martes, 28 de febrero de 2012

Cuál es el origen de la opresión de la mujer?







Gema Puga

El próximo 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en el marco de la ofensiva de los gobiernos, que recortan los pocos derechos democráticos conquistados por las mujeres, y del aumento vertiginoso de la violencia machista.
¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA OPRESIÓN DE LA MUJER?
El próximo 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en el marco de la ofensiva de los gobiernos, que recortan los pocos derechos democráticos conquistados por las mujeres, y del aumento vertiginoso de la violencia machista.
Los gobiernos, medios de comunicación y empresas hablan de la opresión de la mujer como algo superado, enalteciendo “políticas de igualdad” que ocultan la verdadera situación de la mujer trabajadora. De hecho, la existencia de sectores oprimidos y marginalizados dentro del sistema capitalista no es casualidad. Es el resultado de un sistema que se asienta en la desigualdad, en una sociedad dividida en clases y en un sistema económico basado en la explotación. Al concentrar toda la riqueza producida por la sociedad en pocas manos, el sistema marginaliza (oprime) a millones de personas.
¿Qué es la opresión?
Entendemos por opresión la actitud de aprovecharse de las diferencias que existen entre seres humanos para colocar a unos en desventaja en relación a los otros. Significa beneficiarse de una diferencia en provecho propio generando así una situación de desigualdad de derechos, de discriminación social, cultural y económica.
Entre todas las formas de opresión, aquella que se ejerce contra la mujer en la sociedad capitalista tiene un carácter distinto de las demás porque abarca a más de la mitad de toda la especie humana.
La sociedad patriarcal es uno de los recursos que la burguesía ha utilizado y utiliza para mantener a la mujer marginalizada. Se trata de un sistema jerárquico que se asienta en la familia, en el cual toda mujer ya viene al mundo a ocupar un lugar subordinado definido en la sociedad. Fueron los historiadores del siglo XIX los primeros en preocuparse en el estudio del origen de la familia y, cuál fue la sorpresa, cuando afirmaron que la mujer no siempre fue oprimida.
El origen de la opresión de la mujer
La opresión de la mujer no es una invención del capitalismo, sino una característica de las relaciones sociales a partir del surgimiento de la propiedad privada de los medios de producción. Esto significa que, durante un largo período de la historia de la humanidad, antes de las sociedades divididas en clases sociales, la mujer ejerció en pie de igualdad con el hombre, o con ventajas en relación a él, sus derechos sociales.
En el llamado comunismo primitivo, los bienes materiales eran colectivos, pertenecían a la comunidad, y se obtenían a partir de la recolección de alimentos y de la caza, la agricultura y la domesticación de animales. Como no existía propiedad privada de los medios de producción, tampoco existían clases sociales. En la familia primitiva, el matrimonio se realizó, durante un largo período, a través de grupos –dentro de las gens (estructura familiar de lazos consanguíneos)- donde los hombres eran maridos y las mujeres, esposas. No existía la monogamia. Los hombres eran padres de todos los niños y las mujeres, madres. En un sistema como ese, la descendencia sólo podía ser verificada a través de la madre, lo que originó el matriarcado. La importancia de la mujer, como reproductora y único pilar seguro de la descendencia familiar, se extendía también a las tareas que desempeñaba en la comunidad: la transformación de los alimentos y el desarrollo de la agricultura.
El matriarcado fue sustituido por el patriarcado cuando el desarrollo de la agricultura, del pastoreo y las técnicas de fundición de metales para crear nuevos instrumentos propició el surgimiento del excedente de producción. Por un lado fueron los hombres quienes pasaron a controlar las más sofisticadas técnicas e instrumentos de producción, controlando también los excedentes que generaban. Por otro, como en los matrimonios por grupos era imposible determinar la descendencia paterna, la sociedad se readecuó para que los hombres pudiesen legar a sus hijos legítimos los bienes que acumulaban en vida. Para garantizar la herencia, surgió la monogamia.
Para Federico Engels, en su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, el desmoronamiento del derecho materno (matriarcado) supuso “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”. Apartada de la producción social, la mujer se refugió en el mundo doméstico, donde la tarea de reproductora de seres humanos, que en el pasado fue su principal triunfo, se volvió su grillete más pesado. A partir de ahí, en los distintos modos de producción (esclavismo, feudalismo y capitalismo) de las sociedades divididas en clases, la historia de la mujer fue la historia de su opresión.
Opresión y explotación
Más arriba veíamos cómo en el capitalismo la opresión es utilizada por la clase dominante para someter a la clase explotada y justificar esa explotación. Esa opresión-explotación de las mujeres se manifiesta de varias formas: la reproducción y el mantenimiento de la fuerza de trabajo a través del trabajo doméstico no remunerado y la utilización de la mano de obra femenina con salarios más bajos, propiciando mayor extracción de plusvalía (más beneficio para la clase dominante, la burguesía).
Estas dos categorías (opresión y explotación) se combinan, son distintas. La opresión ataca a todas las mujeres en su desarrollo profesional, derecho al trabajo, su libertad para decidir sobre su vida y disponer de su cuerpo. Para justificar la opresión, se creó el mito de la inferioridad femenina, presentándose en mayor o menor énfasis dependiendo de la época histórica. Actualmente, la tesis de inferioridad es disfrazada por el concepto de “desigualdad”.

Pero, aunque la opresión es común a todas las mujeres, las trabajadoras son más oprimidas que las mujeres burguesas, la doble jornada de trabajo es un buen ejemplo. En cuanto a la mayoría de las asalariadas se refiere, después de trabajar en la oficina, en la fábrica o en el campo, debe cumplir sus tareas domésticas; mientras que las mujeres burguesas o de clase media, aunque trabajen, pueden relegar a otras mujeres esa segunda actividad. Las mujeres burguesas, en síntesis, utilizan la opresión de su sexo para explotar a las trabajadoras. Por eso, si hay afinidad en la lucha genérica contra la opresión, esa unidad está limitada por el papel que cada clase social ocupa en la producción. Solamente las mujeres trabajadoras, por el hecho de ser oprimidas y explotadas, pueden luchar de forma consecuente contra la opresión.
Por su naturaleza, basada en la desigualdad y la explotación, el capitalismo es incapaz de acabar con la opresión femenina. La igualdad entre hombres y mujeres sólo podrá lograrse a partir de una revolución socioeconómica y política que derrumbe este sistema. Las trabajadoras y trabajadores deben unirse en la lucha por la emancipación de la mujer.
Artículo publicado en Página Roja de febrero 2012, publicación mensual de Corriente Roja/Corrent Roig 

jueves, 16 de febrero de 2012

-Concurso..Por un cuerpo libre de patriarcado y violencia..

Soy Mía
Fotografía: Tania Hernandez

Ganadora del Primer Lugar



Generaciones
Fotografía:  Ana Lucía Ramazzini

Ganadora del Segundo Lugar

TRES GENERACIONES:
Caminos cruzados.

Cada camino que se muestra
en mi cuerpo
es propio.

Nadie lo recorre
si yo no quiero.

Nadie lo violenta,
ni lo vulnera.

Nadie lo hace suyo
porque es mío…



Título: "Cero violencia en Santiago Zamora"
Técnica: Programa fotográfico "Aperture"
Fecha de creación: 22/11/11
Ganadores del Tercer Lugar.






Adaly Rodriguez Muralles
Fotografía: Angéles
tengo 22 años y estoy harta de la violencia en contra de nosotras, LAS MUJERES.
Ella es una niña de 14 años que vive violencia intrafamiliar, (psicológica, física y sexual), la madre también vive esta violencia pero a esta se le suma la violencia económica; y sus vidas momento a momento están en peligro.  ¿Es justo?
“Seguimos en la Lucha, Accionemos”.Participante del Festival  Ixchel 2011 (Fotografía)

 stephanie Michelle Burckhard Méndez
 Título: Ya dio su flor
Técnica: ipod touch, fotografía blanco y negro
fecha: 27 de noviembre 2011 aldea Las Flores, Sumpango, Chimaltenango 




Sobre la obra: Entre el bosque habían varias flores, pero esta estaba dañada. Normalmente asemejan nuestra vagina con una flor y esta flor está rota. Es una flor pequeña que ve hacia los grandes árboles y sueña con la luz, pero desde pequeña ya está lastimada.




La erótica para la vida
Autora: Mariajosé R.

La erótica provoca las complicidades y libertades para la vida placentera. Hablar de sexualidad, los cuerpos y la erótica es necesario para hacer resistencias.  
Lesbiana-feminista radical

lunes, 13 de febrero de 2012

¡¡¡¡¡ EL AMOR ROMÁNTICO MATA!!!!



Consideramos y analizamos el amor romántico, no simplemente como esfera de sentimientos, sino como construcción cultural, parte fundamental del sistema de poder entre géneros, relegando a las mujeres a un rol de subordinación, carencia y necesidad. 

En este sentido, pensamos que cuestionar los patrones relacionales en la esfera 'intima' y personal, además de hacerlo en ámbitos sociales, laborales, etc., es fundamental para poder de-construir los roles de género hetero-normativos, y construir nuevas identidades de género, autónomas, diversas e igualitarias, así como establecer relaciones sanas, en libertad y con autonomía desde una práctica de la afectividad en horizontalidad y no basada en el poder, la dependencia, el control y la sujeción de una persona hacia otra.

En la cultura occidental moderna y contemporánea el amor romántico, y su forma clásica de expresión de pareja heterosexual, nuclear y abocada a construir y preservar la familia, pone la base, no sólo social y económica, sino también psicológica, de la subordinación de las mujeres. Marca e interioriza la demarcación entre lo público y lo privado, limitando nuestra actuación, sentido y 'existir' a esta última esfera. De la misma manera, el paradigma del amor romántico está en la base de la domesticación sexual de las mujeres y de todxs lxs sujetxs no hetero-normativo, de tal manera que deriva (todavía hoy, lamentablemente) en el control sobre nuestro cuerpo. 

Asimismo, a estos ejes de subordinación, se le añade el consumismo y la explotación económica del sistema de géneros, por ejemplo, está interiorizado por muchas de  nosotras que amar = gastar por san valentín! (cuanto más valen los regalos que te dan más te quieren).
El amor romántico también se sustenta sobre la idealización de la felicidad dependiente. Se considera que no podemos asumir nuestra vida afectiva hacia nosotras mismas construyendo nuestra propia felicidad, sino que se da en dependencia exclusiva hacia otras personas. Hipotecando nuestra felicidad afectiva hacia la otra persona: "soy feliz porque tú estás conmigo".
No estamos postulando que todas las mujeres (o las personas) somos iguales, con las mismas orientaciones, deseos, y maneras de expresarlos y realizarlos. Por el contrario, estamos afirmando la necesidad y el valor de la empatía, el cuidado y el afecto entre las personas (y hacia una misma, en primer lugar) , de la forma que cada una elija, libremente. 
Lo que cuestionamos es la supuesta carencia que subyace de la teoría de la media naranja (cada una de nosotras es una persona entera en sí misma,y no tenemos una mitad que nos complete). Asimismo, cuestionamos y rechazamos el relegar a las mujeres a la esfera de los sentimientos y del cuidado, como nuestra forma  natural, ineludible de 'ser' (en función de y para el otro), a menos que no se quiera incurrir en la exclusión social (estigma-discriminación/violencia) o psicológica (salud mental).
Y no nos olvidemos que el amor romántico mata: en lo que va del año 2012, ya son 8 (a fecha 06.02.2012) las mujeres asesinadas por hombres de su entorno sentimental y familiar.
Con  esta acción pretendemos crear debate y reflexión en torno a uno de los factores (el amor romántico) más enquistados que sostienen las situaciones de violencia de género. 
Este  modelo amoroso basado en el amor como "pasión sufriente" y demás mitos  construidos por nuestra cultura occidental, emerge especialmente en la educación sentimental de las mujeres. Muchas asumen este modelo estructurando sus vidas alrededor de la conquista del amor, convirtiéndolo en objetivo fundamental de sus vidas.
Las posibilidades de tolerar la violencia aumenta en las mujeres que  persiguen este ideal romántico ya que son estas formas de relación las  que dan sentido a sus vidas.
La gravedad de sus consecuencias nos impulsa a generar un análisis crítico de este modelo, y a tratar de desmontarlo para fomentar relaciones afectivas alternativas que no generen sufrimiento y/o dependencia y que respeten nuestra individualidad.
Por todo esto, y porque lo personal es político, os invitamos a todas y todos a visibilizar, cuestionar y rechazar las hetero-normas, la dependencia, los roles y necesidades  preestablecidas. Y a construir, experimentar y  explorar relaciones afectivas sexuales en función de nuestros deseos, orientaciones y fantasías, en el respeto de nuestra autonomía y auto-cuidado.
Proponemos que se impriman las pegatinas que podéis encontrar en nuestro blog y  pegarlas, discretamente, en los productos de "San Valentín", tipo: botellas de vino, cajas de bombones, etc., pero de manera que se pueda pagar el producto tranquilamente en la caja y que el mensaje llegue a casa. 

Actúa, difunde, comparte, y sobre todo disfruta, con ironía, y rebeldía: este 14F dile 

¡¡¡No al amor romántico!!!!!

abrazos feministas a todas y todos!

                                                                    Feministes Indignades, 14 de febrero 2012

                                                                    http://feministesindignades.blogspot.com

jueves, 9 de febrero de 2012

La voltereta del posfeminismo A propósito de discursos “sin la madurez de la memoria”



  Andrea Franulic

…la contestación a su pregunta ha de ser que la mejor manera en que podemos ayudarle a evitar la guerra no consiste en repetir sus palabras y en seguir sus métodos, sino en hallar nuevas palabras y crear nuevos métodos. La mejor manera en que podemos ayudarle a evitar la guerra no consiste en ingresar a su sociedad, sino en permanecer fuera de ella… (Virginia Woolf, 1938, en Tres Guineas).

Son conocidos los argumentos y los hechos que deconstruyen los fundamentos ideológicos y las prácticas políticas del feminismo liberal. Situándome, solamente, en el mundo occidentalizado y en los inicios de la llamada “segunda ola feminista”, tropiezo con los análisis políticos del feminismo radical y cultural en Norteamérica y el feminismo de la diferencia en Europa, por las décadas de los sesenta y setenta. Estos feminismos comparten el rechazo contra las políticas feministas que le demandan “derechos humanos” al poder patriarcal. Ponen en cuestión el deseo de las mujeres de ser reconocidas por una civilización que han proyectado y pensado los varones; el deseo de integrarse a una simbólica y a un aparataje institucional que se han trascendido en base a declararnos inexistentes.
La historia de reivindicaciones feministas da cuenta de cómo cada conquista o acceso conseguidos por las mujeres (educación, sufragio, aborto, liberación sexual, mundo laboral, no violencia) no ha mejorado ni, menos aún, ha cambiado el mundo sustancialmente; al contrario, han sido absorbidos por la deshumanización y el desequilibrio intrínsecos de la civilización masculinista, remozándola. Las puertas que nos abrieron nuestras antecesoras, cuyas reivindicaciones llevaron la marca de la radicalidad, no fueron seriamente analizadas por las liberales post-sufragismo, cuyas demandas llevan la marca arribista del oportunismo político, terminando por cristalizar el fracaso de los mal llamados “avances feministas”.
Es así entonces que Nelly Richard, connotada teórica del post-feminismo criollo, en la mesa inaugural del coloquio “Por un feminismo sin mujeres” (1), usa los verbos “reclamar, solicitar, requerir, urgir” cuando alude a las “tácticas” políticas del feminismo. Por ejemplo: “reclamar contra el fallo del tribunal constitucional en relación a la Píldora del Día Después” o “solicitar, requerir, urgir respecto de la despenalización del aborto”. Es decir, se refiere a las recurridas estrategias del feminismo institucional, también denominado “feminismo de la igualdad” o “feminismo liberal” (dejando a un lado la heterogeneidad que podría existir entre los tres): “…la grupalidad del nosotras las mujeres, (…) sí importa cuando tengamos que reclamar contra el fallo del tribunal constitucional de la Píldora del Día Después o cuando haya que salir a la calle para solicitar, requerir, urgir respecto de la despenalización del aborto. Bueno, ahí, nosotras las mujeres todavía importa…” (2)
En la misma mesa inaugural, la teórica y crítica literaria Patricia Espinosa da cuenta -sin saberlo, por lo tanto, deshistorizadamente- del fracaso del acceso de las mujeres a los centros de producción masculinos. Su exposición describe las repetidas expresiones sexistas (también racistas y homofóbicas) -violentas expresiones- que ocurren dentro de la escena universitaria. Con voz afectada, cuestiona el progresismo aparente de este espacio. Por supuesto, todo este cuestionamiento contiene una demanda implícita: “…¿Es el espacio universitario el lugar donde se ha anulado el sexismo, la división masculino-femenino, el control del cuerpo de las mujeres, la violencia material y simbólica sobre nuestros cuerpos? (…) como que se me vino un vómito que tuve que convertir en discurso rabioso y en parte triste, porque tres años en la Universidad de Chile no han servido para generar una apertura intelectual que desmonte la exclusión y menos el binarismo genérico, y esto es consecuencia de los académicos y de la institucionalidad…”.
            Hace, por lo menos, 17 años atrás, el grupo Cómplices (Pisano, Gaviola, Lidid, Bedregal) previó y explicó el fracaso que hoy encarna la incomodidad deshistorizada de Patricia Espinosa, y que es resultado de tácticas políticas como las que defiende Nelly Richard en este coloquio que se pretende de avanzada. Engarzadas a las ideas de lo que yo llamo el feminismo radical de la diferencia, pero aterrizándolas en el contexto chileno y latinoamericano, e interpretándolas desde el potente discurso de Pisano, las Cómplices –y luego otras de ese feminismo autónomo que continúa esta línea teórica- instalan en el espacio político-feminista un marco filosófico que, entre otras cosas, devela y desmonta las estrategias del feminismo institucional, anclado a la macroideología masculinista. Al mismo tiempo, entreteje las ideas-fuerza para, lo que Pisano llama, un cambio civilizatorio.
            Las feministas que adoptan el discurso liberal se suman a una estrategia concertada del sistema patriarcal para instalar el modelo neoliberal y sus pseudodemocracias en Latinoamérica, desarticular los movimientos sociales y de resistencia a las dictaduras, e institucionalizar los conocimientos del feminismo rebelde. Es así como se acomodan en los espacios de poder masculinos que se re-arman luego de la dictadura pinochetista: partidos políticos, ministerios, universidades. Alcanzan cargos, logran puestos y accesos, a nombre del movimiento feminista y el movimiento de mujeres: “…la grupalidad del nosotras las mujeres, que sí importa cuando tengamos que reclamar…” (Nelly Richard). Usan esta envestidura para “trepar”. El costo, de entonces, para permanecer, consistió en entregarles a los varones el cuerpo de conocimientos que el feminismo había trabajado fuera de la institucionalidad, transformándose en sus estrechas colaboradoras para, no solo exprimirle la insolencia y la rebeldía (a este cuerpo de conocimientos), sino, y sobre todo, para arrancarle la historia. (3)
            Pero Nelly Richard no solo nos conmina a usar, de manera táctica, la expresión las mujeres para salir a reclamar contra el fallo del tribunal constitucional, sino, al mismo tiempo, en el nivel teórico, nos invita a “desbordar, exceder, deconstruir” el signo “mujer”: “…El nombre mujeres puede usarse con comillas o sin comillas. La versión esencializada del feminismo binario, (…), que aquí se estaría refutando, y a la vez mujeres con comillas para aquel feminismo deconstructivo (…) que yo sí creo debe desbordar, exceder la categoría mujeres junto con deconstruir esa categoría (…) me parece que permite hacer oscilar el género (…), entre comunidad las mujeres que sí le importa al feminismo como movimiento social y, a la vez, como desidentidad que quisiéramos compartir aquí…”
            Richard separa el cuerpo teórico del movimiento social. Acusa recibo de una de las dicotomías más burdas de los análisis políticos. Yo, particularmente, no tengo ningún problema con las dicotomías en sí, al menos no constituyen ningún fantasma para mí, porque es la lógica de dominio incluyente la que conforma el modus operandi del sistema masculinista. Pero me sorprende, porque las personas de este coloquio, sí tienen problemas con las dicotomías, y muchos. Es más, el discurso binario pasa a ser un anatema para esta tendencia, y sus ángeles vengadores están atentos a acusar y sancionar moralmente cualquier asomo o atisbo de binarismo en los discursos ajenos. Extraña situación.
            Sin embargo, tras esta arbitraria división que hace Richard, los dos niveles de su propuesta se unen para apuntalar el mismo objetivo político. Tanto en la “táctica”, “urgiendo por la despenalización del aborto”, como en el discurso, “desplazando el signo mujer”, las mujeres -con comillas y sin comillas- se des-integran en la civilización androcéntrica, material y simbólicamente. Como dice una tal Linda Alcoff, tras desplazar y desmantelar el signo mujer nos quedamos, al parecer, con la idea de un sujeto universal y abstracto, con el mismo humano genérico por el que apuesta el liberalismo y, consecuentemente, el feminismo liberal o de la igualdad, y que las feministas radicales, culturales y de la diferencia de los años sesenta y setenta pusieron al descubierto (4). La cultura patriarcal se ha valido de la creencia de un sujeto universal, abstracto e incluyente para cubrirse las espaldas: el Hombre. Y para disfrazar de inamovible su dominio y, en especial, lo que nos hace a las mujeres: incluirnos como femeninas (masculinas) y, como seres humanas, declararnos inexistentes, negarnos.        
            Desplazar el signo mujer, opera como una negación sobre la negación. Como las mujeres no hemos logrado marcar el mundo con una historia y una adscripción simbólica propias, relatadas, visibles, conocidas que nos sostengan y que, al menos, contrarresten el referente androcéntrico, no encontramos una propuesta distinta (sin dominio) de ser personas tras el desmantelamiento del signo mujer; nos encontramos con más de lo mismo, con un sentido de la existencia masculinista, o sea, con un sentido depredador de la existencia. Por lo tanto, el signo mujer –y las mujeres con y sin comillas- se des/integran en la feminidad, esencializándola aún más. No por nada las teóricas de esta tendencia están femeninamente arrellanadas en la academia masculinista; solo pueden estar allí y así, a costa de este ejercicio discursivo deshistorizado al que se dedican.
Nelly Richard, entonces, se equivoca cuando se lee genealógicamente en el trasnochado feminismo de la diferencia: “feminismo de la diferencia, luego (…) un feminismo que pasa a ser de las diferencias y luego un feminismo deconstructivo, postmetafísico, postestructuralista...”. Porque todo el desarrollo anterior me lleva a concluir que el post-feminismo no es más que el trasnochado feminismo liberal o de la igualdad, barnizado y revestido con post-modernidad; y es parte del resultado actual del proceso de institucionalización que hace 20 y más años se emprendió contra el movimiento feminista chileno, y también latinoamericano.
Mientras el feminismo siga congelado en el tiempo eterno de la feminidad, reclamándoles, solicitándoles, requiriéndoles, urgiéndolos, implorándoles, demandándoles, o bien, denunciando a los poderes masculinos, estos se mantendrán dichosos manejándonos con nuestras supuestas “conquistas”: alargándolas, quitándolas, otorgándolas, reemplazándolas o atribuyéndoselas; de acuerdo a sus intereses, sus crisis, sus guerras, sus modas o sus cambios de humor, de acuerdo a sus urgencias. Y las mujeres seguirán des/integrándose en su civilización, creyendo en ellos, aceptando sus migajas o haciéndoles la guerra; en definitiva, creyendo en su cultura como la única posible. En tanto, ellos nos seguirán matando. Por eso concuerdo con Pisano en que el feminismo – y por muy post que se lea hoy en día- “está tomado, repetitivo y aburrido, demandante y quejoso, decadente y sin la madurez de la memoria”. (5)

Santiago, julio de 2010

Referencias:

(1)   Me refiero al Segundo Circuito de Disidencia Sexual “Por un feminismo sin mujeres”,  organizado por la Coordi…nadora Universitaria por la Diversidad Sexual (CUDS) de la Universidad de Chile, y por el Diplomado en Estudios Feministas de la Universidad Arcis. Junio, 2010.
(2)   La mesa inaugural del Segundo Circuito se puede escuchar en http://www.disidenciasexual.cl/2010/06/escucha-el-panel-inaugural-del-segundo-circuito-de-disidencia-sexual/
(3)   Para quien quiera leer un análisis riguroso y una interpretación radical de los hechos que concertaron –y del debate político que rodeó- la institucionalización del feminismo en este país y parte de Latinoamérica y, asimismo, profundizar en la historia y los planteos de Pisano, las Cómplices y las voces pensantes de la corriente autónoma; en especial, en el discurso de las diferencias ideológicas y de las corrientes de pensamiento feministas, ver: Franulic, A. y Pisano, M.: 2009. Una historia fuera de la historia. Biografía política de Margarita Pisano. Editorial Revolucionarias, Santiago. 
(4)   “Para el liberalismo, en último extremo, la raza, la clase y el género carecen de importancia en relación con cuestiones como la justicia y la verdad, porque, ‘en el fondo, todos somos iguales’. Según el post-estructuralismo, la raza, la clase y el género son constructos, por tanto, no pueden ratificar ninguna concepción sobre la justicia y la verdad, puesto que no existe una sustancia esencial subyacente que liberar, realzar o sobre la que construir. Por tanto, vuelve a confirmarse aquí que, en el fondo, todos somos iguales.” En Alcoff, L.: 1988. “Feminismo cultural versus post-estructuralismo”. http://www.creatividadfeminista.org El planteo de Alcoff se condice con los análisis que se han realizado desde la autonomía cómplice –y que yo misma he realizado- en relación al tópico de la diversidad. Es decir, cómo el discurso de la multiplicidad de diferencias cae, otra vez, en la indiferenciación, la uniformidad y la homogeneidad. O cómo el discurso des-identitario vuelve a reponer las identidades.
(5)    Pisano, M.: 2004. Julia, quiero que seas feliz. Editorial Surada, Santiago, p.73.

jueves, 2 de febrero de 2012

Violencia simbólica: ¿cómo afecta a mis acciones y mis gustos?

 

 

Colectivo Feministas en Movimiento

Es cierto y bien sabido que las relaciones entre los sexos -los dos- han cambiado a lo largo de extensos y duros tiempos de lucha feminista, pero sólo de manera superficial. Esto quiere decir que la imagen que tenemos de nuestras relaciones interpersonales, de aquellas que experimentamos diariamente, no son más que eso, una imagen. Una preciosa y embellecida imagen es la que tomamos por verdadera cuando en realidad, en el mejor de los casos, es parcialmente falsa. Afortunadamente ésta ha de ser acicalada cada vez más, lo cual es un gran punto a nuestro favor. No se me entienda mal: no quiero decir que las relaciones interpersonales no sean reales sino que, a nuestros ojos, se muestran de manera alterada. Me explico: a modo de ejemplo y no me aventuraré demasiado, afirmaré que un alto porcentaje de personas habrá oído alguna vez que “las mujeres hemos/han conquistado la esfera pública”. El valor de verdad de esta afirmación es innegable: hay mujeres que tienen un trabajo remunerado, esto es, llevan a cabo tareas y reciben una cantidad económica a cambio. La cuestión a la que me quiero referir aquí no es estrictamente a la entrada de las mujeres en la esfera pública sino al modo en el cual entran -las que lo hacen-.
Resulta curioso que, por lo general, los puestos de trabajo desempeñados por mujeres sean relativos al campo de los cuidados. De este modo, labores tales como el mantenimiento del hogar, la asistencia de ancianos, la educación o cuidado de niños y niñas o la sanidad se encuentren altamente feminizados. ¿Por qué ocurre esto? ¿qué lleva a las mujeres a elegir dichas profesiones?
Para, modestamente, intentar dar respuesta a estas importantes cuestiones recurriré a un libro, que de antemano recomiendo, llamado La dominación masculina, de Pierre Bourdieu y a un concepto clave que en él se encuentra: violencia simbólica.
Violencia simbólica
En el mundo, nos dice Bourdieu, hay un orden de las cosas establecido y en él existen unas relaciones de dominación que imponen de manera normativa maneras de actuar, de ser, de comunicarse, de sentir etc. Evidentemente y como consecuencia de esto hay también formas no-normativas de lo mismo o, dicho con otras palabras, formas que florecen en los márgenes de lo normativo. En el caso de la dominación masculina esta normatividad aparece ante nuestros ojos como admisible y, lo que es peor, como natural. Paradójicamente aquello que tiene un nacimiento en la historia se nos muestra como eterno, natural y, por tanto, necesario e inamovible. Así, mediante el arduo trabajo de las instituciones (familia, estado, iglesias, escuela etc.) por neutralizar la historia y hacer que los productos de ésta aparezcan como naturales es el modo en el que las relaciones de dominación masculina se naturalizan y pierden su historicidad. Esto es consecuencia de la violencia simbólica. La violencia simbólica sería aquella fuerza imperceptible para quienes la padecen -que somos todos y todas, dominadas y dominadores- y que nos hace sentir, comunicarnos, conocer, reconocer, actuar y ser de una forma determinada y no de otra.
Tanto de la Mujer como del Hombre -ambos con mayúsculas puesto que me estoy refiriendo a los arquetipos de cada uno de ellos- se esperan ciertas cosas y, por consiguiente, otras no. He aquí el camino simbólico que, teniendo por guía dichos prototipos inalcanzables, conducirá a tropezones la vida de las personas dependiendo de los órganos genitales con los que vengan al mundo. Esta violencia invisible grabará a fuego una serie de disposiciones en los individuos que, aunque muchas personas crean, no son en absoluto naturales. Disposiciones típicamente femeninas tales como coger bien a un bebé, puesto que hemos sido militarmente entrenadas durante nuestra infancia, preguntar a nuestra pareja si se ha tomado su pastilla, porque a él siempre se le olvida, o si ha comido bien durante su estancia fuera de casa, porque eres tú la que siempre cocina. Y las típicamente masculinas como por ejemplo llevar todas las bolsas de la compra cuando tú tienes las dos manos libres, porque cree que tú no puedes o te vas a lastimar, que diga que “te ayuda” mucho en casa porque da por hecho que las tareas domésticas son tuyas o las sistemáticas muestra de cortesía y deferencia que tantas veces nos bloquean a la entrada de una puerta cediéndonos mutua y reiteradamente el paso. Estas disposiciones irreflexivas son el producto de esa violencia etérea.

¿Qué hacer, entonces, con la violencia simbólica?

Como podemos ver, a pesar de que esta violencia es invisible, las manifestaciones de la acción de la misma parecen omnipresentes. ¿Cuáles son nuestras opciones? ¿hay opciones? ¿podemos zafarnos de ella o, por el contrario, es algo ineludible ante lo cual sólo queda la resignación? No puede ser tarea sencilla librarse de algo que se halla tan fuertemente incrustado en nosotros y, de hecho, no lo es. Siendo sincera yo tampoco tengo la receta contra la violencia simbólica pero creo que empezar a hablar de ello ya es un pequeño primer golpe. Lo que sí sé es lo que dice Bourdieu al respecto y que resumiré muy brevemente a continuación a modo de respuesta.
Como hemos dicho, algunos productos históricos tales como la dominación masculina o la división sexual del trabajo han sufrido un proceso de “naturalización” mediante el cual han pasado de ser un producto contingente a ser algo natural, esto ha sido aceptado y ha pasado a formar parte de nuestras vidas. Dicho proceso viene dado por el ejercicio constante de una serie de instituciones interrelacionadas (familia, estado, iglesias, escuela etc.) por perpetuar dichas relaciones de dominación. La propuesta de Bourdieu consiste en invertir este proceso, des-naturalizando lo histórico, esto es, haciendo ver que aquello que había sido considerado como natural siendo histórico no es natural sino que debe su existencia unas condiciones históricas específicas. Paralelamente, se trataría de acabar con las instituciones que han dado lugar a este proceso de eternización de lo histórico. Para ello el autor apuesta por una movilización política y de resistencia masiva por parte de las mujeres. Esta revuelta feminista deberá estar orientada a hacer presión para que tengan lugar reformas y cambios políticos y jurídicos. Quedarán al margen los pequeños grupos de solidaridad y apoyo mutuo para dejar espacio a esa rebelión contra la dominación simbólica que, con ese fin común, parirá otros grupos de resistencia y lucha. Estos últimos, unidos a grupos de homosexuales en acciones conjuntas, conseguirán acabar con aquellas instituciones que han contribuido, contribuyen actualmente y, si nada se hace, contribuirán a eternizar las relaciones de subordinación de las que somos víctimas.
Para nuestra suerte, ese orden que rige el mundo ha perdido su falso carácter natural y con él su incuestionable permanencia. Sabemos que no es fácil acabar con las relaciones de dominación pero nadie nos dijo – ni a nosotras ni a quienes nos precedieron en la lucha- que fuera a ser fácil. Debemos pues, día a día, dudar de lo obvio, sospechar de lo evidente y cuestionar tanto nuestras acciones como el modo en el cual nos relacionamos con nuestros congéneres y, sobre todo, tener esperanza, pero esperanza combativa.

martes, 31 de enero de 2012

Campaña-contra el ACOSO SEXUAL CALLEJERO LAS CALLES TAMBIEN SON NUESTRAS

El acoso sexual callejero se ve como algo natural  y no violento que afecta a nosotras las mujeres en todos los ámbitos.  Existe un alto grado de impunidad, el acoso sexual se da porque existe un alto grado de relaciones de poder, la finalidad del acoso no es el alago sino mantener y recalcar el sometimiento sobre las mujeres y se da en las calles porque son espacios masculinos  del cual somos intrusas para ellos.
El acoso sexual va dirigido especialmente algunas partes del cuerpo esto quiere decir que el cuerpo se fragmenta  y dejas de ser persona y te vuelves como objeto sexual. Aprendimos a decir basta al acoso sexual callejero desde la calle. Encontramos las distintas formas de pensamiento de las y los jóvenes del Hogar Pequeños Hermanos sobre  el derecho a la circulación  de nosotras las mujeres en las calles.

martes, 24 de enero de 2012

América Latina y el Caribe: Lucha por derechos de las mujeres todavía va a recorrer largo camino





Camila Queiroz / Diario de los Andes

A pesar de ser mayoría numérica, las mujeres continúan siendo parte de la minoría política y social.

América Latina y el Caribe tienen hoy una población femenina estimada en más de 302 millones de personas, según datos de la Comisión Económica para América Latina y Caribe (Cepal), número superior a los 294.596 hombres. A pesar de ser mayoría numérica, las mujeres continúan siendo parte de la minoría política y social. ¿Por qué motivos? ¿Cómo los movimientos feministas de la región actúan para superar este cuadro de situación? ¿Qué desafíos enfrentan y cuáles son las conquistas que están alcanzando?

Femenicidio, violencia doméstica, negación de derechos sexuales y reproductivos y de participación en los espacios de poder constituyen el panorama de los principales desafíos que enfrentan las latinoamericanas. Por otro lado, con mucha creatividad y tenacidad, los movimientos feministas resisten desde hace muchas décadas, y recogen algunos laureles en esa lucha.

Para la coordinadora de la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil, Nalu Faria, hay muchas conquistas para celebrar. “Consolidación de un marco que reconoce varios derechos de las mujeres, igualdad de género, efectivización de algunos derechos, fortalecimiento del protagonismo, de espacios de empoderamiento de las mujeres, compartidos por organizaciones civiles y por el Estado. Tenemos la consolidación de un sujeto político, las mujeres”, enumera. Como principal obstáculo la activista cita la garantía amplia de los derechos, que, enfatiza: sólo llegará si hay cambios estructurales.

En Ecuador, la presidenta del Frente de Mujeres Defensoras de la Pachamama, Rosí Pérez Arévalo, evalúa que 2011 fue un año de visibilización del papel de las mujeres, principalmente en la defensa de los derechos humanos y, en el contexto del país, en la lucha contra los megraproyectos de minería, que afectan fuertemente a la provincia de Azuay, en el sur de la región Andina de Ecuador.

Para 2012, las mujeres pretenden fortalecer su papel en los movimientos sociales, así como la Unión Latinoamericana de Mujeres (ULAM). También está en la pauta hacer frente al gobierno, que, según Rosí, está “alineado con los intereses de las grandes corporaciones extranjeras, como las empresas mineras”, persiguiendo al Frente de Mujeres con una campaña de desprestigio.
Violencia

El Salvador, Guatemala, Colombia, Honduras, República Dominicana, Bolivia, Paraguay, Panamá y México están entre las 11 primeras posiciones en las tasas de femenicidios por cada millón de mujeres, según un estudio realizado en 43 países.

En Perú, el proyecto de ley que incorporaba el femenicidio en el Código Penal fue archivado. Entre 2009 y 2010, 283 mujeres fueron víctimas de femenicidio. Hasta julio de este año, el delito ya había interrumpido la vida de otras 48 mujeres en el país, considerado uno de los tres países de América Latina con mayor índice de femenicidio. En República Dominicana, lo mismo: entre 2005 y agosto de 2009, se registraron 867 femenicidios.

¿Y qué decir de México? El Observatorio Ciudadano Nacional del Femenicidio registró, entre 2009 y junio de 2010, 1.728 femenicidios en 18 de los 31 estados de México. En Ciudad Juárez, en la frontera norte, la situación es tan grave que llamó la atención internacional: de 117 femenicidios en 2009, los delitos pasaron a 306 en 2010, o sea, casi se triplicaron.

En Guatemala, 695 mujeres fueron asesinadas en forma violenta en 2010. Contabilizando las muertes desde 2004, el número se eleva a casi 4.400 víctimas de femenicidio. La militante de la Convergencia Cívico Política de Mujeres, Carmen López, afirma que el país tomó la delantera en la experiencia de leyes específicas contra el femenicidio y creó tres tribunales especializados. Sin embargo, ella no espera que la violencia se reduzca.

En Brasil, cinco mujeres son gravemente maltratadas por hombres cada dos minutos. Según datos del Ministerio de Salud, 10 mueren diariamente en las manos de compañeros o ex-compañeros.

Contra la violencia doméstica, el país cuenta con la Ley María da Penha, considerado uno de los instrumentos más avanzados del mundo. Desgraciadamente, la perfección de la ley tropieza con la falta de políticas públicas que estén a la altura, y de todo un aparato necesario para su aplicación.
Derechos sexuales y reproductivos

Para Nalu Faria, Integrante de la Universidad Libre Feminista, en Brasil, Guacira César de Oliveira es taxativa. “Hubo un recrudecimiento importante en esta área”. En esta temática, los movimientos feministas parecen encontrar cada vez más resistencia. Para Nalu Faria, América Latina vive un movimiento de fortalecimiento de la derecha desde mediados de la década de 1990 que impide un debate amplio, en el marco de un estado laico, sobre estas cuestiones, en especial la legalización del aborto.

Ella explica que el Frente Nacional contra la Criminalización de las Mujeres por la Legalización del Aborto lleva adelante la defensa de ese derecho e informa que durante la III Conferencia Nacional de Política para las Mujeres fue aprobada la recomendación de que Brasil revise la legislación que castiga el aborto, avanzando para asegurar la legalización. “Reivindicamos del Estado que ninguna mujer sea castigada, humillada o maltratada por decidir hacer un aborto o sufrir aborto espontáneo”, esclarece.
Participación política

Actualmente, América Latina y el Caribe cuentan con cinco presidentas –Dilma Rousseff (Brasil); Laura Chinchilla (Costa Rica), Kamla Persad-Bisesar (Trinidad y Tobago) y Cristina Kirchner (Argentina)– y entre 2006 y 2010 Michelle Bachelet comandó Chile. Pero, ¿esta coyuntura impactó de hecho sobre la condición social de las mujeres? ¿Hay mayor acceso femenino a los espacios de poder?

En la opinión de Nalu Faria, cuando era presidente, Bachelet adoptó varias políticas orientadas hacia las mujeres, así como estaría haciéndolo Dilma en Brasil. “Pero no es una intervención con discurso feminista y libertario. Hay contradicciones: son presidentas, pero enfrentan la reacción machista y misógina. Nosotros no tenemos un lugar donde no esté establecida la disputa, y esas disputas pasan por cuestiones de género y de clase”, argumenta.

A pesar de la actuación de las presidentas, la participación de las mujeres en la política todavía es considerada por debajo del ideal. La socióloga y coordinadora del Observatorio de Género y Equidad, Teresa Valdés, considera que Chile sufrió un retroceso en esta cuestión durante el gobierno del actual presidente, Sebastián Piñera.

“Si en el año 2006 se alcanzó la paridad numérica (50%) en el gabinete de ministros, paridad relativa que se mantuvo hasta 2010 (40-60%), el actual gobierno cuenta solamente con un 18% de mujeres en esos cargos. Lo mismo ocurre en todas las categorías nombradas por el presidente”, se informa. Además, el proyecto de ley que asegura la representación equilibrada de mujeres y hombres en el Parlamento, enviado por Bachelet en 2007, todavía no fue puesto en la pauta. El gobierno llegó a enviar un proyecto sobre cupos, pero sufrió el rechazo de un partido de la base aliada.

Para el año 2012, la socióloga espera una mayor participación de las mujeres, pero teme que esto quede en los marcos de políticas populistas –que incluyen centralmente a las mujeres, designando muchos recursos presupuestarios para ellas– sin una real participación, inclusive con el aumento del activismo social experimentado por Chile en 2011.

“En síntesis, la participación de las mujeres puede aumentar considerablemente a nivel de autoridades locales, pero puede darse en un contexto de clientelismo que no se traduzca en cambios culturales rumbo a la igualdad, tal como es la política del gobierno del presidente Piñera, de mantener y reforzar los papeles tradicionales de género”, analiza.

*Camila Queiroz. Periodista de Adital.