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martes, 5 de abril de 2016

Prudencia Ayala, primera aspirante a la Presidencia de la República Salvadoreña

Por: Laura Molina

El hablar de mujeres notables en la historia de El Salvador, obliga a hablar de Prudencia Ayala, una mujer de carácter humilde que en 1930, sin ninguna preparación académica pero consciente de sus derechos como mujer, retó al sistema social político de su tiempo al lanzarse como candidata a la Presidencia de la República en representación del Partido Unionista.

Su lanzamiento como candidata ha marcado la historia en el país, porque lo hace cuando la legislación salvadoreña no reconocía a la mujer como ciudadana, convirtiéndose así en la primera mujer en El Salvador e Hispanoamérica en optar a esa investidura.

Su plataforma estaba orientada básicamente a defender los derechos de la mujer e incluía aspectos como el apoyo a los sindicatos, la honradez en la administración pública, la limitación de la distribución y consumo del aguardiente, el respeto por la libertad de cultos y el reconocimiento de los hijos ilegítimos.

Prudencia estaba consciente de que su candidatura era imposible, luego que la Corte Suprema le negó el derecho a la postulación presidencial, aunque su gesto sentaría un precedente histórico que abriría el camino hacia la conquista de los derechos de la mujer.

No pudo concretar su inscripción como candidata a la presidencia, pero el Comité de Señoras siguió con la campaña de dignificación de la mujer y en 1938 la mujer comienza a figurar en la política nacional cuando el gobierno del Coronel Oscar Osorio, acepta un acuerdo de la Asamblea que señala que la mujer salvadoreña podía emitir su voto como ciudadana.

Los frutos de este movimiento comienzan en 1932 cuando la constitución establece el derecho a votar únicamente a las mujeres con un alto grado académico y que estuvieran casadas. Aunque esto era un paso importante, la inconformidad persistía y es hasta 1950 que la Constitución de El Salvador otorga la igualdad para ambos sexos.

Prudencia, su vida
Las fuentes apuntan que Prudencia Ayala nació entre 1885, 1890 ó 1901 por lo que no hay una fecha definida del año y el lugar de nacimiento, pero se conoce que en la zona occidental del país.

Ayala fue una mujer de lucha continua y combativa que amparada en el artículo 120 de la Constitución Liberal de 1886, pedía su reconocimiento y calificación como ciudadana. Además, se destaca como una de las principales mujeres gestoras del sufragio femenino y que abrieron el camino de la lucha por la igualdad de derechos que sigue vigente hasta hoy. Hija de Aurelia Ayala y de Vicente Chilet, Ayala de oficio costurera, logró estudiar hasta segundo grado por las limitaciones económicas de su familia.

Durante su vida, sobresalió por tener un verdadero liderazgo y en corto tiempo se ubicó como una luchadora y defensora de los derechos cívicos de la mujer salvadoreña. Su oposición a la desigualdad entre hombre y mujeres le salía del interior, tanto que a sus 16 años escribió “no todos los hombres titulados llevan bastón. Yo lo llevaré como insignia de valor en el combate contra los ingratos que adversan mi amor, mi ideal, la vida que llevo”.

Muy joven muestra un especial talento hacia la literatura y su lucha por los derechos de la mujer. Bajo el seudónimo de “Esperanza de la Espiga”, escribió y publicó en el Diario de Occidente los libros “Inmortal, Amores de Loca”, en 1925 y “Payaso Literario en Combate” en 1928.

Ayala estuvo en la cárcel
Prudencia Ayala fue encarcelada en febrero de 1919 por lanzar críticas contra el alcalde de la ciudad de Atiquizaya. Posteriormente viaja a la ciudad de Guatemala donde es procesada y encarcelada por participar en la planificación de un golpe de Estado contra Estrada Cabrera en 1921.

Considerada como la primera líder política de El Salvador, murió el 11 de julio de 1936 en San Salvador. En honor a su visión reivindicativa de los derechos de la mujer, el 6 de marzo de 2003 la Alcaldía de San Salvador nombró a la 4ª Avenida Norte y Sur con el nombre de Prudencia Ayala por ser una mujer visionaria que marcó el camino de sus reivindicaciones en este siglo.

Esta calle comprende la 9ª calle oriente hasta el bulevar Venezuela. La petición de nombrar algunas calles de mujeres destacadas fue realizada por la Consejería de la mujer de la Alcaldía de San Salvador.

Nota: Escrito para se publicado en la Gazeta Universitaria del 15 de marzo de 2004.

Fuente: http://perfilesdesalvadorenos.blogspot.com/2007/09/prudencia-ayala-primera-aspirante-la.html

sábado, 5 de septiembre de 2015

5 de septiembre Día Internacional de la Mujer Indígena



El Día Internacional de la Mujer Indígena fue instituido por el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tihuanacu (Bolivia), en honor a la lucha de BARTOLINA SISA, guerrera aymara que se opuso a la dominación y la opresión de los conquistadores y brutalmente asesinada por las fuerzas realistas españolas el 5 de octubre de 1782 en la Paz , Bolivia.

Desde pequeña recorría junto a sus padres diferentes pueblos por el comercio de la hoja de coca. Allí pudo ver los atropellos que se cometían con las poblaciones indígenas.
Se casó con Tupac Katari, un joven aymara con el que compartía la misma convicción.
Ambos se unen a Túpac Amaro II y a su esposa Micaela Bastidas. Estalla la insurgencia aymara-quechua y Bartolina asume un papel de liderazgo.
Bartolina Sisa Fue jefa de batallones indígenas donde demostró gran capacidad de organización, logrando armar un batallón de guerrilleros indígenas y también grupos de mujeres colaboradoras de la resistencia a los españoles en los diferentes pueblos del alto Perú. Sus hazañas y arrojo estan representadas en el Sitio de La Paz y a Sorata donde tomó parte activa, ordenando represar el río que pasa por la ciudad para provocar una inundación que debía romper los puentes y aislar a la población, pero este plan fracasó puesto que el general realista, Segurola, recibió ayuda de cinco mil hombres que destruyeron los planes de los rebeldes. Tiempo después, Bartolina Sisa fue capturada, torturada y cruelmente asesinada.

Derechos Específicos de las Mujeres Indígenas
Las mujeres indígenas tienen derechos que comparten con sus congéneres de todas las sociedades y culturas, y también derechos específicos que derivan de su condición particular en cuanto integrantes de pueblos indígenas. Sus propias organizaciones e instituciones que acompañan sus luchas los identifican del siguiente modo:
– Derecho al respeto de la identidad cultural del pueblo al que pertenecen.
– Derecho a su identificación como integrante de un pueblo indígena específico.
– Derecho a no ser asimiladas ni obligadas a aceptar prácticas culturales ajenas y que atenten contra su propia identidad cultural.
– Derecho a modificar costumbres y tradiciones sociales, culturales, económicas que dañen o afecten su dignidad.
– Derecho a recuperar, como integrantes de un pueblo indígena, ciertas prácticas y tradiciones que las favorecen y dignifican como mujeres.

¿Por qué se celebra el 5 de septiembre el Día de la Mujer Indígena?

Por Monserrat Barba Pan 
 El 5 de diciembre es una fecha significativa en la agenda de las mujeres, ya que se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena.  Esta jornada se instituyó en 1983 en Bolivia, durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América Tiahuanaco, para recordar a Bartolina Sisa, heroina aymara que luchó contra el poder colonial de los españoles y fue torturada y asesinada por los realistas el 5 de septiembre de 1782 en La Paz, capital boliviana.

Bartolina Sisa fue comandante de batallones indígenas y formó grupos de guerrilleros a finales del siglo XVIII para liderar, junto a su marido Túpac Karati, la rebelión anticolonial en el Alto Perú. Además de la usurpación territorial y cultural de los invasores, las mujeres indígenas eran víctimas de explotación laboral y sexual por parte de los españoles. Eran violadas y consideradas trofeos de guerra, como sigue ocurriendo hoy en día en otros lugares del mundo. Bartolina fue responsable de la implicación de sus compañeras en la resistencia como colaboradoras dándoles así un papel activo en la defensa de sus comunidades.Tenía 29 años.
Sisa es, junto a Micaela Bastidas, un símbolo para muchas mujeres de los pueblos indígenas de Bolivia y Perú. Bastidas fue la compañera y consejera de Túpac Amaru II, líder inca que encabezó la mayor rebelión que se dio en Latinoamérica contra la colonización española en el siglo XVIII. Desde la ciudad de Tinta (Cusco, Perú), Micaela se encargó del aprovisionamiento de armas y alimentos para las tropas rebeldes y adoptó decisiones estratégicas en la batalla.
Las mujeres indígenas, hoy
Al igual que Bartolina Sisa, fue cruelmente torturada y asesinada cuando fracasó la sublevación.  El 18 de mayo de 1781 vio como ahorcaban a su hijo Hipólito y los verdugos le arrancaron la lengua y la estrangularon con garrote vil en presencia de su marido, que también fue ejecutado ese día.
Generalizar sobre la situación de la mujer indígena hoy en día supone simplificar su realidad y pluralidad (la ONU estima que hay más de 370 millones de indígenas en 70 países del mundo), pero, sabiendo esto, sí existen algunas reivindicaciones comunes. Muchas sufren doble o múltiple discriminación, por el hecho de ser mujeres y por su origen cultural o étnico. Entre sus reivindicaciones comunes está el control de sus tierras y sus bienes, el respeto hacia su lengua y costumbres, la lucha contra la violencia (de género y por parte de sus estados) que muchas niñas y adultas padecen así como la atención sanitaria de calidad, sobre todo en salud reproductiva.
También reclaman ser parte del diálogo en los foros locales, nacionales e internacionales en las que se tomen decisiones sobre su futuro y encontrar puntos de encuentro y respeto mutuo con otras culturas, como la Occidental, que sigue transmitiendo una imagen de sus comunidades cargada de estereotipos y generalidades. 
Por todo ello, el 5 de septiembre, junto al 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, es una fecha reivindicativa para las indígenas latinoamericanas y un día para recordar a sus antepasadas, que entregaron su vida por proteger su libertad y autonomía.








jueves, 6 de noviembre de 2014

Evitar el legado colonial es imprescindible

Por Sara Cuentas

Un 4 de Noviembre, Micaela Bastidas y Túpac Amaru gritaron: ¡INDEPENDENCIA!

Comprender cómo se consolidó el movimiento de mujeres en Latinoamérica y el Caribe (LAC) significa ubicar y revalorar su aporte imprescindible a los procesos históricos independentistas de las mujeres a nivel mundial. Es decir, reconocer y visibilizar su protagonismo en la lucha contra el colonialismo, más allá de la independencia norteamericana (1776) y la Revolución Francesa (1789), donde las mujeres de occidente reclamaron Libertad, Igualdad y Fraternidad, derechos que nos les fueron reconocidos. 
Para las mujeres de LAC su lucha, más que por sus derechos políticos, a diferencia de las mujeres de Occidente, fue la denuncia y exigencia de libertad frente al sistema colonialista opresor que encerró tras de sí al esclavismo, clasismo, racismo, marginación, sexismo, violencia y patriarcado. 

Y fue través de acciones de resistencia de las mujeres junto a sus compañeros hombres que se impulsó la lucha independentista. Por tanto, hacer memoria histórica sobre la reivindicación política y económica de las mujeres en los procesos de independencia es clave para comprender la genealogía, las confluencias, la diversidad y diferencias entre las activistas de LAC y las de Occidente.

La colonización europea en Latinoamérica y el Caribe duró más de tres siglos, dividiendo al continente en diversos espacios. Sobre todo, en dos más visibles. Uno bajo dominio portugués (Brasil), y otro bajo dominio español (toda la América Hispanohablante), el cual se dividió en cuatro virreinatos (Nueva España, Perú, Nueva Granada y Río de la Plata, gobernados por un virrey) y cuatro capitanías generales (Guatemala, Cuba, Venezuela y Chile, gobernados por un capitán general). Junto a ellos las Intendencias para el control de los ingresos reales y el abastecimiento de los ejércitos; las Audiencias para el ejercicio de la justicia y los Obispados y Arzobispados con el poder religioso. Así fue como España definió un sistema administrativo y político para controlar a "sus colonias”.

Las "colonias" evidenciaban una diversidad étnica y cultural que España gestionó con una política de racialización y esclavitud de las poblaciones indígenas y negras, las cuales fueron sometidas a una exclusión extrema (legado colonialista que persiste en las sociedades latinoamericanas a modo de violencia económica). Con el tiempo el mestizaje fue creciendo, y esta población (hijos e hijas de población criolla -descendencia directa española- con población indígena y negra, mayoritariamente fruto de violaciones sexuales), fue considerada mano de obra asalariada para el campo y la emergente economía, pero excluida a la precariedad. En este contexto, fueron hombres y mujeres de poblaciones indígenas y negras quienes tomaron conciencia sobre la imperiosa necesidad de erradicar el yugo y la opresión colonialista.

En el Virreynato de Perú, en 1744, nació Micaela Bastidas Puyucahua en Tamburco, Abancay. Era hija de Manuel Bastidas, descendiente africano y de Josefa Puyucahua, indígena. Este mestizaje encerraba en ella una energía vital que, años más tarde, brillaría en toda su inmensidad. Cuentan que Micaela tenía una fisonomía bella y significativa, debido a sus raíces tanto africanas como amerindias. Fue conocida como "Zamba", nombre que se daba en la época colonial a quienes tenían descendencia mestiza entre poblaciones africanas e indígenas. El color de su piel y su cabello ondulado y grueso, el cual recogía en dos maravillosas trenzas, eran un signo de ello.

El 25 de mayo de 1760, antes de cumplir 16 años, Micaela se casó con José Gabriel Condoranqui, joven mestizo descendiente de la nobleza inca, en el pueblo de Surimana. Condorcanqui descendía en línea materna del último Inca Túpac Amaru I. En 1764 fue nombrado cacique de los territorios que le correspondían por herencia, Pampamarca, Tungasuca y Surimana, y fijaron su residencia en Tinta, localidad perteneciente Cusco. Tuvieron tres hijos varones, Hipólito (1761), Mariano (1762) y Fernando (1768).

José Gabriel había recibido una educación privilegiada en colegios jesuitas de Lima y Cusco. Hablaba castellano, quechua y latín. Su interés por la lectura y diversos temas consolidó su nivel intelectual indígena. Como curaca debía mediar entre el corregidor español y las poblaciones indígenas a su cargo. Recorría su territorio, viviendo de cerca las historias de explotación y violencia de la población. Como mestizo sentía que toda la injusticia con su gente lo tocaba en carne propia. Reclamó y envió solicitudes oficiales a las autoridades coloniales de Tinta, Cusco y Lima, para intentar liberar a las poblaciones indígenas del trabajo forzado en las minas y exonerarlas del cumplimiento de la mita, obteniendo siempre negativas o indiferencia. Es allí donde comenzó a desarrollar un anhelo libertario, fundamentado en la defensa de las poblaciones indígenas, esclavas y mestizas, orientada a la independencia de su territorio y comercio de las decisiones de la corona de España.

Micaela recibió en la infancia una educación elemental en letras y artes, usual en esa época para las mujeres. Sin embargo, su interés por continuar aprendiendo y formándose no cesó, y con Gabriel fueron compartiendo mutuamente ideales libertarios y leyeron juntos cuanta fuente de inspiración encontraron. También hablaba en quechua y castellano. Ella tomó conciencia de la compleja situación de su pueblo y se involucró activamente junto a Gabriel. Se apoyaron con firmeza, defendiendo y vindicando el derecho a liberarse del control opresor y colonial.

José Gabriel Condorcanqui y Micaela Bastidas estaban informados sobre las nuevas ideas de la Ilustración y de los acontecimientos de la independencia de los Estados Unidos. Además, tuvieron acceso a los "Comentarios Reales del los Incas" de Gómez Suárez de Figueroa, un libro histórico que compiló documentos, crónicas e informaciones orales de la historia del Perú, desde antes de la colonización española. Y el 04 de noviembre de 1780, en la ciudad del Cuzco, juntos expresaron el primer grito de Independencia, promoviendo el movimiento independentista más significativo y de mayor trascendencia que articuló a diversos sectores sociales (población indígena, negra, mestiza y también criolla).

En 1780, agotado el proceso de diálogo con los representantes de la corona española, José Gabriel Condorcanqui y Micaela Bastidas, inician un movimiento en contra del colonialismo. Es allí que adopta el nombre de Túpac Amaru II en honor de su antepasado, el último Inca de Vilcabamba. El 4 de noviembre, con el primer grito de libertad, difundieron una proclama independentista escrita por Micaela Bastidas para dar inicio a la rebelión. El corregidor español Antonio de Arriaga fue tomado prisionero y condenado a morir en el cadalso. Los rebeldes instalaron su cuartel general en Tungasuca. Desde ese momento Micaela se convirtió en la principal estratega y consejera.

Ella asumió y compartió el cacicazgo de Surimana, Pampamarca y Tungasuca. Accionaba con dinamismo y persuasión, tal vez más concientizada incluso que el propio Túpac Amaru, ya que el rol de las mujeres indígenas, negras y mestizas estaba aun más violentado por los opresores colonialistas. Las poblaciones indígenas tenían prohibida la tenencia de armas de fuego, por ello uno de los mayores problemas a los que se enfrentaron fue la obtención de armamento. Micaela se hizo cargo del aprovisionamiento de las tropas (conseguir y distribuir dinero, alimentos, vestimentas y armas). Expidió salvoconductos para facilitar el movimiento de quienes viajaban a través de amplios territorios. Coordinó la retaguardia indígena, demostrando diligencia y capacidad e implementó medidas de seguridad para luchar contra el espionaje. Puso en marcha un eficaz sistema de comunicaciones, a través de chasquis a caballo, para llevar velozmente información de un pueblo a otro. 

Había una valiosa legión de luchadoras andinas, quechuas, aymaras y negras que accionaron junto a Micaela en el levantamiento, realizando estrategias y dando apoyo a las tropas. Para ellas se trataba de liberar a su pueblo de la explotación española y también de restablecer el rol de las mujeres en la participación social y política, tradición que el sistema colonial intentó abolir convirtiéndolas en víctimas de sus abusos. Destacaron las lideresas Cecilia Túpac Amaru y Tomasa Tito Condemayta, cacica de Acos, entre muchas otras. 


Estas valerosas mujeres participaban en la batalla. También lo hacía Micaela, quien desvelaba una gran energía para motivar a hombres y mujeres desde el mismo campo de batalla. El 18 de noviembre de 1780 el ejército liderado por Micaela y Túpac Amaru vencía a los españoles en la batalla de Sangarará. Ambos expidieron un mensaje a los pueblos del Perú, convocando a la población criolla a unirse a la causa libertaria: “Vivamos en hermandad y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación da las poblaciones criollas, mestizas, zambas, indias por vivir en un mismo territorio, como si fuéramos nacidos en estas tierras y de un mismo origen”. Luego del triunfo, Micaela fue reconocida como jefa interina de la rebelión.

En marzo de 1871 el ejército libertario contaba con siete mil hombres y mujeres dispuestos a pelear hasta la muerte contra el colonialismo español. Micaela, según testimonios de la época, debido a su sólida convicción, claridad de pensamiento y alta intuición, se convirtió en el sexto sentido de la rebelión. Y al tiempo que Micaela había aconsejado realizar un ataque inmediato a las tropas españolas asentadas en el Cusco para lograr su rendición, fueron traicionados. Túpac Amaru fue rodeado y emboscado, y Micaela, sus hijos Hipólito de 18 años y Fernando de 10 fueron apresados y llevados a Cusco, donde permanecieron presos. Les sometieron a interrogatorios y torturas para poder ubicar al resto de las tropas revolucionarias, les prometieron disminuir la pena si delataban, pero no lograron conseguir ninguna información y el 14 de mayo se les condenó a la pena de muerte.

El 18 de mayo de 1781 fueron llevados a la Plaza de Armas del Cuzco para su ejecución. A su hijo Hipólito le cortaron la lengua y le ahorcaron. Micaela y José Gabriel fueron obligados a presenciar su muerte. Luego, la subieron a ella al tablado. Luchó con sus verdugos, hasta que finalmente la sometieron, le cortaron la lengua, intentaron estrangularla y terminaron de matarla a patadas en el estómago y los pechos. A Túpac Amaru le llevaron al centro de la plaza, siendo sometido a una espantosa muerte. Su cuerpo y el de Micaela fueron desmembrados y sus partes enviadas a diferentes pueblos para ser exhibidos en las plazas públicas, para advertir a la población sobre las consecuencias de rebelarse.

Este control significó posteriormente la exclusión de las hijas e hijos de españoles y españolas que nacieron en las colonias (población criolla), quienes sólo podían acceder a puestos inferiores de la administración, mientras los más elevados se reservaban quienes ostentaban ciudadanía española de nacimiento. España controló así el monopolio mercantil para incrementar los ingresos de su Hacienda, perjudicando los intereses económicos de la población criolla, generando corrupción y nepotismo. Esta realidad alimentó las posteriores causas independentistas, en un contexto internacional que no le fue adverso, pues la creciente economía inglesa con su desarrollo industrial y la necesidad de nuevos mercados, junto al nuevo marco bélico europeo, tras la llegada al poder de Napoleón, favorecieron un segundo "proceso de independencia" en LAC que asumió el legado colonialista en su esencia.

Desde entonces, el sistema colonial en todo el orbe pretende parametrar a la humanidad en arquetipos construidos desde las clases dominantes con la finalidad de dividir la sociedad en términos de racialización, clasismo, violencia sexista, homofobia, folklorización de los saberes ancestrales, explotación laboral, expoliación de la naturaleza, violencia económica, desplazamientos forzados, entre otros. Esta manera de control y dominio transnacional heteropatriarcal, racista, etnocéntrico y neoliberal desfigura la esencia humana de su conexión vital con todo su entorno, invisibiliza las capacidades, estrategias y energía simbiótica de las humanas y los humanos, y nos hace pensarnos como seres cuya vida sólo es útil para cumplir con el rol productivo a ultranza, mientras el rol reproductivo es utilizado para generar más mano de obra para los fines económicos de quienes desean continuar dominando el mundo.


Por eso es tan necesario hacer memoria histórica, rescatar y encontrar otros caminos posibles, caminos que vean un desarrollo humano en conexión simbiótica con su entorno, basado en la igualdad con equidad, en la libertad y diversidad de saberes y expresiones humanas, sentimientos, emociones y placeres; en el reconocimiento de la diversidad étnica, en la autonomía sexual y reproductiva, en el equilibrio económico y social, y en la generación de un conocimiento vital que precise conservar el planeta y no destruirlo.

La convicción e ideales de justicia y libertad de Micaela defendidos hasta la muerte, unida a su familia y luchando junto a su pueblo, nos deja un legado de inspiración para una real gesta independentista contra la opresión y la explotación colonial. Su experiencia vital es y ha sido un referente para muchas mujeres en Latinoamérica y el Caribe quienes lucharon, antes que por sus derechos, por liberarse de la opresión del sistema colonial.

Por ello es imprescindible promover la conexión transnacional entre poblaciones de diversas latitudes, con las que viven fuera de sus países, porque su expansión de libertad y de ciudadanía subvierte al sistema colonial que, cada vez más se transnacionaliza en redes de opresión. Puede ser una oportunidad para incidir por un mundo posible, sin repetir los legados colonialistas, el reavivar las conexiones transnacionales de toda humanidad que acciona a nivel internacional desde su vitalidad y ciudadanía global, mirando al mundo sin fronteras, sin nacionalismos, sin opresiones y generando una diversidad global y convivencia entre todas las existencias sintientes del planeta.  

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Myrna Mack "Una inspiración para la lucha por la vida"





Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala


Myrna Mack Chang nació el 24 de octubre de 1949 en el Barrio San Nicolás, Retalhuleu, en Guatemala. Era hija de Yam Jo Mack Choy y Zoila Esperanza Chang Lau y la segunda de seis hermanos: Marco Antonio, Helen, Freddy, Vivian y Ronnie. Su nombre originario fue Sau Ha que significa "Tierno Amanecer". Su nacimiento tuvo lugar a mediados de la llamada década democrática, iniciada en 1944  tras el derrocamiento de la dictadura de Jorge Ubico, con el que se abrió una época de importantes reformas que crearon oportunidades de desarrollo social y participación política en Guatemala.
Estudió la educación primaria en el Colegio D´Antoni de su ciudad natal, en tanto que la secundaria la cursó en el Colegio Monte María, en donde se graduó como maestra de educación primaria en 1967. La década democrática había sido abruptamente interrumpida en 1954 por la invasión militar organizada por Estados Unidos que produjo la renuncia del presidente Jacobo Arbenz Guzmán y la instauración de una Junta Militar dirigida por Carlos Castillo Armas.
Ya antes de ingresar en la Universidad de San Carlos de Guatemala para comenzar sus estudios en Trabajo Social, pasó un tiempo en zonas rurales del altiplano occidental trabajando como maestra de alfabetización. En estas áreas el Ejército aplicaría pocos años después con extremo rigor políticas represivas derivadas de la denominada Doctrina de Seguridad Nacional.
A inicios de la década de los setenta, con el nacimiento de nuevos grupos guerrilleros  como el Ejército Guerrillero de los Pobres y la Organización del Pueblo en Armas, los militares recurren crecientemente a la práctica de terror  como parte de la estrategia contrainsurgente. Es la época en la que Myrna Mack estudia en la Escuela de Trabajo Social del Seguro Social. El 16 de noviembre de 1973 nace su hija Lucrecia Hernández Mack.  A finales de la década Myrna se va de Guatemala para iniciar sus estudios de postgrado en  Antropología en la Universidad de Manchester en Inglaterra, estudios que finaliza con una maestría en Antropología Social. Después de terminar la maestría, continuó su preparación académica en la Universidad de Durham, también en Inglaterra, concretamente con un Master of Philosophy en el Departamento de Estudios Latinoamericanos de dicha Universidad, el cual concluye en 1982 con la presentación de su tesis “De la organización de base, a la movilización de masas en Nicaragua: El caso de Esteli”.
A su regreso a Guatemala ese mismo año se incorpora al equipo de Inforpress Centroamericana, en cuyo ambiente pone en práctica su capacidad analítica y se relaciona con personas experimentadas en el trabajo periodístico e investigativo.  Su sobresaliente desempeño en esta actividad la lleva a ocupar el cargo de Jefe de la División de Estudios Especiales.  Luego, en 1985 es Consultora del Instituto Nacional de Nutrición para un programa rural en México.
En 1986, junto con otras personas del entorno de Inforpress Centroamericana, funda la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, AVANCSO, con el objeto de contribuir al fortalecimiento de las ciencias sociales en el país, fuertemente afectadas por la represión con el asesinato y exilio forzado de importantes investigadores y pensadores, sobre todo de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Entre 1987 y 1989, Myrna Mack desarrolla una ardua labor de campo con la población desplazada por el conflicto armado interno, trabajo que culminó con la publicación del estudio Política institucional hacia el desplazado interno de Guatemala, en enero de 1990. Durante la preparación de la segunda publicación sobre ese mismo tema, fue brutalmente asesinada de 27 puñaladas por un comando especial del Estado Mayor Presidencial el martes 11 de septiembre de 1990.

Labor Antropológica
La tesis con la que concluyó el Master of Philosophy en el Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Durham, Inglaterra, titulada “De la organización de base, a la movilización de masas en Nicaragua: El caso de Esteli” marca el inicio de lo que sería su primera época de trabajo antropológico: había que obtener un entendimiento de las bases del modelo para poder orientar los trabajos posteriores. En definitiva, la necesidad de conocer toda clase de datos sobre condiciones de vida tanto materiales como espirituales de los sujetos de estudio - incluyendo estados de ánimo, palabras precisas utilizadas por los interlocutores y sus diversas reacciones en el momento - antes de perfilar propuestas de solución.
Su asesor de tesis, el Profesor Norman Long, en una carta a la Fundación John D. and Catherine T. MacArthur pocas semanas antes del asesinato de Myrna se refirió a ella en los siguientes términos:  “Fue una estudiante muy talentosa que obtenía excelente información de campo y que escribió una tesis sobresaliente sobre el tema de la organización social al nivel local”.
En 1986, como resultado de las discusiones alrededor de las iniciativas para crear un centro de investigación ligado a las necesidades de los sectores populares, funda, junto con otras personas del entorno de Inforpress Centroamericana, la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala,  AVANCSO,  con el objeto de estimular un mayor desarrollo de las ciencias sociales. AVANCSO y personalmente Myrna Mack desarrollaron estrechas relaciones profesionales con instituciones académicas y con intelectuales de renombre. Prestigiosas universidades e instituciones extranjeras - entre otras la Fundación Ford, EEUU; la Autoridad Sueca de Desarrollo Internacional; la Universidad de Georgetown, EEUU; y la Universidad de California en Berkeley, EEUU -  financiaron diversos proyectos de AVANCSO, en especial aquellos vinculados con comunidades rurales que abandonaron sus lugares de origen, a raíz de las masacres cometidas en gran escala por las fuerzas militares a principios de los años ochenta.
Myrna Mack  dio voz a los desplazados internos a través de sus estudios minuciosamente documentados y de sus publicaciones en Guatemala y en el extranjero. Ella difundió las condiciones reales de vida de los desplazados y expuso la responsabilidad de los militares en el diseño y aplicación de las políticas estatales referidas a estas poblaciones. De hecho, uno de sus principales aportes a las ciencias sociales guatemaltecas y a la sociedad en general, fue el proponer como categoría analítica la de  desplazado interno y demostrar la existencia de este sector de la población.  
En 1988 inició el estudio titulado “Política institucional hacia el desplazado interno en Guatemala” publicado en marzo de 1990 en el Cuaderno no. 6 de AVANCSO. Como paso previo, en la Primera Conferencia Internacional sobre Refugiados Centroamericanos (CIREFCA), de Naciones Unidas, había presentado un borrador de este trabajo, que tuvo difusión nacional e internacional.  
El Profesor Long escribió sobre Myrna:  “Dadas las dificultades generales y lo arduo de esta tarea, muchos investigadores evitan comprometerse a una exposición tan profunda al campo guatemalteco, pero no la señora Mack, a quien considero uno de los mejores etnógrafos que conozco en Centroamérica”.  
Al momento de su muerte, Myrna Mack estaba trabajando en una investigación complementaria de las anteriores que trataba especialmente el tema del reasentamiento de los retornados, tanto refugiados como desplazados internos. AVANCSO publicó este estudio tras su asesinato como el Cuaderno de Investigación No. 8, bajo el título “¿Dónde está el futuro? procesos de integración en comunidades de retornados”.

Hechos y contexto político
El 11 de septiembre de 1990, alrededor de las 18:45, al salir de su oficina de AVANCSO, ubicada en la 12 calle y 12 avenida de la Zona 1 de Ciudad de Guatemala, y al dirigirse a su vehículo, que se encontraba estacionado a unos pocos metros de la puerta de su oficina, Myrna Elizabeth Mack Chang fue atacada por al menos dos sujetos que la apuñalaron brutalmente un total de 27 veces, ocasionándole la muerte. 
El asesinato de Myrna Mack fue producto de una operación de inteligencia militar, que obedeció a un plan cuidadosamente elaborado por el alto mando del Estado Mayor Presidencial  consistente en seleccionar a la víctima de manera precisa debido a su actividad profesional, asesinarla brutalmente y encubrir a los autores materiales e intelectuales del asesinato, entorpecer la investigación judicial y dejar en la medida de lo posible el crimen inmerso en la impunidad.  
El interés profesional de Myrna Mack por los desplazados la había convertido en un blanco para los militares. Sus estudios representaban la expresión y difusión de la verdad, especialmente sobre las campañas de represión del Ejército en los sectores rurales. El asesinato obedecía al propósito de no dejar pruebas sobre estas acciones militares, de no encontrar oposición a las mismas y de no atraer la atención de la comunidad internacional. 
El contexto social y político en el que se produjo el crimen es especialmente relevante para entender sus causas. El asesinato de Myrna Mack ocurrió hacia el final del conflicto armado interno. La matanza indiscriminada de los 80 había empezado a disminuir, si bien habían aumentado los asesinatos selectivos. En noviembre y diciembre de 1985 se celebraron elecciones generales para las autoridades que encabezarían el primer Gobierno constitucional desde 1982. Éstas fueron ganadas, tras una segunda vuelta, por la Democracia Cristiana (DC), asumiendo la presidencia de la República Vinicio Cerezo Arévalo. Las interpretaciones sobre los resultados electorales señalaron tres puntos en común: el Gobierno democristiano estaba ahora sujeto a multiplicidad de expectativas internas y externas; su triunfo representaba un rechazo de la población hacia el pasado inmediato; y, sobre todo, se había convertido en un voto de desconfianza hacia los militares.  
En abril de 1986, bajo el nuevo Gobierno civil se iniciaron los primeros retornos de población desplazada, buscando la protección de la Iglesia Católica en Alta Verapaz e Izabal. En mayo y junio de ese año los diarios locales informaron que pobladores ixiles se entregaban al Ejército en condiciones físicas alarmantes. En septiembre el Gobierno creó la Comisión Especial de Atención a Retornados (CEAR), con la participación de los Ministerios de Relaciones Exteriores, Defensa Nacional, Desarrollo y el Comité de Reconstrucción Nacional. El Ejército consideró el reasentamiento de los refugiados como una cuestión de seguridad nacional.  
A partir de 1987, Myrna Mack, al frente de un pequeño equipo, había empezado a realizar investigaciones en comunidades de desplazados internos en las montañas del norte de Alta Verapaz. Su propósito consistía en elaborar y presentar un estudio sobre las condiciones de vida de las víctimas de este fenómeno y las políticas gubernamentales hacia ellos. Como en el caso de los refugiados, el Ejército consideraba la cuestión de los desplazados internos como un asunto potencialmente adverso a los intereses de la seguridad nacional. Además de revelar el nivel de violencia hacia las poblaciones rurales, previamente oculto, la aparición de los grupos de desplazados en el comienzo de las negociaciones de paz entre el Gobierno y la guerrilla planteaba muchos problemas para el Ejército, que quería evitar concederles un estado especial de protección, o garantizarles un regreso pronto y seguro a sus hogares. Las visitas que Myrna Mack realizaba se hacían con presencia y control militares, incluyendo interrogatorios, toma de fotografías de los componentes de los grupos y la infiltración de militares en ellos.
En 1989 la posición del Ejército era crítica hacia la capacidad del Gobierno civil para hacerse cargo del tema de los desplazados y manifestaba su inconformidad sobre las nuevas políticas oficiales planteadas respecto a los repatriados y desplazados internos.  
En enero de 1990 Myrna Mack publica en el No. 6 de los cuadernos de investigación de AVANCSO el estudio“Política Institucional hacia el Desplazado Interno en Guatemala”. Previamente,  en la I Conferencia Internacional sobre Refugiados Centroamericanos (CIREFCA), de Naciones Unidos, había circulado ampliamente un borrador de este trabajo, con lo cual el mismo se difundió nacional e internacionalmente.  
Para la antropóloga, era el Ejército el que definía los criterios para la reincorporación del desplazado retornado, primeramente por ser el causante directo de los desplazamientos masivos y en segundo lugar porque, al igual que los refugiados, los desplazados internos entraban dentro del terreno de la seguridad nacional. El ente militar trató a los desplazados internos como prisioneros de guerra dentro de una política de contrainsurgencia que partía de considerarlos la base social de la insurrección. La antropóloga mencionaba casos en los que las cifras dadas por los militares como población “quitada” a la guerrilla coincidían exactamente con las cifras de población desplazada retornada con motivo de las ofensivas del Ejército.     
El 7 de septiembre de 1990,  desplazados internos organizados en las Comunidades de Población en Resistencia, CPR,  publicaron el primer anuncio pagado en los periódicos guatemaltecos, detallando el sufrimiento que debieron soportar por las acciones represivas del Ejército, y pidiendo que el Gobierno los reconociera como población civil no combatiente. Las negociaciones de paz estaban avanzando cuando se produjo este hecho que afectaba fuertemente a la imagen del Ejército y de su estrategia político-militar, claramente violatoria de los derechos humanos respecto de la población civil indefensa. 
El Ejército estableció una relación de causalidad entre el trabajo publicado por Myrna Mack y la declaración pública de las CPR. Debido a sus labores de campo visitando a estas comunidades, y el control que el Ejército tenía a la hora de acceder a ellas, tanto la antropóloga como su grupo de trabajo habían sido “fichados” por la inteligencia militar. Cuatro días después de la publicación del comunicado de las CPR, Myrna Mack era asesinada precisamente por dos miembros de la inteligencia militar que durante más de 15 días la habían vigilado.  
En un proceso inédito en la historia judicial del país, Helen Mack, hermana de Myrna, constituida en querellante adhesiva llevó el caso del asesinato a la justicia guatemalteca y logró, tras vencer innumerables obstáculos, que en 1993 se dictara sentencia condenatoria contra uno de los autores materiales, el especialista del Ejército Noel de Jesús Beteta Alvarez, y se le sentenciara a 30 años de prisión.  Trece años después del asesinato, la Corte Suprema de Justicia confirmó la sentencia condenatoria contra uno de los autores intelectuales, el coronel Juan Valencia Osorio, sentenciándolo también a 30 años de prisión.  Valencia, quien al momento del asesinato fungía como director del Departamento de Seguridad presidencial Del Estado Mayor Presidencial,  huyó antes de ser capturado y se encuentra aún prófugo de la justicia. 
La obstaculización sistemática en el proceso dentro del sistema de justicia guatemalteco llevó a Helen Mack a plantear el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la que en enero de 2004 falló en contra del Estado de Guatemala, sentenciándolo, entre otras cosas, a reconocer públicamente su responsabilidad. La Consideración 278 de la sentencia correspondiente dice textualmente: 
“…Para que el reconocimiento de responsabilidad efectuado por el Estado y lo establecido por este Tribunal rindan plenos efectos de reparación a las víctimas y sirvan de garantía de no repetición, la Corte estima que el Estado debe realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad en relación con los hechos de este caso y de desagravio a la memoria de Myrna Mack y a sus familiares, en presencia de las más altas autoridades del Estado, el cual deberá ser difundido a través de los medios de comunicación.” 
El acto de reconocimiento se llevó a cabo el 22 de abril de 2004 en el Palacio Nacional de la Cultura.

lunes, 25 de junio de 2012

María Chinchilla




Nació el jueves 2 de septiembre de 1909 en la aldea Las Animas, municipio de Asunción Mita, departamento de Jutiapa. Sus padres fueron don Benjamín Chinchilla y doña Victoria Recinos.
Los años transcurrieron y María Chinchilla fue creciendo hasta llegar a la edad escolar. En Las Animas, su comunidad natal, no había escuela; por lo que su educación primaria la cursó en la villa de Asunción Mita. Luego, sus padres, procurándole un mejor futuro, la enviaron a estudiar a la Ciudad de Jalapa, donde en 1927 obtuvo el título de “Maestra de Instrucción Primaria”, en el renombrado Instituto Normal Centroamericano para Señoritas (INCAS).
Después de algún tiempo de trabajar como maestra en una escuela de Asunción Mita, María Chinchilla o Seño Mary, como le llamaban sus alumnos, se fue a vivir a la Ciudad Capital de Guatemala donde se avecindó el 22 de marzo de 1932, según consta en su Cédula de Vecindad No. 22,691 extendida en la Municipalidad de Guatemala. Entre los datos personales, consignados en su Cédula, podemos mencionar: estado civil: soltera, color: blanco, ojos: cafés, pelo: castaño, estatura: 1.63 metros. Sus hermanos fueron Francisca Susana y Miguel Angel, de apellidos Chinchilla Recinos.
En la ciudad capital, María Chinchilla, laboró como docente en la Escuela Nacional de Niñas “José Felipe Flores”, en la Escuela Nacional de Niñas “Manuel Cabral” y en el Colegio Particular “María Minera”, además formó parte de la Asociación de Maestras Católicas.
En esa época el Presidente de Guatemala era el General Jorge Ubico Castañeda, quien tenía más de 13 largos años de gobernar y en todo ese tiempo los estudiantes, el magisterio, las escuelas y la educación del país no fueron su prioridad. El pueblo guatemalteco estaba cansado de tener un presidente dictador, por ello, en el mes de mayo de 1944 los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala iniciaron a mostrar su inconformidad y a exigir la autonomía universitaria.
A principios de junio de ese año el Magisterio presentó al General Ubico una justa solicitud de aumento salarial. La inconformidad social se acrecentó a tal punto que el 22 de junio de 1944 el gobierno suspendió las garantías constitucionales, para poder reprimir al pueblo.
Las manifestaciones en las calles de la Ciudad Capital iniciaron el sábado 24 de junio y al día siguiente, domingo 25 de junio de 1944, por la mañana se realizó una masiva protesta pidiendo la renuncia del General Jorge Ubico, protesta que fue disuelta por la policía y soldados quienes agredieron a muchos ciudadanos.
Para mostrar su indignación por los hechos ocurridos en la mañana, un numeroso grupo de mujeres, vestidas de luto, se reunieron a las cinco de la tarde, frente al Templo San Francisco de la Ciudad Capital y de ese lugar salieron en manifestación pacífica exigiendo libertad, democracia y la renuncia de Ubico. Pero la policía y los soldados, siguiendo las órdenes del Presidente, dispararon contra las mujeres manifestantes, entre ellas María Chinchilla Recinos, quien recibió un balazo en el pómulo derecho y calló muerta en la 17 Calle, y Sexta Avenida de la Zona 1. Al día siguiente fue sepultada en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala donde actualmente se encuentra su tumba, en el “Panteón del Maestro”.
Por haber manifestado públicamente su descontento gran cantidad de personas resultaron heridas y varias fallecieron, en aquel heroico 25 de junio de 1944. Cinco días después, el Presidente Jorge Ubico Castañeda renunció a su cargo.
Los periódicos de esa época dan testimonio del reconocimiento que la sociedad guatemalteca rindió a la Profesora María Chinchilla, valorándola como mártir, heroína y símbolo del civismo, por haber dado su vida por una Patria mejor. También el Magisterio exaltó la valentía de su colega, y el jueves 6 de julio de 1944, la Asociación Nacional de Maestros en magna asamblea acordó que en adelante el “Día del Maestro” en Guatemala sería celebrado el 25 de junio de cada año, en memoria de su insigne compañera maestra: María Chinchilla Recinos.

Fuente: Wiquipedia. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

Domitila, una mujer de las minas

"En 1975, cuando doña Domi [...], una mujer de las minas de Bolivia [...], viajó invitada a la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas [...], se supo la noticia de que su voz y figura destacaron en el magno evento, donde [...] explicó que la lucha de la mujer no era contra el hombre y que su liberación no sería posible al margen de la liberación socioeconómica, política y cultural de un pueblo. Doña Domi estaba convencida de que la lucha por la liberación consistía en cambiar el sistema capitalista por otro, donde los hombres y las mujeres tengan los mismos derechos a la vida, la educación y el trabajo. Y, aunque en el pasado fue perseguida, encarcelada y torturada, doña Domi se negó a callar y volvió a pedir la palabra para seguir hablando contra las injusticias sociales, con la misma convicción y el mismo coraje de siempre, ya que su testimonio personal es, por antonomasia, una gran lección de vida y de lucha."

Victor Montoya

A doña Domi, como la llamaban cariñosamente los vecinos, la conocía desde siempre, desde cuando vivía en el distrito minero de Siglo XX y vendía salteñas en una canasta de mimbre, a poco de elaborarlas con la ayuda de sus pequeñas hijas, quienes mondaban las papas y arvejas antes de marcharse a la escuela. Por entonces no era ya palliri*, sino dirigente del Comité de Amas de Casa. Corrían los años 70 y el país atravesaba por una de las etapas más sombrías de su historia.

En algunas ocasiones coincidimos en las manifestaciones de protesta contra la dictadura militar de Hugo Banzer Suárez y en las apoteósicas concentraciones en la Plaza del Minero, donde está el monumento de Federico Escóbar Zapata, el busto de César Lora y el edificio del Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Siglo XX, desde cuyo balcón pronunciábamos discursos antiimperialistas; ella en representación de las amas de casa y el que firma esta crónica en representación de los estudiantes de secundaria de la provincia Bustillos y como presidente del Colegio 1ro. de Mayo.

También recuerdo a su anciano padre, benemérito de la Guerra del Chaco y progenitor de seis hijas en su primer matrimonio. Don Ezequiel, jubilado de la empresa minera y preocupado siempre por la manutención del hogar, se dedicaba a recorrer por las calles de Llallagua, ofreciendo ropas de casa en casa. Lo interesante del caso es que, además de vender prendas de vestir, llevaba la palabra evangelizadora de Cristo hasta los hogares más humildes. Lo conocí un día que vino a ofrecernos pantalones guararapes. Mi madre lo hizo pasar al living y, luego de probarme algunos, compramos uno al contado y otro al fiado. Cuando le dije que el botapié de uno de los pantalones me quedaba demasiado largo, él se brindó a subirlo en un santiamén con sus divinas manos de sastre. Ese mismo día, ni bien se hubo marchado, con la amabilidad y el respecto que lo caracterizaban, le comenté a mi madre que don Ezequiel tenía la misma barbita que el viejo Trotsky. Mi madre esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza.

En 1975, cuando doña Domi viajó invitada a la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas y realizada en México, se supo la noticia de que su voz y figura destacaron en el magno evento, donde, en franca oposición a las reivindicaciones de las lesbianas, prostitutas y feministas de Occidente, explicó que la lucha de la mujer no era contra el hombre y que su liberación no sería posible al margen de la liberación socioeconómica, política y cultural de un pueblo. Doña Domi estaba convencida de que la lucha por la liberación consistía en cambiar el sistema capitalista por otro, donde los hombres y las mujeres tengan los mismos derechos a la vida, la educación y el trabajo. Dejó claro que la lucha por conquistar la libertad y la justicia social no era una lucha entre sexos, entre el macho y la hembra, sino una lucha de la pareja contra un sistema socioeconómico que oprime indistintamente al hombre y a la mujer.

Por otro lado, disputándose los micrófonos con sus adversarias, dijo que en una sociedad dividida en clases no sólo había una diferencia entre la burguesía y el proletariado, sino también una diferencia entre las mismas mujeres; entre una académica y una empleada doméstica, entre la mujer de un magnate y la mujer de un minero, entre una que tiene todo y otra que no tiene nada. Así fue como las sonadas intervenciones de doña Domi, en su condición de esposa de trabajador minero, madre de siete hijos y dirigente del Comité de Amas de Casa, produjeron un fuerte impacto entre las feministas más recalcitrantes, debido a que sus palabras transmitían la sabiduría popular y todo lo que aprendió tanto en los sindicatos mineros como en las escuelas de la vida. No en vano la educadora y periodista brasileña Moema Viezzer, deslumbrada por el poder de la palabra oral de una mujer simple, que sabía simplificar las teorías más complejas en torno a la lucha de clases y la emancipación femenina, decidió seguirla hasta el campamento minero de Siglo XX, con el firme propósito de continuar escribiendo el libro “Si me permiten hablar... Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia”, que, a poco de ser publicado en México y traducido a varios idiomas, se convirtió en la obra más leída entre las feministas del más diverso pelaje.

Los trabajadores mineros, en sus triunfos y en sus derrotas, contaban siempre con el apoyo incondicional de sus mujeres e hijos, quienes actuaron como sus aliados naturales de clase desde los albores del sindicalismo boliviano. Por eso mismo, volví a coincidir con doña Domi en el Congreso Nacional Minero de Corocoro, inaugurado el 1 de mayo de 1976; ocasión en la que planteó la necesidad de organizar una Federación Nacional de Amas de Casa, afiliada a la Central Obrera Boliviana (COB), mientras los trabajadores clamaban por sus justas demandas, exigiendo al gobierno el respeto del fuero sindical y la amnistía general.

Semanas más tarde, derrotada la huelga minera en junio de 1976, y ocupada militarmente la población de Llallagua y Siglo XX, la encontré en el interior de la mina, donde los dirigentes nos refugiamos de la sañuda persecución que desató el gobierno. Doña Domi estaba en el último mes de embarazo y su vientre parecía un enorme puño de coraje. Sin embargo, por razones de salud, se decidió sacarla a un lugar seguro para que diera a luz en mejores condiciones. Después se supo que tuvo dos mellizos; una nació viva y el otro nació muerto, probablemente, afectado por los gases malignos de la mina, pues cuando lo sacaron de su vientre, el niño estaba casi en estado de descomposición.

A principios de enero de 1978, cuando ya me encontraba exiliado en Suecia, su nombre volvió a saltar a prensa una vez que se incorporó a la huelga de hambre iniciada por cuatro mujeres mineras y sus catorce hijos en el Arzobispado de la ciudad de La Paz. La huelga, que estalló el 28 de diciembre de 1977, tenía el objetivo de exigir al gobierno la democratización del país, la reposición en sus trabajos de los obreros despedidos, el retiro de las tropas del ejército de los centros mineros y la amnistía irrestricta para los dirigentes políticos y sindicales. Se trataba de una lucha heroica y sin precedentes, ya que nadie se imaginaba que una huelga emprendida por Aurora de Lora, Nelly de Paniagua, Angélica de Flores y Luzmila de Pimentel pudiese tumbar a una dictadura militar, que estaba decidida a mantenerse en el poder por mucho tiempo. Pasaron los días y los acontecimientos históricos cambiaron de rumbo: las cuatro mujeres -respaldadas por los curas, obreros, estudiantes y campesinos que fueron sumándose a la huelga de hambre en diferentes puntos de la sede de gobierno, más las olas de protesta que crecieron como la espuma en el territorio nacional- doblaron la mano dura del general Hugo Banzer Suárez, quien cedió en sus posiciones y decidió convocar a elecciones generales para el 9 de julio de 1978. De este modo, una vez más, doña Domi y las valerosas mujeres mineras demostraron al mundo que una chispa en el polvorín puede provocar una enorme explosión social y que no existen dictaduras que puedan contra la voluntad popular.


Domitila Chungara y el autor (der.), en una
marcha de protesta en Estocolmo, julio de 1980
Años más tarde, ya en Estocolmo, nos reencontramos y abrazamos. Todo sucedió tras el sangriento golpe de Estado protagonizado por Luis García Meza y Luis Arce Gómez en julio de 1980, justo cuando ella participaba en una Conferencia de Mujeres en Copenhague. Sabíamos que el sangriento golpe, que dejó un reguero de muertos y heridos, estaba financiado por los narco-dólares y que en los operativos actuaron los paramilitares reclutados por el nazi y “Carnicero de Lyón” Klaus Barbie. Se organizó un mitin en Kungsträdgården (El Jardín del Rey), desde donde partimos juntos, entre banderas y pancartas, en una marcha de protesta que ganó las principales calles de Estocolmo.

En Suecia, al margen del derecho a la reunificación familiar que le permitió reunirse con sus hijos, constató que las mujeres latinoamericanas se rebelaron contra su pasado de servidumbre y sumisión, amparadas por las leyes que defendían sus derechos más elementales, en igualdad de condiciones con el hombre. Estaba, acaso sin saberlo, en una nación que había superado las desigualdades de género y derribado los pilares de la sociedad patriarcal. La emancipación de la mujer pasó del sueño a la realidad y el decantado feminismo de los años 60, a diferencia del chauvinismo machista, se transformó en una de las fuerzas decisivas en el seno de izquierda sueca, que combinaba la lectura de los clásicos del marxismo con las obras de Alexandra Kollontai, Simone de Beauvoir, Alva Myrdal y otras luchadoras que poseían una inteligencia capaz de desarmar a cualquiera.

Doña Domi comprendió rápidamente que las suecas, a pesar del consumismo y la falta de calor humano, habían conquistado ya varios de sus derechos desde principios del siglo XX. En 1919 se les concedió el derecho a voto y años después el derecho al divorcio, en 1938 se legalizó el uso de los anticonceptivos, en 1939 se promulgó una ley que prescribía que las mujeres no podían perder su trabajo debido al embarazo, parto o matrimonio. En 1947 se tuvo a la primera mujer en el gobierno y en 1974 se estableció la normativa de que ambos padres tenían derecho a un total de 390 días para cuidar a sus hijos, recibiendo el 80 % del salario. Más todavía, en 1975 se legalizó el derecho al aborto sin costo para todas las mujeres y en los años 80 entró en vigor la primera ley contra la discriminación por razones de género en el sistema educativo y en el ámbito laboral, además de que la mujer ya no tenía la necesidad de elegir entre su familia y la carrera profesional, gracias a un amplio sistema de seguro social y asistencia infantil.

Así fue como doña Domi, sin perder las perspectivas de que otro mundo era posible, aprendió la lección de que si en este país pudieron conquistase las reivindicaciones femeninas pasito a paso, ¿por qué no iba a ser posible lograr lo mismo en otros países, donde las mujeres desean convertir sus pesadillas en sueños y sus sueños en realidad?

Con esta pregunta y su nueva experiencia de vida, que le permitió vislumbrar que tanto las mujeres como los hombres pueden gozan de los mismos los derechos y las mismas responsabilidades, empezó a planificar su retorno a Bolivia tras la recuperación de la democracia. Dejó a sus hijos en Suecia y acudió al llamado de la Pachamama, para seguir luchando por un futuro más digno que el presente. Eso sí, esta vez más convencida de que para lograr la liberación de la mujer no sólo hacía falta cambiar las infraestructuras socioeconómicas de un país, sino también las normativas de la convivencia ciudadana y la mentalidad de la gente. Y, aunque en el pasado fue perseguida, encarcelada y torturada, doña Domi se negó a callar y volvió a pedir la palabra para seguir hablando contra las injusticias sociales, con la misma convicción y el mismo coraje de siempre, ya que su testimonio personal es, por antonomasia, una gran lección de vida y de lucha. Si no me lo creen, los invito a leer: “Si me permiten hablar…”, de Moema Viezzer; y “¡Aquí también, Domitila”, de David Acebey; dos libros que sintetizan lo mejor de doña Domi, una indomable mujer de las minas.


Domitila Chungara, la minera que se enfrentó a las dictaduras





La líder boliviana, que falleció el 13 de marzo, participó en las movilizaciones contra Barrientos y Bánzer

La virulencia de un cáncer venció finalmente a Domitila Barrios de Chungara, indomable líder minera, cuyo coraje fue piedra de tropiezo para las dictaduras militares que gobernaron Bolivia entre 1964 y 1982. Chungara falleció esta madrugada en Cochabamba, según informaron sus familiares. El próximo 7 de mayo iba a cumplir 75 años.
El Gobierno del presidente Evo Morales decretó tres días de duelo por la muerte de la líder minera, a quien la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, calificó como “una de las más importantes representantes de la lucha por la democracia en Bolivia”, informa Efe.
Su indignación contra los militares tras la masacre de San Juan, el 24 de junio de 1967, le costó la vida de un hijo que murió al nacer en una lóbrega celda, sin auxilio y víctima de las patadas y golpes de los militares que la detuvieron por insultarlos. El Gobierno del general René Barrientos intervino militarmente los distritos mineros para frenar una huelga y en la noche de San Juan acabó con la vida de decenas de hombres y mujeres en las minas de Catavi y Siglo XX.
Defendió la lucha conjunta de mujeres y hombres contra la explotación laboral
Los distritos mineros fueron de nuevo ocupados militarmente tras una huelga de protesta contra el régimen de Hugo Bánzer (1971-1978) y Domitila Chungara se refugió en una mina junto a los dirigentes del sector, pero tuvo que salir forzada por otro alumbramiento, esta vez de mellizos. Uno de ellos estaba ya muerto en su vientre, aparentemente debido a los gases tóxicos dentro de la explotación.
En diciembre de 1977, cuatro esposas de trabajadores mineros comenzaron una huelga de hambre en el arzobispado de La Paz para exigir al Gobierno de Bánzer una amnistía política y el retorno a la democracia mediante elecciones generales. Domitila Chungara se sumó poco después al ayuno y en pocos días la siguieron miles de bolivianos en todo el país hasta arrancar de Banzer el decreto de amnistía para miles de exiliados políticos y la promesa de elecciones a corto plazo.
Primero trabajó como palliri (dedicada a rescatar mineral entre los residuos o desmontes) para alimentar a sus cinco hermanas y a su madre enferma y comenzó sin pensarlo su carrera política como secretaria ejecutiva del Comité de Amas de Casa de Siglo XX, un vital instrumento de apoyo a los sindicatos de trabajadores mineros. Esa convicción de la lucha conjunta de varones y mujeres contra el sistema de explotación laboral sacudió desde sus bases la tribuna del Año Internacional de las Mujeres que se celebró en México en 1975.
Contra toda corriente del feminismo a ultranza presente en ese foro, la líder minera afirmó que la lucha de la mujer no podía ser contra el hombre, sino contra el sistema de dominación económica, política y cultural de los pueblos. Para ella, el cambio debía darse mediante la igualdad de derechos de hombres y mujeres, acceso igualitario a la educación y al trabajo, para emprender una lucha en pareja contra la opresión y la dominación del capitalismo.
Madre de 11 hijos, cuatro de ellos fallecidos, salió al exilio en la década de los ochenta, pero pronto volvió a Bolivia y se instaló en Cochabamba, donde impulsaba un centro de formación política especialmente destinada a las jóvenes de los barrios más empobrecidos de esta ciudad.
En su natal Pulacayo y en los distritos mineros de Oruro y Potosí se declaró el duelo. Por su parte, la Gobernación de Cochabamba dispuso que sus restos se despidieran con honores desde sus instalaciones, como homenaje a una madre coraje y a una líder indómita frente a los regímenes militares en Bolivia.
Fuente: El País