sábado, 16 de marzo de 2013

NOSOTRAS LAS FEMINISTAS


Guatemala 15 de marzo 2013
Frente a la constante amenaza a la vida, persecución y represión que estamos viviendo la población que se resiste a la imposición del modelo económico extractivista que el gobierno y las empresas transnacionales y nacionales están llevando a cabo en distintas comunidades del país, queremos denunciar las razones que están detrás de las estrategias que están impulsando.
Para las mujeres esta represión está significando privación de la libertad de movilización y locomoción, reducción de la participación política y de expresión de la opinión personal sobre los problemas comunitarios y la persecución política y legal a partir de órdenes de captura sin fundamento real, hasta llegar al encarcelamiento físico. También significa asumir la responsabilidad total del mantenimiento económico de las familias, estar en constante temor de ser violadas por los ejércitos públicos y privados, estar bajo permanente vigilancia y control, vivir con la angustia de conseguir la alimentación de niñas y niños y demás personas y animales a cargo; el endeudamiento para resolver las necesidades de esposos/compañeros/familiares presos, el asumir los costos del acompañamiento legal y para la generación de condiciones de los presos políticos en los centros carcelarios.
La persecución y encarcelamiento de personas participantes en organizaciones, como el caso de Rubén Herrera realizado hoy 15 de marzo de 2013, tratan de implantar una política de terror, similar a las usadas en época de guerra. El aumento de presencia militar y paramilitar, las seguridades privadas y comités de seguridad local, son parte de la estrategia que pretende desmovilizar la organización que ha parado hasta el momento la instalación de proyectos hidroeléctricos, mineros y de cultivos extensivos, porque son dañinos y perjudiciales para la salud de las personas, contaminantes del agua, los bosques, la tierra, fuentes de alimento y viviendas.
Todo ello es parte de la estrategia que a nivel nacional se está utilizando para impulsar este modelo económico que beneficia únicamente a las empresas transnacionales y nacionales, que perversamente están pasando sobre los derechos de la población para obtener ganancias personales para los integrantes de las corporaciones.
Por tal razón como feministas respaldamos la organización comunitaria que defiende sus derechos, invitamos a la población en general a que no se deje engañar con discursos que disfrazan las intenciones empresariales y que se incorporen a las acciones para defender los territorios y naturaleza de sus comunidades, pensando en el mundo que queremos hoy y el que dejaremos a las generaciones futuras.
Guatemala, marzo de 2013

viernes, 1 de marzo de 2013

La Prostitución: ¿Abolir o regular? Un giro en el debate








Beatriz Gimeno nos propone dar una vuelta de tuerca al debate sobre la prostitución y situarlo en un espacio discursivo abierto, sin prejuicios y más allá del binomio abolir-regular que ha enfrentado al movimiento feminista en las últimas décadas. El debate se abre con una invitación a participar en él, la cita es el próximo jueves en Madrid, en el espacio Matadero.

España, Madrid - Hace un año que publiqué mi libro sobre la prostitución. Como he explicado en varias ocasiones, lo publiqué preocupada por lo que yo entendía necesidad de algún tipo de pacto de mínimos entre las llamadas abolicionistas y regulacionistas en aquellos asuntos en los que ambos sectores del feminismo pudieran tener en común: lucha contra la trata, o reconocimiento de derechos humanos a las mujeres que se dedican a la prostitución.
Pensaba que la incomprensión entre las dos partes se debía a un debate mal planteado en el que siempre terminaban imponiéndose soluciones antifeministas.
Me preocupaba mucho también que por lo que yo considero argumentos erróneos del discurso abolicionista, éste no llegue a la gente con toda su potencia emancipadora, especialmente a las feministas radicales más jóvenes. Desde mi punto de vista, hay críticas fundadas que hacerle: sobre todo que al menos en su parte institucional no parece haber recogido nada de las aportaciones que a la teoría feminista ha hecho la teoría queer. Yo misma no me reconozco como una abolicionista clásica y tampoco me identifico con lo que suele presentarse como el discurso abolicionista tradicional. Así que cuando comencé a escribir el libro esperaba ser capaz de aportar una nueva manera de debatir la cuestión, que entre todas las feministas fuéramos capaces de abordar la enorme complejidad del asunto y que fuéramos capaces también de hablar de cuestiones que a veces permanecen ocultas, que fuéramos capaces de hablar de sexualidad, de poder, de desigualdad, de libertad, de dolor humano, de pobreza o de injusticia; que pudiéramos matizar algunas opiniones o de asumir que según cambia la sociedad los debates que se dan en su seno tienen que cambiar también.
Esperaba que el debate posterior a la publicación de mi libro me ayudase a definir mejor mi propia posición puesto que yo misma estaba llena de dudas.

Durante los cuatro años que duró el estudio previo a la redacción del libro leí casi todo lo escrito sobre prostitución y después de la publicación, en este año, he dado charlas, conferencias, cursos; he escrito artículos, he participado en debates con todo tipo de personas relacionadas con la prostitución de una manera u otra.
Finalmente es verdad que el debate suscitado por la publicación del libro me ha ayudado a matizar algunas posiciones y a fijar otras, pero lo ha hecho al contrario de lo que esperaba y, en contra de lo que escribí antes de estudiar a fondo la cuestión, ahora pienso que el debate entre las posiciones regulacionistas y abolicionistas sí es irreductible y me temo que lo va a seguir siendo. No es posible acercar posiciones, ni debatir, ni encontrar ningún terreno común porque no lo hay, pero es el sector regulacionista -en contra de lo que pensaba- el que se ha mostrado más impermeable a entablar un debate sosegado y abierto a la posibilidad de escuchar los argumentos contrarios y a reflexionar sobre ellos sin prejuicios. Yo estoy más que dispuesta a cuestionar los míos siempre que la discusión se produzca entre personas con las que comparto algún planteamiento de partida o llegada.
Asumiendo de principio que estoy generalizando y que he encontrado, por supuesto, regulacionistas abiertas a un debate franco y abolicionistas maniqueas y rígidas, tengo que decir que desde el lado abolicionista han surgido voces que han discutido muchas de mis afirmaciones con dureza, pero que las han debatido abierta y francamente; desde este lado siempre me he encontrado con personas dispuestas a debatir todo lo relacionado con la prostitución como parte de un proceso que no está cerrado y cuya complejidad admiten. En cambio, por el lado regulacionista me he encontrado con que el argumento fuerte es un discurso insultante contra toda la que mantenga posturas contrarias. No hay matices, ni sombras, ni duda de ningún tipo. No hay artículo o libro regulacionista que no comience con una descalificación completa de un discurso adscrito al abolicionismo y que ya no es mayoritario pero que intentan a toda costa hacer pasar por tal; quizá este haya sido su mayor éxito.
Gracias a la publicación de mi libro he tenido ocasión de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que desde lo que se conoce como abolicionismo, trabajan y militan en asociaciones que a su vez trabajan directamente con prostitutas. Lo cierto es que el discurso y las opiniones de la inmensa mayoría de estos grupos y de las personas que trabajan en ellos no es en absoluto moralista, no juzgan a las prostitutas, no intentan apartarlas de la prostitución, no creen que ésta deba prohibirse ni perseguirse y se oponen a cualquier ordenanza, ley o reglamento que intente criminalizarlas, como las cada vez más frecuentes ordenanzas antiprostitución que emanan de muchos ayuntamientos. La mayoría ni siquiera están de acuerdo tampoco en que se multe al cliente porque piensan que eso va a redundar en una mayor vulnerabilidad de las prostitutas. Estos grupos trabajan activamente porque estas mujeres vean reconocidos sus derechos, uno de los cuales es prostituirse si esa es, por las razones que sean, su elección; aunque sí, se oponen a la regulación con argumentos razonables que todas las feministas deberíamos ser capaces de discutir. Estos grupos o personas, además, se esfuerzan en visibilizar, denunciar y combatir la trata. Estas personas, estas asociaciones conocen de cerca la trata de mujeres, las condiciones en las que estas mujeres son traídas a España o a Europa, las violaciones de sus más básicos derechos humanos que sufren cada día, y se enfrentan a la policía que las persigue, a los políticos que no hacen nada, a los proxenetas, delincuentes, violadores y torturadores de estas mujeres, sabiendo que aquí, de lo que se trata es de una cuestión de desigualdad estructural de género, de pobreza femenina, de injusticia económica global. Defienden a estas mujeres y sus derechos, y están convencidos de que regular una institución destinada a reasegurar el patriarcado no haría sino legitimar éste y, además, no redundaría en ningún beneficio para las propias mujeres.
La imagen del abolicionismo como un sector del feminismo moralmente conservador, que pretende criminalizar a las prostitutas, que no habla con ellas ni las respeta, es una imagen interesadamente sesgada y que no es cierta. Es cierto que existe este abolicionismo que no ha cambiado su discurso en décadas y hace un flaco favor a su causa cuando se empeña en seguir centrando el debate en la cuestión del consentimiento, si es o no un trabajo o si la prostitución es siempre violencia. Esas no son las cuestiones fundamentales, a mi entender. Pero lo cierto es que ni las asociaciones que trabajan con prostitutas, ni muchas investigadoras o teóricas, siguen ya por ese camino. Cualquier crítica a la prostitución tiene que trascender los motivos personales de estas mujeres para centrarse en la institución prostitucional, pasa por historizarla y por señalar qué papel juega hoy en el patriarcado y el capitalismo contemporáneo, a qué intereses sirve.
Cualquiera que haya hablado con prostitutas sabe que la prostitución puede ser elegida entre otras opciones; que dicha elección no siempre es producto de la violencia ni se mantiene con violencia, y que algunas personas que se dedican a dicha actividad la consideran su trabajo. Estas mujeres merecen respeto y el pleno disfrute de sus derechos. Y dicho esto, ahora debemos pensar en la prostitución como institución política. Para ello hay que politizar la sexualidad, la construcción del deseo, la subjetividad sexual, las prácticas sexuales hegemónicas, la sexualidad binaria y jerarquizada, la construcción ideológica de lo que se conoce como necesidades sexuales masculinas… ; vamos a debatir acerca de su función como institución encargada de disciplinar el deseo y los cuerpos masculinos, vamos a estudiar las consecuencias que tiene en la idea de la igualdad, vamos a problematizar incluso la definición de “libertad” que estamos usando (porque estamos usando una definición completamente liberal de la misma); vamos a discutir qué función juega la institución prostitucional en el mantenimiento del orden de género; qué papel juega en la ideología patriarcal. Vamos a historizar la prostitución y así sabremos que en contra de lo que se suele decir, la prostitución ha estado regulada casi siempre; que los sectores más conservadores no sólo no la han criticado, sino que la han apoyado, mantenido y promocionado; que la prostitución es una institución fuertemente cohesionadora del orden social establecido y como tal ha sido siempre utilizada por el poder, que jamás ha sido una institución cuestionadora de este orden, como pretenden hacernos creer. Sabiendo esto vamos a debatir las consecuencias para las mujeres (para las prostitutas y para las no prostitutas) de la regulación, vamos a estudiar las consecuencias que ha tenido históricamente estas regulaciones, vamos a estudiar sin prejuicios las diferentes regulaciones que ya existen y también vamos a plantear alternativas a la legitimación de una institución creada por el patriarcado para contribuir a la dominación de las mujeres. Y vamos a debatir también cómo mejorar las vidas de estas mujeres, cómo defender sus derechos, como luchar contra el estigma.
La prostitución es una institución fundamental en el orden de género y, como tal, afecta a todas las mujeres por lo que como feministas es una cuestión que nos importa y nos tiene que importar. Pero el debate, sea cual sea, tiene que hacerse con ellas, por supuesto, con las mujeres que se dedican o que se han dedicado a esta actividad. El regulacionismo nos acusa de no escuchar a las prostitutas, lo cual tampoco es verdad, como he tenido ocasión de comprobar en este año. Aunque es cierto que cada sector del debate tiende a ignorar las voces de aquellas prostitutas que no les dan la razón, lo cierto es que es una gran parte del sector abolicionista ha ido variando y matizando su postura inicial desde la defensa de la criminalización de la actividad hasta las posturas actuales de no intervención legal en la propia transacción económica (aunque sí en la cultura de la prostitución); este cambio de postura se ha producido debido en gran medida al trabajo con prostitutas que no quieren abandonar su actividad. El regulacionismo no quiere escuchar a ninguna prostituta que no diga lo que quieren escuchar y desprecia así muchas experiencias de sufrimiento. ¿Pueden hablar las sometidas?; preguntan, ¿las subalternas? Pues al parecer sólo si éstas dicen lo que las regulacionistas quieren oír porque si son mujeres que manifiestan haber sido raptadas, violadas, torturadas, golpeadas y obligadas a prostituirse contra su voluntad, entonces el regulacionismo suele manifestar cierto desdén hacia estos testimonios; hace lo posible por minimizarlos. Cuando las abolicionistas abandonaron la cuestión del consentimiento y comenzaron a centrarse en la trata, entonces el regulacionismo comenzó a denominar a los nuevos argumentos “el enfoque trafiquista” y se embarcó en un proceso en el que es bastante perceptible la banalización y minusvaloración de aquella. Fue muy importante para mí conocer a activistas prostitutas fuertemente contrarias a cualquier regulación con argumentos ofrecidos desde su experiencia y que tampoco escucha el regulacionismo. Así que finalmente. ¿Hay que dar la voz a las prostitutas? Obviamente sí, pero a todas.
Deberíamos debatir también sobre el papel que juega la mega industria de la prostitución en el capitalismo global; sobre qué significa que la mercantilización de todo haya llegado plenamente al cuerpo: no sólo sexo, sino también semen, sangre, órganos, úteros… ¿Podemos hablar sobre eso o todo en esta mercantilización es, sin más discusión, un magnífico avance de la libertad y de los derechos humanos? ¿Hay que aceptar que todo es susceptible de ser convertido en mercancía sin poner ningún límite? ¿Por qué es un avance que el cuerpo sea mercancía? Se nos dice, al más puro estilo liberal, que las mujeres deben poder beneficiarse de la consideración de sus cuerpos como un bien en el mercado de trabajo. No sólo estamos de acuerdo en que es algo que las mujeres pueden vender, sino que el problema es que, muy a menudo, es lo único que pueden vender y, a menudo también, lo que se ven obligadas a vender. No entiendo cómo puede cuestionar el orden social lo que ha sido creado por este mismo orden para asegurarse y afirmarse y no veo que sea progresista defender como un derecho lo que, en realidad, es una obligación patriarcal ya que ha sido el patriarcado el que ha condenado históricamente a las mujeres a no disponer más que de su propio cuerpo para venderlo en el mercado de trabajo o bien para enajenarlo en el matrimonio, únicas manera de supervivencia para las mujeres hasta prácticamente el XIX.
 En las últimas décadas la prostitución ha cambiado de comercio particular a industria global. Mi convicción es que hoy es una institución muy distinta a la que era hace 50, 100 o 500 años porque es una institución con un gran poder de adaptación. Creo que hoy se configura como un ámbito de resistencia patriarcal a los avances del feminismo. La prostitución es necesaria cuando hoy el feminismo está cercando ciertos aspectos, al menos los más evidentes, de la masculinidad tradicional y patriarcal, y a ésta sólo le queda este espacio como refugio en el que poder desarrollar su irrenunciable performance de las relaciones de género jerarquizadas; en el que poder reforzar una masculinidad que ya no es fácil encarnar en otros ámbitos sociales, familiares o políticos. Por eso, para el patriarcado, la prostitución es hoy más necesaria que nunca y por eso no es posible pensar/hablar/debatir sobre ella sin plantearse a quién sirve, para qué es funcional, para qué se creó, quién está interesado en mantenerla, que desafía realmente y qué mantiene, cómo se construye, etc. Y esto no desdice ni contradice el derecho de cada una a hacer lo que quiera, a intentar huir de la pobreza como pueda, a ganarse la vida como quiera o pueda. La crítica a las instituciones sociales o políticas no es incompatible con respetar la libertad personal; el trabajo para el cambio social no pasa por reprimir, ni vulnerabilizar a personas vulnerables. De todo eso es de lo que yo quería hablar. Y eso es lo que quería hacer con mi libro y lo que he podido hacer sólo en parte.
 Fuente: http://www.feminicidio.net/noticias-de-asesinatos-de-mujeres-en-espana-y-america-latina/editorial-actualidad-opinion/4311-la

miércoles, 27 de febrero de 2013

La palabra de la insolencia




 
Andrea Franulic
 
Para Mane
Para Jeka
Por distintas razones

La insolencia es pensante, no reaccionaria. No consiste en mostrar las tetas, pintarse el cuerpo, ponerse bigotes o gritar el trasnochado “somos malas, podemos ser peores”. Se trata, más bien, de construir un pensamiento -expresado en gestos, actitudes, relaciones y palabras- que radicalice la mirada crítica para cuestionar el patriarcado desde sus fundamentos, sin ninguna concesión ni complacencia. La puesta en acción de un discurso que se reconoce en la historia de la autonomía política de las mujeres y recupera –en un acto siempre nuevo- sus voces rebeldes. Los argumentos que surgen de una experiencia corporal que es escuchada, y percibida como nunca antes. Cuando se abandona el cliché, el lugar común, la idea prejuiciada, la imaginación estereotipada, las convenciones, los lugares sagrados… la obediencia.

Esta insolencia se pierde cada vez que ingresa a la academia. El patriarcado y sus mujeres cómplices la matan en ese espacio refrendado por el conocimiento legítimo y por la Ciencia. Así, los referentes teóricos surgidos de un pensar entre mujeres fueron desplazados por los machos posmodernos. El feminismo en lugar de ser una posición, un desde donde, pasó a ser un objeto de estudio. La teoría feminista se trocó por estudios de género. Los estudios de las mujeres se travistieron en estudios de la masculinidad. El lesbianismo lo borró el queer. La visión holista de la teoría feminista trasmutó en despedazamiento temático. Y el feminismo, de lugar político y creativo se convirtió en uno laboral.

Las mujeres abandonaron la interlocución con las otras mujeres para buscar la legitimidad del macho académico, pseudolibrepensador. Esta es una de las acciones más autodestructivas. En este gesto renace la obsecuencia, el hablar bajito, el pedir permiso para decir. La palabra desapasionada busca lo políticamente correcto y no incomoda, no remece ni rasguña. La palabra sin cuerpo se encuentra en el argumento cool, en el razonamiento respaldado, en la tesis autorizada. La palabra neutra teje una intertextualidad de siglos; la urdimbre ideológica de las mentiras y los secretos del patriarcado para excluirnos a las mujeres de lo humano y atraparnos en la feminidad.

La palabra se debilita, y surge distante y moderada en la voz de Alejandra Castillo, feminista académica, quien desarrolla sus preocupaciones teóricas sobre el feminismo en una entrevista realizada el 2012 por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Chile (http://vimeo.com/49331300). La entrevista está inundada de expresiones que actúan atenuando el discurso, atemperándolo, encubriendo cada idea con un manto tibio y amarillo para no dañar al interlocutor y esperar femenilmente su reconocimiento: de alguna manera, más bien, de algún modo, podría pensar, podríamos pensar, digamos, podríamos decir, se puede pensar, yo creo, parece, podría estar, podríamos describir, vendría a ser, vendría a hacer, debiese alterar, se piensa necesario, quizás… Las que usa varias veces a lo largo del texto.

Pero no son solo estas expresiones de buenos modales las que manifiestan una acción tributaria, también esta se refleja en las ideas, tanto en aquello que Castillo afirma como en lo que oculta. Entonces dice que…
“…artistas visuales como Regina Galindo en Guatemala, cuando en esa performance se escribe en su pierna con un cuchillo ‘perra’, entonces uno se pregunta, bueno, desde una política afirmativa de mujeres, ¿cuál es el objetivo de Galindo que se escribe en su pierna el insulto que genera una subvaloración de las mujeres en el espacio público? (…) es asumir precisamente esa representación subalterna o subvalorada de las mujeres (…) pero no ya recurriendo al lugar incontaminado de las mujeres, pensar a las mujeres como buenas, santas y protectoras, sino que asumir el propio cuerpo como lugar de la inscripción del patriarcado”.

La academia, institución masculinista, abre sus puertas a discursos como el precedente, porque le son funcionales. La cita anterior no escapa a la lógica dicotómica, carente de imaginación, que proyecta a las mujeres en el espacio estanco de la feminidad, donde encarnamos a la puta o a la santa. Peor todavía es disfrazar de transgresora una acción, como la de escribirse “perra” con un cuchillo en la pierna, que perpetúa la misoginia, la autodestrucción, el (sado) masoquismo. Siglos de esto. Se intenta hacer una política feminista con las mismas herramientas del amo, como dijo alguna vez Audre Lorde. Y por eso el amo deja pasar estos discursos a su casa, porque refuerzan su palabra, su ley, su ideología y su lógica de pensamiento. Refuerzan el odio contra las mujeres, y como contrapartida, la legitimidad de los hombres. ¿Castillo ignora cuán inscrita está la misoginia en nuestros cuerpos, que aboga por exacerbarla? ¿Ignora cuántas veces, en efecto, el cuchillo masculino ha atravesado nuestros cuerpos? ¿O elige un discurso conveniente a sus intereses de poder y a su arribismo intelectual?

Para realizar esta hazaña, se necesita borrar un tercer punto de vista que escapa a la dicotomía puta/santa. Esta tercera perspectiva es la de un feminismo pensante y rebelde, que propone sanarnos de la misoginia, no mediante una exaltación de virtudes femeniles, sino por el ejercicio libre de la capacidad de pensar y de estar expresadas. Y esto no debe ser leído como una fragmentación –otra vez contaminada de prejuicios patriarcales- entre cuerpo y mente. Al contrario, solo podemos pensar libremente con el cuerpo. El precio que las mujeres –alegremente- pagaron para arribar a la academia fue la sepultación del feminismo radical de la diferencia. Ese fue el costo que el amo exigió.

La corriente radical de la diferencia rechaza el acceso a los espacios patriarcales de poder, se niega a refrendar una cultura deshumanizada; escupe, como Carla Lonzi, contra todo referente masculino. En definitiva, declara fracasada la civilización. En cambio, Castillo pone el acento en una performance como la anteriormente descrita y, en completa coherencia y sintonía con esto, sugiere la instalación no elitista de las mujeres en los espacios gubernamentales:
“…la pregunta es ¿qué otras políticas generar?, una respuesta es la política de cuotas, hacer que los partidos políticos incorporen un porcentaje obligatorio de participación de mujeres, y ya no corregir desde arriba, sino que corregir desde los propios partidos y desde allí desorganizar el orden de la representación masculina en los partidos políticos…”.

El tributarismo a los hombres y las buenas maneras se plasman en las palabras de esta feminista académica. La autora, desde una visión mujerista y esencialista, declara que por la sola presencia de mujeres, cuerpos sexuados mujeres, se puede desorganizar el orden de representación masculina. Y qué discursos construyen esas mujeres, qué proyectos políticos tienen detrás, qué propuestas filosóficas y, especialmente, con qué historia acceden a estos espacios podridos, los mismos que sistemáticamente nos han dejado sin historia.

El panorama actual del feminismo oscila entre un hacer reactivo, un activismo vacío de contenido, y estas teorizaciones academicistas, totalmente obsecuentes, que transitan entre el género, la performance y los argumentos posmos. El feminismo necesita teoría, genealogía, historia, pero no a partir de estos refritos discursivos. Para nosotras, en el Movimiento Rebelde del Afuera, la teoría, la producción de conocimiento, la escritura de la historia, la elaboración de ideas, la articulación de un discurso consistente constituyen un hacer política válido. Confiamos en la acción de la palabra, pero en la palabra insolente; esa que tiene fuerza, que es segura de sí misma, que no le pide perdón al sistema masculinista por pensar ni por estar expresada. Si queremos desbaratar estructuras -anquilosadas en el dominio- no puede ser de otra manera. Nuestras palabras tienen que llevar el eco de las palabras rebeldes de las mujeres pensantes, la fuerza de las que se salieron y se salen del triunfante fracaso patriarcal. Y esto se hace con el cuerpo.



Referencias político-bibliográficas:

Pisano, M. (1996). Un cierto desparpajo. Santiago: Ediciones Número Crítico.
Pisano, M. (2001). El triunfo de la masculinidad. Santiago: Surada.
Pisano, M. (2012). Julia, quiero que seas feliz. Santiago: Revolucionarias.  

domingo, 10 de febrero de 2013

¿Hacia donde Vamos con nuestra indignación?




Cristina Chiquin 


“Las feministas se organizan y salen a la calle, una y otra vez, para pedir o para denunciar, según lo que el sistema nos otorgue o nos quite a las mujeres. El sentido de la política feminista se sostiene en el patriarcado como referente y éste alimenta su proyecto de sociedad, el único existente, y lo mantiene vivo”  Andrea Franulic


Para empezar a escribir traté de enfocarme en eso que -en estos días- me ha movido a cuestionarme a mí misma la forma de ver las cosas, el mundo. Como feminista reconozco que la lucha también pasa por cuestionar mis ideas y, también, de estar en constante cuestionamiento de lo que quiero y para qué.


En las últimas semanas, los medios de comunicación del país informaron con mucho énfasis sobre el asesinato de mujeres y en especial de dos niñas, lo que provocó indignación y rabia en la población,  pero sobre todo a nosotras.  Esto movió a que algunas mujeres y hombres  plantearan la idea de mostrar repudio ante los hechos ocurridos. La consigna fue pedir que el Estado cumpla con seguridad y justicia para las mujeres. La otra consigna fue la justicia simbólica. 


Veo importante el hecho que la indignación se apodere de nuestras conciencias  y que  desde ahí se planteen acciones para denunciar las violaciones  y la represión que se vive en el país que tiene como raíz toda una historia de despojo y de violencia que no ha cesado en ningún momento y, al mismo tiempo, una resistencia histórica. Salir a la calle y querer sumar a más personas en estas acciones es un paso para poder empezar también a desmantelar la idea de que en este país se  vive  en democracia. 


Sin embargo creo que debemos cuestionarnos como feministas si es viable pedir al Estado o a los gobiernos  “seguridad” o  “justicia”, sabiendo que la consigna de seguridad ha sido desde  siempre utilizada por el sistema para  justificar sus estrategias de muerte y represión. Hoy bajo el lema de mano dura un gobierno  vuelve  a reprimir, perseguir  y a criminalizar a mujeres y hombres que luchan por la vida y por el territorio. 


Esta misma seguridad es la que piden las empresas transnacionales y la oligarquía para que  el gobierno cuide y priorice  sus inversiones en el país, una seguridad contra los pueblos y especialmente contra las mujeres. Porque esa seguridad es la que ha construido el patriarcado, el capitalismo, desde sus fauces y desde la historia.


Pero de esto nos hemos dado cuenta a lo largo de los años y de generación en generación. En un país en donde se ha utilizado a las mujeres  como botines de guerra  y usado  nuestros cuerpos para provocar terror, miedo y silencio. El mismo Estado  al cual  hoy le pedimos   seguridad. Un Estado  que ha violado, asesinado, silenciado la voz de todo un pueblo. 


Debemos cuestionarnos si es viable seguir pidiendo e implorando que no nos maten, o si es funcional querer transformar un Estado como este a sabiendas que está  fracasado para las mayorías y para los objetivos por los cuales luchamos muchas feministas y muchos movimientos  y  que nunca sus bases estarán diseñadas para ser diferentes de lo que hoy son , puesto que ha secuestrado e impuesto sus intereses bajo las reivindicaciones del pueblo. 


Como feminista me niego a seguir alimentando estas estructuras, a seguir el juego de esta democracia liberal que, incluso, se sirve de nuestras acciones y de nuestras peticiones a favor de la existencia de sus órganos de terror.   


Bien lo dice Andrea Franulic feminista autónoma  Chilena del movimiento de afuera, "Mientras el feminismo siga congelado en el tiempo eterno de la feminidad, reclamándoles, solicitándoles, requiriéndoles, urgiéndolos, implorándoles, demandándoles, o bien, denunciando a los poderes masculinos, estos se mantendrán dichosos manejándonos con nuestras supuestas “conquistas”: alargándolas, quitándolas, otorgándolas, reemplazándolas o atribuyéndoselas; de acuerdo a sus intereses, sus crisis, sus guerras, sus modas o sus cambios de humor, de acuerdo a sus urgencias. Y las mujeres seguirán des/integrándose en su civilización, creyendo en ellos, aceptando sus migajas o haciéndoles la guerra; en definitiva, creyendo en su cultura como la única posible. En tanto, ellos nos seguirán matando"


Es importante reflexionar, si nuestras acciones  no responden también a las mismas estrategias de miedo o de represión que ha usado este sistema en contra de nosotras, movernos es importante pero teniendo claro también cual será el objetivo final de esa acción. 

Otra es cuestionarnos los acomodamientos  y privilegios que a algunas da este sistema  y que hemos interiorizado  haciendo  y funcionando a través de ellos. 


Que la indignación nos cubra pero una indignación que nos lleve a  mover las propias estructuras internas que hemos adoptado de este sistema, que nos indigne el hecho de que muchas veces nos hemos quedado en el papel que nos han designado. Pocas veces nos hemos cuestionado de qué manera retomamos la radicalidad de nuestras ideas, pensamientos y luchas o bien cuestionarnos  la ausencia de esta radicalidad. 


El feminicidio es parte de todo el aparataje de  violencia institucional  que muchas veces hemos avalado y alimentado con nuestras acciones políticas. Si bien la justicia o la lucha por la justicia debe permanecer en el imaginario, es también necesario aclarar que quien ejerce toda esta violencia es el Estado y que, por lo tanto, es necesario empezar  a repensarnos fuera de ese Estado. 


Sobre todo a cuestionarnos  y a hacer critica que nos lleve a no quedarnos siempre en los mismos círculos  patriarcales  y  volver a la radicalidad de las mujeres que en algún momento luchaban incluso por esa institucionalidad que hoy permea los movimientos y que tenían un sentido en el momento en el que se libraban estas luchas. Pero avanzar en el análisis en la construcción de lo que queremos y en el desechar lo que no es funcional.  


Cuestionemos todo, desde nuestra práctica hasta los símbolos que reivindicamos y adaptamos desde la feminidad impuesta, el rol de madres, de esposas abnegadas, el de cuidadoras y el silencio que nos imponen y que aceptamos, cuestionemos nuestro  qué hacer  y  dejemos de posicionarnos jerárquicamente como el sistema nos lo ha ordenado dentro de su lógica de dominio  en donde  están “las salvadoras” y las “víctimas, sobrevivientes”. 


Cuestionemos la institucionalidad que  categoriza y jerarquiza y deja a las “que acuden en ayuda de las otras por medio de la onegizacion “y las “beneficiarias”, Dejemos ya estos papeles que refuerzan las dinámicas de poder y producen los acomodamientos de algunas, dejemos ya de un lado estos papeles que nos  han y nos hemos impuesto, cuestionemos  nuestra “generosa bondad” que también es parte de las calificaciones  que impone el sistema patriarcal en el ser mujeres y la feminidad. 


Empecemos a reconocer las verdades de este sistema y de este país empecemos también asumir los fracasos que hemos tenido para poder plantearnos nuevas formas de acción y de creación.  Dejemos pues también que otras que miran desde otros puntos puedan decir sin ser descalificadas, escuchemos, analicemos, pero sobre todo empecemos a nombrarnos a dejar que se cree nuevos pensamientos. Posicionémonos que el no hacerlo también es un acto violento  y  es  una estrategia que usa a menudo el sistema. 


Tengamos una memoria dese nuestros cuerpos, tengamos una memoria de la historia de nuestros territorios, pero no heredemos los errores que se cometieron. Reivindiquemos nuestras ganas de salirnos de esto que nos impusieron, reivindiquemos nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, empecemos a decir lo que nos mueve, aunque muchas veces nos confunda. 


Empecé escribiendo esto para a enfocar lo que quiero y para qué, porque quiero  empezar a legitimar lo que me mueve dentro a mostrar mi indignación, a decir que, en ciertos momentos, todo este bagaje histórico del sistema me confunde en mi cuestionamiento constante. Creo que eso hoy me permite tener ganas de no quedarme en el mismo lugar.

Y es en ese movimiento constante en donde quiero estar, para poder salirme de mis mismos parámetros y para poder salir de todo lo que me han impuesto  y confrontarlo, para empezar a crear desde mi propio conocimiento, desde mi sentir, desde mi propia vivencia y dese la palabra.  Y con esto empezar a crear nuevas ideas y nuevos caminos: una nueva historia.





Bibliografía:

Artículo de Andrea Franulic Feminista Chilena del movimiento de Afuera

La voltereta del posfeminismo A propósito de discursos “sin la madurez de la memoria” (Enero 2012)

lunes, 4 de febrero de 2013

Resolución de Audiencia de ofrecimiento de Prueba en Caso de Genocidio

Prensa comunitaria y Mujeres ixchel

Los días 31 de enero y 1 de febrero del 2013, fueron realizadas las audiencias de ofrecimiento de Prueba en el Caso de Genocidio y deberes contra la humanidad en contra de Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez. 

En donde se presentaron las pruebas de cargo y descargo que fueron entregadas por la defensa de los sindicados y la fiscalía del Ministerio Público así como los abogados querellantes adhesivos que representan a las familias victimas de genocidio. 

El día 4 de febrero se llevo acabó la audiencia en la que se dio la resolución del Juez Miguel Ángel Gálvez, del Tribunal B de Mayor Riesgo, quien acepto las pruebas entregadas por la Fiscalía del Ministerio publico que incluye documentos de planes y operaciones militares, testigos, entre otros y dio sin lugar las objeciones puestas por la defensa a las pruebas presentadas por la Fiscalía. 

Por otro lado el juez rechazo a los peritos y peritajes propuestos por la defensa por impertinentes y por estar fuera de momento procesal. 

De esta manera la defensa argumento estar en desventaja y que se sentían indefensos frente a la resolución del juez y cuestiono dicha decisión, “Queremos un juicio no un linchamiento político” expresaron, por lo que presentaron un recurso de reposición. 

La defensa buscó nuevamente con este recurso atrasar el proceso, los abogados querellantes y la fiscalía argumentaron que esté recurso no aplicaba dentro de la presente audiencia. Por lo que se le solicito al juez que no diera a lugar dicho recurso ya que los abogados de la defensa tuvieron que presentar sus peritos y sus pruebas anteriormente y no lo hicieron. 

“Cuando uno hace el trabajo de defensa el trabajo es defender a una persona entonces los abogados de la defensa han pasado varios meses únicamente tratando de retrasar este proceso penal, sin embargo no han hecho absolutamente nada, efectivamente para defender a su cliente, entonces por ello no se han respetado en cuanto a los medios de investigación que en su oportunidad tuvieron que haber planteado, pero se dedicaron a retrasar el proceso” 

De esta manera uno de los abogados querellantes explicó porque tendría que quedar fuera este recurso de reposición ya que se plantea como estrategia de la defensa únicamente para retrasar los procesos. 

Posterior a ello el Juez dio su resolución frente a las intervenciones de ambas partes y explicó la legalidad de sus direcciones rechazando el recurso de reposición, ya que sí se rechazaron los peritajes que solicitaba la defensa fue porque estaban fuera del momento procesal. 

De esta manera el Juez Miguel Ángel Gálvez, explicó como la defensa trata de retrasar el proceso con argumentos que están fuera del momento procesal establecido. 

Es así como se resolvió que el Tribunal de Sentencia encargado del Juicio de delito de genocidio y deberes contra la humanidad en contra Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez, será el Tribunal A de Mayor Riesgo, precedido por la jueza Yasmín Barrios y será este tribunal quien defina la fecha de inicio del debate oral y público. 

De esta manera concluyó la audiencia que dejó en espera a las familias victimas y abogados querellantes adhesivos para poder empezar el debate en el cual se espera tener como resultado la justicia por la masacre de 1,771 campesinos en los años 1982 y 1983 en el área Ixil.



Defensa de Sindicados

Juez Miguel Ángel Gálvez
Mujeres Ixiles al terminar audiencia.