martes, 14 de junio de 2011

LA COLONIZACIÓN SOBRE NUESTROS CUERPOS





La interiorización de la cárcel, la exteriorización del control.
Colectiva Juana Julia Guzmàn

Cuando establecemos que el patriarcado es un sistema de dominación y opresión sobre nosotras las mujeres, entendemos nuestros cuerpos como cárceles porque en ellos se condensa todo el autoritarismo que es invisibilizado por la cotidianidad. Es preciso entender la relación directa entre la historia latinoamericana y lo que nos constituye como mujeres definidas en nuestro contexto actual. La historia de América Latina se funda en la conquista y en la permanente colonialidad. Por tanto, la construcción cultural e identitaria femenina en Latinoamérica va ligada a que nuestra condición como mujeres se sustenta en el dogma católico que aún permea nuestras vidas. Es desde aquí, de donde hablamos de colonización más que de control sobre nuestros cuerpo.

La diferencia de decir que nuestros cuerpos están controlados a afirmar que nuestros cuerpos están colonizados radica en emprender una deconstrucció n como mujeres dentro de lo que denominamos práctica libertaria. Porque si bien el feminismo que estudiamos muestra como el patriarcado es transversal en el control sobre nuestros cuerpos, en Latinoamérica la historia de conquista y colonización no es ajena a nuestras vidas como mujeres, ya que el legado de dominación y opresión continúa bajo el discurso católico de la mujer virgen, maría la sacrificada por su culpabilidad de donde se puede entender el machismo y sexismo latinoamericano en una explicación genealógica. Esto no indica que en los pueblos indígenas, la mujer sea tratada como igual dentro del contexto cultural, al contrario, se muestra la percepción de la mujer tratada y concebida como inferior por las percepciones culturales que se tienen de nuestra supuesta naturalidad. Pero creemos que existe una diferencia fundamental en entender todo el entramado cultural de configuración de los países de los que hacemos parte. Es decir, que para emprender una lucha de emancipación de nosotras las mujeres, es preciso entender cuál es nuestra historia para configurar lo que denominamos una nueva sociedad. 


¿Cuál es la historia que conocemos? La historia de héroes mitificados que dieron su vida por la patria. La historia de los héroes que emprendieron la independencia de los países de los que hacemos parte. La historia de las batallas en contra del yugo español, las historia de hombres muertos, la historia de esos hombres canonizados en nuestros libros. La historia de los padres de la patria. Esto es lo que se realza en nuestras clases de historia, y más aún en la celebración del bicentenario en muchos países de la región. Pero cansadas e indignadas de nuestra situación actual, las mujeres también nos preguntamos dónde estamos en esa historia que no nos muestra como heroínas en museos y en libros enteros. Es así que llegamos a entender que esta aparente independencia del yugo español es una completa falacia porque en primer lugar, nunca nos independizamos completamente del yugo español, y porque en la actualidad se sigue reproduciendo el legado criminal sobre nosotras. 

Por eso partimos de negar esa historia a partir del cuestionamiento de la formación política y social de ese autoritarismo arbitrario. Las identidades marcadas en el proyecto de la modernidad de la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos están fundamentadas en el sexismo, machismo, racismo, especismo, que viene de la configuración cultural de la colonia en los países de la región. ¿Alguna sabe la historia de Malinche? Descrito en un texto de Octavio Paz denominado el laberinto de la soledad, Malinche fue la que dio el origen al primer mestizo o a la primera mestiza, a causa de la violación por parte de un conquistador. Es decir que se construye la culpabilidad de Malinche a partir de la justificación que se hace de la violación sexual como legítima sobre nuestros cuerpos, ya que se entienden dentro de toda esta lógica colonial, como parte del territorio conquistado. Por tanto, se entiende que la discriminació n de la mujer es triple: por ser mujer, por ser de una raza distinta considerada como inferior y por la diferencia estamental. Acá podemos mirar que no se separa la importancia que tiene el sistema económico en toda la configuración de este sistema de dominación. Porque Malinche era mujer, pobre e indígena. Además, se le culpa por el hecho, y se le sostiene que su único remedio es la el sufrimiento y el sacrificio en donde se establece su relación con la virgen maría. El sustento católico de esta denominación hacia las mujeres va ligado al carácter de divinización de la dicotomía pública y privada. En donde Jesús, se desenvuelve en lo político y María en lo privado. Esto fundamenta como establecemos los roles en nuestra cotidianidad como un cautiverio: madre, esposa, puta, bruja, loca. Cuando se establece esto dentro de los postulados de la iglesia católica para afirmar permanentemente la masculinidad dentro de la palabra de dios, el poder simbólico se hace más eficiente para mantener el orden. Esto lo entendemos como la construcción de la identidad femenina en nuestra historia, esto es lo que queremos combatir.

Por eso, desde ésta concepción del legado histórico que hemos heredado, nos cuestionamos cómo la institución para vigilar y castigar: la cárcel, se interioriza en nosotras las mujeres pero también todos sus fundamentos autoritarios se exteriorizan en el control para sustentar la represión basándose en el discurso católico de la posición de la mujer. La cárcel es la institución que disciplina y vigila a la mujer o al hombre que viola la legalidad dentro de los márgenes del Estado. Se entiende como el lugar donde la persona acusada pretende ser resocializada por haber cometido un acto ilegal. Pero la historia ha demostrado que el objetivo de las cárceles es otro: la alienación de las mujeres y de los hombres. Es así que, la cárcel es la idea de un microcosmo de una sociedad perfecta donde los individuos se hallan aislados en su existencia moral, pero donde su reunión se efectúa en un encuadramiento jerárquico estricto, sin relación lateral, no pudiendo hacerse la comunicación más que en el sentido de la vertical. Los mecanismos y técnicas punitivas que rompan con esta idea dentro de ese espacio pueden variar, pero siempre con el objetivo de generar disciplina a partir de hacer entender que un orden superior tiene la potestad de su libertad. Este es el primer referente de deshumanizació n, porque esto implica la toma de otros aspectos de la vida de las mujeres y de los hombres detenidos. Evidentemente, estamos hablando de un panorama general, pero cuando el Estado identifica unas enemigas y unos enemigos que generen ruido en su estructura, la situación se torna peor.

Interiorizar la cárcel en nuestros cuerpos y en nuestras vidas implica el encierro en un espacio determinado: el ámbito privado. Salir del espacio asignado genera castigos de tipo físico y psicológico, conjuntamente con una reafirmación de que ese es nuestro espacio. Además hay una permanente vigilancia de que los roles asignados por el patriarcado se continúen reproduciendo. Esto se legitima desde la divinización de la masculinidad a partir de pensar que somos las mujeres el opuesto del otro (el hombre). Basándonos en la idea de que la cárcel deshumaniza a las mujeres y a los hombres: porque perder la libertad implica no solamente estar en encierro, sino también una regresión permanente de las condiciones de la vida digna. Es decir, que el Derecho a la educación, a la salud, a la libertad de expresión, al libre desarrollo de la personalidad, etc. se violan constantemente. Colombia no es una excepción parta este caso, la crisis humanitaria en las cárceles es evidente. Para las mujeres detenidas, la materializació n de toda la discriminació n y opresión patriarcal se condensa en el control de su sexualidad. Todo lo que implica la sexualidad y la reproducción, apunta a ejercer un seguimiento de las relaciones personales de las mujeres, y una negligencia frente a la salud sexual y reproductiva. Pensaran ustedes cuál sería la relación de la situación de las cárceles y nuestra cotidianidad. Para empezar, nosotras no somos distintas a ninguna de las mujeres que están detenidas. La diferencia radica, si es que se puede hablar de diferencia, es que ellas están encerradas bajo un código legal, pero tanto las detenidas, como nosotras acá compartiendo este espacio, somos oprimidas y pretenden que reafirmemos que nuestro único lugar sea un espacio privado: el hogar. Además, bajo la idea de que las mujeres somos propiedad de los hombres, por ende la afirmación de que nuestros cuerpos son de los hombres, todo ese constructo casi invisible del patriarcado se traduce en una asimilación de que nuestra situación es inmodificable, ya que como lo entendimos anteriormente todo el legado colonizador aún se presenta de manera fuerte en nuestras vidas bajo el dogma católico. Por eso, las prácticas de control, vigilancia, sujeción y castigo que se viven en la cárcel, también se materializan en nuestros cuerpos. Por eso, la lucha de las mujeres creemos que no sólo debe trazarse en el ámbito privado, sino en el público. Entendiendo también, que no sólo es el patriarcado el que nos oprime como mujeres, sino va conjuntamente con el capitalismo. . Porque no nos pensamos sólo como mujeres dentro de la categoría sexual, sino como seres sociales inmersas en unas dinámicas determinadas. 

Nosotras estamos concientes y reafirmamos un cambio social, por ende también sentimos en nuestros cuerpos la opresión y represión de toda América Latina, en Colombia, en los barrios de la periferia, en el campo, en los hogares, en las cárceles, es así que no sólo levantamos nuestras banderas en contra del patriarcado, también lo hacemos en contra del capitalismo. Las dos luchas no pueden ir por caminos distintos.

sábado, 11 de junio de 2011

Mujer, violencia y silencio en Guatemala




Patricia Simón
Periodismo Humano
Organizaciones y expertas internacionales piden que la Audiencia Nacional de España investigue la violencia sexual que se ejerció contra las mujeres maya como parte del genocidio Guatemala.

Un país con unos 13 millones de habitantes, con índices de desnutrición infantil desconocidos en América Latina, con un Estado fallido que se ha confesado incapaz de controlar el norte del país donde los cárteles del narcotráfico hacen, y asesinan, a su antojo. Un territorio donde la violencia callejera estableció desde hace ya una década que una vida no valía nada y el machismo que la violencia de género puede, además de asesinar – casi 600 mujeres sólo el año pasado-, alcanzar unas cotas de brutalidad y ensañamiento aterradoras. Todos estos datos dibujan la imagen internacional de uno de los países con menor influencia política y, por tanto, atención del continente latinoamericano. Una falta de interés que no es nueva y que se mantuvo durante los treinta años que una guerra civil masacró a su población, especialmente a la de origen maya. Un conflicto en el que las cifras, que son personas con nombres, apellidos, padres, madres e hijos y sueños, como tenemos que recordar a veces para no perdernos en la inmesidad, desbordaron proporcionalmente las dictaduras de Chile, Argentina o Uruguay: más de 200.000 personas fueron torturadas, asesinadas y desaparecias en más de 600 matanzas, más de 440 comunidades mayas exterminadas y más de medio millón de desplazados para salvar sus vidas.

“La percepción de las fuerzas armadas en torno a los mayas como aliados naturales de la guerrilla contribuyó a incrementar y a agravar las violaciones a sus derechos humanos, demostrando un marcado componente racista de extrema crueldad que permitió el exterminio en masa de las comunidades mayas indefensas -incluidos niños, mujeres y ancianos- a través de métodos cuya crueldad escandaliza la conciencia moral del mundo civilizado” Informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico de la ONU.

La violencia contra la población civil fue sistemática, contínua y especialmente dirigida contra la población maya con el objetivo de exterminarla, según todas las investigaciones independientes. Por ello, en estos momentos ocho altos cargos, incluído el general y presidente de Guatemala entre 1982 y 1983, Efraín Ríos Montt, se enfrentan a cargos de genocidio, tortura y terrorismo en la Audiencia Nacional en un juicio superviviente de la Jurisdicción Universal aplicable en España antes de la reforma de 2010, a partir de la cual sólo se puede abrir una investigación en aquellos casos en los que esté implicado un español. Un proceso judicial que comenzó su andadura en 1999 cuando la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú junto a organizaciones de derechos humanos españolas y guatemaltecas presentaron una querella. Tras doce años y varias décadas de que los crímenes fueran cometidos, las organizaciones Women´s Link Worldwide y The Center for Justice & Accountability han pedido a la Audiencia Nacional que investigue también los crímenes cometidos específicamente contra las mujeres, unos delitos que hasta hoy han permanecido en el silencio y la impunidad. Como recogen las organizaciones demandantes en su informe, la Relatora Especial sobre la Violencia contra la mujer, Radhika Coomaraswamy, fue muy clara en su informe ante la Comisión de DDHH de la ONU de 2001. “El hecho de que no se investigue, enjuicie y castigue a los culpables de las violaciones y la violencia sexual, ha contribuido a crear un clima de impunidad que actualmente perpetúa la violencia contra la mujer”.

El lunes estrenamos el Especial documental “Mujer, violencia y silencio” en el que profundizamos en las distintas formas de violencia a las que son sometidas las mujeres en Guatemala desde su nacimiento, por el sólo hecho de ser mujeres, aún más vulnerables por ser indígenas y pobres: abusos sexuales, incesto, violencia machista por parte de sus parejas, tortura, discriminación y la violencia sexual que sufrieron durante la guerra civil: varios testimonios de mujeres que sufrieron violaciones colectivas -hasta cuarenta soldados haciendo cola para violarlas-.

Las violaciones, las mutilaciones, la explotación sexual, las esterilizaciones a fuerza de violarlas y desgarrarlas, de provocarles abortos forzados, de feticidios -rajarles el vientre y sacar los fetos-, fueron torturas cometidas sistemáticamente por el Ejército y por los paramilitares contra estas mujeres. Mientras se lo hacían, como podrán ver en el Especial, les decían, por ser indígenas, “no son gente, son animales”. Muchas de estas mujeres nunca contaron estos crímenes y las que lo hicieron, o se supo en su comunidad, fueron rechazadas, despreciadas, expulsadas.

Estos días, como parte de esta petición de que se investigue la violencia de género durante el conflicto, Patricia Sellers, abogada experta en derecho penal internacional y asesora en asuntos de género para varios Tribunales Penales Internacionales, y María Eugenia Solís, abogada y experta en violencia de género contra la población maya durante el conflicto armado guatemalteco, prestarán testimonio de por qué es fundamental incluir estos delitos en la causa.

En conversación telefónica, María Eugenia Solís, además de experta en este asunto, jueza ad hoc en la Corte Interamericana de Derechos Humanos hasta 2010, nos explica cómo en un país donde se cometieron miles de delitos sexuales contra las mujeres, apenas sean, no ya juzgados, sino conocidos entre la población. “La Comisión de la verdad que hizo la ONU, con muchos recursos, no contemplaba un protocolo para esta violencia. Sencillamente no se plantearon que existiese así que no preguntaron. Lo que está documentado en esa investigación fue porque las mujeres lo mencionaban colateralmente: ‘pues mira que a mi hermana la colgaron de un palo para aterrorizar a toda la comunidad, pues mira que nos violaron y…’. Pero las mujeres acudieron a hablar de los otros: de cómo habían desaparecidos a sus maridos, a sus padres.. No de ellas.”.

El silencio. Una de las mujeres entrevistadas en el Especial “Mujer, violencia y silencio”, que fue violada por decenas de soldados, uno tras otro, por lo que después perdió a su bebé que nació con el cuello dislocado, nos contaba cómo no se lo había contado a su marido hasta veinte años después. Y porque participó en un taller de empoderamiento en el que se le fue preparando para aceptar lo que había vivido. Solís explica la razón de esta conducta: “Está naturalizada la violencia contra las mujeres. Antes, durante y después del conflicto. Las mujeres han vivido en unos niveles de desigualdad descomunales con respecto al resto de la sociedad. No se reconocen como sujetos. El primer trabajo con ellas es conseguir que piensen que son seres humanos, que no es normal que abusen de ellas. Aunque lo hayan hecho desde pequeñas porque había mucho incesto. Y hay que tener en cuenta las reacciones después de que fueran violadas por los combatientes, que fueron muy diversas pero nunca de solidaridad: eran consideradas traidoras, sucias, como sus hijos si se habían quedado embarazadas de sus agresores… Se supone que ellas deberían haber hecho todo lo posible por morirse antes de ser violada. Por todo ello se sienten culpables. Pero además es que sus violadores siguen siendo sus vecinos. Están rodeadas de puro enemigo. Hay mujeres que a la vuelta de la presentación de un informe que recogía su testimonio, volvieron a ser violadas por los mismos”.

El 88% por ciento de las mujeres violadas y torturadas fueron indígenas, una cultura en la que son las mujeres las transmisoras de la cultura, de la lengua, de la forma de curar... Es decir, de su ser maya. Tal y como explican en su planteamiento las demandantes de que la violencia sexual sea incorporada a este proceso, estaban aniquilando no sólo a sujetos sino a las encargadas de perpetuar la vida y la cultura, como parte del plan de genocidio. Muchas de ellas nunca pudieron aguantar que ningún hombre se volviera a acercar a ellas. Las destrozaron físicamente, pero también como personas. “Las sacaban de sus casas y las llevaban a lugares sagrados y allí las violaban, les hacían pasear desnudas. A otras se las llevaban a los destacamentos como esclavas sexuales y para que limpiaran, cocinaran…”.

La justicia supranacional, a través de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ya condenó uno de los casos más flagrantes -si cupiese grados en este contexto de barbarie-. Se trató de la masacre cometida por los kaibiles, el cuerpo más sanguinario del Ejército guatemalteco, entrenado por Estados Unidos- en la aldea del norte del país Dos Erres, en la región del Petén. Allí,16 militares, como prueba de graduación, rajaron los vientres de las mujeres y sacaron a los fetos con sus propias manos. Así, “y a puro golpe”, como explica Solís, asesinaron a 252 personas, la mayoría mujeres, ancianos y niños. Pero no fue hasta abril de este año cuando uno de los supuestos responsables de esta masacre, Jorge Sosa Orantes ha sido reclamado por la Justicia. El juez Santiago Pedraz, instructor del caso, pidió a Canadá su extradicción para ser juzgado por genocidio.

Pero la Corte Interamericana sólo puede condenar al Estado y hacer recomendaciones. Por eso, cuando se le pregunta a Solís por cómo valora la reforma de la Jurisdicción Universal en España es tajante: “Es lamentable porque para los hechos del presente tenemos a la Corte Penal Internacional. Pero para el pasado la única esperanza que nos queda son los Estados como España que tienen la posibilidad de hacer justicia y que están obligados, además, por ser firmantes de los tratados internacionales. Espero que el pueblo español que ha sido tan solidario con la causa guatemalteca siga el proceso con atención y se sienta orgullloso de lo que su Estado es capaz de hacer”.


Fuente: http://periodismohumano.com/mujer/mujer-violencia-y-silencio-en-guatemala.html

miércoles, 8 de junio de 2011

El lado Oculto de la guerra


Por Margarita Pacay
Pareciera que luego de la firma de los Acuerdos de Paz los 36 años de guerra interna quedaron para la memoria histórica. Sin embargo, para cientos de mujeres sobrevivientes del conflicto armado, esa pesadilla aún sigue en sus cuerpos y mentes. Algunas, armadas de valor, tuvieron que esperar más de dos décadas para contar su secreto.

Sanar una violación sexual no es fácil y menos aún si fueron muchos los abusadores que se apoderaron del cuerpo durante días, meses o años. Esta es una de las secuelas sufridas por cientos de mujeres víctimas de un conflicto bélico. Muchas de ellas eran niñas, madres, esposas, mujeres embarazadas. Sus historias son desgarradoras:

“…entró el Ejército a mi casa, me golpearon, me violó uno, luego el otro y, mientras lo hacían, los demás se reían. Me refugié en México… Cuando regresé a mi comunidad la gente decía ‘allí va la mujer de los soldados…’”. *Sobreviviente de Huehuetenango.

“… tengo presente las imágenes cuando violaron a muchas niñas, a una le pusieron un alambre en el cuello; torturaron a muchas personas y las tiraron al río. Secuestraron a mi esposo. Mientras yo iba a traer leña con mi nena en brazos me agarraron, tiraron a mi hija al monte y me violaron; pasó uno, pasó el otro… Me amenazaron si decía algo, me decían que era parte de los guerrilleros. Me quedé sola con mis tres hijas, a veces no tenemos tortillas porque no tenemos trabajo, mis hijas aún tienen la esperanza de que su papá regrese…”. *Sobreviviente de Chimaltenango.
Las víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado interno fueron, en un 99 por ciento, mujeres. La Comisión de Esclarecimiento Histórico, CEH, registró 1,465 hechos, de los cuales 88.7 por ciento se cometieron contra mujeres mayas, 10.3 por ciento contra ladinas y 1 por ciento contra otros grupos. En realidad son muchos más los casos, pero las sobrevivientes prefieren mantener el secreto por temor a represalias o vergüenza, y otras ya no lograron vivir para contarlo. Ocho de las sobrevivientes, representando al colectivo de las víctimas, dieron su testimonio en el Tribunal de conciencia sobre este tema. La actividad se realizó en marzo de este año, en el Paraninfo Universitario, bajo el lema ¡Ni olvido, ni silencio!

El Tribunal de conciencia es un medio alternativo de justicia que se ha utilizado a nivel internacional. Se llama así porque es ejecutado por activistas o conocedoras de derechos humanos, quienes participan como jueces, magistrados de conciencia y testigos de honor ante violaciolaciones a los derechos humanos. Las víctimas dan su testimonio y la fiscalía de conciencia emite un veredicto. Es un pronunciamiento dirigido al gobierno, sociedad civil, instituciones y comunidad internacional sobre lo que está pasando y emite las respectivas recomendaciones, explica Roxana Arroyo, doctora en Derechos Humanos, de Costa Rica.

Para las mujeres objeto de tortura sexual durante la guerra interna, expresar sus vivencias en un tribunal de conciencia les sirvió para romper el silencio en torno a este crimen. Les permitió realizar una acción política de reparación simbólica y hacer un ejercicio de reflexión junto a las autoridades responsables de garantizar justicia, a manera de crear las condiciones que hagan posible su aplicación en casos tanto del pasado como del presente. De hecho, la saña y la crueldad con la que se viola y asesina a las mujeres en la actualidad es resultado del ancestral sistema de opresión contra las mujeres, así como la impunidad y el silencio alrededor de la violencia cometida contra ellas durante la guerra. A ello se suman la pervivencia de agudos problemas socioeconómicos y la creciente inseguridad ciudadana existente en el país.

[“El Tribunal de conciencia es un espacio simbólico, de ejercicio de soberanía, donde todos tenemos que escuchar, aprender y revisar lo que creíamos. Empezar a trabajar para que el tema de la erradicación de toda forma de violencia y discriminación se vuelva una prioridad política y financiera en nuestros países”. Ana Guesmes, directora regional de UNIFEM]
Gladys Canales Martínez, Perú
Trabajar por los derechos de su comunidad le costó estar ocho años en la cárcel, acusada de terrorista, por llevar la contraria al sistema de Alberto Fujimori, quien hoy está sentenciado a 25 años de prisión por los crímenes que cometió desde los años 80 hasta el 2000. “Cuarenta personas con pasamontañas entraron a la casa y me encarcelaron. Al acusarme como terrorista pasé por la DINCOTE, que es la dirección nacional contra el terrorismo, en donde sufrí violencia sexual. Es importante que las mujeres compartamos la experiencia peruana, porque no podemos permitir que esa historia se repita”.




Teddy Atim, de Uganda; Gladys Canales, de Perú; Juana Méndez, de Guatemala; y Shihoko Niikawa, de Japón, participaron como magistradas del Tribunal de conciencia. Lucía Morán, secretaria del Tribunal; las abogadas María Eugenia Solis García y Juana Balmaceda Ripero, fueron las fiscales.
Fuente: CEH Base de datos. Total de masacres 669 casos perpetrados por todas las fuerzas responsables
Torturaron su dignidad y sexualidad
Olga Alicia Paz Bailey, psicóloga y maestra en psicología social y violencia política, explica que el conflicto interno fue un evento determinante en las ideas, conductas y aspectos más significativos de los guatemaltecos. El uso del terror y las formas de represión extremas de violencia que se pusieron en práctica, fueron parte de un proceso dinámico y complejo dirigido a desestructurar a la persona y su entramado de relaciones sociales. Esto hizo crisis en un individuo, en una familia o en la sociedad entera. Las mujeres fueron víctimas de todas las formas de violaciones a los derechos humanos, pero además sufrieron formas específicas de violencia de género que concluyeron en violencia sexual. Esta violencia incluyó esclavitud sexual, uniones forzadas con los captores, amputaciones y mutilaciones de órganos sexuales.

La violación sexual es sin duda uno de los crímenes que no solo destruye el cuerpo de las mujeres, su identidad y capacidad de imaginarse un futuro, sino además rompe con la posibilidad de tener apoyo solidario por parte de las familias, comunidades y redes sociales para su recuperación. Una de las sobrevivientes de la guerra hace referencia al rechazo que experimentó al regresar a su comunidad, la señalaban de ser “la mujer de los soldados”.

También existieron ataques sexuales realizados por miembros de las fuerzas insurgentes, especialmente en Huehuetenango. Algunas mujeres cuentan haber sido violadas por las fuerzas guerrilleras: con el pretexto de tomar agua o comer. Ingresaban a las casas aprovechándose del contexto de la guerra y el terror que prevalecía por las masacres del Ejército, de que estaban solas, empleando la violencia psicológica y física para abusar sexualmente de ellas, explica la abogada española Juana Balmaseda, quien actuó como fiscal en el Tribunal de conciencia.

Las violaciones sexuales sufridas por las mujeres en las guerras son hechos que se llevaron a cabo colectivamente, con una intención bien planificada. No son la suma total de cientos de miles de predisposiciones genéticas a la agresividad y al deseo sexual. “Durante una guerra o un contexto de conflicto o de violencia, la violencia sexual es utilizada sobre los cuerpos de las mujeres para demostrar el dominio sobre el enemigo”, explica Jeannette Esmeralda Asencio Álvarez, maestra en estudios de género, culturales y antropología, durante el peritaje “Una mirada de género”.



La ejecución de genocidio también tuvo como objetivo el cuerpo de las mujeres, ya que es a través de su eliminación como se anula la posibilidad de la descendencia. Por ello se dice que la violencia sexual es usada como un arma o mecanismo “común” de guerra.

Justicia para las mujeres

“Es difícil dar una cantidad exacta de cuántos soldados me violaron. Fueron muchos. Lo hicieron durante mucho tiempo después que instalaron el destacamento. Nosotras les hacíamos comida y casi cada día, después de servirla, nos violaban. Todo lo que viví fue muy duro y me duele recordarlo”.



MARIELOS MONZóN
El anterior es un testimonio de una mujer indígena oriunda de Izabal, que contó su historia durante la realización del Tribunal de Conciencia contra la Violencia Sexual hacia las Mujeres, organizado en Guatemala el año pasado. Como el suyo, cientos de casos de agresiones y violaciones sexuales, mutilaciones y esclavitud sexual, que se dieron contra las mujeres durante la guerra siguen en la impunidad.
La violencia contra las mujeres constituyó un mecanismo para generar terror y las violaciones sexuales fueron utilizadas como un método de tortura. El Informe Guatemala Memoria del Silencio, de la Comisión de Esclarecimiento Histórico, documenta mil 465 violaciones sexuales de mujeres, el 88% contra féminas mayas.
La violación es uno de los crímenes más desestructurantes, porque tiene repercusiones físicas, psicológicas y culturales, explica Juana Balmaseda, quien actuó como fiscal del Tribunal de Conciencia. En la mayoría de los casos, las mujeres violadas fueron rechazadas conyugal o socialmente y condenadas al confinamiento, como si ellas hubieran tenido la culpa de lo sucedido. “Cargamos con nuestra vergüenza y con nuestro dolor. Jamás ese dolor se me quita, ni en mi cuerpo, ni en mi mente”, contó durante su testimonio otra fémina maya de Chimaltenango.
Muchas mujeres que estaban embarazadas narraron que por la violencia o por los abusos a los que eran sometidas terminaban por padecer abortos forzados (feticidios); en otros casos fueron sometidas a esterilizaciones contra su voluntad, con el objetivo de evitar que pudieran reproducirse.
Los responsables de todas estas atrocidades siguen sin ser sometidos a la justicia. Los crímenes sexuales contra las mujeres, que fueron parte del genocidio cometido en Guatemala, continúan en la impunidad y son un pésimo precedente cuando de investigar, perseguir y juzgar a los actuales asesinos y violadores de mujeres se trata.
Por eso, dos organizaciones internacionales de derechos humanos solicitaron a la Audiencia Nacional de España (ANE) que dentro de la investigación que se sigue por el genocidio en Guatemala, también se investiguen las violaciones sexuales, la esclavitud sexual, los feticidios, las mutilaciones y la esterilización forzada, entre otros crímenes que sufrieron las féminas mayas. A decir de Paloma Soria, abogada de la organización Women’s Link Worldwide, una de las promotoras de la acción: “Para atender y entender la dimensión de la atrocidad que se cometió en Guatemala, es necesario considerar también los crímenes de género. Estos fueron generalizados y sistemáticos y pretendían acabar con la población maya, no solo a través del exterminio físico, sino también del quebrantamiento de la estructura social”.
En ese marco, los días 8 y 9 de junio, dos juristas, expertas en Derecho Penal Internacional y Asuntos de Género, Patricia Sellers y María Eugenia Solís, darán su testimonio ante la Audiencia Nacional de España sobre la necesidad de juzgar los crímenes de guerra dentro de este proceso. “Ha llegado el momento de que los crímenes que afectan a las mujeres no queden en la impunidad, y la ANE tiene una gran oportunidad para investigarlos”, declaró la abogada del Centro de Justicia y Responsabilidad, Almudena Bernabéu. Que así sea.


Fuente: Prensa Libre 

domingo, 5 de junio de 2011

UNION LATINOAMERICANA DE MUJERES POR EL DERECHO A DEFENDER NUESTROS DERECHOS -ULAM-GUATEMALA, LAMENTA PROFUNDAMENTE EL COBARDE ASESINATO DE LA COMPAÑERA MARIA MARGARITA CHE CHUB EN EL VALLE DEL POLOCHIC


El día 4 de junio, a eso de las 11:55 de la noche fue asesinada  a balazos la compañera María Margarita Chub Ché, lideresa de la comunidad de Parana, municipio de Panzos, por hombres fuertemente armados que llegaron en una moto y le atacaron en el patio de la casa en donde se encontraba y en presencia de sus dos niños pequeños;  hecho de sangre que se suma a todos los hechos de violencia que han continuado desde que el gobierno del Presidente Alvaro Colom Caballeros a petición de los empresarios del Ingenio Chabil Utzaj S.A. ordenara  y ejecutara los desalojos en contra de 14 comunidades del Valle del Polochic desde el 15 de marzo  y que hasta la fecha siguen sufriendo el ataque de las fuerzas de seguridad privada y sicarios de esta empresa.

De igual forma fueron asesinados  Antonio Beb Ac y  Oscar Reyes de las Comunidades de Miralvalle y de Canlun de este municipio, han dejado a mas de una decena de personas  -hombres y mujeres-  heridas de bala y por el impacto de bombas lacrimógenas, además de dejar a mas de 800 familias en la calle, sin tierra, sin alimentos, sin atención medica, sin trabajo.

Los desalojos y el ataque permanente contra las comunidades ha afectado seriamente la vida de las mujeres, quienes experimentan graves tragedias humanas,  en las cuales hasta el momento el gobierno ni siquiera  se ha dignado a asumir su responsabilidad de atender y mitigar la situación de hambre en que dejo a tanta gente, ni atención de  salud a enfermos-as y heridos-as, mucho menos a hacer justicia, perseguir y enjuiciar a los responsables, que se conocen públicamente.

Responsabilizamos de estos hechos de violencia, a la empresa Chabil Utzaj S.A, a las familias de “origen Alemán” Widman, a la oligarquía terrateniente de la región, quienes  acosta de la vida de miles de campesinos se han apoderado de las tierras y han dejado en la calle a tantas familias Q´qchies; al Grupo Pellas nicaragüense y al BCEIE por su irresponsabilidad de intervenir y financiar estos proyectos; al gobierno de Guatemala, a las autoridades municipales por permitir la presencia de fuerzas de seguridad extrajudiciales y que frente a sus narices sicarios y guardias de seguridad privada se atrevan cobardemente  a  asesinar a mujeres campesinas indefensas, así como lo han hecho hoy con  la compañera MARIA MARGARITA CHE CHUB y  por todos los hechos de violencia y ataques que continúan contra las comunidades del Valle del Polochic.

ULAM-Guatemala Condena y Repudia el asesinato de María Margarita Chub Ché que enluta a todas las mujeres de Guatemala. Nos solidarizamos y manifestamos nuestro mas doloroso pésame a su familia, a su comunidad y a todas las mujeres que por mantener la justa lucha de reivindicar el derecho a la tierra están siendo asesinadas y afectadas en su integridad personal por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, las fuerzas de seguridad  privada y sicarios de empresarios que con el afán de apoderarse de los recursos naturales no perdonan el derecho a la vida.

Hacemos un llamado a todas las organizaciones de Mujeres nacionales e internacionales, para que se sumen al repudio de este asesinato y  para  que unifiquemos nuestras luchas en defensa de los derechos de las mujeres y en contra de la represión y criminalización contra ellas.

A la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, accionar de inmediato ante el Gobierno  guatemalteco para que detenga ya estas graves violaciones en contra de la vida y la integridad física de mujeres y hombres campesinos e incida ante la CICIG su inmediata intervención en la investigación de estos hechos.

Al Gobierno de Guatemala,  BASTA YA DE TANTO DESPOJO, DESALOJO, ASESINATO Y AGRESION, CONTRA LAS MUJERES, BASTA YA DE PROTEGER LOS INTERESES, DE GRANDES EMPRESAS NACIONALES Y TRASNACIONALES, DE LA OLIGARQUIA, TERRATENIENTES, FINQUEROS Y MINEROS, que solo muerte y miseria están dejando en Guatemala.

La Sangre Derramada de María Margarita hará fructificar nuestra Lucha  y Resistencia en Defensa del Derecho a la Vida y la Madre Tierra.

Guatemala, 5 de junio año 2011.

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jueves, 2 de junio de 2011

Porqué somos feministas autónomas


Las clorindas
 
La autonomía para nosotras es una estrategia política que quiere frenar el proceso de cooptación con el que los estados, los partidos políticos y las instituciones tratan de ahogar los movimientos sociales. Es una forma de pararse frente a ese mundo de una manera insolente y subversiva. Cuestionamos todas las diversas formas de discriminación y de subordinación, también aquellas que intentan instalarse dentro del propio movimiento. A la vez, la autonomía es un proceso permanente de construcción, de transformación, de independización. Es una opción que busca desarrollar el control y poder de las mujeres en nuestras vidas: en todos los contextos sociales, políticos, económicos y culturales en que nos toca vivir, pensar y actuar.

Feminismo Autónomo+

“Las feministas autónomas entendemos al movimiento feminista como el espacio que ejercita en todo acto la unión entre lo íntimo, lo privado y lo público. Sin estos tres niveles integrados terminamos siempre incompletas. Es su articulación lo que nos permite crear desarrollo filosófico con capacidad de propuesta de otra cultura”. (Declaración del Feminismo Autónomo. Cartagena, Chile. 1996)
Desde 1993 en el sexto encuentro feminista de américa latina y del caribe realizado en El Salvador, se pone de manifiesto las diferentes corrientes de acción y pensamiento del feminismo y la necesidad de profundizar en el análisis y arraigo de éstas. En el siguiente encuentro efectuado en Cartagena, Chile el año 1996, la apuesta metodológica era promover la discusión política en que la explicitación de la diferencias políticas, principalmente de las dos corrientes más evidentes; La Institucionalizada y la Autónoma, (sin excluir las diversas expresiones que derivan o se diferencian de ambas) sirviera para la construcción colectiva del Movimiento. Las diversas instancias de discusión se manifestaron en torno a Ponencias; Talleres de Profundización y Plenarias. En lo específico el taller de “Feminismo Autónomo” propició un espacio de visibilización y reflexión en torno al tema, se elaboró un documento a modo de declaración en el que basa la conformación del movimiento feminista autónomo en América latina que se consolida en el primer encuentro feminista autónomo, realizado en Sorata, Bolivia el año 1998.
“Las Autónomas” Nos congregamos como un movimiento social que no tranza con el sistema imperante y por ende no demanda soluciones ambiguas a éste en nombre de las mujeres y del movimiento feminista; sino que al fomento de repensar el mundo, la realidad y la cultura; desde lo íntimo, lo privado y lo público. Más allá de no recibir, ni aceptar financiamiento por parte del estado, ni de ninguna institución patriarcal, planteamos un cambio social desde la práctica rebelde y subversiva, que se refleja en la creación de redes con otros organismos asistémicos, el autofinanciamiento y la autogestión de recursos.
Nuestro accionar está dirigido a recuperar la calle, ocupar el espacio público, como una respuesta contestaria a la destrucción y coaptación que el estado ha impulsado contra las organizaciones sociales que se oponen al sistema neoliberal y globarizador. Todos los países están estructurados con una mentalidad en el que el modelo del ser human@ es el masculino, donde las mujeres han sido invisibilizadas; los organismos internacionales como un mecanismo de control y manipulación, ponen en agenda e incluso designan fondos para abordar de los problemas del mundo (guerra, pobreza, hambre, analfabetismo, abuso y explotación, entre otros) y, por supuesto, no consideran que quienes más sobrellevan estos problemas son las mujeres, quienes además, no son consultadas acerca de una posible solución. El feminismo autónomo es por tanto, un camino vigente para impulsar un cambio civilizatorio.

miércoles, 1 de junio de 2011

El feminismo: un movimiento de pensamiento




 Guisela Lopez

Entre los movimientos de pensamiento que han tenido mayores despliegues en los últimos cincuenta años, se encuentra el feminismo. Desde el feminismo se ha alentado la producción teórica, artística, literaria, documental, discursiva… de mujeres de todo el mundo.

El feminismo ha constituido el espacio de encuentro de diversas expresiones de rebeldía y subversión de las mujeres, de sus acciones organizativas y alianzas políticas, de sus debates y búsquedas prospectivas, en la configuración de un proyecto común: transformar las relaciones de dominación que median entre hombres y mujeres, desde la implementación de nuevas formas de humanidad, nuevos modelos de convivencia, participación y organización social.

Considerando los movimientos de pensamiento como expresiones ideológicas de un grupo o sector determinado y su particular manera de percibir e interpretar la realidad… como… conjunto de representaciones, valores y creencias.”

Podemos identificar el feminismo como un movimiento de pensamiento que ha acuñado las propuestas políticas de aquellas mujeres que – rompiendo con la enemistad histórica que el sistema de dominación ha fomentado entre nosotras – propugnamos por el respeto a la diferencia, la autonomía y libertad de las mujeres. Instaladas en una nueva manera de percibir la realidad – con las gafas violetas (por supuesto) – que nos permiten identificar los sesgados flujos de poder que bordean la definición de lo femenino y masculino, como construcciones sexualizadas y generizadas.

El feminismo ha generado un movimiento de pensamiento, que partiendo de una mirada crítica de la realidad, desarrolla un permanente esfuerzo deconstructivo – de comportamientos, instituciones, representaciones simbólicas, relaciones y pactos instituidos desde la supremacía masculina – y apunta a la construcción de una sociedad incluyente que reconozca a las mujeres como sujetas políticas, protagonistas de nuevas historias.

Este movimiento de pensamiento tiene un amplio escenario ya que – superando fronteras, culturas y nacionalidades – mujeres de distintos grupos étnicos, de distintas edades, de distintos países se han pronunciado, enlazando su voz a esta ruptura del continuo genérico.

El feminismo registra los aportes, los recorridos, las experiencias vitales, los sueños y los deseos de las mujeres, potencia nuevos valores éticos, nuevos lenguajes y nuevas prácticas, discursos – más holisticos colectivos y abiertos – que rompiendo por fin con los tradicionales metarelatos épicos de exaltación al heroísmo viril, inauguran nuevas maneras de ser y estar en el mundo.

En Guatemala, el feminismo como movimiento de pensamiento encuentra sedimento en los discursos de algunas intelectuales de los años setenta, en las migraciones políticas generadas en los años del conflicto armado, en el movimiento de mujeres por la vida de las y los desaparecidos en los años ochenta, en los avances de la participación política de las guatemaltecas en los años noventa, en los estudios de género y las propuestas creativas transgresoras de las mujeres en el nuevo siglo. Es todavía una primicia. Pero son muchos los esfuerzos por articular un discurso político coherente con una práctica, una conciencia y un posicionamiento feminista.

El feminismo como movimiento de pensamiento es una propuesta viva que cada día cobra mayor vigencia, articula palabras, poemas, discursos, imágenes, manifiestos. Un movimiento que se cuestiona cada vez más la desigualdad, la violencia, la discriminación, el caos sociopolítico, la crisis económica, la vulneración de la seguridad ciudadana. Que ante el vacío de proyecto político partidario, la deslegitimación del Estado, el resurgimiento de modelos autoritarios, la perdida de valores solidarios y la indolencia generalizada, genera propuestas.

Un movimiento de pensamiento que sustenta en su ejercicio critico su capacidad de trasgresión, que se abre a las posibilidades creativas. Sus interrogantes recorren todos los tópicos, sus búsquedas todas las disciplinas. Lo alienta la propuesta política de transformación radical de la realidad, partiendo de transformarnos nosotras mismas, de desmontar los andamiajes del deber ser, de hacer una ruptura con lo heterodesignación. De la critica a nuestras formas de relacionarnos, nuestros modelos de sociedades. Del cuestionamiento a la manera en que interactuamos con nuestro entorno ambiental.

Es un movimiento de pensamiento que nos compromete a cuestionarnos todo, a dejar atrás todas las mascaras impuestas y optadas, a desechar el miedo a darnos tiempo para fraguar nuestros sueños y deseos, a encontrarnos en el propósito común de dar voz al silencio acumulado de las mujeres y nombrar la realidad y el mundo como nuestro cuarto propio.
Fuente:  http://www.ciudaddemujeres.com/articulos/El-feminismo-un-movimiento-de