es que sumado a la gran cantidad de mitos que giran en torno a la temática, se sigue sin tomar en cuenta lo más importante, la visión, la opinión y el sentir de las protagonistas. Entre otras cosas, porque las mujeres hemos sido despojadas de nuestros cuerpos, y éste ha sido puesto –históricamente- al servicio del hombre, de sus antojos, deseos y necesidades, llegando al extremo de hacernos vivir, pensar y SENTIR en función de los otros. Así, el placer, disfrute y ejercicio de una sexualidad plena es un misterio para la gran mayoría de las mujeres, no sólo por desconocimiento, sino fundamentalmente por todos los temores que implica muchas veces cuestionar aquello que hasta ahora hemos considerado “natural”, propio de las mujeres.

El despojo de nuestro cuerpo tiene una relación directa con el desconocimiento que de él tenemos las propias mujeres: lo sentimos como ajeno (porque así se nos ha enseñado), incómodo, y sobre él se tejen y levantan las más grandes inconformidades de las mujeres (que la mayoría de las veces son saciadas por los mercados), sin embargo, es hora ya de entender que nuestro cuerpo no es ese cúmulo de inconformidades que se nos ha impuesto, sino que es nuestro principal territorio político, de lucha.



Por otro lado, es indispensable rescatar otra de las grandes conquistas del feminismo, aquella que nos permitió separar la sexualidad de la reproducción, porque desde esa visión no sólo se coadyuvó a amputar la sexualidad de las mujeres, sino que también se ha justificado la dicotomía que excluye las prácticas diversas, porque reduce y limita la sexualidad a la penetración y el coito, obviamente entendiendo estas prácticas dentro de la heterosexualidad como norma.

Asimismo nuestra sexualidad se ve influida muchas veces por toda la enorme lista de “males” que se pretenden achacar a las mujeres, y que terminan convirtiendo cada etapa de nuestras vidas en un conjunto de complejos castrantes del ejercicio libre, pleno y autónomo de nuestra sexualidad, comenzando por ejemplo, por un modelo de mujer como ideal de belleza único que parte de la condición natural del cuerpo de las mujeres como feo, defectuoso, anormal, etc., creando complejos, vergüenza e incluso miedo por nuestro propio cuerpo, que sumado a la virginidad, la menstruación, la menopausia, la frigidez, el orgasmo (ignorado, obligado, o como exigencia social), terminan convirtiendo la sexualidad en un “privilegio masculino”, patrimonio exclusivo de los hombres.

El reto principal para las mujeres es pues, reapropiarnos de nuestros cuerpos, comenzar desde ya a reconocernos, a sentir, a decir, a valorar sin tapujos, a construir una sexualidad femenina que no esté mediatizada por los valores capitalistas y la cultura patriarcal.

*Autoconocimiento, Autodefensa- Cartilla Feminista, Colectivo Juana Julia Guzmán, 2010.

sábado, 28 de mayo de 2011

La resignificación feminista de la sexualidad patriarcal: Una propuesta política.




Genero con Clase
Macarena Trujillo Cristoffanini / Asamblea Feminista iqq
La sexualidad no es ahistórica o un aspecto natural de nosotras/os, más bien es una construcción social y, como tal, afecta y se refleja continuamente en la vida diaria de mujeres y hombres. Pero esta construcción no es neutra, ni tampoco nace de consensos, sino que afecta a las mujeres de manera diferenciada de la de los varones, ya que para nosotras es algo que se nos impone de manera violenta y que nos asigna desde manos, ojos y voces masculinas, desde donde la “sexualidad femenina o de la mujer” no es más que una heterodesignación; entendiendo heterodesignación como una construcción de la sexualidad donde el sujeto de discurso es el varón. Y al serlo, la mujeres quedamos relegadas a la posición de objeto, no somos más que el agregado pasivo de una frase que busca dejarnos mudas. Y si alguna de nosotras no quiere resignarse a esta posición pasiva y heterodesignada, como estrategia de control, entre otras, lo que se hace es ubicarnos al otro extremo del discurso, ubicación también asignada desde el sujeto masculino, y es entonces cuando dejamos de ser mujeres buenas y pasamos a ser las locas, las putas, las cualquiera, las frustradas….


Quisiera proponer que las mujeres que buscan pautas propias para nombrarse y sentirse así mismas y a las/os otras/os fuera de la heterodesignación son prácticas no normativas, sexualidades disruptivas, y que por diversas que estas sean de una u otra manera cuestionan al sistema patriarcal.


Así, muchas mujeres se han alejado de los patrones tradicionales impuestos en las diferentes épocas y han cuestionado la norma de una sexualidad que podemos caracterizar como sexista, androcéntrica, coitocentrista, misógina, explotadora, etc., la cual busca negarnos nuestra autonomía y autoridad a la hora de plantearnos y situarnos en la enunciación y construcción de nuestra propia sexualidad.



Cuando hablamos de sexualidad, no hablamos sólo de prácticas sexuales ni de genitalidad, sino que hablamos de constructos sociales, de entramados complejos, donde diferentes fuerzas y poderes atraviesan nuestras vidas y nuestros cuerpos. La manera en que se concibe la sexualidad varía en relación a la cultura, al contexto histórico, social y político. Esto significa asumir la existencia de pautas y normas que incentivan y controlan ciertas prácticas y saberes en relación a la sexualidad con el objetivo de excluir a cualquier otra conducta que no se apegue a los cánones establecidos; lo que da como resultado la censura, marginalización, negación, castigo, represión, etc. de las prácticas que no se manifiesten dentro de ese orden.

Como señalan Osborne y Guasch la sexualidad es universal porque en todas las sociedades de todos los tiempos hay normas, implícitas o explícitas, para gestionar el deseo. De este modo podemos afirmar que han existido y existen infinidades de ideas y prácticas respecto a la sexualidad como culturas y sociedades. Así, la diferencia entre lo que se considera correcto o incorrecto, lo que se promueve o se sanciona varía enormemente de lugar a lugar y de tiempo a tiempo.

Si bien podemos decir que la construcción de la sexualidad es universal, las diferentes sociedades han desarrollado estrategias y mecanismos de control sobre la población, estas estrategias se manifiestan por medio de relatos, los cuales son hacedores de realidad y de verdad y desde donde surgen arbitrariamente patrones y conductas consideradas normales o correctas que construyen y alimentan un imaginario acerca de la sexualidad. Estos relatos o discursos se hacen presentes en todos los ámbitos y se materializan en todas las instituciones, si pensamos en nuestro entorno podemos observar que estamos rodeados/as de sexualidad, aunque no se hable directamente de ella; en la familia tradicional se reproducen los patrones del modelo heterosexual y de las conductas, identidades y deseos asociados a mujeres y varones ( asimismo se ensalza la maternidad como parte de la identidad femenina) para luego ser reforzadas tanto en la escuela como en los medios de comunicación. Por otro lado, y por medio de una institucionalización más formal de estos discursos, el estado legitima la política sexual dominante por medio de mecanismos que son normativas (políticas públicas por ejemplo), tanto como sancionadoras (leyes).

La construcción de la sexualidad no recae con la misma fuerza ni de igual manera a mujeres y a hombres, sino que constriñe con mayor dureza el cuerpo de las mujeres.

Para argumentar esta afirmación sería interesante analizar lo que Carole Pateman, denomina como “Contrato Sexual”; contrato entre hombres, o entre algunos hombres, sobre el cuerpo de las mujeres, un acuerdo desigual, no pacífico y no libre. Para Pateman el contrato sexual es previo al contrato social en las sociedades patriarcales, por lo mismo es también previo a las desigualdades de los medios de producción que determinan la pertenencia a una clase. Así las mujeres siempre que se incorporen a la sociedad, desde cualquier clase social lo hacen en una situación de desventaja, subordinación en “razón de sexo”. (Rivera: 2003).

Este planteamiento es importante fundamentalmente porque aporta dos elementos muy significativos a la hora de considerar la mayor fuerza conque recae el dispositivo de la sexualidad [1] en las mujeres. Lo primero que señala es la apropiación del cuerpo (y de los deseos) de las mujeres por parte de los hombres, y podríamos agregar, de los mecanismos de control. Por otra parte, señala que esta apropiación se da por medio de un “contrato” que es previo a cualquier otro tipo de relaciones sociales, el cual es un acuerdo no pacífico y no libre.

Al ser un contrato previo, podemos afirmar que precede a cualquier forma de organización y estratificación de los cuerpos humanos como cuerpos sociales. Antes que seres sociales somos seres sexuados y entramos así mismo, mujeres y hombres, en diferenciada relación con la sociedad y su estructura. Pero no somos sexuados solo por nuestros genitales, somos sexuados por el dispositivo de la sexualidad construye un relato simbólico de saberes y enunciados alrededor de ese suceso, donde nuestro cuerpo se carga de valor simbólico y además nuestra subjetividad e identidad quedan marcadas profundamente por esta valoración.

Para María Milagros Rivera el contrato sexual se fundamenta en lo que Adrienne Rich denomina como heterosexualidad obligatoria y ambos estarían íntimamente relacionados. La heterosexualidad obligatoria afecta a hombres y mujeres en cuanto a la limitación de los contenidos de su sexualidad. Como consecuencia, en las mujeres significa aceptar un modelo de sexualidad reproductiva como único modelo para conocer y practicar. Esta definición conforma al cuerpo femenino como un cuerpo violable, un cuerpo idealmente siempre accesible para los hombres (Rivera: 2003).

Los discursos que se desprenden del dispositivo de la sexualidad, se materializan como prácticas que acompañan a los saberes acerca de cuál y cómo es la “sexualidad femenina”. Desde aquí se construye un imaginario acerca de la sexualidad femenina, imaginario social que incentiva ciertas pautas y penaliza otras en profunda relación con sus necesidades y con las relaciones de poder.

Este imaginario de la sexualidad femenina conlleva a la visión y relación del cuerpo de las mujeres como si fuera un objeto, un objeto hecho a la medida del deseo masculino, donde tal como plantea Rich, se concibe como un cuerpo siempre accesible a los hombres; así el cuerpo de las mujeres se forja como una pertenencia masculina, y al ser propiedad de otro el cuerpo de las mujeres es completamente anulado.

La construcción social de la sexualidad femenina se construye alrededor de la sexualidad masculina, en cambio la sexualidad masculina se construye en relación así misma. Al ser el cuerpo de las mujeres una propiedad masculina, es ocupado a gusto o cuando es conveniente, así el cuerpo de las mujeres es expuesto y utilizado de acuerdo a las necesidades, si hay que poner un desnudo en la televisión para subir la audiencia se pone un cuerpo de mujer, si hay que estudiar el cuerpo humano se hace con el cuerpo de un hombre. Al ser masculino el sujeto que enuncia la sexualidad femenina, se plantea el deseo femenino como naturalmente heterosexual, el orgasmo femenino como vaginal.

Victoria Sau expone que algunos relatos han ayudado a fomentar conceptos falsos o equivocados acerca de la sexualidad de las mujeres, como el caso del psicoanálisis, el cual construyó la sexualidad femenina alrededor del pene. Freud señala como crucial en la constitución del deseo femenino, el complejo de castración o envidia al pene, el cual para Freud es cuando la niña observa que su padre, hermano o el varón que sea de la familia tiene un pene y ella no, en este momento la niña piensa que lo ha tenido alguna vez y le ha sido quitado, probablemente como castigo a no sabe qué; a partir de ese momento empieza a envidiarle con todas sus fuerzas hasta que, con el tiempo sustituye dicha envidia por el deseo de tener un hijo, sustitución con que la niña se conforma si es “normal” (Sau:2000). Pero Sau no sólo se queda en denunciar como el psicoanálisis construye de manera androcéntrica la sexualidad femenina, si no que además señala que la envidia al pene tendría su contrapartida en los varones en la envidia al parto, envidia al parto porque este sería el símbolo de poder reproductor que detentaríamos las mujeres. Los hombres serían siempre hijos de mujeres. Esto se vería representado antropológicamente por las couvades, los cuales serían rituales practicados por diversas sociedades y en distintas partes del mundo, donde los varones emulaban el parto y hacían como que ellos hubiesen sido los que acababan de parir. Estos rituales incluían muchas veces que el hombre imitara los dolores del parto y guardara cama recibiendo los cuidados y atenciones de la parturienta como si fuera esta. El couvade se utiliza como una forma de apropiarse de la maternidad, para Sau, se sigue manifestando en la actualidad aunque enmascarada bajo sutiles disfraces (un ejemplo de la legitimación formal del couvade como forma de apropiarse de la descendencia, está en que los hijos legalmente lleven el apellido paterno como el principal y/o único)
Celia Amorós, en una charla realizada el 5 marzo de 2005, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, planteaba que el sistema patriarcal funciona en base de prestigio; con lo que el sistema patriarcal premia a los hombres es con gracia y mérito. Si eres buena chica, buena mujer, buena madre tienes valor y reconocimiento, si te sales de los márgenes se te quita prestigio y mérito. Pienso que para la infravaloración de las mujeres que no responden a los cánones tradicionales, generalmente se les infravaloriza por medio de dos métodos( entre otros); o se les hipersexualiza (esto se hace repetidamente con la imagen de las lesbianas o de las prostitutas)o se les neutraliza sexualmente (como a las solteras, a las mujeres que acceden a las esferas de poder y de toma de decisiones, las mujeres que entran en áreas tradicionalmente masculinas, a las feministas que se les pone como a unas brujas amargadas, frígidas….es que les falta un hombre por eso son así, se escucha decir por ahí.) En el mundo de las idénticas no hay espacios para salirse de los márgenes, y para ellas no hay representación ni correlato que no sea desde una óptica masculina, no existen, siempre subordinadas al protagonismo masculino, porque el imaginario acerca de la sexualidad femenina se construye en torno a algo o a alguien, pero nunca en torno a nosotras mismas, se enuncia desde la anulación del clítoris, desde la apropiación de nuestros cuerpos para ser vistos como material para la procreación o como para ser tocados, y nunca fuente de placer para nosotras, si no para otros.

Lo que me propuse plantear en este ensayo, es el hecho de que las mujeres cuando nos salimos de los márgenes que se nos han asignado desde el discurso patriarcal y androcéntrico, estamos cuestionando el orden tradicional, la apropiación de nuestro cuerpo, de nuestros placeres es ya una sexualidad no normativa, alejándonos así de los mitos difundidos por el patriarcado y por la heterorrealidad.

Las mujeres que se plantean en un lugar propio de enunciación ante la heterodesiganación y pienso en todas aquellas, no sé, se me ocurren montón de ejemplos, desde la mujer de 80 años que decide volver a tener relaciones sexuales, la mujer que se acuesta con un hombre distinto cada noche, la mujer que es lesbiana, la mujer que le gusta practicar S/M, la heterosexual que se plantea relaciones no marcadas por la heterosesignacion, las que practican femme /butch, la que no se acuesta con nadie, la que se masturba diariamente, la que practica sexo múltiple, las que deciden criar un hija/o juntas, la que decide criar un hija/o sola, las que se imponen ante la violencia, las que crean representaciones nuevas, todas las que no encajan son las que se plantean ser sujeta activa de su propia sexualidad, y son las mujeres que me parecen disruptivas y que cuestionan el orden tradicional y machista, si se plantea como una práctica reflexiva donde se construyan discursos, donde una es la agenta de su sexualidad y de sus deseos. Pero no encajar está bajo el riesgo de encontrarse fuera de la norma lo que puede ser marginalizado o castigado. La violencia contra las mujeres que no se encuentran dentro de lo que se exige a su sexualidad, y a los roles relacionados con esta, se encuentran bajo una violencia cotidiana y que se manifiesta de manera tan brutal como en las mujeres maltratadas, en las asesinadas, en la lesbofobia incluida la violencia física a lesbianas; y de manera silenciosa como en la representación que se hace de las mujeres en los medios de comunicación, en las leyes que protegen e incentivan cierto tipo de sexualidad y así.

El desafío es recorrer nuestra sexualidad, cuestionarla, jugar con ella, pasar de la idea de la “sexualidad femenina” a la “sexualidad de las mujeres” y con sexualidad de las mujeres no me refiero a algo cerrado, concreto, al contrario, me refiero a un espacio abierto, donde descolonicemos y nos apropiemos de nuestra sexualidad, me refiero a ser sujetas activas de nuestro propio discurso, desnaturalizarla para volverla a construir desde una nueva perspectiva y bajo los imperativos de nuestros propios deseos, dotarla de contenido, resignificarla para hacerla política, realizar una composición libre de enunciación como un territorio no codificado donde la sexualidad se nos presente como un territorio donde transitar, donde sea un lugar propio que no tiene que encajar en nada, con nada….