viernes, 26 de noviembre de 2010

Nombrando las violencias contra las mujeres

  

Olga Sanchez G. 
Extraido del Boletin la violencia contra las mujeres en una sociedad con guerra 

El cuerpo de las mujeres abusadas o violentadas ha saltado al escenario público, y la violencia que los  varones ejercen sobre ellas, ocupa a veces un espacio especial, en las agendas  públicas, los medios de comunicación y en estudios e investigación académica. Pero este interés no ha significado un compromiso ético y político para terminar con la impunidad y la permisividad social, acerca de las violencias que se ejerce contra las mujeres.

En el contexto de los sistemas socio-sexuales patriarcales las violencias contra las mujeres “se proponen destruir y destruye la apertura a la relación, la apertura a lo infinito, la apertura a lo otro de sí, que el cuerpo femenino señala, sin determinar nada, pues una mujer es libre de ignorar ese signo. Por eso, porque sólo el cuerpo femenino se abre a lo otro, las violencias contra las mujeres la ejercen típicamente varones: varones que no soportan las relaciones y los vínculos que ellas tienden y atienden a su alrededor, incluyéndole también a él en la constelación: una constelación amorosa y abierta que parece sacar de quicio a esos varones”.
 
Investigaciones feministas coinciden en señalar la estrecha conexión entre el sistema socio-sexual patriarcal y la organización social de dos espacios distintos y jerarquizados donde se desarrollan las prácticas sociales y políticas de mujeres y varones. A partir del espacio público y del espacio privado, es posible distinguir la situación de las mujeres en la esfera pública -mercado de trabajo, educación, representación y participación política entre otras- y las relaciones entre varones y mujeres en el marco de la familia, las relaciones amorosas y la sexualidad. Teniendo como referencia este marco interpretativo, se reconoce que las violencias contra las mujeres en un sistema de poder socio-sexual y político patriarcal y capitalista, se nutren de las relaciones de
subordinación, opresión, explotación, exclusiones e inequidades y del juego de relaciones de poder entre los sexos.
 
Uno de los enfoques de la investigación feminista acerca de las violencias contra las mujeres, tiene entre sus ejes interpretar, conocer las circunstancias en las que mujeres y varones, como seres sociales, producen, organizan y gobiernan la sociedad en el presente y también como lo han hecho en el pasado; colocando especial énfasis en la relación de poder entre mujeres y varones como sexos. Esta afirmación implica reconocer que un elemento vital del patriarcado moderno para continuar con las desigualdades sexo/género, es el proceso productivo o creación de las personas, continúo e interactivo que se da entre mujeres y varones como sexos moldeados por la sociedad, en el cual la heterosexualidad es crucial para mantener la dominación sexual y como tal opera opresivamente en el ámbito interno y con las personas que viven otras opciones sexuales

Las violencias contra las mujeres no pueden ser disimuladas bajo el manto de solo violencia de género, dado que una categoría de análisis no puede ser constituida en sujeto social y político. ¿Cómo constituir en sujeto social y político las relaciones de poder entre varones y mujeres? Sin lugar a dudas, la categoría de género ha sido un aporte del feminismo para la comprensión de las relaciones de poder entre varones y mujeres y del entramado cultural que sustenta concepciones y prácticas acerca de lo femenino y lo masculino, que asigna roles y estatus para cada uno de ellos y espacios de poder para los varones y de subordinación y opresión para las mujeres. Pero la violencia de género oculta que son los varones quienes la ejercen y las mujeres quienes la padecen; por ello, consideramos pertinente tener en cuenta dos dimensiones de las violencias contra las mujeres: la violencia contra ellas a causa de saber amar y la lucha de poder entre los sexos.
 
Analizar las violencias contra ellas en estas dos dimensiones, abre nuevas posibilidades para entenderlas en el contexto de sociedades, como la nuestra, en conflicto armado, sobre todo para encontrar vías para la justicia, la verdad y la reparación a las víctimas de los actores armados y de los perpetradores privados, y nos dará luces acerca de la forma en la cual el sistema socio-sexual moderno coloniza, humilla, maltrata, viola y controla el cuerpo de las mujeres, para apropiarse de su libertad, de su amor y de su autonomía. Acercarnos y analizar las violencias contra las mujeres
abrirá caminos para que las mujeres podamos vivir libres de las amenazas y del terror. “La violencia contra las mujeres se da, cuando una mujer ama; y un hombre -su pareja- es incapaz de reconocerle autoridad a la constelación de relaciones que ella tiende y atiende amando: constelación de relaciones en la que suelen estar sus hijas y sus hijos; constelación de relaciones que -hasta que ella, afortunadamente, se harta o, desgraciadamente, es asesinada- suele incluirle también a él, al maltratador, que un día fue, probablemente, amado. El maltratador suele sentir mermada o amenazada su libertad por los vínculos que ella crea; por eso, suele destruir tenazmente esos vínculos antes de empezar a torturar a la mujer que los crea y los sostiene.
 
Para interpretar y explicar las violencias contra las mujeres, se debe tener en cuenta que son expresión de la opresión, subordinación y de la injusticia social, y entender que la relación sociosexual que predomina en las sociedades actuales, “es una en la que el poder del amor de las mujeres, entregado libremente, es explotado por los hombres”42. Tener claridad en relación con estos aspectos, puede permitir dimensionar que las violencias contra las mujeres son sistemáticas prácticas sociales que no solo mantienen la desigualdad socio-sexual, sino que perpetúan una forma específica de encuentro y de intercambios de los varones con las mujeres.

Quizás indagar y preguntarnos por la forma como amamos las mujeres y como se dejan amar los varones, posibilitará explicarnos qué pasa y cómo se articulan las violencias contra las mujeres en el ámbito privado y en el público y puede ser un camino para encontrar alternativas construidas prioritariamente, partiendo del análisis de los deseos, necesidades e intereses de las mujeres, “en vez de sobre la complementariedad de géneros, que tiende a infravalorar las relaciones de poder implicadas”. Estas preguntas también nos permiten no reducir la explicación de la violencia contra las mujeres en variables vinculadas con la pobreza y la falta de educación. En este sentido, si estos factores fueran los que permitieran interpretar y describir las violencias contra las mujeres, cómo explicar que en países con altos niveles de desarrollo se presenten índices de violencia similares a los de los países denominados en “transición al desarrollo.


Fuente:
http://www.rutapacifica.org.co/home.html

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