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jueves, 17 de diciembre de 2015

“En el cuerpo de la mujer se realiza una pedagogía de la crueldad”




Por Natalia Gelos 

La antropóloga Rita Segato estuvo en Argentina para presentar su libro sobre los asesinatos de Ciudad Juárez. El cuerpo de las mujeres como depositario de violencia, el rol del Estado y la búsqueda de soluciones por la vía comunitaria fueron algunos de los temas que desarrolló. Infojus Noticias la entrevistó.

Dijo que no tiene vergüenza de pensar con sospecha; que hemos colocado fichas de más en el género y no llegamos a ninguna parte; que la política ha capturado al crimen. Y para romper con la violencia de estas “nuevas guerras”, la única salida es construir comunidad.  En la presentación de su libro, en una mesa acompañada por  Raúl Zaffaroni y Hugo Cañón, la antropóloga e investigadora Rita Segato hizo un recorrido por su pensamiento de los últimos años. Especialista en violencia, y en particular de la violencia contra las mujeres, en  2003, esta argentina que reside en Brasil se trasladó a Ciudad Juárez y escribió el libro que acaba de publicarse por el sello Tinta limón: “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Infojus Noticias conversó con la autora.
¿Qué relación hay entre guerra y violencia en el cuerpo de las mujeres? 
Después de la guerra de Yugoslavia hay una discontinuidad de la historia de la guerra. Las guerras se vuelven informales, y entre las cosas que han cambiado, el foco que se coloca en el cuerpo de las mujeres. Como una profanación, como una aplicación de crueldad y tortura hasta la muerte, más que como una anexión, que era lo que sucedía en las guerras anteriores. Entonces, la historia de la guerra es discontinua y hay una transformación de las prácticas estructurales del conflicto cuando se pasa a las guerras no convencionales. Hay una paramilitarización de todas las guerras hoy, donde lo que sucede ahí está en un umbral entre lo legal y lo ilegal.
¿Cuándo se produce lo que llama la autonomización de la violencia?
En los asesinatos mafiosos, tanto en Italia como en Colombia, las víctimas en general son otros hombres. Antagonistas, delatores o traidores, pero parte de la corporación armada propia o enemiga. Esos cuerpos llevan mensajes, con diseños que implican una escritura mafiosa en la disposición del cadáver, pero ese cuerpo es parte del enemigo.  Pero en la violencia contra las mujeres hay una diferencia. Si matás a alguien que no es miembro de la banda armada, inocente de la guerra, pongamos el caso Candela, ahí el carácter puramente expresivo de la violencia se autonomiza y se hace más potente: estabilizando lo que es específicamente un lenguaje. 
A partir de su estudio sobre la trata, se pregunta si el Estado puede proteger a sus ciudadanos. ¿Cómo es la acción anfibia que propone? 
El discurso del derecho es el discurso del Estado. Las leyes son buenas en Brasil, por ejemplo, pero no consiguen frenar la escalada de asesinatos de mujeres. Para mí, la acción debe ser anfibia: con una mano trabajar sí en el campo estatal pero sin colocar las fichas ni todos los esfuerzos, porque el Estado hasta ahora no ha sido capaz de probar que puede proteger a las personas. Los crímenes del poder económico no se clarifican nunca.  Eso pasa en los países centrales también. Yo creo que la lucha es en todos los campos, inclusive en el Estado, pero no exclusivamente en él. Es necesario reconstruir el tejido social comunitario, reconstruir las comunidades, que pueden proteger, conversar entre sí, tomar medidas de una forma que el Estado no puede. Necesitamos un Estado que devuelva el fuero comunitario.
¿Qué soluciones ofrece el tejido comunitario?
Hay modelos de comunidad que no se deshicieron completamente. Después de trabajar en la cárcel de Brasilia, con estudiantes, mi decepción fue tan grande con la manera con la que el Estado entiende la infracción, el delito, el crimen, que ahí empecé a estudiar pluralismo jurídico. El derecho indígena, por ejemplo, tiene una estructura totalmente diferente al derecho estatal y es mucho más inteligente. Toda la noción de delito… no hay tipificación, no hay reducción a término. Cada delito es único y es analizado por toda la comunidad. Cuando vos tenés comunidad, las personas pueden reunirse y conversar sobre lo ocurrido y lograr un acuerdo. Y es siempre un acuerdo eficiente. Porque la meta es de salud, más parecida a una curación de los lazos comunitarios que a un remedio por destrucción del infractor. Lo que tenemos que colocar en un signo de interrogación es nuestra fe estatal.
Usted dice que la trata actual tiene una funcionalidad que excede el intercambio sexual como servicio. ¿Cómo llega a esa conclusión? 
Una vez, les pregunté a Silvia Chester y Monique Thiteux- Altschul  si los hombres van a los prostíbulos solos o en grupo. Me contestaron que van en grupo ¿Qué es lo que se realiza ahí? ¿Se realiza la compra de un servicio sexual o ese es el lugar en el que se celebra un pacto entre hombres, un negocio de entendimientos corruptos entre jueces, policías, empresarios o políticos? Con eso, varias cosas se garantizan; por ejemplo, que las mujeres políticas, juezas, empresarias y policías no participen de ese monopolio del convenio entre un grupo de hombres. La mujer que está ahí, como víctima sacrificial, es la que con su cuerpo sella la posibilidad de ese pacto. Y hay una segunda cosa en la trata: cada vez más estoy percibiendo que el capital en su fase actual se asienta en un pacto de la pedagogía de la crueldad y es en el cuerpo de la mujer que se realiza ese acto. La trata es todo eso simultáneamente.
¿Por qué dice que las organizaciones de derechos humanos no alcanzan a entender estas violencias?
El discurso de los DDHH actual encuadra Estados. Aquí  los crímenes los comenten actores paraestatales. El Estado es duplicado por naturaleza. Con la tercerización de la vigilancia está más duplicado todavía. Luego tenemos personas que actúan en el control territorial de los lugares vulnerables y que no son agentes estatales. Muchas veces torturan por ejemplo.  En el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, la tortura es gravísima pero cuando es realizada por el Estado. Pero si un vecino es un marero, un sicario, y está actuando para cabezas intermediarias entre el Estado y el paraestado, no puede haber una condena porque la tortura es condenable cuando hay estatales.

Fuente:http://www.infojusnoticias.gov.ar/entrevistas/en-el-cuerpo-de-la-mujer-se-realiza-una-pedagogia-de-la-crueldad-85.html

miércoles, 9 de abril de 2014

APUNTES SOBRE LA CUERPA LESBIANA



Patricia Karina Vergara Sánchez

 “Es que suena tan feo… suena como ilógico, ustedes queriendo hasta cambiar el lenguaje”. 

En el mundo de predominio occidentalizado, el cuerpo femenino debe ser blanco, blanqueado o exotizado, delgado-esquelético y alto, mientras más parecido sea al de la modelo rubia de las revistas de moda o de los anuncios espectaculares de películas, mucho mejor. Si no lo es, hay que mostrar y demostrar los esfuerzos que cada una realiza con dietas, afeites e incluso cirugías para resultar lo más parecidas posibles a ese mandato, de lo contrario las sanciones sociales van de las verbalizaciones y burlas “fea, descuidada, sucia”, hasta discriminaciones varias, entre ellas gordofobia y/o racismo como violencias concretas en familias, centros laborales y comunidades enteras. Es decir, existe una idea hegemónica sobre el deber ser del cuerpo de las mujeres, un cuerpo socialmente construido en función de los mandatos de una cultura misógina en donde predomina una concepción de este cuerpo para placer o servicio de los hombres. Mogrovejo (2010) habla de esta construcción: “Es un cuerpo colonizado en función de los hombres. Un cuerpo sobredeterminado, con un estereotipo determinado, de medidas y de formas determinadas”.

Sin embargo, hay cuerpos que no cumplen las tareas ni las estéticas esperadas, que se rebelan, que desobedecen. En diversos documentos históricos, una y otra vez aparecen ésas que se pusieron pantalones cuando no era lo propio, que treparon árboles, que anduvieron caminos, que no obedecieron a mandatos estéticos y hasta las muy depravadas se atrevieron a tener placer con sus propios cuerpos y ¡A compartirlo con otras igual de desalmadas!. Les han llamado de diferentes formas, pero para fines conceptuales y de redacción, les llamaré “lesbianas”. A esas tipas terribles que se atrevieron a hacer política con sus propios cuerpos se les ha venido condenando o invisibilizando sistemáticamente. Sin embargo, algún eco de su mal ejemplo parece ir quedando. Al menos varias leyendas, mitos y rumores he escuchado sobre ellas y en concreto sobre lo que pasa con sus cuerpos: que son como de hombre, que son obligatoriamente más musculosos que otros, que tienen un hueso adicional que ocupan para tener actividad sexual o que su clítoris es indispensablemente enorme, que se les reconoce por tener unos dedos gigantescos, que son cíclopes, que se transforman al llegar la noche, que son monstruos. ¿Por qué la necesidad de mitificarlo, de especular sobre de él, que volverlo terrible o temible en el imaginario colectivo? ¿Cómo es más allá de las patrañas, pues, el cuerpo de las lesbianas? ¿Cómo se usa, para qué sirve?

No son preguntas nuevas, en al menos tres décadas anteriores, diversas autoras como Rich, Wittig, Lauretis se han venido preguntado cómo o qué es el cuerpo lesbiano. ¿Es acaso el mismo de todas las mujeres, qué no es, también, el que tiene útero y mamás? ¿Es este el mismo cuerpo que se modela en la lógica estética heterosexual y reproductiva contemporánea?

Mogrovejo escribe sobre el cuerpo lesbiano: “Sigue siendo una incógnita, una necesidad en construcción que parte de una negación, no quiero un cuerpo para los demás, necesito un cuerpo para mí. Fuera de la lógica masculina y heterosexual en un intento por romper con una historia sobredeterminada por el cuerpo femenino” (2010).

Ya existen ensayos y reflexiones de algunas lesbofeministas que podemos inscribir en torno y algunas obras lésbicas a las que nos podemos remitir. Entre ellas, en el ámbito de la literatura, El cuerpo lesbiano de Wittig escrito en la década de los ochentas, experimento estético conceptual que deconstruye el cuerpo de la heterosexualidad y construye mediante evocar secreciones, lugares y modos de encontrarse con otros cuerpos, un cuerpo lesbiano.

El cuerpo lesbiano de Wittig, entonces, no es el de la mujer atrapada en la feminidad, es aquél disidente donde habita el sujeto lesbiana. Se remite a sí misma, a ella misma,  a las amantes que se descubren y describen  y no al cuerpo de la mujer construido en su relación con el cuerpo del hombre. No es ciertamente ni el cuerpo construido por la masculinidad, ni el de la feminidad, otra cosa naciente.

Otro documento producido en años recientes es la tesis de maestría de Binford (2008) La relación de las mujeres lesbianas con sus cuerpos, un estudio del protagonismo de lesbianas guatemaltecas, en donde la autora plantea que el cuerpo es una unidad compleja en la que intervienen dimensiones fisiológicas y socioculturales y es, además, un sitio en donde el patriarcado ha instaurado su poder. Dicho poder patriarcal se ejerce mediante la expropiación del cuerpo femenino, a partir del mandato de ser para otros. “Así, el control que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres rige para garantizar que la mujer haga del mismo un uso apropiado, lo que significa su uso en función de la persona a que se encuentre asignada” (Binford, 2008:5). Aquí, Binford visibiliza el cuerpo lesbiano como forma de resistencia, en grados de conciencia diversos y escribe: “De alguna manera, las mujeres lesbianas resignificamos el término ‘mujer’, tal como es entendido por el sistema patriarcal” (Binford, 2008:5).

Mogrovejo explica ese lugar disidente:

Yo digo que soy una lesbiana atrapada en un cuerpo de mujer. Este es un cuerpo que ha sido construido culturalmente, del cual no puedo escapar y sin embargo también lo voy construyendo día a día. Estoy en este límite entre mi construcción personal de este cuerpo propio y la sobre determinación de la sociedad, hecha en base a un pensamiento colonial de lo que es ser mujer, del cual yo trato de escapar. (Mogrovejo, 2010).

Resignificar el término mujer y poner el cuerpo como lugar de resistencia no es poca cosa, pues de acuerdo con Pisano, la historia de la especie humana está marcada sobre los cuerpos–mujeres y los cuerpos–hombres, que son reducidos a su función reproductiva. La negación de la sexualidad, así como su reducción a lo reproductivo es fundamental para hacer del cuerpo un objeto dominable: “Sobre estos cuerpos sexuados se construye todo un sistema de significados, valores, símbolos, usos y costumbres que normalizan tanto a nuestros cuerpos como a la sexualidad, delimitándolos exclusivamente al modelo de la heterosexualidad reproductiva” (Pisano, 2010).

Sin embargo, en el lustro reciente, colectivas lésbicas feministas en distintos lugares de Latinoamérica (en México para 2010 yo había escuchado a las Sucias, Lunas Lesbofeministas y Chuekas, al menos) y lesbianas feministas independientes han venido usando el concepto Cuerpa[1] o Cuerpa lesbiana, sí, con la “A” ruidosa, incómoda y poco decorativa que a tanta gente incomoda porque deforma el lenguaje, porque suena feo, la A necesaria para marcar disidencia, La cuerpa de las lesbianas, como constructo teórico político está en desarrollo todavía, pero sirve para referirse a aquella unidad físico–biológica con genitales y características que le asignan el sexo femenino, pero que no es el cuerpo femenino construido en relación y/o correspondencia al masculino, si no esa construcción de para sí misma en una lógica diferente a la de la heteronormatividad.

Nombrar la cuerpa lesbiana no es sólo un asunto que atañe a la conformación o transformación del lenguaje, es un ejercicio de enunciación política. Para enunciar la cuerpa existe un proceso previo que parte de una existencia lesbiana, la que de acuerdo con Adrienne Rich (1980:32), sugiere pensar tanto en la presencia histórica de las lesbianas, como en la puesta en marcha del sentido de tal existencia. Así, esta puesta en marcha se convierte en algo que he llamado lesbopolitización[2]. Se construye una existencia política, pero sexual y de placer también, existencia sexopolítica, la cual construye a su vez un cuerpo: cuerpo político–cuerpa–.

Esta cuerpa política desafía al régimen heterosexual. Donde se manifiesta, la cuerpa, interpela, cuestiona e incluso llega a dinamitar visiones ya concebidas de cómo es o cómo debe de ser la vida, las lógicas institucionales e incluso la aplicación de la ciencia y la tecnología concebidas desde la heterocentralidad.

Por ejemplo, en 2011 realicé una investigación sobre las manifestaciones del régimen heterosexual en consultas ginecológicas[3], en ella encontré lógicas discriminatorias y violencias del sistema médico que dan cuenta de un fenómeno de dimensiones políticas; pues resultan de una estructura social, cultural y económica que controla el cuerpo y la sexualidad de las mujeres en general, es decir, las somete a la heterosexualidad obligatoria[4].  Sin embargo, también pude ver que tanto la enunciación como propia presencia  de la cuerpa lesbiana en el consultorio era en sí misma una acción política que descolocaba las lógicas institucionales ante el sujeto que exigía atención, pero no era el esperado por el sistema.

Por una parte, estaba la imagen que proyectaban las cuerpas presentes en el consultorio, su apariencia que no necesariamente respondía a la apariencia preconcebida de lo que son los cuerpos de las mujeres, con sobrepeso o no, estéticas diferentes, tatuajes, percings o no, aspecto femenino, masculino, andrógino o ninguno de los anteriores.

Victoria una de las mujeres que me narró su experiencia en el consultorio explicó que su cuerpa no depilada tiene algo de contracultural y comentó:

No me depilo ni las piernas, ni el sexo, ni las axilas, no me maquillo. Me gusta mi cuerpo cómo se ve, porque hay que aprender a querer el cuerpo lejos de todas esas imposiciones o daños que le hacen al cuerpo de las mujeres para verse como socialmente se manda, como ven a las mujeres. (Victoria, 2011).

Ese aspecto de su cuerpa implicó comentarios de quien le atendía. Victoria narró:

Me dijo que por qué estaba tan velluda que había que ver si tenía un problema hormonal y yo le dije que no me rasuraba las piernas, pero ella insistía que el tema de las hormonas…yo creo que nunca había visto una que no se rasuraba (Victoria, 2011).

Cuerpas difíciles de leer para les representantes de las instituciones que son interpelados. La enunciación, también descubre a la cuerpa y confronta, Alicia recibió el comentario del especialista cuando le dijo que es lesbiana: “Nunca lo hubiera imaginado, no lo parece”. Alicia acota que puede deberse a que:

En el imaginario de la gente, las lesbianas son jovencitas como las que salen en las películas, parece que no existen las lesbianas maduras y con sobrepeso (Alicia, 2012).

A lo anterior se suman a construir esa cuerpa cuya existencia confronta la lógica heterocentrada en la concepción de una consulta ginecológica, la enunciación de prácticas sexuales desafiantes del imaginario heterosexual; sexualidad no necesariamente coital, inquietudes con escaso interés en materia de funciones reproductivas y dudas respecto a prácticas sexuales con prevención de Infecciones de Transmisión Sexual para las que especialistas no siempre están preparades. Lo que pretendo mostrar es que además de la anécdota o del trato discriminatorio en algunos casos, cuando una persona cuyos genitales pudieran remitir al sexo femenino, se presenta ante el sistema biomédico y enuncia que es lesbiana (o que tiene preferentemente prácticas sexuales con otras sexuadas femeninas) y que solicita el reconocimiento como sujeto de atención ginecológica, pone en tensión, al menos: la construcción social de mujer en el orden patriarcal, el régimen heterosexual y el biologismo imperante en la biomedicina sobre lo que deben ser y para qué sirven los cuerpos de las mujeres.

El mismo ejercicio y análisis puede hacerse mucho más profundo respecto a las implicaciones de presentarse con una cuerpa lesbiana en cualquier otra especialidad de la biomedicina, pero no es el tema que ahora me ocupa. Basta decir que puede aplicarse el mismo ejercicio a cualquier otra institución del sistema mundo patriarcal.

¿Cómo irrumpe la presencia de una – o de muchas- cuerpa lésbica, con todas sus irreverencias, incluso cuando de tantas formas se busca someterla, como otro ejemplo, en las instituciones escolares? ¿Qué se pone en tensión de la curricula explícita y qué de la curricula oculta cuando una estudianta no presenta los mismos afeites que aquellas que siguen el modelo hegemónico o cuando no ocupa los espacios de la forma en que la feminidad impone las posiciones corporales a otras, o cuando sus códigos de comunicación e intereses no responden al cuento romántico de la heterosexualidad y por lo tanto en clase hace preguntas para las que la persona a cargo no siempre tiene respuestas? ¿Interpela la presencia de una cuerpa y una existencia lésbica la conformación de sus familias de origen, pone en tensión modos de relacionarse en los centros de trabajo, en los espacios religiosos, en las calles, en los grandes y pequeños mercados?, por poner otros ejemplos posibles

La cuerpa en tanto que construcción política ya sea desde su visibilidad o desde el momento en que se enuncia como irruptora del régimen político, es una bomba incendiaria, un allanamiento material a las instituciones patriarcales, ante las lógicas heteronormadas. Es esa que se pone ante cualquier institución y resulta inadecuada, inclasificable encuentro/desencuentro y la existencia sexopolítica encarnada en una unidad físico–biológica que se presenta como sujeto que obligatoriamente interpela.

Leo, entones, desde las colectivas lésbicas de diferentes lugares y situaciones, en donde se suman cada vez más voces, una construcción teórica/política política/teórica en desarrollo y discusión constante. Me parece también valioso que la discusión se da entre quienes desde esta materialidad que si bien no escapa a la violencia, misoginia y mandatos que recaen en particular sobre los cuerpos que al nacer son identificados con genitales femeninos, son aquellos que se insubordinan y desde el vivir cotidiano ponen la cuerpa y hacen mil distintas formas de política combativa.


Referencias:

Binford (2008) “La relación de las mujeres lesbianas con sus cuerpos, un estudio del protagonismo de lesbianas guatemaltecas”. Programa de Estudios de Posgrado en Estudios de la Mujer, Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, Costa Rica.

Mogrovejo Aquise, Norma (2010). “Soy una lesbiana atrapada en un cuerpo de mujer”, Entrevista a Norma Mogrovejo, Universidad Autónoma de Santa María.http://www.ucsm.edu.pe/espergesia/8ed/archivo/6sexta/invitado/cuerpo1.html (Consultado octubre de 2012)


Rich, Adrienne (1980). “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana (1980)” en Revista d'Estudis Feministes, núm.10

Vergara Sánchez, Patricia Karina (2013) “El viaje de las invisibles. Manifestaciones del Régimen Heterosexual en experiencias de mujeres lesbianas en consultas ginecológicas” División de Ciencias Sociales y Humanidades, Posgrado en Estudios de la Mujer, Universidad Autónoma Metropolitana.

Wittig, Monique,: “El cuerpo lesbiano”, Valencia, Pre-Textos, 1977





[1]Salvo en Venezuela que se usa “Cuerpa” en los medios del espectáculo como diminutivo de “cuerpazo”.
[2] Utilizo el término lesbopolitización para explicar el trayecto personal de construcción de las mujeres lesbianas como sujeto político.
[3] El viaje de las invisibles. Manifestaciones del Régimen Heterosexual en experiencias de mujeres lesbianas en consultas ginecológicas”
[4] Institución patriarcal que por medio de mecanismos de disciplinamiento y control naturaliza la heterosexualidad como “deseo” para asegurar la lealtad y sumisión emocional y erótica de las mujeres respecto a los varones (Rich, 1985: 11) y agrego: con el fin de mantener los sistemas económicos y políticos que en esta lealtad y servicio se sostienen.

martes, 13 de septiembre de 2011

Mujer y la apropiacion del Cuerpo



Decir lo que somos y sentimos las mujeres a partir del cuerpo, se ha convertido, en las últimas décadas, en una vía de acceso importante para investigar el tema de la condición femenina, porque permite sacar a la luz esa historia oculta de las pasiones y los instintos, sobre todo si se toma en cuenta que el cuerpo de las mujeres, su tratamiento, ha sido malmirado y desvalorizado durante siglos.

Desde la antigüedad, la división del trabajo corporal e intelectual no sólo mutiló la relación mente-cuerpo, sino al cuerpo mismo, al que fue despojando de su sensibilidad, para verlo sólo como el depositario de las pasiones, como una coraza a la que se le rechaza, oculta e incluso se niega. Una de las razones encuentra su fundamento en la relación cuerpo-sexualidad, sexualidad-pasión, en tanto que como bien apunta Jeffrey Weeks: "la sexualidad tiene tanto que ver con las palabras, las imágenes, el ritual y la fantasía como con el cuerpo".

Esta relación abre la problemática, particularmente sobre el cuerpo de las mujeres, en por lo menos dos vertientes: el ensalzamiento del cuerpo femenino por su posibilidad de procreación, posibilidad que además ha hermanado a las mujeres con la naturaleza, y la consideración de que el cuerpo femenino es la puerta de acceso a las pasiones, por ello el cuerpo ha estado muy ligado al concepto del pecado, considerándose que puede ocultar o llevarnos a algo significativamente maligno.
En las culturas patriarcales y androcéntricas, como las nuestras, al cuerpo femenino se le ha significado con esta polaridad, puede inspirar, por un lado, los más grandes odios y, por el otro, las más elevadas adoraciones, situaciones que van desde las blasfemias contra el cuerpo de las mujeres, hasta la veneración del mismo.

Pero aún dentro de estos dos polos, el cuerpo de las mujeres sólo ha sido descifrado, por decirlo así, por los hombres, en tanto que las mujeres han sido expropiadas de su cuerpo, de su sexualidad y de su subjetividad por la ideología de este ancestral sistema llamado patriarcado, y sus múltiples claves, signos, artificios, trampas, costumbres, prácticas, creencias y complicidades, que nos han determinado y significado.
Históricamente, el cuerpo ha sido condenado y dejado sólo para el uso de "los inferiores" y por ello "los malos de espíritu" son quienes utilizan el cuerpo y no pueden dedicarse a lo más valioso y elevado: la espiritualidad y la razón, de ahí la relación de las mujeres con el mal. El fundamento para justificar esta concepción se encuentra en un "engañoso" argumento biologicista: la "debilidad" corporal de las mujeres las hace más vulnerables a las pasiones y su menor intelecto las une más al cuerpo.

El contexto imaginario 
Uno de los pocos momentos históricos fundamentales para la apreciación corporal fue la época del Renacimiento. En la Europa del siglo XV, aparece el desnudo en la pedagogía artística con una preocupación creciente por la anatomía y el gesto. En las producciones artísticas anteriores, el cuerpo había existido con un papel meramente instrumental. Por influencia de la concepción dinámica, los cuerpos aparecen ahora libres y con movimiento; los artistas descubren y desnudan los cuerpos como sinónimo de libertad, dando paso a una nueva relación de los hombres con su cuerpo. Los cuerpos de modelos y musas sirven de inspiración para dar sentido a la expresión artística.
En contraste, en el campo intelectual la exaltación de la razón trae como consecuencia el menosprecio del cuerpo, el intentar negar las sensaciones para dar paso a la razón excluida de todo sentir considerado "mundano". De ahí que las manifestaciones sobre los cuerpos sean cuerpos que no acaban de dominar el miedo. El placer, el interés, el dolor, la caída, los sentimientos, las relaciones, le dan al cuerpo un ámbito de inseguridad que no logra superarse.
En el siglo XX, el cuerpo de las mujeres se presenta como lo bello, el objeto del deseo, del goce de la mirada, es decir, se convierte en el espacio del placer, pero desde luego, del placer del otro. El cuerpo femenino empieza a adaptarse a las necesidades de lo imaginario, es la representación de un destino y el cuerpo deja de ser tal para extraviarse en la historia, pues siempre se le acompaña de un contexto imaginario que lo exenta de simbolismos y elementos tradicionalmente arraigados. En el siglo XX también resultó importante la consideración del cuerpo como objeto de análisis teórico, su visualización conceptual permitió a las feministas concebirlo y emprender una nueva vía para su conocimiento.

Ser madre, símbolo ético por excelencia
La investigación del cuerpo por parte de las mujeres se ha acrecentado, sobre todo por el vertiginoso desarrollo de la tecnología. Dentro de los distintos campos teóricos, se busca el camino de un nuevo humanismo, con el que se intenta recuperar ciertos valores mágicos, míticos y terapéuticos que fueron expulsados durante mucho tiempo de las culturas occidentales y que son básicamente femeninos.

Entre los factores que destacan en el tránsito hacia la apropiación del cuerpo, encontramos primeramente que el cuerpo de las mujeres al ser descrito, explorado y explotado en sus elementos fundamentales por "los otros", ha adquirido en su significación dos dimensiones, una arraigada en la naturaleza, en donde el cuerpo es visto por su función de procreación como sublimación máxima de "la mujer" y a la que "deben" aspirar todas las mujeres. En este nivel el ser madre es el símbolo ético positivo por excelencia que ha identificado a las mujeres, reconociendo a la maternidad como un "deber ser".

El cuerpo para "los otros" 
La otra dimensión es el lado considerado negativo o pernicioso del cuerpo femenino. Se le considera un espacio de placer, deseo, pasión y debilidad. Sin embargo, no son las mujeres las depositarias del deseo y del placer, sino sólo quienes pueden provocarlo.

Así, en los dos niveles, el de la procreación y el del erotismo, el cuerpo de las mujeres es un cuerpo "para los otros" y, por ello, se considera que las mujeres son expropiadas de su sexualidad, de su subjetividad y desde luego de su cuerpo; no existe realmente en las mujeres una coincidencia de su sentido de vida con el cuerpo, pues al ser un cuerpo para los otros, las mujeres pierden su protagonismo como personas, quedando sujetas a los poderes encarnados por los hombres, por las instituciones y por los otros, de tal suerte que su cuerpo siempre es un cuerpo sujeto y es a partir de esta sujeción que se ha tratado de explicar su sometimiento. De estas dos formas de expresión del cuerpo femenino, la que identifica a las mujeres es el sentido de la procreación por el carácter ético positivo que se le ha dado.

La liberación del placer 
Cuando se subvierten y entremezclan estas formas de expresión corporal tradicional inmediatamente surge la culpa, lo demoníaco, el loco amor, la vergüenza o el pecado. Pues en los sistemas patriarcales lo erótico está firmemente ligado a la reproducción y en el caso de las mujeres supeditado a ésta: de tal manera que al subvertir esta relación, la experiencia de la culpa, el pecado o el mal es inevitable.

La apropiación del cuerpo, es decir, su paso del "para otros" al "para sí", significa tener una visión de mujer como sujetos sociales, morales y políticos autónomos por sí mismas, y ésta no es una meta ya alcanzada, el camino para su consideración y expresión está abierta y toca a cada una contribuir, con la apropiación y valoración de su propio cuerpo, a alcanzar la tan anhelada autonomía y por extensión su liberación del placer, en tanto que como apunta Graciela Hierro, "el placer depende del cuerpo y sólo se alcanza si nosotras decidimos sobre nuestro cuerpo; nuestro deber moral básico es apropiarnos de nuestro cuerpo; el cuerpo controlado por otros no permite el goce y nadie puede llamarse a sí misma libre si no decide sobre su cuerpo".



 (María del Carmen García Aguilar, tomado de Letra S número 90, enero de 2004)


fuente:http://www.letraese.org.mx

martes, 2 de agosto de 2011

EL CUERPO COMO TERRITORIO DE SOBERANÍA


Victoria Sendón de León

Mi intervención está planteada como aclaración de determinados conceptos necesarios para hacernos algunas preguntas fundamentales sobre el cuerpo. No tengo respuestas más allá de interrogantes y denuncias.
Principio de individuación.- Desde el punto de vista de la filosofía, el principio de individuación es aquello que nos identifica como individuos, es decir, la materia, que en nuestro caso es el cuerpo. 

La forma, sería aquello que nos identifica a los de una misma especie, o sea, aquello que nos identifica como humanos. Sin embargo, no se suele hacer distinción entre el cuerpo de un hombre y el de una mujer porque todo se define de un modo abstracto. Pero, como somos seres culturales y por tanto simbólicos, sí que existe un abismo entre uno y otro. Pero yo creo que también hay diferencias substanciales desde el punto de vista de las causas, es decir, genético.
Y eso hay que tenerlo muy presente porque se dan profundas diferencias reales en el modo en que se presentan tanto la salud como la enfermedad. Ahora es cuando se empieza a investigar en cuerpos y cerebros de mujeres, porque hasta hace poco el patrón era sólo el masculino y existía una gran ignorancia respecto al comportamiento del cuerpo femenino. Y no digamos de la psique, auténtico “continente negro” de la
Psicología, según Freud.
La vida.- Creo que no se puede hablar del cuerpo sin  hablar de la vida, porque un cuerpo sin vida ¿es realmente un cuerpo o sólo materia en vías de desintegración? Lo que hace que este mos vivos, según Aristóteles, es el alma o psique. En absoluto el alma en un sentido religioso, sino como causa eficiente, como soplo vital, como energía. Otros se preguntan si el alma o la vida está contenida en esos 21 gramos que
perdemos en el instante de morir, como plantea una película mexicana reciente, es decir, algo sin valor, algo mínimo que no tiene ninguna importancia como, de hecho, se piensa en nuestra civilización actual. Sobre todo si la vida es la vida de alguien anónimo, de un cualquiera que anda pululando por la tierra. Desde el punto de vista de la biología actual, se sabe que la vida se debe y se mantiene gracias a una simbiogénesis, que no es otra cosa que la unión de dos organismos con características complementarias que dan lugar a un nuevo ser.
Bacterias espiroquetas, o sea, bacterias libres, se unieron para poder adaptarse a determinados cambios en el medio y formaron un nuevo tipo de bacterias con núcleo, las eucariotas, dando origen a la vida vegetal, animal y humana tal y como las conocemos. Pero resulta que estas bacterias se encuentran en el ADN mitocondrial, que es el que la primera mujer de la especie ha transmitido a todas las mujeres del
mundo y cuya función es la de generar energía para todas nuestras funciones vitales en colaboración con unas encimas que se encuentran en la matriz y sintetizan determinadas proteínas esenciales para la vida. Se trata de una gran central energética. ¿Sería, pues, la madre quien transmite el alma? Decir que somos
hermanas porque somos hijas de una misma Madre no es una expresión romántica o metafórica, sino real. Esta nueva teoría se debe a la bióloga genetista Lynn Margulis. 

Función del cuerpo.- La función del cuerpo entonces ¿no sería más que la de mantener la vida biológica en una cadena sucesiva de seres? Pues sí, así es. No somos fundamentales para la vida como individuas, pero sí como especie. Incluso podemos llegar a destruirnos como especie humana, pero no podremos destruir jamás
la gran cadena del ser, de la vida, de nuestro planeta Gaia, porque la vida continúa con nosotros o sin nosotros. Pero hablando del ser humano aquí y ahora, y como decían las diversas corrientes hedonistas, mantener la vida no tiene sentido si no se vive una “buena vida”. Y una buena vida es, sin duda, una vida feliz, una vida digna de lo humano. Las escuelas éticas griegas buscaron esta felicidad como lo más importante de la existencia, pero las religiones monoteístas posteriores hicieron de la vida un valle de lágrimas, un paso hacia “otra vida” y, por tanto, despreciaron esta vida y por tanto el cuerpo. A lo más que llegaron fue al “no matarás”, pero con excepciones, pues en nombre de Dios se han realizado las mayores matanzas de la historia.
Esta influencia caló en pensadores tan lúcidos como Inmanuel Kant, que sentenciaba que la ética no debía ocuparse de cómo hacernos felices, sino de cómo hacernos dignos de la felicidad a través del deber formulado por un imperativo categórico. Sin embargo, yo creo que la ética sólo tiene sentido si nos proporciona el goce del instante y el gozo mantenido a lo largo de la vida. La ética no tiene tanto que
ver con el deber como con la sabiduría. Y la sabiduría de la vida consiste en despejar sufrimientos inútiles y potenciar todas las fuentes de felicidad, satisfacción y goce. Sin embargo, nos resulta mucho más fácil sufrir que gozar. Una gran perversión de nuestras culturas. También fue Spinoza el que escribió en su “Ética”. La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma, y no gozamos de ella
porque reprimamos nuestras concupiscencias, sino que, al contrario, podemos reprimir nuestras concupiscencias porque gozamos de ella.
Tengo que aclarar que el gozo o la felicidad no es el placer por el placer, sino aquello que potencia nuestras posibilidades y la vida misma. De hecho, la escuela cínica practicaba el desprendimiento de todo lo superfluo, incluidos muchos placeres, con tal de conseguir el gozo y la felicidad a través de una libertad absoluta.
La muerte.- Si estamos reflexionando sobre el cuerpo tendremos también que plantearnos si es fundamental pensar en la desaparición de ese cuerpo, es decir, en la muerte. Heidegger, sobre todo en su primera etapa, habla de la existencia humana como un-estar-en-el-mundo, un mundo cuya esencia es la temporalidad, de ahí que el ser humano sea “un ser para la muerte”. Spinoza, por el contrario, dice “El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte, sino sobre la vida”. Lo fundamental de la vida para él es el deseo, de modo que la ética consistiría en llegar a ser conscientemente lo que somos de un modo inconsciente, de suerte que nuestro comportamiento sea más activo, más potente y más libre, lo cual no tiene nada que ver con la muerte, sino con una vida  plena. La finalidad de su Ética es que lleguemos a ser quienes somos. Sin miedos.
Así pues, somos individuas porque tenemos un cuerpo, pero nuestra individualidad proviene de la interacción de otros muchos seres que nos han precedido. Sin la cooperación, la agrupación y la simbiosis la vida no sería posible y nosotras tampoco. Pero en esa evolución que nos precede resulta que aparece un
elemento nuevo que es la mente y, por tanto, la libertad. Una libertad muy condicionada, pero que puede proyectarse mucho más de lo que creemos por la consciencia de que formamos parte de toda la potencia que alberga la Naturaleza, que según Spinoza, no es más ni menos que “el infinito gozo de existir”. Y esto es lo que debería reflejar nuestro cuerpo, ese infinito gozo de existir. Va todo tan ligado que lo que afecta a la mente, afecta al cuerpo y a la inversa, porque vivimos en un universo holístico.

Soberanía del cuerpo.- Uno de los empeños más pertinaces del Patriarcado ha sido el de dominar y controlar los cuerpos de las mujeres. De la brutalidad más evidente han ido pasando a métodos más sutiles o, mejor, han ido incorporando nuevos modos, ya que la brutalidad continúa. Es más, se acentúa por el proceso de liberación y emancipación de las mujeres que muchos varones no pueden soportar. Siempre la moda y el recato han constreñido el cuerpo de la mujer: corsés, fajas, refajos, enaguas, tocas, velos, burkas, etc. Como ya las mujeres hemos decidido no ser recatadas de acuerdo con el control masculino, los métodos han sido más sutiles: el destape por obligación, la talla de acuerdo con las modelos, unas modelos que aparecen cada vez más como anoréxicas, enfermas, ojerosas y hasta con la cabeza metida en un saco y una soga al cuello como si fueran al patíbulo. A veces los deseos más secretos y oscuros de muchos hombres pasan por ver destruida a la mujer, pero esos deseos inconfesables emergen en forma de modas impuestas. Pero el paso
intermedio es el control. Las mujeres de nuestra generación hemos pasado por la falda estrecha, el tacón alto, las uñas larguísimas, el pelo suelto... ¿qué animal podría huir, defenderse o atacar con esos condicionantes?
Pero ahora hemos pasado a métodos más brutales que atacan directamente al cuerpo y a la salud. 

En primer lugar, y por primera vez, se comienzan a hacer investigaciones científicas y médicas en organismos femeninos, comprobándose que los comportamientos de ambos sexos son muy diferentes, así como sus síntomas y su terapia. Para colmo, las mujeres tenemos muchas más enfermedades psicosomáticas que los hombres, debido precisamente a que vivimos en un mundo hecho por ellos y para ellos. Los protocolos establecidos en los hospitales son los adecuados para la fisiología masculina, pero no para la femenina, por eso mueren muchas más mujeres en las urgencias de los hospitales.
En segundo lugar, todo lo que está relacionado con las funciones fisiológicas de la mujer están siendo medicalizadas: la regla, la menopausia y hasta la gestación y el parto como si se tratara siempre de enfermedades, sin contar con la cantidad de nacimientos por cesárea y en viernes porque los ginecólogos quieren irse tranquilos de fin de semana y porque, seguramente, se cobra más por una cesárea que por un parto normal para el que una comadrona o partera es más que suficiente. Sin mencionar el parto acostadas para que el ginecólogo esté más cómodo y tenga más capacidad de movimientos, en lugar del parto de pie o sentadas en el que la partera o comadrona, arrodillada, recibía a la criatura recién nacida (Esta postura nunca la aceptaría un médico). Además habría que mencionar el suplicio que supone para las mujeres 
la “fecundación asistida”, que en muchos casos está propiciada por la esterilidad de los varones.  Parece como si una mujer que no sea madre no tenga ningún valor cuando eso no se exige en el hombre.
Pero lo que constituye una verdadera aberración es la utilización generalizada que se está haciendo del cuerpo de las mujeres en la prostitución como un programa más de los viajes turísticos o entre la población emigrante a países del primer mundo; la venta de niñas, los vídeos porno-sádicos, el esclavismo sexual o el abuso sistemático por parte de padres y parientes de los seres más indefensos.
En definitiva, que la utilización y el control de los cuerpos constituye una estrategia más del poder que se ejerce sobre los otros. El filósofo Michel Foucault nos alerta precisamente sobre las nuevas formas de poder a las que él llama biopoder. Esto quiere decir que el poder está pasando sutilmente de encerrar en cárceles y
psiquiátricos a determinada gente asocial a ejercer un control minucioso sobre el cuerpo mismo de todos los individuos. 
Y esto es más cierto aún respecto al cuerpo de  la mujer que respecto al del hombre. Antes nos quemaban por brujas, ahora nos controlan con la estética. Muchas mujeres de clases medias y altas han puesto sus cuerpos en manos de los cirujanos como antes ponían sus almas en manos de los directores espirituales. Y todo en función de un modelo estético del gusto de los varones, además de la agresión física que supone para sus cuerpos. Es como aceptar que una mujer que no tenga un “buen cuerpo” no vale nada o que una mujer con canas y arrugas es realmente despreciable.
La soberanía del cuerpo no significa que seamos seres independientes de los demás, cuerpos aislados y autónomos, no. Somos cuerpos que sirven a la vida en el sentido más abstracto y cósmico, pero somos también sujetos libres capaces de decidir sobre el modo de vida y sobre el propio cuerpo. Libres y responsables de vivir una vida digna y feliz. Sin embargo este derecho y esta responsabilidad se están convirtiendo en un hecho revolucionario, pues es tal la presión para que estemos dentro del modelo standar, que si no seguimos ese patrón nos sentimos excluidas del reconocimiento de una sociedad globalizada hasta en sus perversos gustos e imperativos.

 
La soberanía del cuerpo carece de sentido en un mundo patriarcal que sigue venerando las guerras como hechos que le honran, y en las que mercenarios pagados se han convertido en máquinas de matar sin ningún respeto por la vida y por los cuerpos de tantos y tantos seres humanos inocentes. Pero si contabilizamos las muertes por violencia de género y las vidas maltrechas y desgraciadas por esa violencia, superamos con mucho a las víctimas provocadas por las guerras. Se trata de un auténtico feminicidio universal del que las muertas de Ciudad Juárez de México no constituyen más que la punta del iceberg.

lunes, 4 de julio de 2011

Relexionar para sentir el cuerpo

fotografìa: Andrea Aragòn



Mariajosé Rosales Solano / laCuerda

Alguna vez has pensado qué es tu cuerpo, qué sientes, qué piensas de él, qué te mueve. ¿Has  hecho algún repaso a tus emociones y te has preguntado de dónde vienen y por qué reaccionas  así? La primera vez que me pensé y toqué el cuerpo, como propuesta política, tuve un cambio al  reconocerme en qué contexto he crecido y cuáles han sido las historias en estos territorios. 
  Estas preguntas y muchas más son propuestas feministas para transformar desde nuestros  cuerpos  cuando  analizamos  cómo  el  patriarcado,  el  colonialismo,  el  militarismo,  la  hetero-realidad y el capitalismo están en nuestras vidas, y así construir desde otros sentires el amor, las relaciones, la alegría, la belleza, el llanto, el erotismo, la producción y reproducción. Además, darnos herramientas para enfrentar las represiones sistemáticas que día a día encontramos.   La  socialización  de  las  personas  está  dictaminada  por  la  clasi cación  de  sistemas  como raza, clase y sexo. Por lo tanto, vives de acuerdo a lo que éstos te orillen a ser, y los cuerpos son moldeados para cumplir con ciertos mandatos. Es por eso que los sentimientos y las ideas son de una manera, con ciertas características y para con rmar que estás en el sistema.
Margarita Pisano, feminista chilena, habla de la ajeneidad de las mujeres por la que estamos ausentes y ajenas de nuestras propias vidas y cuerpos, y no logramos conciliar entre mujeres las complicidades que nos provocan darnos cuenta que nuestras historias son similares. 

Memoria y cuerpo
Cuando  hablo  de  cuerpo  me  re ero  a  la  materialización  de  la  sexualidad,  la  materia  con  la cual  habitamos  este  planeta,  vivimos  y  sentimos. El  cuerpo/sexualidad  está  conformado  por emociones, sentires,  saberes,  energías,  estructura  para funcionar, química y movimiento, y  se construye socialmente.
  La memoria, desde esta propuesta política, la entiendo como acciones de comprender, interpretar, releer y desenmarañar lo que has vivido y lo que vivieron los que están alrededor tuyo, tanto en la comunidad, en la nación como en otras partes del mundo: es ir haciendo  historia.
  Partir de re exionar qué hacemos en esta vida y cómo la vivimos, nos ayuda a desmontar los sistemas de opresión que hay en nosotras, los que ejecutamos como opresoras y como sumisas. Esa  conciencia,  en  la  que  te  piensas  con  todo  lo  que  está  alrededor  tuyo:  el  contexto donde  estamos, las  relaciones sociales que nos atraviesan los cuerpos, comprender cómo hemos sido construidas desde la historia y así entrar en cómo queremos ser.
  La construcción de la memoria del cuerpo es vernos desde las historias de nuestras bisabuelas, abuelas, mamás, hermanas e hijas y colocarnos en contextos políticos para comprender los tipos de relaciones que ejercemos. Es dibujar nuestros cuerpos con cicatrices, dolores, redes, sentires; es cuando entras a un estado de compresión, resistencia y ganas de construir otras formas, otros marcos interpretativos, otras relaciones, otros cuerpos. No es tan simple como se lee, son acciones permanentes, tanto individuales como colectivas de re exión, lectura y creación; es ir atrás, volver, ir a los lados y volver otra vez para ponerlo en práctica.
  Pongo  algunos  ejemplos:  cómo  el  colonialismo,  la  forma  de  dominación más  frecuente  en  casi  todas  las  partes  del  mundo,  atraviesa  mi  cuerpo, cómo lo  reproduzco,  qué  técnicas  uso  para  ejercer  sus  principales  mandatos  y  qué privilegios me otorga. Cómo la guerra ha estado presente en la mayoría de los tiempos  y  para  qué  sirve,  cómo  afecta  mi  ser  y  los  seres  cercanos. Qué  pasa  cuando mi cuerpo se inunda de terror y me paraliza, por qué siento esto.   Claro,  estás  re exiones  nos  colocan  cuestionando  todo  lo  que  somos,  y muchas veces, estamos en lugares de privilegio que estos sistemas nos dan y no
queremos renunciar a estos. Por lo que revisar tu ser ladina, heterosexual, hombre,  blanco,  victima,  victimario  es  difícil  y  no  queremos  hacerlo.  Sin  embargo,  si todas/os  revisáramos  el  rol  que  jugamos  en  este  sistema  opresor,  lograríamos nuevas formas de convivir y estar.

Y, ¿cómo hacemos?
Hay  teorías  y  propuestas  feministas,  materialistas-históricas  y  desde la  cosmovisión  indígena  que  analizan  y  crean  caminos  para  ir construyendo autonomías en colectivo.   Las mujeres mayas que participación en la Organización Kaqla, a través de diferentes metodologías, han colocado como centros de su vida -acompañadas de sus ancestras- la sanación, su cosmovisión y sus comunidades.
  
El grupo de estudios del cuerpo, integrado por Quimy De León, Cristina Chiquín, Luna Ixchel y Lupita Figueroa está hilando una  propuesta política. A decir de la primera de ellas: es un ejercicio teórico-
político, que parte desde el ámbito íntimo, es un proceso personal liberador que intenta construir teoría, es un esfuerzo autónomo de cuatro mujeres que intentamos una re exión personal y a la vez histórica. Por medio
de  la  teoría  y  ejercicios  de  escritura,  este  grupo  va  conformando  su propuesta política, con técnicas liberadoras como la poesía, el ejercicio físico, la literatura, los placeres y la re-conceptualización de categorías  de análisis a partir de su propia vivencia.
  Las  lesbianas-feministas  que  vivimos  la  escuela  todas  juntas desmontando  la  hetero-realidad,  formamos  un  espacio  de  re exión, sanación y convivencia que hemos continuado con las transformaciones
que pasan desde nuestros cuerpos, usando metodologías que propician  este objetivo político.    Es posible, juntas en redes de apoyo, construyendo el amor entre  mujeres,  pensarnos  desde  la  historia  y  creando  formas  para  vivir  en estas realidades y establecer sociedades libres. Atrevámonos a dibujar proyectos  políticos  liberadores  para  todas  las  personas,  comenzando desde hoy.