miércoles, 3 de noviembre de 2010

Las rebeldías silenciadas

 
 Margarita Pisano

Sobre las rebeldías profundas existe un vacío, producto de silenciamientos intencionales y sistemáticos; sobre las rebeldías de las mujeres, este vacío produce un efecto de no-existencia, y, sin embargo, ésta es la historia del paso de nosotras, las mujeres, por la civilización actual.

La historia conocida es la historia de los varones. Está relatada, escrita y memorizada. Está construida sobre ciudades, monumentos y ruinas. Esta historia está hecha de gestos y gestas de sus diferentes “culturas”, variantes del mismo sistema civilizatorio, basado en un entretejido de ideas de superioridades y dominios. Para estudiar la masculinidad tenemos esta historia, que traspasa, además, sus mitologías. Los estudios de la masculinidad no son otra cosa que el estudio de la historia y del arte, que imponen una ética y una estética, que marca lo que “nos gusta”.

Los hoyos negros del espacio llaman nuestra atención, nuestra imaginación. Se indagan para comprender el universo y la vida. La historia de nosotras, las mujeres, es un hoyo negro, que, en los últimos tiempos, se ha pretendido rellenar con el concepto de género (género y salud, género y educación, género y literatura, género y leyes, género e historia, etc.). Este hoyo negro oculta, en su profunda oscuridad, el odio contra las mujeres, la misoginia. ¿Cómo ver a las mujeres, después de este vacío histórico, de tal manera que no produzca vértigo ni rechazo? ¿Se pueden suplir siglos de oscuridad, de matanzas y maltrato sin priorizar el estudio sobre estos personajes “a-históricos” que somos las mujeres?

Los estudios y la instalación de la masculinidad-feminidad llevan milenios. La historia de los varones nos relata y nos instala como femeninas, y los estudios de género, me temo que también. Por lo tanto, los estudios de las mujeres –desde una perspectiva política y filosófica-tienen una desventaja obvia y se los percibe como una “parcialidad”, como un apéndice del mundo, no como el mundo y la humanidad. Lo que no se soporta es que para conocer a las mujeres (conocernos) –no como femeninas ni como un “fenómeno de estudio”- tengamos que cuestionar la historia de los varones. Los varones –como colectivo- llevan siglos haciendo cultura solos, política solos, historia solos, ciencia solos, filosofía solos, religiones solos, construyendo la masculinidad y DEFINIÉNDONOS... y cuando las mujeres –como colectivo- queremos hacer cualquiera de estas cosas, solas, nos miran horrorizados y horrorizadas: “¡cómo vamos a hacer y ser sin ellos!”; y volvemos a depositar, en los poderosos, ajenos, nuestro relato, deseos y aspiraciones... NUESTRA DIMENSIÓN DE LO HUMANO.

El feminismo ha ido negociándose ad infinitum, pintándose de diferentes colores –a base de género- para poder acceder al mundo del poder y de las ideas masculinos, perdiendo su fuerza civilizatoria. A medida que el feminismo hace todos estos malabares, los hombres recuperan de la feminidad, que les pertenece, lo que a ellos les conviene, ya que LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD SON UN TODO CONTINUO INVENTADO POR ELLOS... desde el poder es fácil reivindicar lo elegible de lo femenino.

Estamos en una civilización misógina, esto es el odio hacia las mujeres (el hoyo negro). La misoginia es un sentimiento construido para el dominio y la explotación de las mujeres, sostenido en un entretejido de ideas-creencias. La misoginia es un acto civilizatorio que contiene, y esto es lo peor, el ODIO Y EL DESPRECIO CONTRA NOSOTRAS MISMAS. Y no se resuelve a través de las reivindicaciones y los accesos a la misma cultura que la produce, que lleva milenios perfeccionando y adornando de modernidades la misoginia.

¿Cómo se hace un cambio civilizatorio?

¿Cómo podemos reconocer las energías no condicionadas por la macrocultura vigente para poder tener OTRA imaginación, para poder construir un conjunto de ideas, con otros valores y lógicas que no sean de dominio/propiedad disfrazada de protección y continuidad? Pienso que tiene que ser un proceso lo más alejado de lo que creemos válido y permanente de la macrocultura vigente; desde sus dioses, pasando por la idea de divinidad/superioridad, de dominio/propiedad-protección, deconstruyendo el monomio divino/superior que construye a “los elegidos” y a “los idiotas”(02), aquéllos y aquéllas que cierran la posibilidad de escuchar, entender, pensar e imaginar. Aquéllos y aquéllas que, como rebaño, siguen siempre lo enseñado –al pastor-, pensando que así es la vida / naturaleza, sin atreverse a hacer ningún ensayo de libertad y de salida adulta, de seres humanas completas en sí mismas, sin dependencias ni medias naranjas... sin pater.

El “bien educado” es el que sigue la huella y el “mal educado” es el que se rebela (la “oveja negra”): lo eficiente es la obediencia, que se consigue a base de maltratos y disminuye las capacidades de lo humano. La explosión demográfica tiene que ver con el rebaño que sigue la huella destructiva del planeta (pero éste es otro tema). El amor es morir por el rebaño y por el otro: el “sacrificio-heroicismo” como uno de los grandes valores. La cultura del miedo a la muerte: ese otro gran hoyo negro, amenazante, que nos espera siempre a través de un Juicio: el primero, el segundo y el final (hay muchos hoyos negros en nuestro firmamento). El pánico de no pertenecer, de no tener, de no poseer.

Los grupos pensantes: ¿dónde están?

Cuando una dice NO, cada NO es un gran y gigantesco SÍ a algo mejor, aunque no lo tengamos claro en ese momento (Camus).

Los intelectuales, los cultos, los artistas, están en la institución, en el “stato quo”, y son reclamones, no rebeldes; son recicladores, transformadores de lo mismo, por muy críticos que parezcan. Ellos construyen el muro del saber, intransitable, a través de las reglas, conocimientos y poder de la ACADEMIA con sus propios espacios de conservación (colegios, universidades, museos, bibliotecas, etc.).

Para las pensantes no hay lugar sagrado ni intocable, total, no somos las gestoras de todo esto. La pensante es más que una investigadora, es una indagadora que se implica con su propia experiencia, y tiene que estar muy atenta al argumento terrible del “yo lo siento así y es así”... lo natural: ¡ojo con el respeto a la cultura vigente y sus sostenedores, y con los planos inclinados que nos hacen resbalar, constantemente, hacia el esencialismo!

Pienso que es necesario ser impertinente con los impertinentes, con las ideas envasadas e inamovibles, con lo que encontramos bueno y bello, desde la Capilla Sixtina con su Miguel Ángel “musculín” y Romeo y Julieta del Shakespeare, pasando por el tango y el bolero, y aterrizando en los libros sagrados, que se constituyen en síntesis de lo que debemos ser.

Detrás de cada sentimiento hay un entramado de ideas y valorizaciones que condicionan lo que sentimos: son los deseos envasados por la macrocultura vigente. Solamente con otras ideas y valores tendremos otros deseos y civilizaciones... y otros amores. Mientras pensemos que la naturaleza, pueblos y personas nos pertenecen, dedicaremos el 70% de nuestra energía productiva a cómo matarnos. Pretender que el dominio es connatural al ser humano, es una falla mental e histórica, nada de inocente.

Los impertinentes
Para construir una cultura basada en el respeto humano tenemos que ser capaces de “ver” las impertinencias de los superiores. Me parece una impertinencia que en casi cada cuadra haya una iglesia con su cruz, y que además se nos exija el respeto debido. Controla la moral, la política, la cama y el sexo. Los laicos tropezamos constantemente con esta institución y sus discursos, que pretenden dirigir nuestras vidas. Las iglesias y los creyentes se sienten los poseedores de la verdad sobre el vivir y el morir, expertos en la moral y en la moral natural.

La impertinencia de las iglesias pasa, además, por la historia. Las iglesias y todas sus variaciones, de oriente y occidente, tienen una historia de transgresiones hacia lo humano y de protección a “los divinos”. Con esta historia, no pueden seguir sin responder de su pasado; con esta negación de su pasado, las iglesias siguen propiciando los exterminios cotidianos e históricos, continúan estigmatizando a grupos humanos por su raza, clase, opción sexual, etc. (hace unos días, la iglesia Católica hizo una declaración, que incentiva la persecución y matanza contra los homosexuales: dejó caer, sutilmente, la idea de que los homosexuales son los pedófilos). Con esta historia de matanzas, invasiones y persecuciones, siempre justificadas por llevar la “buena nueva” o las “limpias”, instalando santos y santas, y como consecuencia, malditos y malditas, con esta historia manipulada sin ninguna honestidad, nos dejan pegados al pasado con todo su poder, camuflándolo con algunos ejemplos mínimos de “salvatajes”.

La impertinencia arrogante pasa por los apegos a los valores de la cultura vigente. Impertinentes son casi todas las instituciones, las explícitas y las implícitas, la gran mayoría fundada en los valores religiosos. Usted puede hacer su propia lista y darse cuenta cuánto lo atropella: la academia, los medios de comunicación, la ciencia, el maternalismo, la familia, la psicología, la heterosexualidad... todas, básicas y fundamentales para “el modelo” y el “bien común”.


Algunas señales de alarma para la urgencia de un cambio civilizatorio

Las rebeliones europeas que hemos presenciado últimamente, representan un rechazo al proyecto civilizatorio vigente, no son reivindicativas; los jóvenes (que no son inmigrantes, a diferencia de sus abuelos) no quieren lo que se les ofrece como futuro. Para mí, tienen algo en común con la rebelión de los esclavos. Éstos, de un día para otro, dejaron a sus amos, quemaron las siembras y se fueron, sin saber a qué, lo que sí sabían era que no seguirían, ni un minuto más, aceptando lo mismo, aunque los persiguieran y mataran.

Como contrapartida a estas rebeliones, está la privatización y profesionalización de la guerra, los ejércitos mercenarios con soldados mentalizados –como en el fútbol- para matar y exterminar “enemigos” abstractos, circunstanciales, desterritorializados y desnacionalizados. Estos ejércitos representan el SIN SENTIDO y un agudo de la deshumanización vertiginosa en que estamos.

Como he ido bosquejando, lo importante es constituir grupos pensantes que se sitúen fuera de los valores e instituciones de la civilización conocida, y que constituyan focos de atracción civilizatoria. Para esto, no hay fórmulas, sino caeríamos en lo condicionado; para esto, se necesita tener valentía, pero no la valentía patriarcal, sino la de comprometernos en la búsqueda de estar expresadas, de no negociarnos, de estar dispuestas a ensayar otros modos de relación, porque sólo a través de este ensayo, iremos desprendiéndonos de las creencias tan arraigadas. Lo que sí sé es que esto no se puede hacer sin estar mentalmente AFUERA del sistema, en otro laboratorio, ejerciendo libertades e irreverencias.

1 comentario:

  1. Excelente entrada. A la mujer se la ha ido subyugando a este sistema machista, claro siempre camuflando la verdad de las cosas, se nos ha impuesto la religión, y que cosas están bien y mal, que tenemos que ser amas de casa, que tenemos que vivir condicionadas a lo que diga el marido, que si nos rebelamos somos unas forajidas, que no puedes disfrutar de tu cuerpo y que la historia la construyen y la construirán hombres. Cosas tales se ha dicho que siento algo dentro de mí que se indigna, que se lamenta, nadie habla de la nuestra lucha, pero es hora de que todo cambie.
    Saludos desde Perú Compañeras
    y que la Lucha continue!

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