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viernes, 6 de marzo de 2015

La violencia de la guerra no pudo sepárarnos , nuevamente juntas



Por Crisitna Chiquin - Mujeres ixchel

Pasaron más de 28 años para que una madre se volviera a encontrar con su pequeña de 4 años. María González Cedillo, quien vivía en la Aldea Río Azul del municipio de Nebaj, El Quiché, está junto a su hija nuevamente.

“Fuimos perseguidas y masacradas por los Ejércitos”

María con su familia tuvieron que huir de la aldea en que vivían en 1984. Se refugiaron en aldeas de las montañas de Chajul, debido a la represión a la que fueron sometidas las poblaciones por parte del Ejército de Guatemala. Miles de personas tuvieron que hacerlo para salvar sus vidas, sin embargo las condiciones que en las que estuvieron obligadas a vivir hicieron que mucha gente muriera, por hambre, enfermedad, frio y miedo.



“Comíamos una vez al día”

“Nosotros sembrábamos milpa pero los ejércitos llegaban a cortar, no podíamos juntar fuego para la comida para que no nos viera el ejercito, comíamos solo una vez al día, solo de noche se podía juntar fuego, sufrimos bastante, no solo vivimos en una comunidad sino que tuvimos que vivir en varios lugares de la montaña, ya no había ropa, ni comida, ahí sufrimos con la hija que hoy vamos a enterrar.”



Debido al asedio constante del ejercito, María tuvo que vivir en diferentes lugares en la montaña, junto con su hija Jacinta Santiago González quien en ese entonces tenía 4 años, y  quien tendría 35 en la actualidad. María y Jacinta no estaban solas si no que huían junto con su familia, el papá de Jacinta y una hermana más, Marta. En una de las ocasiones en que tuvieron que volver a huir, por la llegada del ejército al lugar, la pequeña Jacinta se cae y se asusta.

“Murió de Susto”


La niña se enfermó y murió quince días después, por las condiciones en  que vivían en la montaña la familia no tuvo otra opción que dejarla en el lugar donde murió.

“Jacinta murió por miedo, por susto, porque en esa época habían muchas masacres, habían muchos niños a los cuales no se les podía dejar que ellos lloraran porque cuando lo hacían los ejércitos escuchaban y muchos murieron a causa de esto.”

Jacinta fue encontrada gracias a la búsqueda de su madre quien recuperó su cuerpo después de 28 años, ya que había sido enterrada a la par de la casa temporal en la que vivieron previó a la llegada del ejército.



María se enteró de las exhumaciones gracias a la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala, CONAVIGUA, por lo que decidió recuperar los restos de su hija para ser enterrada cerca de la familia, ya que su cuerpo se hallaba en la montaña de Paal, Chajul.

“Estoy contenta de dejar a mi hija en un lugar digno, al fin estoy cerca de ella, porque cuando se quedó en la montaña nunca pude regresar a visitarla a dejarle una flor, una veladora, ahora esta cerca de mí y cerca de su papá quien ya falleció… no solo mi hija falleció en el tiempo de la violencia si no que también mi abuelo y otra hermana pero no recuerdo donde están enterrados… aunque ya no puedo hablar con mi hija estoy satisfecha porque ahora está en un lugar digno"



Los restos de Jacinta están en casa, después de más de 28 años de su muerte causada por la violencia del Estado durante el conflicto armado interno en1984, hoy una niña de 4 años descansa junto a su padre, gracias a la lucha de su madre.


Según la Comisión de Esclarecimiento Histórico, niñas y niños sufrieron la violencia directa e indirectamente durante la guerra, “Del total de víctimas con edad conocida, los niños conforman el 20% de las personas muertas por ejecución arbitraria; el 14% de víctimas de torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes; el 11% de víctimas de desaparición forzada; el 60% de los muertos por desplazamiento forzado; el 16% de los privados de libertad, y el 27% de los violados sexualmente.”[1]

Durante los desplazamientos forzados fueron las niñas y los niños quienes más perdieron la vida, es decir más de la mitad de la población desplazada, la inestabilidad e incertidumbre  generaban miedo e inseguridad en la niñez. En muchos casos se reporto que niñas y niños murieron por “susto y por miedo”, en otros casos murieron asfixiados por sus madres cuando en las huidas les tapaban la boca por por temor a ser escuchados por sus perseguidores.


Y muchas otras niñas, como Jacinta, murieron por el terror que vivían constantemente. La lucha de su madre y la de la familia por sobrevivir lograron que hoy Jacinta esté cerca de su padre y de su hogar. Una niña que vio su vida cegada, por un Estado que, en lugar de protegerla, la persiguió asesinando no solo sus sueños de niña, sino su cuerpo.



La verdad llega, y es desde la voz de las mujeres que piden justicia, y que luchan por no dejarla en el olvido, la verdad seguirá resurgiendo de las entrañas de la tierra. Y a pesar de todo el dolor, de la violencia hoy Jacinta y María están nuevamente cerca.

María logró enterrar a su hija, el 19 de febrero de 2015, con una mirada serena y junto a vecinas y familiares, Jacinta fue recibida y acompañada para descansar, en los brazos de la tierra, en los brazos de su familia. La violencia de la guerra no pudo contra el amor, ni contra la memoria.












Ccr/Eq




[1] Informe de Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala

jueves, 26 de febrero de 2015

25 de Febrero: 45,000 razones para seguir luchando:


Familiares reivindicaron la vida de las 45,0000 personas desaparecidas y detenidas forzosamente, durante el conflicto armado interno. También fueron recordadas las más de 200,000 personas que murieron por la violencia estatal durante 36 años de guerra. Pidieron, frente al Congreso de la República, que se apruebe la Ley 3590, que busca crear una base de datos donde se registren las víctimas y que se legalice la desaparición de las personas detenidas forzosamente.


La lucha de las y los familiares por encontrar a sus seres queridos continúa, tanto para encontrar sus cuerpos como en la búsqueda de justicia por las violaciones cometidas por el Estado Guatemalteco.

45,000 personas: estudiantes, mujeres, hombres y jóvenes, fueron silenciados y arrebatados de sus familias por agentes del Estado y más de 200,000 víctimas que fueron asesinadas en su mayoría por el Ejército de Guatemala.

45,000 desapariciones forzadas: madres, padres, hermanos, hijas, hijos, abuelas, siguen hoy buscando a sus familiares, pero también reivindicando la verdad y la memoria de un país que muchas veces olvida.

45,000 razones para seguir viviendo: para seguir buscando sus nombres, para seguir caminando. 45,0000 sueños que siguen vivos gracias a la tenacidad de miles de personas que hoy piden justicia e insisten en desenterrar la verdad y la vida.


La fecha del 25 de febrero se conmemora desde 1999. Las y los familiares conmemoran esta fecha para no dejar en el olvido los nombres y la lucha de quienes fueron arrebatados por la violencia estatal.




Ciudad de Guatemala 25 de febrero de 2015.

jueves, 8 de enero de 2015

En búsqueda de la Paz


Por Cristina Chiquin

Recorrer las calles de Nebaj[1] un 29 de Diciembre obliga a pensar en los 18 años de "Paz" que ese día se conmemoran en Guatemala. Aunque esa paz tan solo nos deje el amargo consuelo de poder revelar las atrocidades cometidas por un Ejército que, dirigido por las élites de poder del país, masacraron y asesinaron al pueblo.


Bajo ese sueño de paz se encuentra la memoria de miles de víctimas de la violencia y la represión, entre ellas la población ixil, quienes sufrieron en su territorio masacres, desapariciones forzadas, violaciones sexuales, asesinatos y otros vejámenes cometidos por el Ejército de Guatemala.


A pesar del dolor vivido, las familias ixiles sobrevivientes lucharon por contar su verdad y su lucha rindió frutos cuando se logró llevar a los tribunales al ex dictador Efraín Ríos Montt y el ex jefe de inteligencia José Rodríguez Sánchez. Ambos fueron acusados por Genocidio y delitos contra los deberes de humanidad al ser actores intelectuales de la muerte de más 1777 indígenas ixiles. El tribunal de Justicia guatemalteca sentenció a Efraín Ríos Montt por los delitos que se le imputaban y con esto se afirmó la verdad de lo ocurrido: Sí hubo Genocidio en Guatemala.


Y en esta misma etapa de "Paz" la Corte de Constitucionalidad anuló el juicio realizado, borrando un proceso de años y de vidas, queriendo retrasar la justicia. Está misma Corte ha anunciado la apertura del proceso para el pasado 5 de enero.


El gobierno actual sigue pidiendo amnistía para los militares implicados en el Genocidio, buscando los mecanismos para dejar en impunidad los delitos cometidos por el ejército y las cúpulas de poder de Guatemala.


En Nebaj la vida siguió entre luces navideñas, fiestas y trabajo; la vida continuó su curso, pero el olvido no llega. Las calles tranquilas del pueblo se engrandecen cuando se recuerda la verdad dicha por las mujeres y hombres ixiles y eso lo sabe el pueblo de Guatemala y lo sabe el mundo.


La tan ansiada Paz aún será lejana mientras no se haga justicia y mientras la tranquilidad no llegue a los pueblos. La Paz llegará cuando cese el despojo, cuando cese la muerte y la violencia, la represión y la criminalización contra la vida.







Ccr/Eq


[1] Santa María Nebaj es un municipio del departamento de El Quiché, Guatemala

lunes, 5 de enero de 2015

Juicio por Genocidio: Queremos Justicia


Por Cristina Chiquin

El año dio inicio con el Juicio por Genocidio. La audiencia se realizó en  el nivel 15 de la Torre de Tribunales a cargo del tribunal B presidido por la Jueza Irma Valdés.

Este juicio se lleva a cabo después que el proceso se diera por concluido el 10 de mayo del 2013 teniendo como resultado la sentencia a 80 años de cárcel al ex dictador Efraín Ríos Montt, por los delitos de  Genocidio y delitos contra los Deberes de Humanidad cometidos en los años de 1982 y 1983, en contra de la población Ixil. Durante el conflicto armado en Guatemala (1960-1996), 1,771 indígenas ixiles fueron masacrados, asesinados, a manos del ejército.



La Corte de Constitucionalidad anuló el proceso el 13 de mayo del mismo 2013. Hoy, nuevamente, las víctimas sobrevivientes se hicieron presentes en la torre de Tribunales para juzgar las atrocidades realizadas por el ejército de Guatemala. Se juzgará nuevamente a Efraín Ríos Montt y al ex jefe de inteligencia, José Rodríguez Sánchez. A pesar de los retrasos la audiencia inició después de que el tribunal solicitara la presencia del  ex dictador quien se había excusado de no asistir por problemas de salud. No obstante, se le condujo hasta  la sala de audiencias a donde se presentó en una camilla, junto a personal médico, su hija Zury Ríos y otros familiares.



Mientras esto ocurría mujeres y hombres ixiles esperaban en la sala de audiencia y a las afueras de la Torre de Tribunales, algunas de ellas de pie durante más de 6 horas.


Al inicio de la audiencia se resolvió la recusación contra la Jueza Presidenta del tribunal de mayor Riesgo B, que ponía en duda la imparcialidad de la Jueza. Ante este hecho la jueza Irma Valdés respondió que la recusación no procedía para ella ya que  está fue  presentada fuera del tiempo y argumentó sobre el por qué. Sin embargo, después de la consulta con el tribunal, las dos juezas integrantes, Sara Yoc y María Eugenia Castellanos, aceptaron la recusación planteada y será la sala de Apelaciones de Mayor Riesgo quien defina si procede o no separar a la Juez Presidenta del tribunal o bien elegir una nueva juez que se integre.


Algunas de las víctimas, debido a su edad, no podrán presentarse a este nuevo juicio, sin embargo, la verdad de sus testimonios ya fue escuchada, aunque en un sistema de justicia viciado por la impunidad parece lejano contar con el reconocimiento Estatal de lo sufrido por las víctimas y por el país.



El acusado se presentó en la sala de audiencias como un anciano enfermo y vulnerable, sin embargo manchan sus hombros y su nombre la sangre y de miles de víctimas, miles de voces que hoy ya no se encuentran, que hoy piden justicia.




En la sentencia, dada el 10 de mayo del 2013, la verdad fue dicha a pesar de  la persistente negación del Gobierno, el Ejército y la Oligarquía. A pesar de todas las trampas que se han puesto a la justicia, las mujeres  y hombres ixiles han sentenciado al Genocida.




José Mauricio Rodríguez Sanchez



miércoles, 24 de julio de 2013

Chomsky: Culpable en Guatemala


NOAM CHOMSKY
Hay países que ascienden a un nivel superior al de la disculpa ociosa sin acción. Guatemala, pese a sus persistentes esfuerzos, ha llevado a cabo el acto sin precedente de llevar a juicio a un exjefe de Estado por sus crímenes, algo que pudiéramos recordar en el décimo aniversario de la invasión estadounidense de Irak.

El Día de la Madre en Estados Unidos, el 12 de mayo, el diario The Boston Globe publicó una fotografía de una joven mujer con su infante durmiendo en sus brazos.
La mujer, de origen indígena maya, había cruzado la frontera estadounidense siete veces estando embarazada, solo para ser capturada y devuelta por la frontera en seis de esos intentos. Enfrentó valerosamente muchos kilómetros, soportando días de calor abrasador y noches gélidas, sin agua o refugio, entre hombres armados recorriendo los alrededores.
La última vez que ella cruzó, con siete meses de embarazo, fue rescatada por activistas de solidaridad con la inmigración que le ayudaron a encontrar su camino hasta Boston.
La mayoría de quienes cruzan la frontera estadounidense viene de Centroamérica. Muchos dicen que preferirían estar en casa, si no hubiera sido destruida la posibilidad de una supervivencia aceptable. Mayas como esta joven madre siguen huyendo de los destrozos del embate genocida sobre la población indígena de las montañas guatemaltecas hace 30 años.
El principal perpetrador, general Francisco Ríos Montt, el exdictador que gobernó Guatemala durante dos de los años más sangrientos de la guerra civil del país a lo largo de décadas, fue hallado culpable en una corte guatemalteca de genocidio y crímenes contra la humanidad, el 10 de mayo.
Después, 10 días más tarde, el caso fue anulado bajo circunstancias sospechosas. No está en claro si el juicio continuará.
Las fuerzas de Ríos Montt mataron a miles de guatemaltecos, en su mayoría mayas, tan solo en el año de 1982.
Al finalizar ese sangriento año, el presidente Reagan le aseguró a la nación que el asesino fue “un hombre de gran integridad personal y compromiso”, quien estaba recibiendo una “acusación injusta de organizaciones de los derechos humanos” y quien “quiere mejorar la calidad de vida de todos los guatemaltecos y promover la justicia social”. Por lo tanto, continuó el presidente, “mi administración hará todo lo que pueda por apoyar sus progresistas esfuerzos”.
Amplia evidencia de los “progresistas esfuerzos” de Ríos Montt estuvo disponible para Washington, no solo de organizaciones de los derechos, sino también de los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
Sin embargo, la verdad no era bienvenida. Interfería con los objetivos fijados por el equipo de seguridad nacional de Reagan en 1981. Como informó el periodista Robert Parry, trabajando a partir de un documento que descubrió en la Biblioteca Reagan, el objetivo del equipo era suministrarle ayuda militar al régimen de derecha en Guatemala, a fin de exterminar no solo “guerrilleros marxistas” sino también sus “mecanismos de apoyo civil”; lo cual significa, en efecto, genocidio.
La tarea se llevó a cabo con dedicación. Reagan envió equipo “no letal” a los asesinos, incluidos helicópteros Bell, que fueron armados de inmediato y enviados en sus misiones de muerte y destrucción.
Sin embargo, el método más efectivo era emplear una red de Estados clientes para que se hicieran cargo de la tarea, incluidos Taiwán y Corea del Sur, aún bajo dictaduras apoyadas por EU, así como Sudáfrica durante el apartheid y las dictaduras argentina y chilena.
A la vanguardia estaba Israel, que se convirtió en el principal proveedor de armas de Guatemala. Suministró instructores para los asesinos y participó en operaciones de contrainsurgencia.
Vale la pena volver a exponer los antecedentes. En 1954, un golpe de Estado dirigido por la CIA puso fin a un intervalo democrático en Guatemala – “los años de primavera”, como se conoce allá – y restableció a una salvaje élite en el poder.
En los 90, organizaciones internacionales que condujeron averiguaciones sobre los combates informaron que, desde 1954, aproximadamente 200.000 personas habían sido asesinadas en Guatemala, de las cuales el 80 por ciento era de indígenas. Los asesinos fueron, en su mayoría, fuerzas de seguridad guatemaltecas y paramilitares estrechamente vinculados.
Las atrocidades fueron llevadas a cabo con vigoroso apoyo y participación de Estados Unidos. Entre los pretextos estándar de la Guerra Fría estuvo que Guatemala era una “cabeza de playa” rusa en América Latina.
Las verdaderas razones, ampliamente documentadas, también eran estándar: inquietud por los intereses de inversionistas estadounidenses y temor de que un experimento democrático que diera poder a la mayoría de campesinos severamente reprimida “pudiera ser un virus” que “propagaría el contagio”, en la razonada frase de Henry Kissinger, refiriéndose al Chile socialdemócrata de Salvador Allende.
El asesino ataque de Reagan sobre Centroamérica no se limitó a Guatemala, por supuesto. En la mayor parte de la región, las dependencias del terror fueron fuerzas de seguridad del gobierno que habían sido armadas y entrenadas por Washington.
Un país era diferente: Nicaragua. Tenía un ejército para defender a su población. Por lo tanto, Reagan tuvo que organizar fuerzas guerrilleras para librar la pelea.
En 1986, la Corte Mundial, en el caso Nicaragua vs. Estados Unidos, condenó a Estados Unidos por “uso indebido de la fuerza” en Nicaragua y ordenó el pago de compensaciones. La respuesta de Estados Unidos al decreto de la corte fue escalar la guerra por representación.
El Comando del Sur de EU ordenó a los guerrilleros que atacaran objetivos civiles prácticamente indefensos, para no “resolverlo a puñetazos” con el ejército nicaragüense, con base en el testimonio del general John Gavin del Comando Sur al Congreso en 1987.
Organizaciones por los derechos (las mismas que estuvieron haciendo acusaciones falsas del genocida Ríos Montt) habían condenado la guerra en Nicaragua desde el comienzo, pero protestaron con vehemencia por la táctica de “objetivo suave” del Comando del Sur.
El comentarista estadounidense Michael Kinsley reprendió a las organizaciones por los derechos por alejarse de las buenas formas. Explicó que una “política sensata” debe “pasar la prueba del análisis costo-beneficio”, evaluando “la cantidad de sangre y miseria que será invertida, y la probabilidad de que surja democracia por el otro extremo”.
Naturalmente, nosotros los estadounidenses tenemos el derecho a conducir el análisis; gracias, presuntamente, a nuestra nobleza inherente y registro estelar desde la época en que el continente fue despejado del azote de los nativos.
La naturaleza de la “democracia que surgirá” difícilmente era oscura. La describe con precisión el principal académico de “promoción de democracia”, Thomas Carothers, quien trabajó en proyectos de ese tipo en el Departamento de Estado durante la administración Reagan.
Carothers concluye, lamentablemente, que la influencia de EU fue inversamente proporcional al progreso democrático en América Latina, porque Washington solo toleró “formas de cambio democrático limitado, de arriba abajo, que no generaran el riesgo de alterar a las estructuras tradicionales de poder con las cuales Estados Unidos ha estado aliado desde hace largo tiempo atrás en sociedades bastante antidemocráticas”.
Desde entonces no ha habido cambio.
En 1999, el presidente Clinton ofreció disculpas por crímenes estadounidenses en Guatemala, pero no se emprendió acción alguna.
Hay países que ascienden a un nivel superior al de la disculpa ociosa sin acción. Guatemala, pese a sus persistentes esfuerzos, ha llevado a cabo el acto sin precedente de llevar a juicio a un exjefe de Estado por sus crímenes, algo que pudiéramos recordar en el décimo aniversario de la invasión estadounidense de Irak.
También, quizá, sin precedente es un artículo en el New York Times de Elisabeth Malkin, titulado “Juicio en carnicería de guerra civil guatemalteca excluye participación de EU”. Incluso el reconocimiento de los propios crímenes es muy raro.
De raras a inexistentes son las acciones que pudieran aliviar una parte de las horrendas consecuencias de los crímenes: por ejemplo, que Estados Unidos pagara las compensaciones a Nicaragua ordenadas por la Corte Mundial. La ausencia de ese tipo de acciones suministra una medida del abismo que nos separa de donde debería estar una sociedad civilizada.
El libro más reciente de Noam Chomsky es “Sistemas de poder: Conversaciones sobre insurrecciones democráticas globales y los nuevos desafíos al imperio de EU. Conversaciones con David Barsamian”. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, Massachusetts.