sábado, 22 de diciembre de 2012

En las Fauces de la historia Masculina








Mujeres Ixchel

Por Andrea Franulic


Las feministas se organizan y salen a la calle, una y otra vez, para pedir o para denunciar, según lo que el sistema nos otorgue o nos quite a las mujeres. El sentido de la política feminista se sostiene en el patriarcado como referente y éste alimenta su proyecto de sociedad, el único existente, y lo mantiene vivo. Es importante conocer el patriarcado, saber de sus mecanismos de reciclaje, de sus acomodaciones y modernizaciones, pero justamente este conocimiento debe servirnos para abandonarlo y pensar otro proyecto de sociedad, no para seguir respondiendo y reaccionando ante sus urgencias. Este análisis se hizo oír, en el contexto del feminismo chileno y latinoamericano, hace más de 15 años cuando Pisano y las feministas de la autonomía cómplice, continuando las premisas de la diferencia de Carla Lonzi, proclamaron el desprendimiento del patriarcado.

            Por eso, mi objetivo al asistir a la marcha fue interpelar a las pocas manifestantes feministas que allí había y no al sistema establecido. Con el letrero: “Feministas: ¿hasta cuándo corren tras las zanahorias podridas del patriarcado?”, pretendí, junto a otras compañeras, y desde el Movimiento Rebelde del Afuera, dar cuenta de la derrota de las estrategias políticas de resistencia y la urgencia de pensar otras que se salgan del juego de guerra patriarcal. Si bien a lo largo de nuestra historia feminista ha habido algunos aciertos, éstos se han perdido en medio de reivindicaciones o por la intervención de feministas que siguen tras la búsqueda de la legitimidad patriarcal. Así, las sufragistas también quisieron despenalizar el aborto y, en lugar de ello, “González Videla les dio el voto”. Luego vino el silencio y el sucumbir, una vez más, en las fauces de la historia masculina. Podemos felicitar la valentía de las sufragistas y también ver y aprender de su derrota.

Durante los ochenta, las feministas avanzaron en la construcción de un saber orgánico que fue vendido por algunas –por la mayoría- que accedió al poder masculino e institucional que abrió la Concertación política y “nos dio el SERNAM”. Esas mismas (María Antonieta Saa, Vicky Quevedo…) animaban desde el escenario la marcha constitucional. Las mismas que negociaron La Morada (el referente político-feminista con el que contaban las mujeres de este país); las mismas que cambiaron feminismo por género, que se acomodaron en las universidades, en el estado, en los medios, en los organismos internacionales, etc., a costa de tener un coro de mujeres vociferantes detrás... Las mismas que trocaron rebeldía e insolencia por el letrero amarillo del “Derecho a decidir”… Mientras, el coro lo conforman las organizaciones de feministas autónomas que, aunque tengan una contrapropuesta, se hacen cómplices de esta historia de malas negociaciones y ventas que arrasó con lo transformador y pensante del feminismo.
 Todo lo que sucedió en esa marcha grafica en qué están convertidos los movimientos sociales y la nula autonomía del feminismo. Por eso, el final era previsible. Después de que Vicky Quevedo hiciera gritar a las masas descontentas: ¡de-so-be-dien-cia!, les repartieron las migajas correspondientes (píldoras en los municipios y el consuelo de que no eliminarían los DIU) para que a continuación quedaran las calles desoladas.

Qué más pruebas se necesitan para ver estas derrotas, para dejar de correr tras las zanahorias podridas del sistema. Qué más pruebas se necesitan para decidir abandonar las gastadas estrategias, para profundizar las denuncias y luego seleccionar los silencios,  para escribir una historia propia… 

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