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domingo, 10 de febrero de 2013

¿Hacia donde Vamos con nuestra indignación?




Cristina Chiquin 


“Las feministas se organizan y salen a la calle, una y otra vez, para pedir o para denunciar, según lo que el sistema nos otorgue o nos quite a las mujeres. El sentido de la política feminista se sostiene en el patriarcado como referente y éste alimenta su proyecto de sociedad, el único existente, y lo mantiene vivo”  Andrea Franulic


Para empezar a escribir traté de enfocarme en eso que -en estos días- me ha movido a cuestionarme a mí misma la forma de ver las cosas, el mundo. Como feminista reconozco que la lucha también pasa por cuestionar mis ideas y, también, de estar en constante cuestionamiento de lo que quiero y para qué.


En las últimas semanas, los medios de comunicación del país informaron con mucho énfasis sobre el asesinato de mujeres y en especial de dos niñas, lo que provocó indignación y rabia en la población,  pero sobre todo a nosotras.  Esto movió a que algunas mujeres y hombres  plantearan la idea de mostrar repudio ante los hechos ocurridos. La consigna fue pedir que el Estado cumpla con seguridad y justicia para las mujeres. La otra consigna fue la justicia simbólica. 


Veo importante el hecho que la indignación se apodere de nuestras conciencias  y que  desde ahí se planteen acciones para denunciar las violaciones  y la represión que se vive en el país que tiene como raíz toda una historia de despojo y de violencia que no ha cesado en ningún momento y, al mismo tiempo, una resistencia histórica. Salir a la calle y querer sumar a más personas en estas acciones es un paso para poder empezar también a desmantelar la idea de que en este país se  vive  en democracia. 


Sin embargo creo que debemos cuestionarnos como feministas si es viable pedir al Estado o a los gobiernos  “seguridad” o  “justicia”, sabiendo que la consigna de seguridad ha sido desde  siempre utilizada por el sistema para  justificar sus estrategias de muerte y represión. Hoy bajo el lema de mano dura un gobierno  vuelve  a reprimir, perseguir  y a criminalizar a mujeres y hombres que luchan por la vida y por el territorio. 


Esta misma seguridad es la que piden las empresas transnacionales y la oligarquía para que  el gobierno cuide y priorice  sus inversiones en el país, una seguridad contra los pueblos y especialmente contra las mujeres. Porque esa seguridad es la que ha construido el patriarcado, el capitalismo, desde sus fauces y desde la historia.


Pero de esto nos hemos dado cuenta a lo largo de los años y de generación en generación. En un país en donde se ha utilizado a las mujeres  como botines de guerra  y usado  nuestros cuerpos para provocar terror, miedo y silencio. El mismo Estado  al cual  hoy le pedimos   seguridad. Un Estado  que ha violado, asesinado, silenciado la voz de todo un pueblo. 


Debemos cuestionarnos si es viable seguir pidiendo e implorando que no nos maten, o si es funcional querer transformar un Estado como este a sabiendas que está  fracasado para las mayorías y para los objetivos por los cuales luchamos muchas feministas y muchos movimientos  y  que nunca sus bases estarán diseñadas para ser diferentes de lo que hoy son , puesto que ha secuestrado e impuesto sus intereses bajo las reivindicaciones del pueblo. 


Como feminista me niego a seguir alimentando estas estructuras, a seguir el juego de esta democracia liberal que, incluso, se sirve de nuestras acciones y de nuestras peticiones a favor de la existencia de sus órganos de terror.   


Bien lo dice Andrea Franulic feminista autónoma  Chilena del movimiento de afuera, "Mientras el feminismo siga congelado en el tiempo eterno de la feminidad, reclamándoles, solicitándoles, requiriéndoles, urgiéndolos, implorándoles, demandándoles, o bien, denunciando a los poderes masculinos, estos se mantendrán dichosos manejándonos con nuestras supuestas “conquistas”: alargándolas, quitándolas, otorgándolas, reemplazándolas o atribuyéndoselas; de acuerdo a sus intereses, sus crisis, sus guerras, sus modas o sus cambios de humor, de acuerdo a sus urgencias. Y las mujeres seguirán des/integrándose en su civilización, creyendo en ellos, aceptando sus migajas o haciéndoles la guerra; en definitiva, creyendo en su cultura como la única posible. En tanto, ellos nos seguirán matando"


Es importante reflexionar, si nuestras acciones  no responden también a las mismas estrategias de miedo o de represión que ha usado este sistema en contra de nosotras, movernos es importante pero teniendo claro también cual será el objetivo final de esa acción. 

Otra es cuestionarnos los acomodamientos  y privilegios que a algunas da este sistema  y que hemos interiorizado  haciendo  y funcionando a través de ellos. 


Que la indignación nos cubra pero una indignación que nos lleve a  mover las propias estructuras internas que hemos adoptado de este sistema, que nos indigne el hecho de que muchas veces nos hemos quedado en el papel que nos han designado. Pocas veces nos hemos cuestionado de qué manera retomamos la radicalidad de nuestras ideas, pensamientos y luchas o bien cuestionarnos  la ausencia de esta radicalidad. 


El feminicidio es parte de todo el aparataje de  violencia institucional  que muchas veces hemos avalado y alimentado con nuestras acciones políticas. Si bien la justicia o la lucha por la justicia debe permanecer en el imaginario, es también necesario aclarar que quien ejerce toda esta violencia es el Estado y que, por lo tanto, es necesario empezar  a repensarnos fuera de ese Estado. 


Sobre todo a cuestionarnos  y a hacer critica que nos lleve a no quedarnos siempre en los mismos círculos  patriarcales  y  volver a la radicalidad de las mujeres que en algún momento luchaban incluso por esa institucionalidad que hoy permea los movimientos y que tenían un sentido en el momento en el que se libraban estas luchas. Pero avanzar en el análisis en la construcción de lo que queremos y en el desechar lo que no es funcional.  


Cuestionemos todo, desde nuestra práctica hasta los símbolos que reivindicamos y adaptamos desde la feminidad impuesta, el rol de madres, de esposas abnegadas, el de cuidadoras y el silencio que nos imponen y que aceptamos, cuestionemos nuestro  qué hacer  y  dejemos de posicionarnos jerárquicamente como el sistema nos lo ha ordenado dentro de su lógica de dominio  en donde  están “las salvadoras” y las “víctimas, sobrevivientes”. 


Cuestionemos la institucionalidad que  categoriza y jerarquiza y deja a las “que acuden en ayuda de las otras por medio de la onegizacion “y las “beneficiarias”, Dejemos ya estos papeles que refuerzan las dinámicas de poder y producen los acomodamientos de algunas, dejemos ya de un lado estos papeles que nos  han y nos hemos impuesto, cuestionemos  nuestra “generosa bondad” que también es parte de las calificaciones  que impone el sistema patriarcal en el ser mujeres y la feminidad. 


Empecemos a reconocer las verdades de este sistema y de este país empecemos también asumir los fracasos que hemos tenido para poder plantearnos nuevas formas de acción y de creación.  Dejemos pues también que otras que miran desde otros puntos puedan decir sin ser descalificadas, escuchemos, analicemos, pero sobre todo empecemos a nombrarnos a dejar que se cree nuevos pensamientos. Posicionémonos que el no hacerlo también es un acto violento  y  es  una estrategia que usa a menudo el sistema. 


Tengamos una memoria dese nuestros cuerpos, tengamos una memoria de la historia de nuestros territorios, pero no heredemos los errores que se cometieron. Reivindiquemos nuestras ganas de salirnos de esto que nos impusieron, reivindiquemos nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, empecemos a decir lo que nos mueve, aunque muchas veces nos confunda. 


Empecé escribiendo esto para a enfocar lo que quiero y para qué, porque quiero  empezar a legitimar lo que me mueve dentro a mostrar mi indignación, a decir que, en ciertos momentos, todo este bagaje histórico del sistema me confunde en mi cuestionamiento constante. Creo que eso hoy me permite tener ganas de no quedarme en el mismo lugar.

Y es en ese movimiento constante en donde quiero estar, para poder salirme de mis mismos parámetros y para poder salir de todo lo que me han impuesto  y confrontarlo, para empezar a crear desde mi propio conocimiento, desde mi sentir, desde mi propia vivencia y dese la palabra.  Y con esto empezar a crear nuevas ideas y nuevos caminos: una nueva historia.





Bibliografía:

Artículo de Andrea Franulic Feminista Chilena del movimiento de Afuera

La voltereta del posfeminismo A propósito de discursos “sin la madurez de la memoria” (Enero 2012)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Mirar desde Afuera... y ver.


MARGARITA PISANO





MARGARITA PISANO

¿Qué haremos con tantos dioses e iglesias y tantos héroes
y regimientos vacíos de su contenido? El ser humana y el
ser humano en sí mismos no cambiarán, cambiarán sus
deseos, sus ideas, sus lógicas, sus costumbres, sus
verdades y sus libertades... sólo por mencionar algunas utopías."

La macrocultura vigente ha encubierto todo, tramposamente, en una aparente neutralidad amorosa. El lugar desde dónde me sitúo para ver es el AFUERA. Hablar desde el sistema es fácil. Desde allí se apela a lo instalado, se reafirma la idea de que el sistema es modificable y válido, en toda su extensión y profundidad. Por lo tanto, un planteamiento que va más allá, no está en igualdad de condiciones; provoca una cierta sordera y una gran incomodidad.

En el mundo intelectual se han elaborado críticas, más conocedoras, hasta más implacables, que las críticas que se han hecho desde el feminismo. Quién sabe, el poder del "pertenecer" haga posible esta visión. La "timidez" del feminismo es consecuencia, por un lado, de lo descalificadora que es la masculinidad contra las mujeres, y más aún, si son pensantes; deslegitimándolas peyorativamente, con los costos que esto ha implicado, históricamente, en sus vidas cotidianas y en sus cuerpos.

Por otro lado, la ambigüedad y las contradicciones profundas de estar y no estar en el patriarcado (una especie de extranjería), y sin embargo combatirlo, proponiendo "igualdades" y "diferencias". Esta pérdida de radicalidad es producto de no contar con "cierto desparpajo" para situarse AFUERA y, por esto, no haber avanzado en la desconstrucción, con la misma velocidad con que la masculinidad hace sus acomodaciones. La "timidez" del feminismo masculinista negocia como cualquier arribismo que quiera "pertenecer" al poder de estas estructuras de dominio.

Al plantear este AFUERA, me refiero a la posibilidad de desprendernos para desmontar el orden simbólico existente, no a estar fuera del mundo. Porque el mundo nos interesa y nos interesan los que lo habitan, consideramos urgente el derrumbe de este sistema de relaciones violentas y la construcción, a su vez, de "otra" cultura macro, a la que no debemos "bautizar", pues se inventará a través de un intercambio humano entre nosotras y luego -no antes- con otros seres humanos que no serán los tramposos patriarcas modernos masculinistas.

¿Qué haremos con tantos dioses e iglesias y tantos héroes y regimientos vacíos de su contenido? El ser humana y el ser humano en sí mismos no cambiarán, cambiarán sus deseos, sus ideas, sus lógicas, sus costumbres, sus creencias, sus verdades y sus libertades... sólo por mencionar algunas utopías.

Desde la Institución, el análisis de género se legitimó y neutralizó, "despolitizando" el desequilibrio perverso -entre mujeres y varones- en el que el sistema se sostiene y que nos está conduciendo, vertiginosamente, hacia la deshumanización. El género pone lo femenino y lo masculino en una relación "asimétrica", pero sin traspasar la línea crítica del desmontaje de sus valores y privilegios.

Esta macrocultura se queda inmodificada en las demandas de igualdad dentro de sí misma o en la exaltación de las "diferencias", atrapadas en una lógica de superioridades/discriminaciones y en la ceguera del orgullo por su Historia.

Las reivindicaciones no generan ideas distintas a las permanentemente remozadas por la masculinidad: la igualdad, el respeto, la tolerancia, la libertad, son conceptos elaborados desde el cuerpo histórico varón; las reivindicaciones de los varones parten desde esta historia legitimada, las de las mujeres, no. La libertad vivenciada por un cuerpo mujer -tan domesticado- que posee potencialidades reproductivas, es radicalmente distinta a la del varón.

Las mujeres han ido accediendo a la masculinidad -"como femeninas"- y esto se confunde con "cambios culturales". Pienso que la libertad, la igualdad, incluso el amor, son buenas ideas, pero envueltas en papel de cumpleaños son las más eficientes para pervertir el deseo de autonomía y de verdadera libertad de cada ser humana.

Desde este otro lugar político-simbólico en el que me sitúo, no creo en este sistema y en su capacidad de cambio civilizatorio, al contrario, lo creo capaz de generar cada vez más violencia, como consecuencia de su lógica, encarnada en un solo cuerpo sexuado histórico válido, pensante y hablante; es cuestión de mirar... y ver... dónde estamos y lo que hacemos.

Para mí, la masculinidad contiene la feminidad, es una sola ideología, un único constructo cultural. Pienso que esta mirada es crucial para entender la macrocultura vigente desde un lugar no contaminado ni enganchado en ella.

En esta masculinidad/feminidad, la que piensa, hace y ordena es la masculinidad. El colectivo de varones pensó e instaló a las mujeres dentro de la feminidad. Sin embargo, LO FEMENINO NO SOMOS LAS MUJERES, a pesar de que sólo nosotras tengamos la experiencia sometida de la feminidad, se trata de una construcción social, política, económica y emocional, desde un cuerpo ajeno. La feminidad no tiene autonomía ni un cuerpo pensado-pensante y valorado desde sí mismo, más bien, obedece a quien la piensa y asume la cultura masculinista como propia, de forma aberrante para sí misma.

Entendido así este MONOMIO simbiótico de lo masculino-femenil, no es extraño que hoy los varones quieran recuperar para sí mismos lo que van encontrando deseable de la feminidad, creada por ellos y para ellos. De esta manera, transitan desde un patriarcado fuerte y duro hacia una masculinidad más plena y suavizadora de sus exigencias y responsabilidades. Yo llamo a esto: "el triunfo de la masculinidad".

Si se analiza, desde el AFUERA, la última película de Almodóvar Hable con ella (premio Óscar), se ve esta proyección; en ella, los hombres lloran, cuidan, sienten. Mientras, las mujeres se des-cerebran, sus cuerpos aparecen mudos, manipulables y violables; máxima realización de la masculinidad/feminidad, en el fondo es su gran fantasía.

Reivindicar la capacidad de emocionarse y llorar, como si fuese lo femenino en un cuerpo varón, me parece contaminado de la contralectura de que una mujer inteligente, activa y pensante tiene más desarrollada su parte masculina (la cabeza). O sea, pensar, crear y hacer política, QUE ES PARTE DE LO HUMANO, está tomado por la masculinidad. Por lo tanto, la operación de descalificación y de sumisión contra las mujeres ya está en marcha, y es más profunda de lo que aparenta, aun cuando la masculinidad esté reivindicando parte de la feminidad para sí (el metrosexual); de este lugar simbólico, saca y pone lo que le conviene social, política y economicamente.

La operación que hizo la masculinidad patriarcal -y que continúa re-significando la masculinidad moderna- fue dejar el cuerpo cíclico de las mujeres atrapado en la simbólica naturaleza-animalidad, despojándolo de la creatividad intelectual HUMANA, pero enfatizando su intuición, su amor-entrega y emocionalidad (descerebrándolo). En cambio, al cuerpo varón, el cual también es naturaleza, lo transformó en pensante, hablante y capaz de crear símbolos y valores, instalándolo en un protegido y ventajoso orgullo.

Por eso, es muy distinto, desear parte de la feminidad desde el lugar del poder (poder elegir feminidades), a resistirse a ella desde el lugar del dominado, como lo han hecho muchas mujeres durante siglos, las cuales han servido a los hombres y han sido la fuerza de reposición y de reserva de su sistema cultural. No rescato NADA de la feminidad. El llorar no es un privilegio. La "comodidad" de lo femenino, para las mujeres, esconde esclavitud; para los varones, representa libertades.

Una cosa es la resistencia, y otra, la verdadera rebeldía; plantearse la desconstrucción de la masculinidad/feminidad es urgente. Sin una historia hablada, construida e interpretada desde el Afuera, seguiremos nuestra existencia en la ajenidad de lo femenino e insertas en la deshumanización.

Una de las plataformas de la masculinidad/feminidad para mantenerse vigente es su concepto de AMOR; salvador, incondicional y eterno, que traspasa los espacios íntimo, privado y público. "Por amor" se aprende la propiedad y la fidelidad "sobre" las personas y su sexualidad. Se tiene fidelidad sexual, fidelidad a un apellido o a la iglesia; se tiene amor a la familia, a la patria, a la pareja, a los amigos o a los pobres. "Por amor" se debe dominar el cuerpo y el cuerpo reproductivo con mayor razón; los varones siempre han envidiado nuestra seguridad de saber quiénes son nuestros hijos.

¿Qué clase de libertad se arrastra en este oscurantismo? ¿Cómo podremos salir de este T O D O despedazado?

Las mujeres, dentro de la feminidad, son significadas por el orden maternal, desapareciendo como personas pensantes, creadoras, autónomas y gozosas de la vida. Su lugar social reconocido es el de la MADRE, cuyo "amor" es "el bueno", absoluto, sacrificado, "sin razones", "ciego" y "para siempre", paradigma del resto de las relaciones. A partir de esta propuesta masculinista de la "buena madre", las mujeres, persiguiendo este modelo inalcanzable, caen en un continuo proceso de autoinculpación, causante, en gran parte, de su esclavitud simbólica, y se relacionan entre ellas, con ELLOS y el mundo, a través de un sistemático MADRERISMO FEMENIL (tengan o no, hijos).

El "madrerismo" encubre el gran sistema de traiciones contra las mujeres, negándoles sus condiciones de lo humano y sosteniendo la misoginia, ejercida por el patriarcado/masculinista y las mujeres "femeninas". De esta manera, la "buena madre" es la gran reproductora del mismo sistema que las esclaviza y las desaparece, en una aparente des-ideologización y naturalización. Ésta es la feminidad contra las mujeres, donde se cultiva y ejerce la desconfianza hacia ellas y entre ellas.

"Porque el fundamento de la violencia simbólica no reside en unas consciencias engañadas a las que bastaría con ilustrar, sino en disposiciones que se ajustan a las estructuras de dominación de las que son producto; no puede esperarse una ruptura de la complicidad que la víctima de la dominación simbólica concede al dominante, más que a través de una transformación radical de las condiciones sociales de producción de esas disposiciones, que induce a los dominados a adoptar respecto a los dominantes y respecto a sí mismos un punto de vista que no es otro que el de los dominantes.", citando a Bourdieu.(*)

El discurso de esta cultura es "salvador": en nombre del "bien" de los hombres, de la familia, de los animales y la naturaleza, etc., hacen lo que hacen y de verdad se lo creen. Salvo algunos pocos "malos de verdad", la mayoría actúa "en nombre del bien de la humanidad y de su historia", de esta manera, impregnan todo su discurso de una "dulzura" que apela, por supuesto, al "sentido común-corazón chorreante" tan bien instalados.

Éste es el BUENISMO institucional: las leyes, la cruz roja, las iglesias, los partidos, los ejércitos, los DDHH, etc., son buenistas. El buenismo afirma un sistema de relaciones de dependencia y de orgullo, funcional a la dinámica de dominio. Si queremos construir una ética realmente distinta, creo imprescindible desmontar este chorreo sensiblero y jamás recuperar esta "sin razón" amorosa.

Entonces, ¿en qué "zapatos" queremos estar? ¿Desde dónde discutiremos cómo es esta macrocultura? ¿Desde el lugar de los poderosos, los creyentes y obedientes? El sistema, con sus poderes, críticos e instituciones, SABE LO QUE HACE, y los movimientos de resistencia le son favorables. Lo mueven para que actualice sus discursos, modernizándose y provocando la idea y sensación de falsos avances.

Pienso que para generar una nueva propuesta de mundo y de vida que valga la pena -sin repetirnos en los sucesivos fracasos de derecha e izquierda, de religiones antiguas o modernas, de ciencias y tecnologías-, necesitamos situarnos AFUERA de este orgullo histórico, para poder ver que la cultura vigente es desechable, incluidos sus productos más preciados, guardados en museos y bibliotecas.

Las seres humanas, realmente rebeldes, deberían profundizar y trascender las "volteretas" críticas de las y los INTELECTUALES institucionalizados mentalmente, con la radical diferencia de que nuestros cuestionamientos provendrían desde "otro" lugar des-prendido y des-aprendido. Por esta misma razón, rechazo rotundamente la idea de transformarme, al hacer política, en la CONSCIENCIA de todos ellos que saben, en las penumbras de sus pensamientos, qué nos están haciendo.

Para reconocer nuestra historia de deshumanización, debemos enfatizar el análisis crítico de la construcción de los deseos, marcados, con marcas de fuego, en los cuerpos. Pasar a entender el sistema parejil no como un instinto, sino como un mal producto cultural del deseo y sus diferentes variantes modélicas. Sin ver que la masculinidad contiene la feminidad, no podremos situarnos en la desconstrucción del orden simbólico parejil y familista, y construir seres humanos sexuados, completos y en sí mismos, legitimados y respetados en todas sus dimensiones y capacidades.

En el mundo homosexual las relaciones están perturbadas por el sistema cultural parejil-familista, tanto como en la heterosexualidad. Es un mundo fronterizo en el que es posible la mirada desde el Afuera, por su desplazamiento de lo establecido. Sin embargo, este desplazamiento llega a ser funcional y conservador de la propia tiranía parejil heterosexual, pues repite el sistema de dominación/dependencia de lo masculino-femenil, introyectando y reproduciendo estereotipos; basta ver la representación de lo femenino y la misoginia en el mundo gay; demandando, además, patéticamente, tolerancia e igualdad.

La potencialidad para un cambio civilizatorio radica en desmontar el sistema canónico, inscrito en el amor romántico, el cual sostiene al espacio parejil de sexo-amor, diseñado especialmente para el dominio y la reproducción, estructurando las represiones sobre el cuerpo pensante y hablante, único instrumento con el que tocamos la vida.

La gran aventura de nuestros tiempos, pienso, es ensayar otras formas y otros códigos para relacionarnos y así desmontar esta cultura y sus dinámicas guerreras, permeadas de orgullo. Sin esta experiencia, sólo daremos vueltas, volteretas y revueltas, cual saltimbanquis.


Margarita Pisano
Movimiento Rebelde del Afuera
Coloquio "Utopía(s) 1970-2003"
organiza Universidad Arcis
Septiembre de 2003

































miércoles, 14 de marzo de 2012

feminista sin mandamientos , sin reglas, sin leyes.. "Rebeldes , autonomas e insumisas"


Mujeres Ixchel 
  • No podras inmovilizarme , ni callarme,
  • Mi cuerpo es mìo y las manos de la violencia, no podran mutilarlo , ni decidir sobre èl.
  • Soñare todos los dìas
  • No provocare rumores, ni hare caso del rumor ya que promueve la misogina y los prejuicios entre las mujeres.
  • No soy educadora de nadie , ya basta de seguir poscisionandome en ese rol historico (Madre, maestra, cuidadora, etc)
  • "No me embarazo sola" pero no quiero depender de ningun macho por el hecho de estar embarazada,
  • Me revelare y vomitare las reglas de moralidad  y las opresiones sobre mi vida y mi sexualidad
  • Disfrutare de mi sexualidad todo el tiempo
  • La masturbaciòn dejara de ser un tabu
  • Rompere con la idea romantica del amor y disfrutare mis relaciones
  • NO quiero ni hare tareas del hogar
  • tengo la responsabilidad de aprender a conocerme y descubrirme,
  • No seguire aceptando ni creyendo en la institucionalidad del matrimonio ya que representa una forma de opresiòn y posecion en esta sociedad,
  • Buscare romper y salirme del sistema
  • NO me desgastare institucionalidzandome y pidiendo al patriarcado que me escuche.
  • Me defendere antes las agresiones misoginas / ante la agresion del patriarcado autodefensa feminista.
  • ya no asumire ni dejare que me nombren victima , pues no lo soy ..soy resistencia , lucha y vida.
  • Celebrare la memoria de mis ancestras
  • NO hablare de igualdad porque no quiereo ser igual a nadie
  • Buscare nuevas formas de expresiòn y sobre todo construire un nuevo camino autonomo.
  • Sere rebelde e insumisa
  • Todos los dias y a todas horas la alegria     y la desobediencia seran mi mayor resistencia.

jueves, 2 de junio de 2011

Porqué somos feministas autónomas


Las clorindas
 
La autonomía para nosotras es una estrategia política que quiere frenar el proceso de cooptación con el que los estados, los partidos políticos y las instituciones tratan de ahogar los movimientos sociales. Es una forma de pararse frente a ese mundo de una manera insolente y subversiva. Cuestionamos todas las diversas formas de discriminación y de subordinación, también aquellas que intentan instalarse dentro del propio movimiento. A la vez, la autonomía es un proceso permanente de construcción, de transformación, de independización. Es una opción que busca desarrollar el control y poder de las mujeres en nuestras vidas: en todos los contextos sociales, políticos, económicos y culturales en que nos toca vivir, pensar y actuar.

Feminismo Autónomo+

“Las feministas autónomas entendemos al movimiento feminista como el espacio que ejercita en todo acto la unión entre lo íntimo, lo privado y lo público. Sin estos tres niveles integrados terminamos siempre incompletas. Es su articulación lo que nos permite crear desarrollo filosófico con capacidad de propuesta de otra cultura”. (Declaración del Feminismo Autónomo. Cartagena, Chile. 1996)
Desde 1993 en el sexto encuentro feminista de américa latina y del caribe realizado en El Salvador, se pone de manifiesto las diferentes corrientes de acción y pensamiento del feminismo y la necesidad de profundizar en el análisis y arraigo de éstas. En el siguiente encuentro efectuado en Cartagena, Chile el año 1996, la apuesta metodológica era promover la discusión política en que la explicitación de la diferencias políticas, principalmente de las dos corrientes más evidentes; La Institucionalizada y la Autónoma, (sin excluir las diversas expresiones que derivan o se diferencian de ambas) sirviera para la construcción colectiva del Movimiento. Las diversas instancias de discusión se manifestaron en torno a Ponencias; Talleres de Profundización y Plenarias. En lo específico el taller de “Feminismo Autónomo” propició un espacio de visibilización y reflexión en torno al tema, se elaboró un documento a modo de declaración en el que basa la conformación del movimiento feminista autónomo en América latina que se consolida en el primer encuentro feminista autónomo, realizado en Sorata, Bolivia el año 1998.
“Las Autónomas” Nos congregamos como un movimiento social que no tranza con el sistema imperante y por ende no demanda soluciones ambiguas a éste en nombre de las mujeres y del movimiento feminista; sino que al fomento de repensar el mundo, la realidad y la cultura; desde lo íntimo, lo privado y lo público. Más allá de no recibir, ni aceptar financiamiento por parte del estado, ni de ninguna institución patriarcal, planteamos un cambio social desde la práctica rebelde y subversiva, que se refleja en la creación de redes con otros organismos asistémicos, el autofinanciamiento y la autogestión de recursos.
Nuestro accionar está dirigido a recuperar la calle, ocupar el espacio público, como una respuesta contestaria a la destrucción y coaptación que el estado ha impulsado contra las organizaciones sociales que se oponen al sistema neoliberal y globarizador. Todos los países están estructurados con una mentalidad en el que el modelo del ser human@ es el masculino, donde las mujeres han sido invisibilizadas; los organismos internacionales como un mecanismo de control y manipulación, ponen en agenda e incluso designan fondos para abordar de los problemas del mundo (guerra, pobreza, hambre, analfabetismo, abuso y explotación, entre otros) y, por supuesto, no consideran que quienes más sobrellevan estos problemas son las mujeres, quienes además, no son consultadas acerca de una posible solución. El feminismo autónomo es por tanto, un camino vigente para impulsar un cambio civilizatorio.

jueves, 10 de febrero de 2011

Cuando decimos autonomía, sabemos de lo que estamos hablando


Por: Andrea Franulic
Fuente: www.mamametal.com (Marzo 2009)
El feminismo prepara un encuentro más desde la institucionalidad1, cada vez más amarrado a los intereses patriarcales, in crecendo después de Cartagena (1996), en ese retroceso patético que Pisano califica como las nostalgias de la esclava.2 La autonomía Ni Ni prepara un paralelo, propio de ese lugar que Lidid califica como la marginalidad institucionalizada 3.
Tanto uno como el otro son expresiones del feminismo institucional, del feminismo patriarcal. Esto se reconoce en sus respectivos discursos globales, los que manifiestan una determinada ideología feminista, que se puede interpretar a partir de lo que las feministas dicen y hacen. En este sentido, la división que cruzó el debate de los años noventa entre un feminismo institucional y otro autónomo, aún existe; la diferencia radica en que hoy el autónomo se expresa en voces individuales y, según mi entender, solo articuladamente –y proponiendo un avance- en el Movimiento Rebelde del Afuera que formó Pisano para sobrevivir a la absorción que padeció la autonomía.
A principios de los noventa, las Cómplices (Sandra Lidid, Edda Gaviola, Ximena Bedregal, Margarita Pisano) afirmaron públicamente la separación por corrientes de pensamiento, soslayando todos los intentos patriarcales de fragmentación sectorial e identitaria. El discurso de la división en tendencias ideológicas es clave en este contexto. Es justamente el mínimo común ideológico que constituye a la corriente autónoma y que deja en evidencia a la institucional. Y es el discurso que más irritación provoca en los diferentes sectores feministas que se conforman en la década, porque contrarresta el inclusionismo político y el tópico de la diversidad, que permitieron y permiten las representatividades autoconcedidas, la falacia de que existe un solo movimiento feminista latinoamericano y, especialmente, el acceso de las feministas a los centros patriarcales de poder y de producción de cultura, borrando –al incluirlo- y, al mismo tiempo, utilizando los conocimientos, de ese otro feminismo que deconstruye al patriarcado desde sus raíces.
De manera más profunda, el discurso de la separación en corrientes desestabiliza los cimientos del patriarcado al convocar a las mujeres por su capacidad de pensamiento, es decir, por convocarlas a salirse de la feminidad, y esto genera, en las mismas mujeres, toda clase de resistencias de diferente naturaleza. Pero la corriente autónoma no solo convocaba a pensar, sino a pensar autónomamente y, en este caso, salirse de la feminidad implica necesariamente la construcción de un proyecto de mundo esencialmente distinto al patriarcal, cuya ideología se lee a sí misma como única y universal, o sea, no se ve a sí misma como ideología, se ve como el conocimiento verdadero.