lunes, 9 de junio de 2014

Brasil: ¿se descontrolará el consumo de sexo y el tráfico sexual durante el Mundial?


Florencia Godsman

Brasil es el segundo destino, después de Tailandia, para viajerxs, turistas y proxenetas implicados en el turismo sexual. Este hecho, sumado a las dificultades de persecución en el país de los delitos de trata y explotación sexual, hacen suponer que en el próximo Mundial de Futbol podría haber un enorme aumento de estos crímenes, como asimismo del consumo de prostitución por parte de turistas extranjeros que concurren al evento. Estudios internacionales sobre los Mundiales de Alemania y Sudáfrica, sin embargo, advirtieron que en esos eventos no pudo detectarse un especial tráfico de personas con fines de explotación sexual, aunque no fue medido específicamente el aumento del consumo de sexo. Sobre estos temas hablamos con Andrea Dip, periodista brasilera que escribió la investigación “Meninas en jogo”, luego de recorrer el país investigando el tema.

Brasil es el segundo destino, después de Tailandia, para viajerxs, turistas y proxenetas implicados en el turismo sexual. El 25% de los 1500 destinos turísticos que tiene Brasil tienen como uno de sus negocios más importantes la prostitución. A menos de 10 días del comienzo de la Copa del Mundo, en un país en plena convulsión social y reacción política al Mundial de Fútbol, se espera que la demanda de oferta sexual crezca.
Según datos de UNICEF, 500 mil niñas y niños menores de edad son víctimas del delitode explotación sexual. En este mismo marco, se estima que 600 mil turistas asistirán a la Copa, de lo que se deduce que el mercado de la compra y venta de sexo podría incrementarse debido al vínculo entre el aumento del consumo de prostitución y la ocurrencia de los grandes eventos deportivos.
En relación al estatus legal de la prostitución, existe en Brasil un proyecto que reglamenta la actividad, llamado Proyecto de Ley Gabriela Leite, que está parado en la Cámara de Diputados. Mientras tanto la Marcha de las Vadías (o Marcha de las Putas) no para de crecer junto con el debate legalización / abolicionismo, y un enorme abanico de consignas que abarcan desde el acoso callejero, la legalización de la prostitución y la denuncia de las injusticias de la FIFA.
Andrea Dip es una periodista brasilera que recorrió durante tres meses el nordeste del país junto al ilustrador De Maio para hacer periodismo de investigación en una excelente y realista serie de historietas acerca de la vida de las jóvenes que se prostituyen (o son forzadas a hacerlo) en la ciudad de São Gonçalo do Amarante, municipio brasileño del estado del Ceará, perteneciente a la región metropolitana de Fortaleza.
Entrevistada para COMUNICAR IGUALDAD, Dip señaló que a partir de la investigación “Meninas en jogo” (“Chicas en juego”) pudieron identificar varios tipos de prostitución, explotación sexual y trata. Una de ellas son las poderosas redes de narcotráfico que trabajan con conexiones internacionales que permiten el tránsito de las mujeres hacia Europa desde el litoral brasileño, las que son perseguidas por fuerzas especiales de la policía nacional. “La gran mayoría de las mujeres que hicieron parte de nuestra investigación son personas que van circulando por todo el país”. Muchas mujeres jóvenes que viven en condiciones de pobreza, comparte Dip, negocian la venta de su cuerpo (“hacen programa”) a cambio de una piedra de crack (conocido en Argentina como “pasta base”, derivado de la cocaína).
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Las historietas son efectivas en la precisión de la información que brindan y en la visualización de estos casos a través de la narrativa en viñetas. Asimismo, el reportaje de Dip remarca que, para el desarrollo del turismo sexual, las redes organizadas se sustentan en dos pilares: por un lado la oferta generada por la vulnerabilidad socio-económica, emocional y/o psicológica de la persona victimizada y, por el otro, la demanda, o el cliente, beneficiado por la impunidad en una cultura machista.
Las cifras también hablan por sí solas: el año pasado las denuncias sobre tráfico de niñxs y adolescentes aumentaron un 86%, al tiempo que las formas de explotación aparecen de maneras no tradicionales. Unicef informó de 1,2 millones de niñxs que son traficadas en el mundo- se trata de niñas negras, asiáticas y de origen latinas como las principales víctimas-. Según Pestraf la mayoría de las mujeres explotadas en Brasil son afrodescendientes y de clases populares con edades que oscilan entre 15 y 27 años.
Preocupante legado pos Copa
Representantes de organizaciones de mujeres señalan la falta de atención en las políticas sociales que generen empleo efectivo durante la Copa, así como el cuidado en los impactos sociales del evento. “Vamos a vivir en un Estado de excepción” resumen ante el endurecimiento de las leyes que reprimen la protesta social pero que protegen de manera laxa a los turistas y extranjeros durante el evento futbolístico.
En virtud de las responsabilidades del Estado en función de la disminución del delito de explotación sexual, Brasil cuenta con un 2° Plan Nacional de tráfico de Personas, compuesto por 17 ministerios y 115 metas a cumplir hasta 2016, entre ellas la capacitación de profesionales de varias áreas, la creación de más de diez puestos de atención en ciudades de frontera, la aprobación de proyectos de ley que impliquen la pérdida de bienes implicados con el tráfico de personas y la internacionalización del mismo. También se han creado los servicios de denuncia telefónica “Disque 100” y “Disque 180”, centrales de denuncia que funcionan 24 horas al día.
Consultada respecto de la efectividad de estas instancias de denuncia, Dip detalla: “Lo que nosotros vimos en Ceará fue que existe una delegación de combate de la explotación sexual de niñxs y adolescentes para toda la ciudad. Cuando las denuncias llegan son encaminadas a los Consejos tutelares y a esa delegación. Las delegaciones no tienen gente suficiente para dar seguimiento a todas las denuncias y además que la denuncia de explotación sexual es diferente a la de abuso. Si el caso de explotación es flagrante, y si la delegada o la policía llega allá tres días después no va a encontrar a esa chica en esa situación. Entonces, es muy difícil que se pueda penalizar a una persona, principalmente cuando es extranjero, allí se pone más difícil todavía. Cuento en el reportaje que la primera noche cuando estaba entrevistando a una persona en un bar,  en la mesa de al lado había una chica de 12 o 13 años con un hombre viejo, entonces llamamos a una comisión tutelar y nos respondieron ‘no tenemos carro para poder ir’. Después llamamos a la policía y nos dijeron ‘si no están haciendo nada obsceno no podemos hacer nada’, ahí quedó clara esa impunidad… podemos tener leyes más duras pero ¿cómo la gente es responsabilizada, penalizada de hecho?”.
Meninas en Jogo recuerda en cada tramo los derechos que protegen a niñxs y adolescentes y cita literalmente: “Todo niño/niña tiene derecho a una plena protección contra todas las formas de explotación y abuso sexual” (Declaración de Estocolmo sobre explotación sexual de niñas y adolescentes, 1998). Dip resalta su sensación de que las políticas públicas que están siendo implementadas no facilitan el diálogo con las mujeres y niñas que están sufriendo la vulneración de sus derechos. “Hay chicas que hacen ‘programas’ a cambio de 5 reales y esto es un fenómeno nuevo que está aumentando. Hay muchas caras para el problema del tráfico de personas, pero generalmente hay una relación con la extrema pobreza y la falta de perspectivas.Los programas sociales son raros y son muy hechos ‘desde arriba‘. No se conversa ni se intenta un diálogo con esas chicas, entonces se les ofrece una beca de estudios pero las niñas tienen que ser mayores de edad o tener la primaria completa, y eso no sucede porque muchas abandonaron la escuela. Esa falta de diálogo dificulta todo aún más”.

FUENTE: http://www.comunicarigualdad.com.ar/brasil-se-descontrolara-el-consumo-de-sexo-durante-el-mundial/

FALTAN MUJERES


Melisa Cardoza
Sabemos que faltan mujeres. Lo sabemos porque en un cumpleaños, en un aniversario de algo, en una comida de domingo alguien dice, puchica, ésta era la comida favorita de mi tía, de mi prima, de mi hermana. Y entonces se hace un silencio triste, y se escuchan sólo los ladridos de las perras de la vecindad, una tele del cuarto que masculla en inglés,  o alguna expresión de  alguien que intenta salvarnos de esa angustia convocada  y dice pasame la sal, por favor.
Sabemos que faltan mujeres porque en muchos cuartos hay camas que se quedaron con la misma ropa del día, esas cameras chapinas coloridas  que se compran a plazos, donde acomodaba sus sueños la  muchacha que se fue al centro a buscar unos materiales y no volvió. Ahí está su ropa en las gavetas, sus chancletas para bañarse bajo la cama, su niña asomada a la puerta que aún la espera y nadie sabe decirle dónde se fue su mamá, porqué no vuelve y más difícil aún cómo es que puede haber tantos hombres malos.
Faltan mujeres porque estaban ellas en su vida y sus quehaceres, en sus oficios y preocupaciones, en sus planes propios cuando las arrebataron y se las llevaron. Las han vendido, las mataron, las intercambiaron por algo, las explotan. También sabemos eso entre todo lo que no sabemos.
Norma Yolanda amamantaba a su hija de pocos meses cuando policías uniformados entraron a su casa, le quitaron la niña de los brazos, empujaron a su hija mayor que quiso evitar la detención. Dijeron que la llevaban a una posta, nunca llegó, y no volvió. A quién pedirle cuentas, ¿a la policía? ¿ a sus compiches burócratas judiciales? Su familia la ha buscado por cuatro años, sus amigas y compañeras de redes y movimientos la han demandado en todos los espacios de la injusticia hondureña con actos públicos, ceremonias, gritos, oraciones, cantos.  Nadie sabe, nadie averigua, a nadie le interesa, sólo a las que entendemos que nos faltará siempre. Ha muerto su madre, su padre tiene los ojos húmedos, la niña crece amadísima por las otras mamás y las amigas se le esconden para no llorarle enfrente.
Norma Yolanda era una luz , una sonrisa enorme, un hermoso pelo oscuro. Quién no  recuerda su integridad moral, su modo de resolver los conflictos, su sazón al cocinar. Sus hijas que tanto se le parecen crecen sin ella en la casa, con ella en las memorias del agua y las frutas.  Como Norma más de 300 mujeres son reportadas desaparecidas en Honduras cada año, y eso son sólo las reportadas. La desaparición es un acto de tanta crueldad que sólo puede ocurrírsele a seres humanos, esa inteligencia del mal es tan sofisticada que  cada día mete los alfileres de la incertidumbre dolida en los cuerpos de tanta gente, y lo hace con gusto, con alevosía.
Faltan mujeres que fueron arrancadas a la vida de todas, y también faltan mujeres para luchar por ellas y nosotras, para defendernos juntas.  Somos muchas y somos pocas porque el miedo arranca la fuerza y la confianza en la vida, la posibilidad intransigente de que no ocurran más injusticias, y es por eso que  nos miramos  con desconfianza y ponemos la esperanza en mágicos seres de otros mundos donde no se pueda concebir tanta maldad.
Faltamos muchas para convencernos que aquí donde nos tocó nacer es sólo con nuestra fuerza común, con inteligencia y muchas mañas que vamos a vivir bien  las que estamos y las que vendrán, pese al mal del mercado y  los patriarcas que lo aprovechan.   Aunque nos falte  esa enorme galería de  mujeres que traemos en la memoria con sus nombres e historias no se vale la derrota ni la renuncia, compañeras, no se puede admitir.  
 Melissa Cardoza
Escritora feminista hondureña
melissacondesa@gmail.com
Fuente :http://radioprogresohn.net/index.php/comunicaciones/noticias/item/410-faltan-mujeres

martes, 3 de junio de 2014

De aquí no sale: reflexiones sobre el rumor




Por Andrea Franulic y Jessica Gamboa


Yo le suplico haga algo aprenda un paso, una danza, algo que la justifique que le dé el derecho de estar vestida de su piel, de su pelo. Aprenda a caminar y a reír (…) al fin que tantas estén muertas y que usted viva sin hacer nada de su vida (Charlotte Delbo, 1970).

Hemos querido escribir sobre el Rumor. Claro que no somos las primeras en hacerlo. Las disciplinas patriarcales han realizado teorizaciones sobre el tema (la psicología experimental, la psicología social, el psicoanálisis, la teoría de la comunicación y la sociología). No nos basaremos en ellas. Nuestro interés radica en los textos que hemos podido encontrar en la teoría feminista, debido a que las mujeres somos y hemos sido el principal objeto de rumor en el contexto de una cultura misógina. Eso explica que, incluso en espacios feministas, el rumor aparece como una práctica recurrente para desacreditar a las mujeres pensantes y que se destacan por un trabajo consistente.


Dentro de la teoría feminista, encontramos escritos de Audre Lorde (2003) sobre la Tergiversación que, desde nuestra mirada, es una versión chueca y sesgada que el patriarcado hace circular sobre la vida de las mujeres, ¿y qué es el rumor sino una versión chueca de alguna realidad? También Margarita Pisano escribe sobre los “Secretos, chantajes y rumores… los prejuicios” (2004). Y alude al concepto en su libro Julia, quiero que seas feliz (2012) y en su Biografía política (2009) que escribe junto con Andrea Franulic, donde se describe su propia experiencia como objeto de rumor en el proceso de desmontaje del proyecto de Casa de la Mujer La Morada. Hace muy poco tuvimos la suerte de acceder a un fanzine de unas mujeres anarco-feministas, titulado Coletânea sobre sororidade autocrítica ou sobre violência entre feministas (2013) que se inicia con un epígrafe muy inspirador de la feminista radical Phyllis Chesler y que compartimos a continuación:

“No comience rumores sobre otra mujer. Si usted oye un rumor, no lo haga circular. Deje que se quede con usted. No es ético castigar y sabotear a otra mujer que usted envidia o teme, calumniando sobre ella o colocando a otras mujeres en contra de ella.”


El fanzine contiene artículos de diversas feministas.  Leyéndolo, encontramos unos “comentarios de amigas” sobre el texto “Secretos, chantajes y rumores… los prejuicios” de Margarita Pisano, que también aparece publicado en el fanzine. De estos comentarios,desprendemos que una de las características del rumor, más bien, de quienes lo ejercen, es la ausencia, vacío o carencia de una identidad propia. Preferimos dejar de lado el concepto de identidad (por no estar de acuerdo con esta categoría de análisis) y hablaremos de una ausencia de proyecto de vida propio o vacío de contenido de la propia existencia y, por ende, de la necesidad de rellenar ese vacío asumiendo la vida de otra. Desde esta carencia y mediante el rumor, se establecen alianzas en la sombra con quienes también gravitan en el vacío de un sentido de vida y confluyen en el deseo de acceder a una situación de privilegio y de poder, desplazando a quien entorpece dicho propósito, generalmente personas que aportan con un trabajo concreto y de calidad.


El rumor ha sido una práctica patriarcal sistemática como táctica de guerra, con el fin de colonizar territorios, obtener poder, ganar elecciones, conseguir ganancias en la bolsa, heredar bienes, destruir liderazgos, negociar tratados, acceder a información privilegiada, intercambiar mujeres, traficar armas, etc. Es y ha sido utilizado desde las derechas más fascistas hasta las izquierdas más revolucionarias. Las tácticas de guerra se heredan, se aprenden, se sofistican y se naturalizan. El feminismo no ha escapado a ello, principalmente se ha visto intervenido por el patriarcado de izquierda. Patético resulta -por nuestra falta de historia y genealogía, por los costos que tiene articular un trabajo autónomo y por la ardua tarea de legitimarnos entre mujeres- que el rumor perpetúe la misoginia y desarme la producción de las mujeres. Este costo para nosotras es profundo, nos deja vagando en la nada.


Celia Amorós (1987), pese a ser una feminista de la igualdad, desarrolla acertadamente el concepto de las Idénticas para referirse a la relación entre las mujeres en la cultura patriarcal. Plantea que todas las mujeres cumplimos la misma función social en el patriarcado, es decir, las funciones propias de la feminidad, y en este sentido, las mujeres somos reemplazables unas por otras y, lo que es peor, somos desechables. Cuando una mujer se sale del papel de ser una idéntica y rompe con los designios de la feminidad, sobresaliendo, genera misoginia, envidias y miedos en las demás; se transforma en una amenaza para el grupo. A las mujeres no se les perdona tan fácilmente ejercer la capacidad de pensar, tampoco se les perdona hablar y escribir con inteligencia. Es más aceptado y aplaudido que se destaquen por las labores de lo doméstico, o por prácticas del hacer, donde silenciosamente repiten una y otra vez un destino no creativo.


El rumor ha invadido históricamente la vida de las mujeres. Tenemos ejemplos de persecuciones sembradas por el rumor. Solo por nombrar un hecho muy emblemático, recordamos la matanza de las denominadas brujas, llevada a cabo entre los siglos XIV-XVII en la Europa occidental y central. Bastaba con hacer correr el rumor de que esta o aquella tenían pactos con el diablo para que fuesen acusadas de brujas, torturadas, ahorcadas o quemadas vivas en la hoguera de la plaza pública. Las brujas fueron utilizadas como chivos expiatorios por los hombres.


 Haciendo la analogía, podemos decir que la víctima del rumor funciona como un chivo expiatorio, lo decimos en un sentido literal y metafórico. La situación de debilidad, vulnerabilidad y sobre-exposición que afecta a la víctima es utilizada con el objetivo de expiar en ella las propias miserias no asumidas, de manera catártica. Así como para justificar la falta de autocrítica, las propias equivocaciones, las carencias y las inseguridades de todo tipo. Esto se relaciona con lo dicho en párrafos anteriores: el rumor sirve de vehículo para tapar los propios vacíos. Las mujeres, adoctrinadas en la moral y las buenas costumbres, castigan al chivo expiatorio para proyectar en él sus propias dependencias: al amor, al alcohol, a la droga, a los hombres o a sus instituciones. Y así, se sienten puras y sabias.


Identificamos dos roles en la práctica de la circulación de los rumores. El primero se sustenta y opera desde el lugar del Poder. En este caso, la persona posee una inseguridad encubierta que la perturba y su móvil es defenderse del miedo que le genera la pérdida de ese poder, del prestigio y los privilegios. El segundo, el más descrito hasta ahora, es aquel que funciona desde la Mediocridad. Este rol puede resultar más peligroso, pues aquí “el fin justifica los medios” con el afán de concretar intereses aspiracionales que pueden ser de diversa índole: desde intereses económicos hasta de tipo psicológico como el querer “ser alguien”. Este rol nos recuerda, nos evoca, tiene un parecido a lo que la filósofa Hannah Arendt (2003) llama la Banalidad del Mal. Porque, según ella, los crímenes cometidos contra la humanidad, las torturas y genocidios, son ejecutados por seres mediocres, no pensantes, que solo siguen órdenes y reglas mecánicamente, obedeciendo… milicos de derecha y de izquierda.


 Albert Camus en su libro El hombre rebelde (2005) establece la diferencia entre el resentido y el rebelde. El primero tiene un ansia voraz por “pertenecer a” y “ser” aquello que critica. En tanto el rebelde se arriesga con su soledad. Quien ejerce rumor, sobre todo desde el rol de la mediocridad, desea compulsivamente pertenecer y busca las complicidades necesarias para cumplir esta meta. En otras palabras, el rumor es una práctica arribista. Por ende, se actúa desde el resentimiento, la condescendencia y la zalamería… jamás desde la rebeldía. Como contrapunto, a quien es víctima del rumor se le hace el vacío, se la deja de hablar, atrapándola en una espesa niebla, rodeada de un halo invisible de desconfianzas, marcada por el estigma que la encasilla y la achata, absorbiéndole las fuerzas pensantes y creativas, como si estas sobraran en este mundo deshumanizado. Mientras, el resto realiza un pacto sectario de silencio.


Quien padece el rumor sufre un tipo específico de maltrato: el aislamiento, la incomunicación, el sentimiento de culpabilidad, la amenaza del chantaje y la paranoica y confusa vivencia de no saber cómo, cuándo, por qué, qué y quiénes. Sufre una alteración en el uso del lenguaje, pues teme usar las palabras, que son el principal puente de comunicación entre las personas. Como escribimos por ahí: “La palabra ‘rumor’ viene de ‘ruido’ que, a su vez, viene del latín ‘rugitus’ (rugido). Esto, según el diccionario etimológico de Corominas (2000). Si interpretamos un poco y sin complejos con la obviedad, diríamos que ‘hacer ruido’ o ‘rugir’ son contrarios a hablar, a usar las palabras. Si interpretamos un poco más, usar las palabras para entendernos nos hace humanas, nos hace sentir bien cuando encontramos puentes de profunda conexión. El rumor deshumaniza.”


 Ahora bien, cuando se recibe un rumor, hay elecciones: nos hacemos cómplices en la circulación de este y colaboramos en dejar en el vacío a la persona en cuestión, o bien, ponemos los límites a la versión. Por tanto, el recibir un rumor no es un acto pasivo. Quien elige no enganchar ni prestar oídos al rumor, lo detiene y puede, inteligentemente, preguntarse sobre las otras versiones de la misma realidad entre dicha. Pues la neutralidad en el lenguaje no existe. Por eso es justa la posibilidad de poner en duda las versiones y las fuentes: mínimo ejercicio que se realiza con la prensa hegemónica, por ejemplo. Si esta versión proviene de quien detenta un poder o es considerada una persona legítima, es más difícil desmentirla. Y en este caso, la versión del rumor toma las características de una Historia oficial. No está demás recordar que, en el patriarcado, la historiografía ha elaborado una versión oficial del mundo con todos sus sesgos e invisibilizaciones, ahí pues las mujeres perdimos nuestra historia.  


Podemos identificar algunos tópicos del rumor que se condicen con los tópicos de la Historia oficial. En primer lugar, la Mitigación y la Exageración. La mitigación consiste en ocultar, disminuir, ablandar o bajarles el perfil o, incluso, bromear sobre las propias equivocaciones; puede ir acompañada de un cierto grado de autocompasión. La exageración, en cambio, se utiliza contra la otra persona; se exageran los errores de la otra persona. Algunas veces la exageración va acompañada de mitomanía y megalomanía. El “exageracionismo” es un recurso del rumor.


 Un segundo tópico fundamental es la Descontextualización, donde la información que circula es una información descarnada, es decir, extirpada de su contexto original, vital, que contenía personas con cuerpos y miradas, entre quienes existía intimidad y confianza y un recorrido propio y auténtico de la relación particular. Así como existían momentos, lugares y circunstancias específicos; sentidos y propósitos, angustias y alegrías. La información es extraída del contexto y de la experiencia que le dio vida y se utiliza con fines utilitarios. Sin embargo, no hay información en el aire, los mensajes cambian su sentido y su destino radicalmente según el contexto donde se usen, nunca vuelven a ser el mismo mensaje ni vuelven a tener el mismo significado. La descontextualización, como recurso o tópico del rumor, se basa en el chantaje y usa falsos testigos, esto es, personajes que, revestidos de un empoderamiento prestado, se atribuyen o auto-conceden el beneplácito del juicio sancionador fundado en la más profunda ignorancia de la historia cuestionada. Esta acción muchas veces se enmarca en la triste historia de la traición entre mujeres.


 Como toda Historia oficial, la falta de honestidad desde donde circula la versión, la tergi-versión de la realidad, se disfraza de discursos salvadores, buenos y mesiánicos, incluso basados en el amor. Los cuales en realidad esconden las inseguridades, los despechos, los posicionamientos y las acomodaciones más oscuros. Esta táctica perturba y confunde las verdaderas y reales fuentes de la dominación (Denise Thompson, 2003).

 Otros tópicos reconocibles son Frases Hechas que sirven para finalizar el relato del rumor, tal vez como parte de la estructura del Rumor si lo identificamos como un género discursivo en sí mismo. Estas frases son: “no lo comentes por ahí”, “de aquí no sale”, “te pido prudencia”, “te lo cuento porque yo lo viví”, “te lo cuento a ti porque en ti confío”, etc. En esta misma línea, contamos con refranes o dichos populares, siempre impregnados del imaginario patriarcal, regados de lugares comunes (prejuicios), que se usan para sembrar el miedo. Para nuestro específico tema del rumor, se nos vienen a la mente las inquisidoras y compungidas sentencias que dicen “cuando el río suena es porque piedras trae”, “por algo le pasó”, “no hagas lo que no quieres que te hagan a ti”, “todo se paga en esta vida”, “todo cae por su propio peso”.

De perogrullo está decir que las famosas y neoliberales “redes sociales” son terreno fértil para difundir el rumor: la vitrinización y el inmediatismo del facebook, del chat, de los correos electrónicos, etc. Estos sistemas son facilitadores para la vertiginosa circulación de los rumores y para el amenazador chantaje, porque en general les sirven a las personas que, des-corporizadas, se esconden y protegen tras el medio tecnológico, a veces tras su anónimo e impersonal uso.

La misoginia es una pesada realidad para todas. La reflexión sobre la falta de solidaridad o de affidamento debe ser más profunda y comprometida. Es fundamental que la imagen del espejo que nos arroja la otra, nuestra igual, no se utilice como lo hace la madrastra de Blancanieves, sino como una entrada hacia los sólidos puentes hechos de palabras, esos que les dan cabida a la confianza y al entendimiento, pero solo cuando real y verdaderamente existe horizontalidad.

miércoles, 9 de abril de 2014

APUNTES SOBRE LA CUERPA LESBIANA



Patricia Karina Vergara Sánchez

 “Es que suena tan feo… suena como ilógico, ustedes queriendo hasta cambiar el lenguaje”. 

En el mundo de predominio occidentalizado, el cuerpo femenino debe ser blanco, blanqueado o exotizado, delgado-esquelético y alto, mientras más parecido sea al de la modelo rubia de las revistas de moda o de los anuncios espectaculares de películas, mucho mejor. Si no lo es, hay que mostrar y demostrar los esfuerzos que cada una realiza con dietas, afeites e incluso cirugías para resultar lo más parecidas posibles a ese mandato, de lo contrario las sanciones sociales van de las verbalizaciones y burlas “fea, descuidada, sucia”, hasta discriminaciones varias, entre ellas gordofobia y/o racismo como violencias concretas en familias, centros laborales y comunidades enteras. Es decir, existe una idea hegemónica sobre el deber ser del cuerpo de las mujeres, un cuerpo socialmente construido en función de los mandatos de una cultura misógina en donde predomina una concepción de este cuerpo para placer o servicio de los hombres. Mogrovejo (2010) habla de esta construcción: “Es un cuerpo colonizado en función de los hombres. Un cuerpo sobredeterminado, con un estereotipo determinado, de medidas y de formas determinadas”.

Sin embargo, hay cuerpos que no cumplen las tareas ni las estéticas esperadas, que se rebelan, que desobedecen. En diversos documentos históricos, una y otra vez aparecen ésas que se pusieron pantalones cuando no era lo propio, que treparon árboles, que anduvieron caminos, que no obedecieron a mandatos estéticos y hasta las muy depravadas se atrevieron a tener placer con sus propios cuerpos y ¡A compartirlo con otras igual de desalmadas!. Les han llamado de diferentes formas, pero para fines conceptuales y de redacción, les llamaré “lesbianas”. A esas tipas terribles que se atrevieron a hacer política con sus propios cuerpos se les ha venido condenando o invisibilizando sistemáticamente. Sin embargo, algún eco de su mal ejemplo parece ir quedando. Al menos varias leyendas, mitos y rumores he escuchado sobre ellas y en concreto sobre lo que pasa con sus cuerpos: que son como de hombre, que son obligatoriamente más musculosos que otros, que tienen un hueso adicional que ocupan para tener actividad sexual o que su clítoris es indispensablemente enorme, que se les reconoce por tener unos dedos gigantescos, que son cíclopes, que se transforman al llegar la noche, que son monstruos. ¿Por qué la necesidad de mitificarlo, de especular sobre de él, que volverlo terrible o temible en el imaginario colectivo? ¿Cómo es más allá de las patrañas, pues, el cuerpo de las lesbianas? ¿Cómo se usa, para qué sirve?

No son preguntas nuevas, en al menos tres décadas anteriores, diversas autoras como Rich, Wittig, Lauretis se han venido preguntado cómo o qué es el cuerpo lesbiano. ¿Es acaso el mismo de todas las mujeres, qué no es, también, el que tiene útero y mamás? ¿Es este el mismo cuerpo que se modela en la lógica estética heterosexual y reproductiva contemporánea?

Mogrovejo escribe sobre el cuerpo lesbiano: “Sigue siendo una incógnita, una necesidad en construcción que parte de una negación, no quiero un cuerpo para los demás, necesito un cuerpo para mí. Fuera de la lógica masculina y heterosexual en un intento por romper con una historia sobredeterminada por el cuerpo femenino” (2010).

Ya existen ensayos y reflexiones de algunas lesbofeministas que podemos inscribir en torno y algunas obras lésbicas a las que nos podemos remitir. Entre ellas, en el ámbito de la literatura, El cuerpo lesbiano de Wittig escrito en la década de los ochentas, experimento estético conceptual que deconstruye el cuerpo de la heterosexualidad y construye mediante evocar secreciones, lugares y modos de encontrarse con otros cuerpos, un cuerpo lesbiano.

El cuerpo lesbiano de Wittig, entonces, no es el de la mujer atrapada en la feminidad, es aquél disidente donde habita el sujeto lesbiana. Se remite a sí misma, a ella misma,  a las amantes que se descubren y describen  y no al cuerpo de la mujer construido en su relación con el cuerpo del hombre. No es ciertamente ni el cuerpo construido por la masculinidad, ni el de la feminidad, otra cosa naciente.

Otro documento producido en años recientes es la tesis de maestría de Binford (2008) La relación de las mujeres lesbianas con sus cuerpos, un estudio del protagonismo de lesbianas guatemaltecas, en donde la autora plantea que el cuerpo es una unidad compleja en la que intervienen dimensiones fisiológicas y socioculturales y es, además, un sitio en donde el patriarcado ha instaurado su poder. Dicho poder patriarcal se ejerce mediante la expropiación del cuerpo femenino, a partir del mandato de ser para otros. “Así, el control que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres rige para garantizar que la mujer haga del mismo un uso apropiado, lo que significa su uso en función de la persona a que se encuentre asignada” (Binford, 2008:5). Aquí, Binford visibiliza el cuerpo lesbiano como forma de resistencia, en grados de conciencia diversos y escribe: “De alguna manera, las mujeres lesbianas resignificamos el término ‘mujer’, tal como es entendido por el sistema patriarcal” (Binford, 2008:5).

Mogrovejo explica ese lugar disidente:

Yo digo que soy una lesbiana atrapada en un cuerpo de mujer. Este es un cuerpo que ha sido construido culturalmente, del cual no puedo escapar y sin embargo también lo voy construyendo día a día. Estoy en este límite entre mi construcción personal de este cuerpo propio y la sobre determinación de la sociedad, hecha en base a un pensamiento colonial de lo que es ser mujer, del cual yo trato de escapar. (Mogrovejo, 2010).

Resignificar el término mujer y poner el cuerpo como lugar de resistencia no es poca cosa, pues de acuerdo con Pisano, la historia de la especie humana está marcada sobre los cuerpos–mujeres y los cuerpos–hombres, que son reducidos a su función reproductiva. La negación de la sexualidad, así como su reducción a lo reproductivo es fundamental para hacer del cuerpo un objeto dominable: “Sobre estos cuerpos sexuados se construye todo un sistema de significados, valores, símbolos, usos y costumbres que normalizan tanto a nuestros cuerpos como a la sexualidad, delimitándolos exclusivamente al modelo de la heterosexualidad reproductiva” (Pisano, 2010).

Sin embargo, en el lustro reciente, colectivas lésbicas feministas en distintos lugares de Latinoamérica (en México para 2010 yo había escuchado a las Sucias, Lunas Lesbofeministas y Chuekas, al menos) y lesbianas feministas independientes han venido usando el concepto Cuerpa[1] o Cuerpa lesbiana, sí, con la “A” ruidosa, incómoda y poco decorativa que a tanta gente incomoda porque deforma el lenguaje, porque suena feo, la A necesaria para marcar disidencia, La cuerpa de las lesbianas, como constructo teórico político está en desarrollo todavía, pero sirve para referirse a aquella unidad físico–biológica con genitales y características que le asignan el sexo femenino, pero que no es el cuerpo femenino construido en relación y/o correspondencia al masculino, si no esa construcción de para sí misma en una lógica diferente a la de la heteronormatividad.

Nombrar la cuerpa lesbiana no es sólo un asunto que atañe a la conformación o transformación del lenguaje, es un ejercicio de enunciación política. Para enunciar la cuerpa existe un proceso previo que parte de una existencia lesbiana, la que de acuerdo con Adrienne Rich (1980:32), sugiere pensar tanto en la presencia histórica de las lesbianas, como en la puesta en marcha del sentido de tal existencia. Así, esta puesta en marcha se convierte en algo que he llamado lesbopolitización[2]. Se construye una existencia política, pero sexual y de placer también, existencia sexopolítica, la cual construye a su vez un cuerpo: cuerpo político–cuerpa–.

Esta cuerpa política desafía al régimen heterosexual. Donde se manifiesta, la cuerpa, interpela, cuestiona e incluso llega a dinamitar visiones ya concebidas de cómo es o cómo debe de ser la vida, las lógicas institucionales e incluso la aplicación de la ciencia y la tecnología concebidas desde la heterocentralidad.

Por ejemplo, en 2011 realicé una investigación sobre las manifestaciones del régimen heterosexual en consultas ginecológicas[3], en ella encontré lógicas discriminatorias y violencias del sistema médico que dan cuenta de un fenómeno de dimensiones políticas; pues resultan de una estructura social, cultural y económica que controla el cuerpo y la sexualidad de las mujeres en general, es decir, las somete a la heterosexualidad obligatoria[4].  Sin embargo, también pude ver que tanto la enunciación como propia presencia  de la cuerpa lesbiana en el consultorio era en sí misma una acción política que descolocaba las lógicas institucionales ante el sujeto que exigía atención, pero no era el esperado por el sistema.

Por una parte, estaba la imagen que proyectaban las cuerpas presentes en el consultorio, su apariencia que no necesariamente respondía a la apariencia preconcebida de lo que son los cuerpos de las mujeres, con sobrepeso o no, estéticas diferentes, tatuajes, percings o no, aspecto femenino, masculino, andrógino o ninguno de los anteriores.

Victoria una de las mujeres que me narró su experiencia en el consultorio explicó que su cuerpa no depilada tiene algo de contracultural y comentó:

No me depilo ni las piernas, ni el sexo, ni las axilas, no me maquillo. Me gusta mi cuerpo cómo se ve, porque hay que aprender a querer el cuerpo lejos de todas esas imposiciones o daños que le hacen al cuerpo de las mujeres para verse como socialmente se manda, como ven a las mujeres. (Victoria, 2011).

Ese aspecto de su cuerpa implicó comentarios de quien le atendía. Victoria narró:

Me dijo que por qué estaba tan velluda que había que ver si tenía un problema hormonal y yo le dije que no me rasuraba las piernas, pero ella insistía que el tema de las hormonas…yo creo que nunca había visto una que no se rasuraba (Victoria, 2011).

Cuerpas difíciles de leer para les representantes de las instituciones que son interpelados. La enunciación, también descubre a la cuerpa y confronta, Alicia recibió el comentario del especialista cuando le dijo que es lesbiana: “Nunca lo hubiera imaginado, no lo parece”. Alicia acota que puede deberse a que:

En el imaginario de la gente, las lesbianas son jovencitas como las que salen en las películas, parece que no existen las lesbianas maduras y con sobrepeso (Alicia, 2012).

A lo anterior se suman a construir esa cuerpa cuya existencia confronta la lógica heterocentrada en la concepción de una consulta ginecológica, la enunciación de prácticas sexuales desafiantes del imaginario heterosexual; sexualidad no necesariamente coital, inquietudes con escaso interés en materia de funciones reproductivas y dudas respecto a prácticas sexuales con prevención de Infecciones de Transmisión Sexual para las que especialistas no siempre están preparades. Lo que pretendo mostrar es que además de la anécdota o del trato discriminatorio en algunos casos, cuando una persona cuyos genitales pudieran remitir al sexo femenino, se presenta ante el sistema biomédico y enuncia que es lesbiana (o que tiene preferentemente prácticas sexuales con otras sexuadas femeninas) y que solicita el reconocimiento como sujeto de atención ginecológica, pone en tensión, al menos: la construcción social de mujer en el orden patriarcal, el régimen heterosexual y el biologismo imperante en la biomedicina sobre lo que deben ser y para qué sirven los cuerpos de las mujeres.

El mismo ejercicio y análisis puede hacerse mucho más profundo respecto a las implicaciones de presentarse con una cuerpa lesbiana en cualquier otra especialidad de la biomedicina, pero no es el tema que ahora me ocupa. Basta decir que puede aplicarse el mismo ejercicio a cualquier otra institución del sistema mundo patriarcal.

¿Cómo irrumpe la presencia de una – o de muchas- cuerpa lésbica, con todas sus irreverencias, incluso cuando de tantas formas se busca someterla, como otro ejemplo, en las instituciones escolares? ¿Qué se pone en tensión de la curricula explícita y qué de la curricula oculta cuando una estudianta no presenta los mismos afeites que aquellas que siguen el modelo hegemónico o cuando no ocupa los espacios de la forma en que la feminidad impone las posiciones corporales a otras, o cuando sus códigos de comunicación e intereses no responden al cuento romántico de la heterosexualidad y por lo tanto en clase hace preguntas para las que la persona a cargo no siempre tiene respuestas? ¿Interpela la presencia de una cuerpa y una existencia lésbica la conformación de sus familias de origen, pone en tensión modos de relacionarse en los centros de trabajo, en los espacios religiosos, en las calles, en los grandes y pequeños mercados?, por poner otros ejemplos posibles

La cuerpa en tanto que construcción política ya sea desde su visibilidad o desde el momento en que se enuncia como irruptora del régimen político, es una bomba incendiaria, un allanamiento material a las instituciones patriarcales, ante las lógicas heteronormadas. Es esa que se pone ante cualquier institución y resulta inadecuada, inclasificable encuentro/desencuentro y la existencia sexopolítica encarnada en una unidad físico–biológica que se presenta como sujeto que obligatoriamente interpela.

Leo, entones, desde las colectivas lésbicas de diferentes lugares y situaciones, en donde se suman cada vez más voces, una construcción teórica/política política/teórica en desarrollo y discusión constante. Me parece también valioso que la discusión se da entre quienes desde esta materialidad que si bien no escapa a la violencia, misoginia y mandatos que recaen en particular sobre los cuerpos que al nacer son identificados con genitales femeninos, son aquellos que se insubordinan y desde el vivir cotidiano ponen la cuerpa y hacen mil distintas formas de política combativa.


Referencias:

Binford (2008) “La relación de las mujeres lesbianas con sus cuerpos, un estudio del protagonismo de lesbianas guatemaltecas”. Programa de Estudios de Posgrado en Estudios de la Mujer, Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, Costa Rica.

Mogrovejo Aquise, Norma (2010). “Soy una lesbiana atrapada en un cuerpo de mujer”, Entrevista a Norma Mogrovejo, Universidad Autónoma de Santa María.http://www.ucsm.edu.pe/espergesia/8ed/archivo/6sexta/invitado/cuerpo1.html (Consultado octubre de 2012)


Rich, Adrienne (1980). “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana (1980)” en Revista d'Estudis Feministes, núm.10

Vergara Sánchez, Patricia Karina (2013) “El viaje de las invisibles. Manifestaciones del Régimen Heterosexual en experiencias de mujeres lesbianas en consultas ginecológicas” División de Ciencias Sociales y Humanidades, Posgrado en Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma Metropolitana.

Wittig, Monique,: “El cuerpo lesbiano”, Valencia, Pre-Textos, 1977





[1]Salvo en Venezuela que se usa “Cuerpa” en los medios del espectáculo como diminutivo de “cuerpazo”.
[2] Utilizo el término lesbopolitización para explicar el trayecto personal de construcción de las mujeres lesbianas como sujeto político.
[3] El viaje de las invisibles. Manifestaciones del Régimen Heterosexual en experiencias de mujeres lesbianas en consultas ginecológicas”
[4] Institución patriarcal que por medio de mecanismos de disciplinamiento y control naturaliza la heterosexualidad como “deseo” para asegurar la lealtad y sumisión emocional y erótica de las mujeres respecto a los varones (Rich, 1985: 11) y agrego: con el fin de mantener los sistemas económicos y políticos que en esta lealtad y servicio se sostienen.

lunes, 10 de marzo de 2014

Hegemonía, spa y sales de baño


Malena Pichot
El 8 de marzo es un jornada de reivindicación de la lucha de las mujeres por sus derechos, sin embargo, buena parte de la potencia de este día queda reducida a una impúdica oportunidad de negocios para los que venden maquillaje, zapatos o masajes.

Hace unos años el 8 de marzo, más conocido como “el día de la mujer”, me desesperaba. Me parecía indignante que nadie notara que este día no hacía otra cosa que evidenciar la desigualdad ancestral que existe entre el hombre y la mujer.  Para mí el 8 de marzo solo seguía instalando a las mujeres como “lo otro”. Nadie parecía advertir lo ridículo de que te feliciten por ser mujer, por la tan aleatoria, arbitraria y casual realidad de ser mujer “¡Felicitaciones, Claudia, por el azar de tus cromosomas! Tomá unas flores”. Las felicitaciones son una gastada en la cara: “Felicitaciones Claudia, por ser la otredad, porque te tocó ser eternamente lo diferente, el opuesto a la norma, felicitaciones Claudia por seguir bancándotelo todo, laburando lo mismo que yo, pero ganando mucho menos, y todo esto haciéndolo maquillada y en tacos a las ocho de la mañana! Feliz Día Clau.”. Y Clau sonríe, toma las flores. Está contenta, satisfecha y no se siente ofendida, por eso no se queja. “No, no me voy a quejar, si me dieron flores. ¡Flores! ¡Cómo en las películas!”


Fue mi madre quien un día me sentó y me explicó la importancia de tener aunque sea un solo día en el que los medios y la gente estén un poco más atentos que el resto del año a las cuestiones de la mujer trabajadora. Es que la lógica del consumo me había confundido a mí también. 



Este veneno que me inundaba todos los años el 8 de marzo tenía un solo culpable, el mismo de siempre. El único culpable que conforma a Clau con unas flores y que me lastima, y que no es otro que el discurso hegemónico, que logra poner al lenguaje en contra nuestro constantemente, doblegándonos desde los mismos discursos estigmatizantes. El discurso hegemónico que logra desmantelar un día que busca resaltar la lucha feminista, para convertirlo justamente en todo lo opuesto a una lucha feminista. Es otra vez el discurso hegemónico con sus secuaces, los publicitarios, que logran igualar el día de la mujer con el día de la secretaria, con el día del animal o con el día de los enamorados, y en el que el día de la mujer se vuelve uno ideal para vender más shampoo, más tostadoras y más días de SPA.



Clau y sus flores

"Este veneno que me inundaba todos los años el 8 de marzo tiene un solo culpable, el mismo de siempre. El único culpable que conforma a Clau con unas flores y que me lastima, y que no es otro que el discurso hegemónico, que logra poner al lenguaje en contra nuestro constantemente."


Y uno de los centros de ese dispositivo es la publicidad, según la cual, el día de la mujer es un día en el que aparentemente estamos habilitadas a ser más mujeres que nunca, y ser “más mujer” significa todo lo siniestro que el discurso hegemónico pueda postular sobre “el ser mujer”, o sea, ser más lindas, y para eso hace falta comprar más shampoo.



Las publicidades se llenan de supuestas cualidades propias de las mujeres, aprovechando este día para continuar la estigmatización. Grita una publicidad de crema: “Dicen que las mujeres argentinas somos las más lindas del mundo”. Desde el vamos, una lamentable interpretación que convierte al día de la mujer en un concurso de Miss Mundo; y luego prosigue: “…somos madrazas, independientes, soñadoras, transgresoras”.  Todas cuestiones absolutamente relativas, que nada tienen que ver con una lucha que busca la igualdad de derechos en el ámbito laboral e inclusive los derechos sobre nuestro propio cuerpo. Y finaliza la canallada: “se dice mucho de nosotras, pero así somos, mujeres argentinas y queremos celebrarlo”. Y entonces el día de la mujer deviene en la pavada sideral de celebrar el haber nacido mujer y mantener todos los valores propios de una mujer (¿ser madraza? ¿soñadora? ¿boluda?).


A mi no me enorgullece el haber nacido mujer ni haber crecido en Núñez, son todas eventualidades que no dependieron de mi proceder en lo más mínimo.  Un primer paso a la igualdad de género sería abandonar los orgullos de género. No debería haber valor ni en nacer mujer ni en nacer hombre. Y por otro lado, hay otras tantas mujeres que ya entendieron qué es el 8 de marzo, pero nunca le van a decir a su compañero de oficina :“Por favor, Hernán, este día no me felicites. No se trata de eso”, porque saben que la respuesta será: “Bueno viejo, no hay por…. que les venga bien”.  Yo no soy complaciente como Clau y eso sí me enorgullece. Lo cierto es que el 8 de marzo es el día de la mujer trabajadora y de la lucha feminista, el problema es que ser feminista no vende shampoo.




fuente:http://www.telam.com.ar/

martes, 4 de marzo de 2014

DIPLOMADO CUERPOS, EROTISMOS Y SEXUALIDADES: LA TRANSFORMACION DE NUESTRAS HISTORIAS



¿Cómo entendemos el abordaje del Erotismo y la Sexualidad en el Diplomado de Cuerpos, Erotismos y Sexualidades?



Maria AGuilar

Las preguntas que nos han hecho o que nos han querido hacer…antes de tomar la decisión de participar en el diplomado que impulsamos.

En este pequeño texto nos proponemos compartir, de manera general y sin profundizar demasiado, nuestra mirada conceptual y práctica, a sabiendas que seguramente surgirán otras preguntas, por lo que vemos  una  gran posibilidad para iniciar el diálogo.

En nuestra experiencia sabemos que dichas dudas están íntimamente relacionadas con la manera en que hemos aprendido y vivido el cuerpo, y a partir del judeocristianismo y el mercadeo de la sexualidad en las sociedades en que hemos vivido.

En este contexto socio-cultural es normal que tendamos a centrar la vivencia del erotismo a la experiencia genital y sí, el erotismo también tiene que ver con nuestra genitalidad pero no solamente.

Nuestra propuesta, de la mano de los aportes de Fina Sanz y Raine Eisler, entre otras, apunta a la experiencia del erotismo desde la globalidad ¿Qué quiere decir esto? se trata de darnos cuenta que las posibilidades de experimentar el erotismo se extiende a todas las situaciones de bienestar que nos generan placer en la totalidad del cuerpo. Incluye lo genital, pero no se reduce a ello. El erotismo es, también, una forma subjetiva de placer. Es sentir placer a través de todos mis sentidos


 ¿Cómo logramos experimentar la globalidad del erotismo?
Una propuesta desde el trabajo vivencial

Nuestro enfoque es desde todo punto de vista sanador, por lo que no exponemos a nadie, ni violentamos a nadie en su intimidad más profunda. Ni en ninguna forma. Cuando decimos la parte vivencial nos referimos a dos tipos de técnicas de trabajo con el Cuerpo:

La Terapia de Reencuentro que es básicamente una metodología de sentir (nuestro cuerpo, nuestra piel) aprender a sentir lo que cada quien siente a  partir de los ejercicios que hacemos; nombrarlo -desde lo que cada quien quiere nombrar- y darle un nuevo significado desde lo que cada quien ha descubierto.

En ningún momento la técnica tiene enfáticamente que ver con lo erótico sexual, sino con el erotismo como una condición de la totalidad del ser y de la apertura a sentirnos de otras maneras, que no sentimos precisamente, porque  todo se lleva a  lo erótico sexual, como si fuera la única manera de sentir.

La otra técnica de trabajo con el cuerpo, es la Somática, que es trabajo con el movimiento, la postura corporal y nuestros órganos internos (desde la columna vertebral, el cerebro, los músculos, los huesos, etc,) para sentir las sensaciones internas y externas desde la integración del cuerpo.

El trabajo vivencial es un trabajo que está orientado a que podamos ampliar nuestro concepto de lo que hasta ahora hemos entendido como erotismo y sexualidad, estableciendo un vínculo con nuestro ser total o nuestras emociones y sensaciones globales, no solo enfocado en "lo sexual", aunque lo incluye como parte del todo.

Se trata de constatar que solo lo conceptual no es suficiente para transformar nuestras vidas y que solo tener discursos sobre lo que pensamos o vivimos de la sexualidad no es suficiente sino que trabajar sobre ello es una posibilidad emancipadora de nuestras opresiones internalizadas.