jueves, 23 de octubre de 2014

Justicia para San Juan

 

 

 

Después de la tragedia en Los Pajoques, los medios de comunicación masiva hacen énfasis en que una familia fue masacrada; sin embargo, poco se publica sobre otras dos personas asesinadas y cuatro heridas -dos menores de edad-, quienes fueron atacadas con arma de fuego y presuntamente por trabajadores de la empresa Cementos Progreso. Hechos ocurridos la noche del 19 y la madrugada del 20 de septiembre de 2014, en los cuales ocho personas perdieron la vida, hubo cuatro heridos y varias familias desplazadas. Los dos comunitarios asesinados por supuestos trabajadores de la cementera tenían esposas, hijas e hijos; una niña, que nació hace 25 días, nunca conocerá a su padre.

 

 FRANCISCA GÓMEZ GRIJALVA

Este trágico suceso en Los Pajoques ha llevado a las autoridades comunitarias y a las 12 comunidades a preguntarse hasta qué punto esta fue una provocación, porque la carretera que se pretende construir pasará por esta comunidad, y muchas familias se han negado a vender sus terrenos porque es la única base con que cuentan para su existencia material, espiritual y social.
En su manera de pensar, esos hechos lamentables fueron la justificación para que el presidente Otto Pérez firmara el decreto 6-2014 el 21 de septiembre, que establece el estado de Prevención en el municipio de San Juan, pero llama la atención que el Ejército y la Policía Nacional Civil concentra una masiva presencia en cuatro comunidades: Los Pajoques, Santa Fe Ocaña y los Pilares I y II.
Resulta llamativa la cantidad desproporcionada de efectivos presentes en estas comunidades civiles e indefensas, en las cuales hay gran cantidad de patrullas de la policía militar y de la PNC de los departamentos de Retalhuleu, Quiché, Sololá, Chimaltenango, Suchitepéquez, Escuintla, Totonicapán, etcétera.
Esta medida represiva restringe garantías constitucionales, entre ellas el derecho de reunión y manifestación, que han sido claves para la resistencia pacífica de las 12 comunidades maya kaqchikel, que rechazan la minería de cemento y la construcción de una carretera que avizoran perjudicará negativamente sus vidas.
Las comunidades viven con mucho temor e indignación, señalan que las 36 o 40 órdenes de captura fueron emitidas contra personas inocentes, su delito es negarse a vender sus terrenos. Las niñas y los niños no quieren ir a la escuela porque los soldados los interceptan en los caminos y les ofrecen dulces con tal de que digan quiénes son sus padres y dónde están.
Las mujeres, las adolescentes y jóvenes no quieren salir de sus casas porque los policías y soldados las acosan y las insultan; ellas cuentan: “Los soldados y los policías nos dicen palabras feas que no nos gustan”. Es comprensible que las jóvenes no quieran repetir esas palabras, se trata de insultos misóginos e intimidantes que vulneran y ponen en riesgo su integridad, su seguridad, su vida, su libertad y su dignidad. También, varias mujeres expresan que los trabajadores de la cementera se burlan de ellas y les dicen: “¿Verdad que ahora sí tienen miedo?”
Las mujeres maya kaqchikel y sus comunidades demandan que el presidente Otto Pérez derogue el estado de Prevención en San Juan Sacatepéquez, que extendió  por 15 días más, decreto 9-2014.

 

Fuente: Prensa  Libre-Guatemala

 http://www.prensalibre.com/opinion/Justicia-para-San-Juan_0_1234076882.html

jueves, 16 de octubre de 2014

"La verdad de nuestros cuerpos" Caso Sepur Zarco se va a Juicio




«La violencia sexual en los conflictos debe considerarse como el crimen de guerra que es; ya no puede considerarse como un daño colateral desafortunado de las guerras»
Zainab Hawa Bangura,
Representante Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia sexual en los conflictos

Por Cristina Chiquin 

Las mujeres víctimas sobrevivientes del Caso de Sepur Zarco vieron materializada su lucha y resistencia el día 14 de Octubre del 2014,   cuando el Juez Miguel Ángel Gálvez del Juzgado de Mayor Riesgo B, resolvió la apertura a juicio en contra de  él ex al teniente Steelmer Reyes Girón    a esté último  se le acusa de  delitos contra los deberes de humanidad  en su forma de violencia Sexual, esclavitud Sexual y esclavitud doméstica en contra de 11 mujeres q`eqchi así como por el asesinato en contra de Dominga Choc  y sus dos hijas menores de edad, Anita  y Hermelinda Choc  Pop.



A Heriberto Valdés Asij  se le lleva a juicio por   desaparición forzada realizada el 25 de agosto de 1982 de   de 7 campesinos q`eqchi`s y delitos contra los deberes de humanidad en su forma de violencia  Sexual , sobre dos mujeres .

El destacamento militar de Sepur Zarco, durante la guerra interna en Guatemala sirvió como un centro de recreación y descanso para los elementos del ejército fue ahí que en los años de 1982 y 1986 que mujeres Q`eqchi`s fueron víctimas de violencia y esclavitud sexual a manos del Ejército de Guatemala, quienes desaparecieron y asesinaron a sus esposos y destruyeron sus bienes, siendo posteriormente desplazadas para convertirlas en esclavas domésticas y sexuales lo que duraría meses y hasta años. 




Durante la audiencia el Juez Miguel Ángel Gálvez hizo un recorrido sobre los testimonios presentados como prueba anticipada de 15 mujeres y 4 hombres Q`eqchi` , así como otros medios de prueba que se ha presentado durante el proceso todo esto para poder mostrar las causas del porqué se da la apertura a juicio.

"Dentro de las declaraciones   de las personas y dentro de las documentos incorporados es evidente que se dio violencia sexual y violación contra las mujeres"

Cabe resaltar que la violación sexual se enmarca dentro de los delitos contra la libertad y seguridad sexual artículos 173, 174; genocidio artículo 376 y como delitos contra los deberes de humanidad artículo 378 del Código Penal  Guatemalteco, los delitos antes descritos, por su naturaleza, son de acción  pública e imprescriptibles.[1]




La violación sexual fue utilizada  por el Estado como parte de una política contrainsurgente  y fue un instrumento de guerra   y una herramienta para generar terror  en la población teniendo impacto en el cuerpo  y vida de las mujeres y de toda la comunidad.

 Según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico “las cifras de violación sexual, muestran un subregistro…en relación a otras violaciones de derechos humanos…”, registró 1465 hechos de violación sexual, de los cuales pudo documentar 285 casos. Este tipo de violencia estuvo dirigida en un 99% contra mujeres, siendo indígenas la gran mayoría de ellas (80%).



Es así como después de más de 30 años  se va  rompiendo el silencio,  y fueron 11 mujeres quienes con su testimonio  y lucha buscan justicia ante este nuevo camino que representa el juicio  en donde se  definirá la sentencia contra los acusados.

Demesia Yat víctima y querellante pidió durante la audiencia pronunciarse

"Nosotros no estamos inventando , nosotros vivimos y sufrimos con nuestro propios cuerpos...estoy aquí ante la ley para que se juzguen los hechos y para que nos se vuelva a repetir porque nosotras sufrimos con nuestra propia carne, lo que nosotros  estamos diciendo no es la mentira es la verdad de lo que sufrimos "

 Ya en Guatemala durante el juicio por Genocidio se logro reconocer la violencia sexual contra mujeres del pueblo Maya Ixil , donde se estableció que la violencia sexual y la violencia contra las mujeres era un crimen de guerra y  una estrategia genocida.

Queda esperar entonces esté histórico juicio en donde se pueda nuevamente mostrar la verdad de lo vivido por las comunidades específicamente de las mujeres que hoy  sacan su voz  y su cuerpo para pedir justicia, así  como de las que  perdieron la vida a manos de las fuerzas estatales de terror que intentaron destruir a la población.





Es necesario que estos crímenes no queden en la impunidad , para que no se sigan repitiendo, aún hoy en día después de la firma de la paz, la violencia contra la mujer y  la violencia sexual siguen siendo una estrategia de control sobre el cuerpo de las mujeres pero también   de la sociedad.

Luz Piedad  Caceido investigadora colombiana refiere    La única arma que no se entrega una vez firmada la paz es la que puede violar a una mujer, es así como  el poder ir rompiendo con la impunidad e ir mostrando la verdad  de lo sucedido es necesario para lograr la justicia   y poder ir rompiendo con la impunidad de la violencia estatal contra los pueblos.  







[1] Pronunciamiento del Tribunal de Conciencia sobre violencia  y esclavitud sexual realizado el 4 y 5 de marzo del 2010

martes, 14 de octubre de 2014

Se reanuda Juicio por la masacre de la Embajada de España


Por Cristina Chiquin

El 13 de octubre continuó el juicio  contra el ex-jefe de la Policía Nacional Pedro García Arredondo, a quien se le acusa de la masacre ocurrida en la Embajada de España en 1980 en donde   fueron asesinadas 37 personas a manos de la Policía Nacional.

En el juicio se acusa a Pedro García Arredondo, de los delitos de asesinato, asesinato en grado de tentativa contra Máximo Cajal quien era entonces embajador de España y de Gregorio Yujá Xoná, además de delitos contra los deberes de humanidad.

El tribunal B de Mayor Riesgo presidido por la Jueza  Janeth Valdés  escuchó peritajes  y el y testimonios que abonan a las pruebas contra  García Arredondo.


dentro de los peritajes presentados estuvo   el del  Archivo histórico  de la Policía Nacional ,  así como un peritaje Psicosocial presentado por  María Consuelo García de Villagrán , quien  habló sobre la doctrina de las seguridad nacional y las secuelas que esta tiene sobre las familias de las víctimas de la masacre de la Embajada de España.

"La quema de la embajada de España puso al descubierto ante los ojos del mundo cual era el carácter y la dimensión de la violencia política en Guatemala"



La perito narró los hechos ocurridos y posterior a ello habló sobre las consecuencias que estos tuvieron, entre los efectos que sufrieron los familiares de las víctimas se nombro , la angustia el desamparo, miedo, extrañamiento, soledad, maltrato infantil, entre otros.

La masacre de la Embajada de España, generó desconfianza y miedo en toda la población.

"La sociedad Guatemalteca fue afectada  severamente ante fenómenos tales como la criminalización de la protesta, la naturalización de la violencia, a lo que se agrega que se vea al Estado  como gran violador de los derechos humanos ..."

También fue presentado el testimonio de Gustavo Adolfo Molino , hijo de una de la víctimas  Adolfo Molina Orantes quien se encontraba reunido con el embajador Maximo Cajal el 31 de enero de 1980.  
La fiscalía del Ministerio Público  también  presentó como testigo al médico Lambelino Constanza Felix, quien trabajaba el 31 de enero de 1980 en el Hospital Herrera Llerardi   y  atendió al Embajador Español Máximo Cajal y a Gregorio Yujá .



El médico comentó sobre las condiciones físicas en las que llegaron las victimas a dicho hospital quienes presentaban quemaduras. Con respecto a lo sucedido con Gregorio Yujá Xona  el testigo dijo

" El joven Gregorio estuvo hospitalizado y el día después en la mañana que yo llegue a pasar visita ya no lo encontré en el hospital ...por historias del personal de enfermería y de quienes estaban en el hospital se dijo que había sido sacado abruptamente  del hospital... Y el personal de enfermería reporto que había presencia de Policía en el aérea de espera "

El nivel de quemaduras de Gregorio Yujá que era un 7% no representaba un peligro para que viviera y por su juventud hubiera podido sobrevivir ante estás quemaduras.

De esta manera concluyo la jornada del Juicio por la Masacre de la embajada de España en donde la Premio Nobel de La Paz , Rigoberta Menchú Tum y Sergio Vi que son parte querellante del proceso observaron  y escucharon los peritajes y testimonios .

Ambos perdieron a sus padres  Vicente Menchú y Gaspar Vi, quienes fueron víctimas de la masacre ocurrida; hoy tanto la querellante como el querellante y los demás familiares de las víctimas piden justicia, después de 34 años de espera la memoria  y la verdad siguen rompiendo contra el terror de estado que ha permanecido queriendo callar la voz del pueblo.


miércoles, 8 de octubre de 2014

"Se va rompiendo el Silencio"- Caso Sépur Zarco




El día viernes 3 y Lunes 6 de Octubre del 2014 en el juzgado de Mayor Riesgo B, se llevó a cabo la audiencia de fase intermedia del Caso Sepúr Zarco , en esta fase del proceso legal se definirá si se da la apertura a juicio contra el Coronel del Ejército Esteelmer Reyes Girón y el ex comisionado militar Heriberto Valdés Asij , a quienes se les acusa de hechos de violencia y esclavitud sexual en contra de 15 mujeres mayas Q`eqchi` y por la desaparición forzada de 20 personas. 

 

El destacamento militar de Sepur Zarco, durante la guerra interna en Guatemala sirvió como un centro de recreación y descanso para los elementos del ejército fue ahí que en los años de 1982 y 1986 que mujeres Q`eqchi`s fueron víctimas de violencia y esclavitud sexual a manos del Ejército de Guatemala, quienes desaparecieron y asesinaron a sus esposos y destruyeron sus bienes, siendo posteriormente desplazadas para convertirlas en esclavas domésticas y sexuales lo que duraría meses y hasta años. 


 
Después de 30 años de silencio en septiembre del 2013 , 15 mujeres y 4 hombres Q`eqchi` dieron su testimonio en anticipo de prueba, ellas narraron las atrocidades vividas en el destacamento y de esta manera rompieron el 
silencio. 
 
 

Y fue el 14 de junio cuando se dieron las primeras dos capturas sobre este caso, y posterior a ello la primera declaración de los acusados el 23 de junio del 2014. 


 

Será el juez Miguel Ángel Gálvez quien definirá el 14 de Octubre de 2014 si se da la apertura a Juicio contra los sindicados. 


 

“Realmente duele recordarlo, en ese tiempo fue constante la violación. Y no puedo dar una cantidad exacta, lo que sí les digo es que fue un dolor muy grande” Mujer q’eqchi’ ante el Tribunal de Conciencia contra la Violencia Sexual hacia las Mujeres durante el Conflicto Armado Interno en Guatemala (testimonio extraido del artículo Sepur Zarco y el derecho a la justicia para la víctimas de violencia sexual del conflicto armado ínterno de Impunity Watch -23 de junio del 2014


viernes, 26 de septiembre de 2014

Emma, o cuando las mujeres blancas validan el feminismo


“Piensa en cuántas veces te has sentado junto a personas bienintencionadas y la conversación ha ido más o menos así:`Como persona perteneciente a la clase trabajadora, considero que…´ (algunas cabezas asienten).`Como mujer pobre, me parece que…´ (más cabezas aún).`Como lesbiana pobre y de color, debo decir que…´ (aún más cabezas asintiendo furiosamente, asegurándose de que todxs reconozcan el mutuo y frenético consenso). Y así. Este tipo de situaciones son usualmente denominadas como “las olimpiadas de la opresión”. En ellas, las personas parecen jugar a quien proviene del lugar más auténtico, más oprimido y, por ende, más correcto. Son situaciones en las que la identidad se fetichiza, en las que nociones esencialistas hacen tropezar al buen sentido y en las que la creencia paternalista en la superioridad del sabio y noble salvaje suele anular cualquier sentido en lo absoluto. A menudo, esta táctica, basada en el estar siempre de acuerdo con quien más marcas de marginalidad posee, sustituye cualquier intento de emprender un análisis crítico de la raza, la sexualidad, el género, etc. Esta táctica es intelectualmente floja, carece de profundidad política y genera apenas un efecto de inclusión del otro `minoritario´". Abbey Volcano
Max Lira
Lo que sigue no tiene nada que ver con Emma Watson. Tampoco tiene nada que ver con los feminismos. No, quizás sí tenga que ver con los feminismos, aunque no directamente. Lo que sigue tiene que ver con la colonialidad. Tiene que ver con sus efectos en el sentir y el pensar colectivo en contextos intensamente racistas. Tiene que ver con la producción de subjetividades funcionales a la supremacía blanca y al genocidio negro e indígena. Tiene que ver con la prolongación y el fortalecimiento del sentido de inferioridad que se imprime en los cuerpos y las conciencias de las personas racializadas.
Esta disconformidad no es mía y me incomoda tener que exponerla. No me siento la más indicada para hacerlo. No me interesa el feminismo como identidad. No me nombro feminista porque hacerlo es un gesto que no garantiza nada. Creo en las potencialidades de los feminismos y respeto y agradezco sus logros, en tanto permiten que mis compañeras y yo sigamos con vida. De aquí que considere que lo que sigue no tiene mucho que ver con los feminismos. Tiene que ver con la cultura de celebración de lo blanco.


Hace algunos meses, Ellen Page se presentó públicamente como mujer lesbiana en un evento patrocinado por la Human Rights Campaign. Ovaciones instantáneas, infinitas. Todo mejora. Esta disconformidad no es mía, es decir,otras voces ya habían señalado el rol habilitante y protector que cumple el privilegio de raza y clase que ostentan ciertos cuerpos “abyectos” mediatizados con el fin de visibilizar sus problemáticas y contribuir a su solución. ¿Era responsable Ellen Page de su blancura, de gozar de los beneficios que le otorgan haber nacido en una nación “desarrollada" y ganar generosas cantidades de dinero? Estas mismas preguntas se me interpusieron como reparos ante la afirmación que se infiere del título de este texto. ¿Es culpable Emma Watson de ser blanca, bella y rica? Responder a esas preguntas no me interesa. No me parece que nutran una discusión políticamente alturada. Esto no tiene que ver ni con Ellen Page ni con Emma Watson. Tiene que ver con qué cuerpos importan y con cómo el neoliberalismo se apropia de lo “marginal” para volverlo una marca registrada.
Ellen Page se presentó como lesbiana en un evento patrocinado por la Human Rights Campaign, la ONG estadounidense pro LGTB más grande del mundo. Dado que el matrimonio igualitario ya es una realidad en diversas partes de los Estados Unidos, HRC se dedica a financiar las luchas LGTB que busquen conseguir el matrimonio igualitario en países “subdesarrollados". “La Internacional Gay” es como se viene denominando a esta nueva maravilla de la globalización. Acaso el tráfico de agendas LGTB sea la consecuencia menos preocupante y violenta de esta rosa colonización: HRC obtiene sus colosales financiamientos de empresarios estadounidenses que se dedican a empobrecer sistemáticamente a países del tercer mundo mediante fondos de buitre. Ejemplo: en el 2000, Alberto Fujimori, antes de huir del Perú, pagó 58 millones de dólares a Elliot Management, consorcio del estadounidense Paul Singer, quien compró la deuda que el Perú tenía con Estados Unidos (que ascendía a $20 millones) por apenas $11 millones. $47 millones de ganancia para Singer y compañía provenientes de los bolsillos de millones de peruanxs. Estas informaciones no circulan. No importan. Importa Ellen Page, importa que es abiertamente lesbiana. Importa que finalmente tenemos un referente que agrada, que hace digerible la abyección y la furia. Maquilladas de modernidad, ahora más que nunca podemos estar orgullosas.
Y ahora, Emma Watson se revela feminista en Naciones Unidas. Repito, esto no tiene nada que ver con ella, con su ser individual. Quizás, el que la actriz reconozca el potencial transformador del feminismo es una señal de cómo este se viene consolidando en el sentido común letrado y clasemediero. Esto puede resultar gratificante y saludable (desde cierta perspectiva). Sin embargo, lo que este hecho pueda significar para los feminismos situados en contextos de “subdesarrollo”, depredación neoliberal de los recursos y racialización intensa sigue sin presentarse como un hito esperanzador para las comunidades vulnerabilizadas en las periferias de la modernidad. Por el contrario, lo que este hecho pone de manifiesto es la sistemática invisibilización y criminalización de las luchas feministas locales, nunca mediatizadas, nunca celebradas.
El feminismo que enarbola Naciones Unidas no puede ser sino coherente con el mantenimiento de las relaciones económicas de poder que sostienen a la hegemonía euroccidental. La retórica del feminismo liberal, basada en la ansiada “igualdad de género” y el “empoderamiento” de las mujeres consiste, antes que en una desactivación de las jerarquías en las que se funda el patriarcado, en la ideal equiparación de los poderes de hombres y mujeres, así acomodados en las estructuras del poder económico existentes.
Al decir que esto no tiene nada que ver con Emma Watson, quiero enfatizar que aquí no se pretende medir el compromiso feminista de individuxs concretxs desde algún nebuloso pedestal de lucidez facilitado por el acumulamiento de marcas de marginalidad. Este sería un ejercicio de autoritarismo que no tiene cabida al interior de un sentir/pensar feminista. Lo que se trató de hacer aquí fue comunicar una disconformidad: la crítica contrarracista más mediática no trasciende su necesidad de señalar la ubicuidad del ideal estético blanco o la manera en que ciertos sujetos racializados son humillados por los medios de comunicación masiva y la empresa privada. La crítica contrarracista más mediática ha hallado en la categoría “discriminación” un punto de partida, que es al mismo tiempo un punto de llegada, un punto ciego. El reverso de la cultura de celebración de lo blanco no termina con la inculcación masiva de complejos de choledad o negritud. Sus efectos aún no han sido totalmente nombrados Sin embargo, lo que sí nos es posible nombrar, en una labor que hoy más que nunca se hace necesaria, es que el racismo informa todas y cada una de las instituciones “democráticas" modernas, tanto aquellas encargadas de la administración de la vida como aquellas que producen la subjetividad hegemónica; que es el sesgo mediante el cual aprehendemos la realidad y jerarquizamos los vínculos y establecemos alianzas y admiraciones; que es el principio sobre el cual se fundan los estados poscoloniales y que hace unas semanas ha vuelto a cobrar la vida de 4 compañerxs asháninkas en Alto Tamaya-Saweto. Esto no tiene que ver con los feminismos, tiene que ver con nuestra enfermiza necesidad de declararnos inviables, insignificantes, desechables.




Fuente: https://feministas.lamula.pe/2014/09/23/emma-o-cuando-las-mujeres-blancas-validan-el-feminismo/maxlira/



martes, 8 de julio de 2014

La experiencia común de las mujeres. Notas sobre diferencia sexual




Andrea Franulic

“¿Quién apalea a las focas? Que yo sepa, hombres; ¿quiénes están destruyendo bosques y selvas? Hombres; ¿quién dirige todo el comercio mundial de armamento? También hombres; ¿en manos de quiénes están las riquezas de la tierra? Pues el 98% está en manos de hombres y sólo un 2% corresponden a las mujeres (…) En la prostitución ‘infantil’ el 90% son niñas y los beneficiarios en un 100% hombres también. ¿Existe, pues, el ‘sujeto universal’ que representa al ‘género humano’ indistintamente? Definitivamente, no” (Victoria Sendón de León, 2000).

Este texto desarrolla algunos principios teóricos del feminismo radical de la diferencia, todavía en términos muy generales. A la base de la discusión, están los conceptos de universalidad y dicotomía. Considero que estos conceptos constituyen la marca de separación entre las distintas posiciones políticas del feminismo. Por ejemplo, hablar de “las mujeres” o dividir el mundo en hombres y mujeres son anatemas para las tendencias postmodernas. En este escrito, me interesa comenzar a despejar aspectos como este, porque el feminismo radical de la diferencia ha sido objeto de rumor, es decir, ha sido desprestigiado mediante argumentos que lo descontextualizan y las nuevas generaciones de feministas (o de estudiantes del género, más precisamente) lo han dejado en el vacío, adjudicándole epítetos fundados en la ignorancia. No obstante, este feminismo es una corriente de pensamiento que cuenta con una gran capacidad para transformar el mundo y las relaciones humanas. El rumor siempre opera como estrategia de poder con fines des-articuladores… Entonces, ahí vamos.
 
Las autoras del feminismo radical de la diferencia, cuando se refieren a “las mujeres”, aluden a la experiencia común de las mujeres, no a la idea de que sea un grupo homogéneo, esto se da por descontado. Es esta experiencia común la que constituye la diferencia sexual y su fuerza creativa. Lo común es transversal a las desigualdades de raza, de clase, etarias, étnicas, entre otras. Es transversal y primario. Esto quiere decir que una mujer afrodescendiente, una mujer burguesa, una mujer campesina, una mujer profesional, etc., si bien viven realidades que difieren radicalmente, todas comparten la experiencia común de la ausencia de referentes propios, lo cual las sitúa, en sus diversos contextos vitales, en un lugar de vulnerabilidad existencial.
 
La ausencia de referentes propios se despliega en la totalidad de la vida de las mujeres. Esto quiere decir que las definiciones del mundo han sido construidas, durante varios milenios, por el colectivo de varones, cuya concepción de la realidad ha marcado las ciencias, la filosofía, la Historia, la justicia, las religiones, el pensamiento político, la educación, el deporte, el arte y la literatura. Asimismo, ha perpetuado instituciones como la iglesia, el estado, el tribunal, el ejército, la escuela, la academia, los medios de comunicación, los partidos políticos, la familia, el matrimonio y la maternidad. La participación de las mujeres, en estos campos simbólicos y materiales patriarcales, ha adoptado dos formas: la de la mujer individual que se destaca de manera excepcional y, la más normativa, la de las mujeres como colaboradoras de los hombres (una colaboración en distintas esferas de la vida, muy eficiente y desde la sombra). Incluso la participación creadora, destacada o protagónica de las mujeres, ya sea individual o colectiva, continúa siendo secundaria en tanto refuerza, mejora o resuelve los espacios ya constituidos por la visión del mundo masculina, su lógica y sus reglas. Estas dos formas de participación las observamos en la práctica diaria, pero también las heredamos de los relatos androcéntricos de la Historia y de las diferentes tradiciones de pensamiento.
 
Las definiciones masculinas también recaen sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres, sus modos de ser y comportarse, de sentir y de pensar. La feminidad, el ser femeninas o el comportarse de manera femenina no es propio de la naturaleza de las mujeres; es una construcción sociocultural del colectivo de varones y todos los espacios de la civilización, arriba mencionados, promueven dicha configuración. La masculinidad, a su vez, es un conjunto de significaciones que los hombres han elaborado para sí mismos. Así, el orden simbólico masculino/femenino constituye una unidad complementaria en la jerarquía y, por lo mismo, dicotómica. Esto es, lo femenino representa lo NO masculino, en consecuencia, se conforma como negación. Sin embargo, lo masculino, que representa lo que ES, lo necesita para completarse; lo femenino es su condición de existencia (Violi, 1991).

 En este sentido, las teóricas de esta tendencia afirman que lo masculino se ha auto-concedido la representación del género humano. Pisano (2001) plantea que los hombres se han apropiado de las condiciones de lo humano, vale decir: pensar, hablar, crear símbolos y valores, producir conocimientos y cultura; y han relegado a las mujeres al plano de lo animal, de lo natural, de lo reproductivo. En definitiva, de lo no pensante. Por esta razón, conceptos como la universalidad, la neutralidad o la objetividad son falacias, pues ocultan el sesgo masculino que ha determinado, históricamente, los productos de su civilización.

 De lo anterior se desprende que la lógica imperante de la cultura patriarcal es la inclusión en el dominio (no existe otro tipo de inclusión) y los cortes dicotómicos operan dentro de esta. Estos cortes simbólicos constituyen una extensión de la división primaria masculino/femenino e impregnan todos los ámbitos de la cultura: mente/cuerpo, objetivo/subjetivo, público/privado, cultura/naturaleza, racional/irracional, normal/anormal, entre otros (Violi, 1991). Las desigualdades de clase, raza, etarias u otras son construcciones socioculturales motivadas por la misma lógica. En este sentido, Rivera (1994) señala que, en el patriarcado, rige el régimen del uno y la salida política sería crear una cultura fundada en el régimen del dos, por lo tanto, no jerárquica y no complementaria, que diera cabida a la multiplicidad de la vida y no a la homogeneidad de la misma, menos aún al dominio. Esta tarea cuenta con más posibilidades de ser desarrollada por las mujeres, cuya potencialidad radica en que el régimen del uno las niega como diferencia primaria.

 Tomando en cuenta todo esto, las feministas radicales de la diferencia consideran que el patriarcado es una civilización fracasada (Lonzi, 1981; Pisano, 2012). Por lo tanto, rechazan la demanda de igualdad entre hombres y mujeres, lo cual implica el deseo de estas de ser legitimadas por aquellos y la necesidad de acceder y pertenecer a sus instituciones. Lonzi (1981), fundadora del feminismo de la diferencia italiano, afirma en 1970 que la igualdad es el nuevo ropaje con el que se disfraza la inferioridad de las mujeres, quienes no debiesen participar de la gran derrota del Hombre. Asimismo, el análisis político y teórico basado en el género, y desarrollado por los estudios de género en las universidades, comprende la misma falla. Implica quedarse en la construcción sociocultural que los hombres han elaborado sobre sí mismos y sobre las mujeres, es decir, el análisis permanece atrapado en la unidad masculino/femenino. Aun cuando se estipulen alternativas de salida desde este lugar (si es que las hay), para las feministas radicales de la diferencia, están destinadas a fracasar, porque no abandonan la lógica que ha dado origen a la misma opresión de la que se intentan liberar.


En cambio, la fuerza creativa de la diferencia sexual radica en la exclusión de las mujeres, en la ausencia de referentes propios, puesto que la inclusión sucede en tanto reproducen el orden simbólico de la feminidad. Lonzi (1981) afirma que la diferencia de las mujeres consiste en haber estado ausentes de la Historia durante miles de años y conmina a aprovecharse de dicha diferencia. Woolf (2003) en Un cuarto propio piensa que es peor ser metida dentro (de iglesias y bibliotecas) que ser excluida. Cabe aclarar en este punto dos cosas. La primera es que en ningún caso se apela a una esencia o naturaleza de algo, es decir, la exclusión e inclusión son situaciones históricas, enmarcadas en los límites conocidos del contexto sociocultural vigente. La segunda es que tampoco existe una separación clara y tajante entre un adentro y un afuera, porque la diferencia sexual funciona como una bisagra.


Como plantea Violi (1991), la diferencia sexual es una realidad que ya ha sido semiotizada, en consecuencia, para las mujeres, lo que permanentemente se ha dicho sobre ellas constituye un punto de partida, pero, al mismo tiempo, cuentan con la posibilidad de abrir una brecha con nuevos contenidos que pueden darse a sí mismas y que escapen del orden patriarcal. A propósito de esto último, Lonzi (1981: 17) señala que la diferencia sexual contiene el principio existencial que afirma que ningún ser humano y ningún grupo “deben ser definidos por referencia a otro ser humano o a otro grupo”. Esto quiere decir que las mujeres no deben seguir siendo definidas ni malinterpretadas por los hombres, pero además, cada mujer debe encontrar, de acuerdo a sus vivencias y su contexto vital, las pautas para su propio sentido de la existencia.


Desde la ausencia de referentes se puede construir el régimen del dos, porque esta ausencia no es muda. Las feministas radicales invitan a las mujeres a sacar a la luz los sentidos que guarda el silencio, invitan a profundizar en este para hablar y escribir (Rich, 1983; Lorde, 2003). Siguiendo a Bengoechea (1993), quien extrae de la teoría feminista de Adrienne Rich una propuesta lingüística, estos silencios se anclan especialmente en tres ámbitos de la vida de las mujeres: la Historia, la relación entre mujeres y la relación de las mujeres consigo mismas. En estos tres ámbitos descansaría la principal ausencia de referentes.


Como señalamos antes, la Historia es un relato androcéntrico, y por lo mismo, controlado y sesgado. Asimismo sucede con la tradición de pensamiento filosófico y político. En ambos discursos se observa la presencia mayoritaria y abrumadora de los hombres. Las acciones y los pensamientos de las escasas mujeres, que son incluidas en estos relatos, son socializados en el orden simbólico de la feminidad, ya sea porque predominantemente reprodujeron este mandato en sus vidas, o bien, si no lo encarnaron o no lo encarnaron del todo, han sido igualmente interpretados desde dicha perspectiva, seleccionando aquellos que le son más funcionales y útiles a la cultura patriarcal. Frente a esto, las autoras del feminismo radical de la diferencia proponen descubrir a las mujeres que, a lo largo de la historia, organizadas o individualmente, por sus acciones o ideas, han resistido o se han rebelado a los mandatos de la civilización androcéntrica, otorgándose significados propios y definiendo sus vidas fuera de los parámetros e instituciones establecidos. También proponen re-socializar a aquellas que ya han sido relatadas y tergiversadas por la visión masculina para conocerlas con profundidad y/o recuperarlas. Indagar en el silencio de la historia de las mujeres no debe entenderse ni debe constituirse como una acción compensatoria, al contrario, es fundamental para comprender, con una mirada amplia, el mundo y la cultura. Con otras palabras, la historia de las mujeres es la historia de la humanidad, es decir, no debe proyectarse como un relato paralelo, sino, como aquel que ha estado ausente, imposibilitando comprender en profundidad el pasado.


Los otros dos silencios, la relación entre mujeres y la relación de las mujeres consigo mismas, están estrechamente conectados; prácticamente es uno solo que se bifurca. Ya se ha dicho que la feminidad es una construcción sociocultural del patriarcado, por lo tanto, las mujeres nacen en un mundo donde los referentes más accesibles y presentes para verse a sí mismas son los proyectados por las fantasías, las representaciones, los deseos, las perversiones y los miedos masculinos. El desafío, entonces, consiste en que las mujeres se re-simbolicen a sí mismas (Rivera, 1994) o, como plantea Pisano (1996), se simbolicen como humanas, porque, según esta autora, el epítome de la feminidad es lo NO humano, que se entiende como lo no pensante. Con este fin, las mujeres deben tomar consciencia y verbalizar sus propias necesidades y experiencias, así como ponerle atención a la información emanada de sus cuerpos, las comodidades e incomodidades, y dejar de hacerles caso omiso a sus sensaciones, percepciones y sentimientos. Ahora bien, este proceso autoconsciente requiere de soledades, pero también del vínculo con otras mujeres. 


No obstante, los lazos entre las mujeres han sido intervenidos culturalmente. Nacer mujer en el patriarcado conlleva una connotación de inferioridad, desprecio y desconfianza. En este sentido, la misoginia, que es el odio contra las mujeres, no solo se expresa en los hombres hacia las mujeres, sino también, en las mujeres consigo mismas y con sus congéneres. En una cultura androcéntrica, lo valorado, admirado y respetado es lo masculino y sus productos. Además, como la creación de la sociedad ha estado en manos de los hombres, estos han adquirido la práctica de trabajar, pensar y producir juntos, de formar equipos, partidos políticos, cofradías, etc., y también de hacer la guerra, colonizar pueblos, depredar la naturaleza, entre otras nobles acciones. A las mujeres se las ha mantenido divididas entre sí en la búsqueda de que un varón las legitime o bajo su custodia (padre, hermano, esposo, jefe, profesor, compañero de lucha o, de manera más abstracta, la institución) y encerradas en el cautiverio del trabajo doméstico, aun cuando accedan al espacio público. La obediencia al orden de lo femenino implica transformarse en la condición de existencia de lo masculino.


Al igual que sucede con la historia, los vínculos entre mujeres, aquellos que rompen el orden de lo femenino, han permanecido en el silencio. Según Rich (1986), las mujeres, en diferentes épocas y lugares, han construido asociaciones entre sí para rebelarse al yugo de los hombres o, al menos, para resistir a este. La autora denomina “continuum lesbiano” a esta corriente subterránea de lazos entre mujeres a lo largo de la historia. El concepto no se reduce solo a las relaciones sexuales y amorosas entre mujeres, sin embargo, “la sensualidad erótica (…) ha sido, precisamente, el hecho más violentamente eliminado de la experiencia femenina” (Rich, 1986: 71). De manera similar, Pisano (2001) plantea que el lesbianismo posee potencialidad política al desafiar el orden de la sexualidad reproductiva (lo que Rich (1986) llama la institución de la heterosexualidad obligatoria) y del amor romántico amoroso, posibilitando que las mujeres se sanen de su misoginia interna mediante “el amor al propio reflejo”.


Otro punto de vista en este ámbito es aquel que afirma la necesidad de re-simbolizar la relación entre madres e hijas, puesto que este vínculo ha sido cortado por la presencia del Padre: su falo, su voz y su ley. La madre es la primera mujer con quien otra mujer tiene contacto y es su igual. Según Muraro (1994: 43), es ella quien da la vida y, junto a esto, “aire y respiración, indispensables para la fonación”, en consecuencia, es quien también enseña a hablar. No obstante, la lengua se institucionaliza y es la lengua androcéntrica la que se hereda, aun cuando se denomine “lengua materna”. Asimismo, el lazo amoroso entre madres e hijas es intervenido, pues la institución de la heterosexualidad obligatoria comienza a operar desde temprana edad. Este hecho produce una carencia afectiva profunda en las hijas, que se extiende hasta la adultez; no así en los varones quienes continuarán recibiendo los servicios emocionales de otras mujeres (esposas, amantes, hermanas, hijas) (Eichenbaum & Orbach, 1988).


Para Rich (1987), la maternidad tiene doble significado. Por un lado, es una institución patriarcal. Por el otro, es una experiencia única entre cada madre y cada hija. Como institución, las madres cumplen la función social de reproducir el sistema de valores del patriarcado. En este sentido, Pisano (1996) habla de la “traición de la madre”, que marcaría las relaciones misóginas entre mujeres, la desconfianza y el miedo a ser traicionadas por otra. Si la maternidad se considera como experiencia única entre cada madre y cada hija, aunque se carezca de palabras y referentes, cuenta con la capacidad de ser re-significada.


Todas las acciones de re-simbolización que he descrito hasta ahora: de la historia de las mujeres, de las mujeres consigo mismas, de las mujeres entre sí, del lesbianismo y del vínculo con la madre, así como la búsqueda y el descubrimiento de una historia de rebeldías y de los lazos rebeldes entre mujeres a lo largo de la historia, cuyas expresiones escapan de la unidad patriarcal masculino/femenino, requieren de manifestaciones y espacios políticos organizados y autónomos, que tengan la intención de intervenir radicalmente el mundo para que en este exista el régimen del dos. Esto es, la pluralidad frente a la unilateralidad, la diferencia frente a la jerarquía, la horizontalidad frente al dominio (Pisano, 2012), la libertad frente al sacrificio, el desprendimiento frente a la posesión (Pisano, 1990), el movimiento frente a la rigidez, la apertura frente a la sanción, el amor propio frente al amor al prójimo (Savater, 2008), el libre pensamiento frente al dogma, entre muchos otros. En definitiva, la vida (el nacimiento) frente a la muerte (Arendt, 2003). En este sentido, el feminismo radical de la diferencia no solo es una teoría filosófica o un cuerpo de conocimientos, también es una tendencia política.


Entre las prácticas políticas de la diferencia sexual, el affidarse una mujer a otra se considera de importancia vital para realizar proyectos creadores, grandes y originales. El affidamento es la relación de una mujer que se confía a otra para poder intervenir en el mundo con una adscripción simbólica mediada por su igual. Se inscribe en una genealogía de pensamiento de mujeres. El fin último es que la mediación que una mujer realiza entre su igual y el mundo, para darle sentido a este, permita que cada una proyecte libremente su propia existencia.


Por esta razón, una relación de affidamento –siempre política- no se asimila a una del tipo maestra/discípula o a cualquiera que establezca un verticalismo o jerarquía, pues esto es fuente de anulación para la diferencia existencial, pérdida fundamental de libertad e inevitable escisión entre ser cuerpo y ser palabra. El reconocimiento de la autoridad de otra mujer (en el sentido de augere, hacer crecer) es radicalmente distinto a la identificación jerárquica. El encanto de una relación de affidamento se basa en la disparidad entre las mujeres que la conforman. Es decir, si bien una se confía a otra, cada una sobresale por su diferencia, la que debe ser potenciada en sus cualidades y comprendida en sus miserias.


Por último, cabe señalar que estas relaciones entre mujeres han existido siempre a lo largo de la historia, pero han sido patriarcalmente intervenidas, en algunas generaciones más que en otras. Han adoptado la forma de la amistad o de la sociedad intelectual, y también, en la soledad de algunas, han sido las voces impresas en el papel las que constituyen el principal referente simbólico (Bofill (Dir.), 1991; Rivera, 1994).

En síntesis, por un lado, la experiencia común de las mujeres, su diferencia sexual, consiste en la ausencia de referentes propios, en especial en tres ámbitos vitales: la historia, los lazos entre mujeres y la relación de las mujeres consigo mismas. Esta ausencia de referentes se explica por razones culturales e históricas, y en ella subyace la fuerza política y creativa del feminismo radical de la diferencia. La búsqueda, descubrimiento y construcción de referentes propios se realiza en diálogo con las representaciones de lo femenino como realidad semiotizada por el patriarcado. Esto quiere decir que las mujeres nacen en un mundo donde la diferencia sexual ya está inscrita en el imaginario como negación y condición de existencia de lo masculino (Violi, 1991), lo cual se transforma, la mayoría de las veces, en un punto de partida para el cambio, e implica también que muchas fuentes de conocimientos que les competen a las mujeres hayan sido socializadas (tergiversadas) por la civilización androcéntrica y deban ser re-simbolizadas. Otras, ni siquiera son visibles.  
 
Por otro lado, la inclusión del femenino por el masculino conforma una unidad complementaria y jerárquica, que arma una cultura fundada en el establecimiento de categorías dicotómicas para representar el mundo y para construir relaciones sociales (clase, raza, edad) y la creencia de un humano genérico que es el Hombre, de la mano de las falacias de la universalidad, la neutralidad y la objetividad. De esta manera, el patriarcado, regido y perpetuado bajo estos principios, solo ha producido dominio, cuyos resultados son un devastador desequilibrio en el planeta, una deshumanización vertiginosa y un completo fracaso cultural.

Referencias bibliográficas:
Arendt, H. (2003). Entre pasado y futuro. Barcelona: Península.
Bofill, M. (Dir.) (1991). No creas tener derechos. España: Horas y horas.
Bengoechea, M. (1993). Adrienne Rich: Génesis y esbozo de su teoría lingüística. España: Ayuntamiento de Alcalá de Henares. 
Eichenbaum, E.L. & Orbach, S. (1988). ¿Qué quieren las mujeres? Madrid: Editorial Revolución.
Lonzi, C. (1981). Escupamos sobre Hegel. Barcelona: Anagrama.
Lorde, A. (2003). La hermana, la extranjera. Madrid: Horas y Horas.
Muraro, L. (1994). El orden simbólico de la madre. Madrid: Horas y Horas.
Pisano, M. (1990). Reflexiones feministas. Santiago: Cuadernos de La Morada.
Pisano, M. (1996). Un cierto desparpajo. Santiago: Ediciones Número Crítico.
Pisano, M. (2001). El triunfo de la masculinidad. Santiago: Surada.          
Pisano, M. (2012). La civilización de los creyentes: una civilización fracasada.     [En línea]. Disponible en: www.mpisano.cl
Rich, A. (1983). Sobre mentiras, secretos y silencios. Barcelona: Icaria.
Rich, A. (1986). Blood, bread and poetry. Selected prose 1979-1985. New York: W.W. Norton & C°.
Rich, A. (1987). Nacida de mujer. Barcelona: Noguer.
Rivera, M.M. (1994). Nombrar el mundo en femenino. Barcelona: Icaria.
Savater, F. (2008). Ética como amor propio. Barcelona: Editorial Ariel.
Sendón de León, V. (2000). ¿Qué es el feminismo de la diferencia? [En línea]. Disponible en: http://www.mujeresenred.net/victoria_sendon-feminismo_de_la_diferencia.html
Violi, P. (1991). El infinito singular. Madrid: Cátedra.
Woolf, V. (2003). Un cuarto propio. Madrid: Horas y Horas.