Mostrando entradas con la etiqueta Feminismo Joven. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Feminismo Joven. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2015

HALL OF FEMME- Guatemala 2015

“Si se supone que es un movimiento nos tenemos que mover todas”

Fotografía Numa Dávila 

Por Numa Dávila

Viernes 17 de abril- Una tarde, un calor sobrenatural, una sala repleta de mujeres hablando, bailando, rimando, pintando, maquinando…


Entre Mc’s (raperas), Bgirls (bailarinas), graffiteras y hermanas, se encontraron reunidas distintas mujeres representantes de la escena hip hop en Guatemala. Durante la primera edición del Hall of Femme –evento que da a conocer el lado femenino de la cultura Hip Hop- realizada en el país,  mujeres jóvenes provenientes de distintos puntos de la ciudad atendieron a la convocatoria para dar lugar a uno de los eventos que podría marcar un punto de partida y unión para la escena del hip hop femenino en Guatemala.


Durante el día hubo espacio para la convivencia y se realizó un taller impartido por la rapera feminista Rebeca Lane. Por la tarde se hicieron las presentaciones artísticas públicas del conjunto de mujeres que convergieron y se manifestaron a través del arte urbano.


Dentro de las muchas reflexiones y mensajes de denuncia expuestos por las artistas, los temas de violencia y acoso sexual callejero fueron los que más brotaron en este encuentro. La necesidad de las mujeres por empoderarse de herramientas de expresión, por compartir con más mujeres y hacer reflexiones en conjunto parece haber sido el punto clave de este encuentro.


“Creo que este evento va a trascender porque nos unimos las chavas - aparte del taller- al conocernos y reconocernos como humanas.” Expresó Mc Coco, Rapera y actriz, quien participó en el encuentro.



Reflexiones sobre el porqué del poco graffiti callejero realizado por mujeres, fue una de las preocupaciones expresadas por Ariz, artista graffitera quien comentaba que: “En Guatemala no hay grafiti de mujeres porque las chavas viven con miedo de ser violadas, asaltadas, entonces su salida más fácil es un lienzo. Sería bonito que hubiera una movida más grande de graffiti femenino pero para eso hay que crear colectivos y grupos para salir. 

La importancia de la autogestión y la generación de espacios desde y para las mujeres fueron algunas de las proyecciones del encuentro, al igual que temas como la sororidad y la consolidación de un “movimiento que nos mueva a todas” –idea manifestada por la Mc MG-  quien al ser su primera vez en un escenario “más grande y fuera de su barrio” concluía su experiencia en el Hall of Femme diciendo: “Yo espero que todas nos llevemos el deseo de volver a reunirnos”

Nosotras, como Mujeres Ixchel, compartimos la alegría de estos nuevos espacios de denuncia, resistencia, lucha y creación entre mujeres…

Porque para crear un movimiento ¡definitivamente tenemos que movernos todas!

martes, 14 de junio de 2011

LA COLONIZACIÓN SOBRE NUESTROS CUERPOS





La interiorización de la cárcel, la exteriorización del control.
Colectiva Juana Julia Guzmàn

Cuando establecemos que el patriarcado es un sistema de dominación y opresión sobre nosotras las mujeres, entendemos nuestros cuerpos como cárceles porque en ellos se condensa todo el autoritarismo que es invisibilizado por la cotidianidad. Es preciso entender la relación directa entre la historia latinoamericana y lo que nos constituye como mujeres definidas en nuestro contexto actual. La historia de América Latina se funda en la conquista y en la permanente colonialidad. Por tanto, la construcción cultural e identitaria femenina en Latinoamérica va ligada a que nuestra condición como mujeres se sustenta en el dogma católico que aún permea nuestras vidas. Es desde aquí, de donde hablamos de colonización más que de control sobre nuestros cuerpo.

La diferencia de decir que nuestros cuerpos están controlados a afirmar que nuestros cuerpos están colonizados radica en emprender una deconstrucció n como mujeres dentro de lo que denominamos práctica libertaria. Porque si bien el feminismo que estudiamos muestra como el patriarcado es transversal en el control sobre nuestros cuerpos, en Latinoamérica la historia de conquista y colonización no es ajena a nuestras vidas como mujeres, ya que el legado de dominación y opresión continúa bajo el discurso católico de la mujer virgen, maría la sacrificada por su culpabilidad de donde se puede entender el machismo y sexismo latinoamericano en una explicación genealógica. Esto no indica que en los pueblos indígenas, la mujer sea tratada como igual dentro del contexto cultural, al contrario, se muestra la percepción de la mujer tratada y concebida como inferior por las percepciones culturales que se tienen de nuestra supuesta naturalidad. Pero creemos que existe una diferencia fundamental en entender todo el entramado cultural de configuración de los países de los que hacemos parte. Es decir, que para emprender una lucha de emancipación de nosotras las mujeres, es preciso entender cuál es nuestra historia para configurar lo que denominamos una nueva sociedad. 


¿Cuál es la historia que conocemos? La historia de héroes mitificados que dieron su vida por la patria. La historia de los héroes que emprendieron la independencia de los países de los que hacemos parte. La historia de las batallas en contra del yugo español, las historia de hombres muertos, la historia de esos hombres canonizados en nuestros libros. La historia de los padres de la patria. Esto es lo que se realza en nuestras clases de historia, y más aún en la celebración del bicentenario en muchos países de la región. Pero cansadas e indignadas de nuestra situación actual, las mujeres también nos preguntamos dónde estamos en esa historia que no nos muestra como heroínas en museos y en libros enteros. Es así que llegamos a entender que esta aparente independencia del yugo español es una completa falacia porque en primer lugar, nunca nos independizamos completamente del yugo español, y porque en la actualidad se sigue reproduciendo el legado criminal sobre nosotras. 

Por eso partimos de negar esa historia a partir del cuestionamiento de la formación política y social de ese autoritarismo arbitrario. Las identidades marcadas en el proyecto de la modernidad de la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos están fundamentadas en el sexismo, machismo, racismo, especismo, que viene de la configuración cultural de la colonia en los países de la región. ¿Alguna sabe la historia de Malinche? Descrito en un texto de Octavio Paz denominado el laberinto de la soledad, Malinche fue la que dio el origen al primer mestizo o a la primera mestiza, a causa de la violación por parte de un conquistador. Es decir que se construye la culpabilidad de Malinche a partir de la justificación que se hace de la violación sexual como legítima sobre nuestros cuerpos, ya que se entienden dentro de toda esta lógica colonial, como parte del territorio conquistado. Por tanto, se entiende que la discriminació n de la mujer es triple: por ser mujer, por ser de una raza distinta considerada como inferior y por la diferencia estamental. Acá podemos mirar que no se separa la importancia que tiene el sistema económico en toda la configuración de este sistema de dominación. Porque Malinche era mujer, pobre e indígena. Además, se le culpa por el hecho, y se le sostiene que su único remedio es la el sufrimiento y el sacrificio en donde se establece su relación con la virgen maría. El sustento católico de esta denominación hacia las mujeres va ligado al carácter de divinización de la dicotomía pública y privada. En donde Jesús, se desenvuelve en lo político y María en lo privado. Esto fundamenta como establecemos los roles en nuestra cotidianidad como un cautiverio: madre, esposa, puta, bruja, loca. Cuando se establece esto dentro de los postulados de la iglesia católica para afirmar permanentemente la masculinidad dentro de la palabra de dios, el poder simbólico se hace más eficiente para mantener el orden. Esto lo entendemos como la construcción de la identidad femenina en nuestra historia, esto es lo que queremos combatir.

Por eso, desde ésta concepción del legado histórico que hemos heredado, nos cuestionamos cómo la institución para vigilar y castigar: la cárcel, se interioriza en nosotras las mujeres pero también todos sus fundamentos autoritarios se exteriorizan en el control para sustentar la represión basándose en el discurso católico de la posición de la mujer. La cárcel es la institución que disciplina y vigila a la mujer o al hombre que viola la legalidad dentro de los márgenes del Estado. Se entiende como el lugar donde la persona acusada pretende ser resocializada por haber cometido un acto ilegal. Pero la historia ha demostrado que el objetivo de las cárceles es otro: la alienación de las mujeres y de los hombres. Es así que, la cárcel es la idea de un microcosmo de una sociedad perfecta donde los individuos se hallan aislados en su existencia moral, pero donde su reunión se efectúa en un encuadramiento jerárquico estricto, sin relación lateral, no pudiendo hacerse la comunicación más que en el sentido de la vertical. Los mecanismos y técnicas punitivas que rompan con esta idea dentro de ese espacio pueden variar, pero siempre con el objetivo de generar disciplina a partir de hacer entender que un orden superior tiene la potestad de su libertad. Este es el primer referente de deshumanizació n, porque esto implica la toma de otros aspectos de la vida de las mujeres y de los hombres detenidos. Evidentemente, estamos hablando de un panorama general, pero cuando el Estado identifica unas enemigas y unos enemigos que generen ruido en su estructura, la situación se torna peor.

Interiorizar la cárcel en nuestros cuerpos y en nuestras vidas implica el encierro en un espacio determinado: el ámbito privado. Salir del espacio asignado genera castigos de tipo físico y psicológico, conjuntamente con una reafirmación de que ese es nuestro espacio. Además hay una permanente vigilancia de que los roles asignados por el patriarcado se continúen reproduciendo. Esto se legitima desde la divinización de la masculinidad a partir de pensar que somos las mujeres el opuesto del otro (el hombre). Basándonos en la idea de que la cárcel deshumaniza a las mujeres y a los hombres: porque perder la libertad implica no solamente estar en encierro, sino también una regresión permanente de las condiciones de la vida digna. Es decir, que el Derecho a la educación, a la salud, a la libertad de expresión, al libre desarrollo de la personalidad, etc. se violan constantemente. Colombia no es una excepción parta este caso, la crisis humanitaria en las cárceles es evidente. Para las mujeres detenidas, la materializació n de toda la discriminació n y opresión patriarcal se condensa en el control de su sexualidad. Todo lo que implica la sexualidad y la reproducción, apunta a ejercer un seguimiento de las relaciones personales de las mujeres, y una negligencia frente a la salud sexual y reproductiva. Pensaran ustedes cuál sería la relación de la situación de las cárceles y nuestra cotidianidad. Para empezar, nosotras no somos distintas a ninguna de las mujeres que están detenidas. La diferencia radica, si es que se puede hablar de diferencia, es que ellas están encerradas bajo un código legal, pero tanto las detenidas, como nosotras acá compartiendo este espacio, somos oprimidas y pretenden que reafirmemos que nuestro único lugar sea un espacio privado: el hogar. Además, bajo la idea de que las mujeres somos propiedad de los hombres, por ende la afirmación de que nuestros cuerpos son de los hombres, todo ese constructo casi invisible del patriarcado se traduce en una asimilación de que nuestra situación es inmodificable, ya que como lo entendimos anteriormente todo el legado colonizador aún se presenta de manera fuerte en nuestras vidas bajo el dogma católico. Por eso, las prácticas de control, vigilancia, sujeción y castigo que se viven en la cárcel, también se materializan en nuestros cuerpos. Por eso, la lucha de las mujeres creemos que no sólo debe trazarse en el ámbito privado, sino en el público. Entendiendo también, que no sólo es el patriarcado el que nos oprime como mujeres, sino va conjuntamente con el capitalismo. . Porque no nos pensamos sólo como mujeres dentro de la categoría sexual, sino como seres sociales inmersas en unas dinámicas determinadas. 

Nosotras estamos concientes y reafirmamos un cambio social, por ende también sentimos en nuestros cuerpos la opresión y represión de toda América Latina, en Colombia, en los barrios de la periferia, en el campo, en los hogares, en las cárceles, es así que no sólo levantamos nuestras banderas en contra del patriarcado, también lo hacemos en contra del capitalismo. Las dos luchas no pueden ir por caminos distintos.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La falsa idea de igualdad y el desconocimiento del término marginan un movimiento todavía muy necesario


Por Olivia Carballar
Fuesen 50.000 o dos millones de personas, con desavenencias o sin ellas, las asociaciones antiabortistas salieron a la calle hace dos semanas para protestar contra lo que consideran una aberración. Lo mismo hicieron hace tres décadas miles de mujeres para lograr que el Gobierno despenalizara los tres supuestos vigentes. Pero ¿dónde están hoy las jóvenes que pueden interrumpir su embarazo con la ley en la mano? ¿Dónde están esas jóvenes que sacan mejores notas que los hombres, las que van a trabajar sin ser consideradas bichos raros, las que prefieren tener hijos con 30 años que con 20? ¿Por qué no salen a la calle? Una de dos: o la batalla está ganada, algo que desmiente la realidad, o el feminismo asusta a los más jóvenes. La pregunta, por obvia que resulte, es: ¿Por qué?
Según varias asociaciones de jóvenes feministas, la responsabilidad de ese supuesto rechazo recae directamente en el sistema. Primero, por las molestias que el movimiento genera a un mundo dominado por los hombres y el capitalismo. Y segundo, porque ese mismo sistema se ha encargado de difundir una idea falsa de igualdad. “Nos han hecho creer que tenemos derechos, libertad sexual, que podemos trabajar, dvotar, ser hasta vicepresidentas del Gobierno, pero ésa no es la realidad, porque nos quieren ocultar las renuncias que aún tenemos que soportar para trabajar o ser políticas; somos víctimas de esa falsa igualdad”, explica Lourdes Pastor, presidenta de Jóvenas Feministas, un colectivo que reivindica, además, el lenguaje no sexista. Y pone un ejemplo: “Estar en una discoteca y tener relaciones sexuales con un hombre y luego con otro y luego con otro más es reproducir los roles masculinos que tanto daño nos han hecho a las mujeres durante muchos años, eso no es libertad, ni que nos eduquen con series como Física o Química”, afirma.
Desigualdad en las aulas.
Una encuesta de la Universidad de Sevilla a alumnos de secundaria evidencia que el camino por la igualdad aún es pedregoso: un tercio de los chicos consideran normal “vengarse de sus novias si les ponen los cuernos”. Y creen, además, que los que son infieles son “más machos”, afirmación que también suscribe el 17% de las adolescentes. Ese mismo porcentaje de chicas opinan que “tiene más ventajas ser hombre que mujer”.
No son los únicos datos preocupantes. Dos de cada tres jóvenes admiten que las tareas del hogar son realizadas en su mayoría por las mujeres, según el Informe Juventud en España 2008, elaborado por el Ministerio de Igualdad.
La presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, Virginia Olivera, apunta directamente a la raíz del problema: “Los feminismos, porque son más de uno, son un conjunto de teorías filosóficas y prácticas políticas que promueven la libertad de la mujer y critican la desigualdad entre sexos; el problema es que este movimiento está políticamente denostado porque cuestiona todo el sistema, resulta incómodo”, denuncia.
A ello se suman las connotaciones negativas de quienes consideran el feminismo como el término contrario al machismo. “Ese sistema dominante, que es masculino, entiende el mundo de acuerdo a las dicotomías, o blanco o negro, y eso no es así; en todo caso, el antónimo del machismo sería el hembrismo”, matiza Olivera.
Belén Zurbano, estudiante de Periodismo, ahonda también en esta causa: “El feminismo genera rechazo entre los jóvenes por falta de información, porque no se conoce su reivindicación real, que los dos sexos sean iguales, algo totalmente opuesto al machismo y el hembrismo, que defienden la superioridad de un solo sexo”. Su compañera de clase, María Velázquez, no cree necesario, sin embargo, usar ninguna palabra: “Quiero tener los mismos derechos que cualquier persona, sin etiquetas, y creo que la mayor desigualdad está en tratarnos a todos por igual, porque una mujer puede ser peor que un hombre o al contrario, somos diferentes independientemente del sexo”.
Francisco Gómez, otro estudiante de 25 años, no está de acuerdo ni con la pregunta inicial. “El feminismo no asusta a los jóvenes. Me parece un movimiento necesario para acabar con el patriarcado y es normal que las mujeres se organicen para continuar con esa lucha”, zanja. La mayoría de los jóvenes consultados en la última encuesta elaborada por el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) sitúa la lucha por la igualdad como su mayor prioridad junto a la consecución de la paz, por encima incluso de la protección del medioambiente.
“No nos consta que el feminismo genere rechazo, tenemos muchísimos voluntarios que trabajan por la igualdad, y no sólo mujeres, hay muchos hombres; los jóvenes tienen que ser protagonistas fundamentales en ese cambio de valores”, asegura el director del IAJ, Raúl Perales. La campaña Por los buenos tratos, emprendida en 2005 por el organismo en colaboración con Acción en red, ha atendido a más de 25.000 chicas. Es quizá, otro feminismo, el que no molesta. El que no se ve.

Fuente: Red de Jovenes. 

domingo, 5 de diciembre de 2010

LAS HIJAS DE LAS FEMINISTAS. EL FEMINISMO DEL SIGLO XXI: ¿DECLIVE O DEMOCRATIZACIÓN?


AINHOA FLECHA

a frase “las mujeres jóvenes no están interesadas en el feminismo” nos llega desde todas partes. De todas maneras, no se han realizado demasiados estudios sobre cómo participan las mujeres jóvenes. Los estudios que abordan este tema afirman que las mujeres jóvenes tienden a rechazar la palabra feminismo a pesar de que ya han interiorizado valores feministas en sus vidas y actitudes. El feminismo está rodeado de varios estereotipos que hacen que muchas mujeres jóvenes pasen de identificarse con el movimiento feminista, a pesar de que comparten algunas de sus posturas. Aunque estas circunstancias no afectan a todas ellas.
Algunas mujeres jóvenes están involucradas en una amplia variedad de grupos feministas que trabajan con diferentes objetivos para combatir las desigualdades persistentes entre los hombres y las mujeres. En este artículo exponemos algunos de los resultados de una investigación (Flecha 2006) en la que exploramos la manera como las mujeres jóvenes comprenden el feminismo de sus madres y cuáles son sus expectativas y demandas al feminismo actual para participar en él y convertirlo en un movimiento social fuerte del siglo XXI.
Las mujeres jóvenes están demandando la democratización del feminismo para incluir las voces de las mujeres que tradicionalmente han sido excluidas de este movimiento. 

Estas demandas están relacionadas con la necesidad de garantizar la relación entre el feminismo y la transformación social, promoviendo el diálogo y la solidaridad entre todas las mujeres e integrando el respeto de las diferencias entre ellas, pero, al mismo tiempo, superando las desigualdades que tradicionalmente han existido entre las mujeres dentro y fuera del movimiento feminista.

No soy una feminista, pero...

A pesar de que no existen muchos estudios sobre la participación de las mujeres jóvenes en el movimiento feminista, la literatura feminista está repleta de frases que afirman que las jóvenes no están interesadas en el feminismo. Esto se considera un a priori que no necesita ser demostrado. Algunos de estos argumentos están basados en la idea de que las mujeres jóvenes han crecido en un mundo caracterizado por la igualdad de género y tal vez no consideran el feminismo como algo necesario. Esta idea ha sido fuertemente rebatida en diferentes ámbitos feministas.

Teniendo en cuenta que las mujeres son más pobres que los hombres en todo el mundo, sufren mayores índices de desempleo, tienen una participación más minoritaria en los procesos de toma de decisiones, etc. y considerando aspectos tales como que la violencia de género es la causa principal de la mortalidad y la discapacidad entre las mujeres de 16 a 44 años de edad (Amnistía Internacional, 2004) parece arriesgado afirmar que las desigualdades de género han desaparecido y que el feminismo ya no es necesario.
 
Sin embargo, podemos encontrar algunos estudios sobre la relación entre la juventud y el feminismo. Varios de ellos concluyen que a pesar de que los y las jóvenes rechazan el mundo feminista, han interiorizado los valores feministas en sus vidas y en sus actitudes.  Esta idea sugiere que las mujeres jóvenes esgrimen una serie de estereotipos que las previenen de identificarse con el feminismo.

De acuerdo con la sabiduría convencional, los estereotipos que las mujeres jóvenes atribuyen a la etiqueta feminista hacen que la rechacen... No obstante, el rechazo de la etiqueta feminista no significa que las mujeres jóvenes rechacen las posiciones feministas. Es más, su simultáneo respaldo de los objetivos feministas junto con su aparente desafío a la etiqueta feminista, ha llevado a esta cohorte ser llamada la generación “No soy feminista pero...”2(Peltola 2004: 122)

Otras investigaciones subrayan el hecho de que, sean muchas o no, hay mujeres jóvenes que si se autodenominan feministas y participan en grupos y organizaciones para combatir las desigualdades de género. El feminismo joven ha sido habitualmente identificado con la tercera ola, que se ha definido como el  feminismo desarrollado por aquellas mujeres que llegaron a la mayoría de edad durante las décadas de los ochenta, noventa e incluso en la actualidad. 

Por tanto, no se define por unos principios determinados ni por una visión particular de entender el mundo y el feminismo, sino que la definición es meramente generacional. En consecuencia, está formado por una amplia variedad de grupos con objetivos muy diferentes. Además, incluye también un amplio abanico de edades, puesto que estaríamos hablando tanto de mujeres que superan los cuarenta años como de adolescentes.
Todas estas circunstancias dificultan el análisis de la tercera ola de feminismo. En el presente estudio hemos revisado los diversos intentos que han habido de sistematizar la tercera  ola (Lotz 2003; Lois 2002). 

Partiendo de dichos análisis, hemos elaborado una nueva clasificación, diferenciando entre corrientes  postmodernas y dialógicas. Bajo corrientes postmodernas tenemos en cuenta aquellas que se centran en el concepto de diferencia así como aquellas que cuestionan el pensamiento binario (hombre / mujer) y proponen la disolución de las categorías de género. Ambas se basan en los desarrollos realizados por autores como Foucault (2000) o Derrida (1998), entre otros. En las corrientes dialógicas incluimos aquellas que defienden un feminismo basado en la igualdad de diferencias que sea capaz de incluir todas las voces, especialmente aquellas tradicionalmente ausentes en los foros feministas (mujeres de grupos culturales, amas de casa, mujeres sin estudios, mujeres del tercer mundo, etc.).

 Esta visión del feminismo anterior como un movimiento excesivamente restrictivo les ha llevado a rechazar toda norma y animar a las mujeres a disfrutar de sus propias contradicciones. Cualquier norma es considerada parte de lo que ellas llaman “moralidad vigilante”. De hecho, Rebecca Walker (1995), en su antología To Be Real: Telling the truth and changing the face of feminism considera que las mujeres que están participando en “actividades anti-revolucionarias” como la erotización de la violación violenta son un ejemplo de lo que el feminismo debería significar.
Finalmente, algunas autoras consideran que Girlie es un movimiento de chicas
consumistas de clases medias y altas que no conocen los problemas a los que se enfrentan la
mayoría de las mujeres jóvenes y a las que no les interesa combatir la exclusión social, evitando
cualquier proyecto político.
A finales de los noventa, desde ámbitos feministas muy diversos, emerge con fuerza la idea de un feminismo más inclusivo. Estas corrientes dialógicas defienden la necesidad de un feminismo basado en la igualdad de diferencias y centrado en la inclusión de todas las mujeres en el movimiento, especialmente de aquellas que padecen mayor exclusión social y que no han sido siempre tenidas en cuenta por el feminismo.
Autoras como Lidia Puigvert (2003, 2005) expresan su preocupación por el hecho de que el feminismo ha representado principalmente a las mujeres académicas, centrándose en sus necesidades e intereses y olvidando a la mayoría de mujeres. Estas “otras mujeres” denuncian ahora que el feminismo tradicional no las representa y que ellas quieren participar en la definición de la agenda del movimiento. En una línea similar, encontramos autoras como Bell Hooks (2000) o Judith Butler (2003). De hecho, ésta es la idea central de la antología Colonize This! Young women of color on today’s feminism (Hernández, D. & Rehman, B. 2002), en la cual una serie de jóvenes feministas escriben sobre lo que el feminismo significa para ellas.
 
El feminismo de nuestras madres
En términos generales las mujeres entrevistadas tienen una visión positiva de los grupos feministas en los que participan. Consideran que en casa han recibido valores positivos sobre la autonomía y los derechos de las mujeres. Identifican como objetivos principales del feminismo de sus madres aquellos centrados en la libertad y la autonomía de las mujeres.

Recuerdo por ejemplo mi madre contándome muchas cosas sobre ser autónoma y creo que ella recibió eso del movimiento. (...) Creo que son valores que consideran positivos y estoy
muy contenta que me los hayan transmitido. O por ejemplo, otra cosa que he visto es la
importancia de estudiar. (Ariadna, m1t).

En relación con la autonomía, la promoción social y laboral también aparece como relevante y, como consecuencia, la importancia de la educación, valores que las mujeres entrevistadas han recibido de sus 
madres.

A pesar de que tradicionalmente el feminismo se ha relacionado con otros movimientos sociales, con la introducción de enfoques basados en las diferencias y/o la deconstrucción, el feminismo se ha ido separando progresivamente de ellos y considera las desigualdades de género independientes de otros tipos de desigualdades. Esto aparece en el trabajo de campo y se percibe como algo negativo por las mujeres entrevistadas.
En el movimiento queer no había coordinación entre esos ideales y el racismo no se tenía en cuenta (Amy, m1e).

Creen que cuando el feminismo se separa de otros movimientos sociales y se centra tan solo en las  desigualdades de género se olvida de las mujeres más vulnerables.
Considerando el perfil de las componentes del movimiento feminista, las mujeres entrevistadas afirman que son principalmente mujeres jóvenes con trabajo remunerado. Por lo que respecta al nivel educativo, la distinción entre las organizaciones feministas que están relacionadas con otros movimientos sociales y las que son exclusivamente feministas aparece como relevante. En las primeras, encontramos una gran pluralidad. A pesar de que las mujeres con altos niveles educativos predominan, también afirman que participan mujeres con bajos niveles de estudios. 
De todas maneras, en las organizaciones exclusivamente feministas, la participación de mujeres sin una titulación educativa es prácticamente inexistente. Sin embargo, en ambos casos afirman que las mujeres que son más visibles, que hablan en las asambleas, que aparecen como imagen del movimiento, etc., tienen altos niveles educativos.
Supongo que eran movimientos mucho más intelectuales, en el sentido que la gente estudiaba (Saray, m2e).
En general muchas de las mujeres entrevistadas creen que hay grupos de mujeres (amas de casa, mujeres de grupos culturales, etc.) que no están representadas en el movimiento feminista.
 
Creo que eso fue lo que separó a mi madre del feminismo. Es decir, creo que si mi madre no participó más en el feminismo fue por mi padre y por ser un ama de casa. Porque algunas de sus amigas que participaban más estaban en un entorno más intelectual y mi madre no estaba y eso fue lo que la apartó (Gemma, m4e).
No puedo imaginar a mi abuela compartiendo espacios con mi madre en aquellos
tiempos (Saray, m2e).
También hemos observado que algunos estilos de vida están más representados que otros.
Muchas de ellas eran lesbianas (...) Muchas no estaban casadas, quizás vivían con un compañero, pero no estaban casadas. Tenían un trabajo todas ellas (Laura, m2e).  

En algunas entrevistas, podemos percibir la existencia de prejuicios hacia esas mujeres que eran diferentes del modelo de “mujer feminista”.
Ahora me doy cuenta que también tenía prejuicios, porque he sentido mucho un modelo
de mujer o de feminismo (...) tenía una imagen de que mi madre era feminista, era libre y las
madres de mis amigas no lo eran porque mi madre tenía un nivel de estudios alto, tenía un
trabajo... y las otras no, eran amas de casa (Laura, m2e).

El feminismo era de clase alta y mujeres blancas (...) Me sentí muy frustrada con mis
profesores porque su percepción de las cosas me parecía muy... quiero decir, siempre hablaban
muy mal de la clase baja en Estados Unidos (Amy, m2e).

En este apartado hemos visto algunas de las ideas que las hijas de las feministas tienen sobre el feminismo de sus madres otorgándole valores positivos y expresando algunos aspectos que consideran errores a tener en cuenta  

Las voces de las hijas: ¿qué esperamos del feminismo?

Las mujeres jóvenes entrevistadas participan en diferentes grupos cuyos objetivos son diversos, incluyendo, por ejemplo, la promoción social de las mujeres árabes y romaní, la promoción de la educación para la lucha contra la violencia de género. Sin embargo, podemos observar algunos elementos comunes que aparecen como objetivos de diversas organizaciones:

• La igualdad de las diferencias, en otras palabras, la búsqueda de la igualdad y la definición de objetivos comunes entre todas las mujeres empezando por el respeto a las identidades diversas.
• La promoción del diálogo entre las mujeres de diferentes culturas, procedencias étnicas, edades, niveles educativos, etc.
• La promoción de la solidaridad entre todas las mujeres para luchar conjuntamente contra
la discriminación de género.
• La promoción social de las mujeres, especialmente de aquellas con mayor riesgo de
exclusión social.
• La importancia de la educación.
• La democratización del feminismo, enfatizando la necesidad de incluir todas las voces.

 Dentro del movimiento feminista es importante garantizar que hay muchas mujeres,diferentes en todos los sentidos, mujeres de todo el mundo, mujeres adultas y mujeres jóvenes,niñas... Y tiene que haber un momento en el que podamos hablar incluso si pensamos de maneradiferente, pero eso es también bonito (Alba, h4t).

A pesar de todos estos aspectos, las mujeres jóvenes valoran muy positivamente el énfasis sobre la transformación y el diálogo social. Dicen que una de las cosas que las animan más a participar es que sienten que con sus acciones están logrando realizar cambios sociales reales, contribuyendo a la transformación de las situaciones de desigualdad y evitando posiciones pasivas.

En primer lugar, eso te enriquece a ti misma. He crecido mucho. Y aprendes mucho, quiero decir, aprendes mucho y al mismo tiempo ves que tienes más repercusión y que lo que estás haciendo es muy transformador. Sí, quiero decir, que realmente cambias cosas, que no es sólo una etiqueta o ir a una manifestación (Saray, h1t).

Respecto a los perfiles, las mujeres que hemos entrevistado están preocupadas por la necesidad de incluir el máximo de voces dentro de la organización en la que participan. Creen que la pluralidad es necesaria si los movimientos sociales quieren promover cambios sociales reales.
 
Es muy bonito por eso (...) es muy enriquecedor estar con personas con vidas muy diferentes, con diferentes historias de vida, pero que son compatibles (...) porque eso hace que respetes a las otras personas, todas las opciones y te hace creer que otro mundo es posible y que todos podemos vivir en este mundo, con diferentes estilos de vida (Ariadna, h2t).

En otras palabras, creen que el feminismo no tiene que ser asimilacionista y tiene que respetar que cada mujer elija qué tipo de vida quiere, respetando las diferencias entre ellas sin forzar a nadie a separarse de su  entorno, comunidad o identidad.
Por lo tanto, dicen que sus organizaciones están formadas por diferentes mujeres. Consideran que la pluralidad es necesaria para construir un movimiento social que pueda representar diferentes mujeres, incluyendo las motivaciones y los intereses de todas ellas.

Por lo que se refiere a las actuaciones, son muy variadas. Muchas están en la misma línea que las acciones que solían hacer sus madres como por ejemplo, participar en conferencias o en grupos de mujeres de discusión sobre diferentes aspectos. Por otra parte, también apreciamos que las manifestaciones, que acostumbraban a ser muy importantes para sus madres, han perdido relevancia para ellas. Participan en algunas, pero no están muy presentes. Finalmente, subrayan las acciones centradas en la sensibilización de la ciudadanía sobre temas como la violencia de género o la importancia de la educación.

Hacia un nuevo feminismo para el siglo XXI: 
demandas para la democratización del movimiento feminista En esta sección pretendemos identificar cuáles son los elementos que las mujeres jóvenes demandan para el feminismo, basándonos en el trabajo de campo y la revisión de la literatura desarrollada durante la investigación.
Consideramos que si el feminismo quiere ser un movimiento social fuerte en el siglo XXI, como lo ha sido hasta ahora, tiene que incorporar las demandas que están haciendo las jóvenes.
Una de las principales demandas de las mujeres jóvenes es la inclusión de la pluralidad de voces. De acuerdo tanto con la bibliografía disponible como con nuestro trabajo de campo, el feminismo ha fracasado en representar colectivos de mujeres como las trabajadoras de la limpieza, las mujeres de color, etc. Lo mismo ha ocurrido con las generaciones más jóvenes.
Muchas mujeres no se sienten identificadas con el feminismo, considerándolo como algo que no tiene que ver en absoluto con ellas ni con su realidad. Muy a menudo, esas mujeres que sufren las mayores  discriminaciones han sido excluidas del movimiento y sus logros se han distribuido de manera desigualitaria, mejorando la situación de las mujeres más privilegiadas, en otras palabras, blancas, con niveles educativos altos, clase alta, etc.
Ella Mizzel Kelly (2001), en su artículo Female, Young, African-American and Low Income:
What does feminism has to do with her? Argumenta que el feminismo está muy lejos de las mujeres jóvenes no privilegiadas y que no se acercará hasta que incluya sus demandas. Afirmo que en su forma presente el feminismo tiene poca o limitada relevancia en las vidas de las mujeres jóvenes; no parece que vaya a convertirse en relevante para esas mujeres jóvenes en un futuro cercano a no ser y hasta que confronte la complejidad de sus opresiones (Kelly 2001, 53).
En la misma línea, personas y grupos diferentes reclaman un feminismo más inclusivo, capaz de incluir todas las mujeres en el movimiento. Pero no es suficiente con incluir sus demandas; necesitan participar a todos los niveles, especialmente en los espacios de toma de decisiones. Las mujeres jóvenes entrevistadas señalan que el feminismo tradicional estaba formado por un grupo limitado de mujeres que intentaba adoctrinar al resto de mujeres sobre cómo tenían que vivir sus vidas.

Lo que no me gusta es ir a otros países y contarles cómo se tienen que hacer las cosas. Lo que me disturba es que organizamos campañas para un cierto número de mujeres porque tienen no sé qué problema pero de hecho no nos hemos preocupado de saber qué piensan sobre ello (Emma, h1t). Lidia Puigvert (2001,2003) señala que la exclusión del movimiento feminista está relacionada con el nivel académico, y afirma que el feminismo tradicional ha representado principalmente a mujeres con altos niveles de educación. Que la inclusión de todas las voces

permitirá a mujeres diferentes vivir juntas en los mismos territorios enriqueciendo nuestras
perspectivas individuales, y logrando un respeto a la diferencia con igualdad de oportunidades,un feminismo inclusivo, que al mismo tiempo tenga en cuenta las múltiples fuentes de exclusión social, poniendo en énfasis en su transformación global y no sólo en las exclusiones que han afectado y afectan a un determinado grupo de mujeres. Finalmente, el diálogo entre todas las mujeres es el camino más efectivo y realista para reforzar, ampliar y hacer efectiva la consecución de los objetivos, nuevos y antiguos, de los movimientos feministas.
 
Conclusiones
En el presente artículo hemos visto cómo los estereotipos existentes sobre el movimiento feminista, debido al predominio de un modelo de cuál tiene que ser la “mujer feminista”, ha causado el rechazo de muchas mujeres jóvenes a ser etiquetadas como feministas a pesar de que comparten algunos de los propósitos del movimiento feminista. Pero eso no quiere decir que las mujeres jóvenes ya no están interesadas en el feminismo nunca más, tal y como se ha dicho en la literatura feminista. De hecho ha habido muy pocas investigaciones sobre este tema. Al contrario de estas afirmaciones, hay evidencias sobre la participación de mujeres jóvenes en diferentes grupos feministas y nuevas tendencias feministas que trabajan para superar las desigualdades persistentes entre hombres y mujeres en nuestras sociedades actuales.
Al mismo tiempo, a pesar de la visión positiva del movimiento feminista por sus conquistas de un nivel más grande de libertad y de autonomía para las mujeres, hay una concienciación muy amplia entre las mujeres jóvenes sobre el hecho de que el feminismo de sus madres ha excluido a diversos grupos de mujeres del propio feminismo. Diversas mujeres (amasde casa, mujeres de grupos culturales, etc.) han sido infrarepresentadas en el movimiento feminista.
Pero eso no significa un declive del movimiento feminista, sino un cambio necesario de su fuerza hacia objetivos más democráticos. El movimiento feminista ha sido uno de los movimientos sociales con mayor impacto en las sociedades actuales y en la vida diaria de los hombres y de las mujeres. Pero las mujeres jóvenes consideran que el feminismo no puede conformarse con los logros obtenidos en el pasado y piensan que este movimiento tiene que encontrar maneras de incluir nuevas demandas y voces para ir más allá, superando las discriminaciones tradicionales y nuevas hacia las mujeres (como las que afectan a las mujeres que pertenecen a los grupos culturales minoritarios o que sufren violencia de género).
Consecuentemente las mujeres jóvenes reclaman un movimiento feminista más fuerte para el siglo XXI que responda a estas demandas de mayor participación de las mujeres que viven diferentes realidades sociales y culturales, incluyendo sus voces, especialmente aquellas que han sufrido mayores discriminaciones.
De acuerdo con el giro dialógico de las sociedades actuales, las mujeres jóvenes dicen que este feminismo del siglo XXI en el que están interesadas en participar está respondiendo a la necesidad de promover el diálogo y la solidaridad entre todas las mujeres (de diferentes culturas, edades, grupos étnicos, niveles educativos, etc.) para luchar juntas contra las discriminaciones de género. Está fuertemente ligado con la necesidad de superar las desigualdades que persisten entre las mujeres dentro y fuera del movimiento feminista. Las mujeres jóvenes reclaman un  nuevo feminismo con un carácter optimista, dirigido a la transformación social y siempre conectado con el cambio social.
 
Bibliografía
Amnesty International (2004): It’s in our hands. Stop violence against women (Oxford: Amnesty
International Publications)
Baumgardner, J. y Richards, A. (2000): Manifesta: young women, feminism and the future (New York,
NY, Farrar, Straus and Giroux)
Beck-Gernsheim, E.; Butler , J. & Puigvert, L.(2003): Women and social transformation. (New York:
Peter Lang)
Butler, J. (2003) The Question of Social Transformation. in Beck-Gernsheim, E.; Butler, J. y
Puigvert, L. Women and Social Transformation (New York, NY: Peter Lang) (p. o. en 2001).
De Botton, L., Puigvert, L., & Sánchez A. M. (2005): The inclusion of other women: Breaking
the silence through dialogic learning (Dordrecht, Netherlands: Springer)
Derrida, J. (1998): De la Gramatología (México, D. F., Siglo XXI) (p. o. en 1967).
Flecha, A. (2006): Las hijas de las feministas. El feminismo en el siglo XXI. ¿Declive o
democratización? Tesis doctoral no publicada. Universidad de Zaragoza.
Foucault, M. (2000): Vigilar y castigar (Madrid, Siglo XXI) (p. o. en 1975).
Gómez, J.; Latorre, A.; Sánchez, M. y Flecha, R. (2006): Metodología Comunicativa Crítica.
(Barcelona: El Roure Editorial)
Hernández, D. y Rehman, B. (2002): Colonize This! Young women of color on today’s feminism
(New York, NY: Seal Press)
Hooks, B. (2000): Feminism is for Everybody (Cambridge, MA: South End Press)
Karp, M. y Stoller, D. (1999): The Bust Guide to the New Girl Order (New York NY, Penguin)
Kelly, EM (2001) Female, young, African-American and low- income: What’s feminism got to do
with her? Feminism and Psychology, 11, 152–156.
Lois, M. (2002) La Nueva Ola del Feminismo. en Antón, J. Las ideas políticas en el siglo XXI. pp.
163 – 179 (Barcelona: Ariel)
Lotz, A. (2003) Communicating Third-Wave Feminism and New Social Movements: Challenges
for the Next Century of Feminist Endeavor. Women and Language. Vol. XXVI, Nº 1, pp. 2
- 9. (Urbana: Organization for the Study of Communication, Language and Gender)